La izquierda alternativa mira al 8F entre el ejemplo que funciona y los vetos que bloquean
El 21 de diciembre de 2025 dejó una lección incómoda para la izquierda alternativa. Unidas por Extremadura logró 7 escaños y un 10,25% del voto, el mejor resultado de su historia, en una comunidad con 46 años de autonomía y con una participación mínima histórica del 62,7%. 54.189 personas apostaron por una candidatura unitaria que supo poner programa, territorio y generosidad por delante de las siglas.
Ese resultado ha activado un efecto espejo en otras comunidades. También en Aragón, donde las elecciones autonómicas se celebrarán el 8 de febrero de 2026 tras el adelanto decretado por Jorge Azcón. IU, Podemos y sectores de Sumar coinciden en el diagnóstico: sin unidad, no hay alternativa real al PP ni freno a la extrema derecha. El problema no es el discurso, sino su traducción práctica.
La aritmética aragonesa es clara. IU y Podemos conservan un diputado cada una (junto a Alianza Verde). Movimiento Sumar no tiene representación autonómica, aunque sí presencia política. Y la Chunta Aragonesista, con 3 escaños, es la principal fuerza del espacio a la izquierda del PSOE. Nadie sobra. Nadie manda. Pero no todo está alineado.
La Chunta ha puesto el dedo en la llaga. Defiende una candidatura amplia, sí, pero denuncia “vetos cruzados” y advierte de que Sumar y Podemos deben resolver antes sus diferencias a nivel estatal. Mientras eso no ocurra, no hay unidad real, solo relatos apresurados. La experiencia extremeña demuestra que la suma funciona cuando hay respeto mutuo, cohesión programática y proyecto de país, no cuando se intenta imponer una marca sobre las demás.
Aragón no es un laboratorio electoral. Tiene memoria política, arraigo municipalista y un electorado que castiga las guerras internas. El 8F está demasiado cerca como para repetir errores. La unidad no se proclama. Se construye. Y quien la bloquee tendrá que explicar por qué prefirió el veto a la posibilidad de ganar.

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