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martes, abril 03, 2018

Libia, 7 años de desgracia iniciados por la OTAN



Siete años después de la intervención militar de la OTAN contra Libia, todos los observadores coinciden en reconocer que aquella intervención se basó en mentiras enormes y que contradecía el mandato otorgado por el Consejo de Seguridad de la ONU. Aunque hoy reconocen que la población libia era la más rica de África y que su nivel de vida se derrumbó a raíz de la invasión, provocando que los libios se exilaran masivamente, los occidentales siguen sin tomar conciencia del hecho que Muammar el-Kadhafi había vencido en Libia la práctica del esclavismo y del racismo. Al destruir la Yamahiria, la OTAN abrió deliberadamente las puertas del infierno. No sólo fueron perseguidos los trabajadores inmigrantes de piel oscura sino también los libios negros de Tawerga. Además, el trabajo que la Yamahiria había realizado en materia de cooperación africana entre árabes y negros se ha visto reducido a nada en todo el continente.

 | ROMA (ITALIA)  
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La bandera de la dinastía wahabita de los Senussi ha vuelto a convertirse en bandera de Libia. Y el esclavismo también se ha convertido de nuevo en la práctica corriente que fue antes del golpe de Estado del coronel Muammar el-Kadhafi, en 1969. Libia, Arabia Saudita y, aunque en menor medida, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, son 4 Estados wahabitas que permiten el esclavismo.
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Hace 7 años, el 19 de marzo de 2011, comenzaba la guerra contra Libia, dirigida por Estados Unidos, primeramente a través del AfriCom [1] y después mediante la OTAN, bajo el mando estadounidense. En 7 meses se realizaron unas 10 000 misiones de ataque aéreo, con el uso de decenas de miles de bombas y misiles.
Italia participó en esa guerra aportando cazabombarderos y sus bases aéreas, rompiendo así el Tratado de Amistad y Cooperación que había firmado con Libia. Ya antes de la agresión aeronaval, sectores tribales y grupos islamistas hostiles al gobierno libio habían recibido financiamiento y armas para que operaran en Libia y se había procedido a infiltrar allí fuerzas especiales, principalmente de Qatar. Así fue destruido aquel Estado que, en la costa africana del Mediterráneo, registraba «altos niveles de crecimiento económico y elevados indicadores de desarrollo humano», como señalaba el mismísimo Banco Mundial en 2010. Unos 2 millones de migrantes, en su mayoría africanos, encontraban trabajo en Libia.
Al mismo tiempo, Libia hacía posible, con sus fondos soberanos, el nacimiento de organismos económicos independientes en el seno de la Unión Africana, como el Fondo Monetario Africano, el Banco Central Africano y el Banco Africano de Inversión.
Estados Unidos y Francia –como lo demuestran los correos electrónicos de la secretaria de Estado Hillary Clinton– se pusieron de acuerdo para bloquear primeramente el proyecto de Kadhafi de creación de una moneda africana alternativa al dólar estadounidense y al franco CFA, que Francia todavía impone a sus ex colonias africanas.
Ya destruida la Yamahiriya y asesinado Kadhafi, el botín libio es enorme: grandes reservas de petróleo –las mayores de África– y de gas natural; el inmenso manto freático nubio de agua fósil, un oro azul que puede llegar a ser más valioso que el oro negro; el territorio mismo de Libia, de primera importancia geoestratégica; los fondos soberanos [creados bajo el «régimen» de Kadhafi] de unos 150 000 millones de dólares que el Estado libio tenía invertidos en el exterior, «congelados» en 2011 por mandato del Consejo de Seguridad de la ONU.
De los 16 000 millones de euros de los fondos libios bloqueados en la Euroclear Bank –en Bélgica– ya han desaparecido 10 000 millones sin que se haya emitido ninguna autorización de retiro de fondos. El mismo proceso de rapiña está teniendo lugar en los demás bancos europeos y estadounidenses.
En la Libia actual, los ingresos fiscales provenientes de la exportación de recursos energéticos –que fueron 47 000 millones en 2012 pero sólo 14 000 millones en 2017– se comparten entre facciones de poder y las transnacionales. La moneda libia –el dinar– que antes valía 3 dólares se cambia actualmente a 9 dinares por 1 dólar mientras que los bienes de consumo corriente se importan pagándolos en dólares, con una tasa de inflación anual de 30%.
El nivel de vida de la mayoría de la población se ha derrumbado por falta de dinero y de servicios esenciales. La seguridad es inexistente y no existe un verdadero sistema judicial. Los migrantes africanos se llevan la peor parte. Falsamente acusados (alegaciones que los medios occidentales alimentaron ampliamente) de ser «mercenarios de Kadhafi», fueron encarcelados por las milicias islamistas, incluso en jaulas para fieras del zoológico, torturados y a menudo asesinados.
Libia se ha convertido en la principal vía de tránsito, controlada por traficantes de personas, de un caótico flujo migratorio hacia Europa.
También son perseguidos los libios acusados de haber apoyado a Kadhafi. En la ciudad de Tawerga, las milicias islamistas de Misurata, respaldadas por la OTAN (se trata por cierto de las mismas que asesinaron a Kadhafi) emprendieron una verdadera campaña de purificación étnica, torturando, violando y matando. Los aterrorizados sobrevivientes huyeron de esa ciudad.
Hoy unas 40 000 personas que vivían en Tawerga tratan de sobrevivir en condiciones inhumanas, sin poder regresar a esa ciudad. ¿Por qué no hablan de eso los representantes de la izquierda que hace 7 años reclamaban a gritos una intervención militar en Libia en nombre de los derechos humanos?
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[1] El AfriCom es el mando de las tropas de Estados Unidos en África. Nota de la Red Voltaire.
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Hace 5 años en Caracas, el 5 de marzo de 2013, a las 4:25 de la tarde...

 Romain Migus
Allí donde muchos habrían tirado la toalla ante tanta adversidad, los venezolanos siguen resistiendo. Siguen exigiendo el respeto de su soberanía y afirmando su voluntad de solucionar sus problemas internos como les parezca, con los dirigentes que eligieron libremente.

Hace 5 años, en Caracas, el 5 de marzo de 2013, hacia las 3:30 de la tarde, mi compañera y yo habíamos ido al Parque del Este, la mayor zona verde de la ciudad, situado como su nombre lo indica, en el este de la capital venezolana, en pleno corazón de un islote territorial donde se concentran las clases más adineradas del país. Habíamos ido a caminar y descansar un poco, ya que las últimas semanas habían sido especialmente penosas para nosotros y para la mayoría de los venezolanos.

No hay movilización popular en la cual los seguidores de la Revolución Bolivariana no recuerden a su máximo líder.
 | Foto: AVN













El cáncer del Presidente Hugo Chávez tenía el país en vilo, y todo el mundo estaba pendiente de los esporádicos anuncios de Ernesto Villegas, el entonces ministro de Comunicación, que informaba a los ciudadanos del estado de salud del Comandante. Estos anuncios nacionales, eran retransmitidos en directo por todas las cadenas del país y daban lugar a intensas reacciones y rumores que nos ponían bajo presión.

Una vez terminado el paseo, a la 4:15 nos adentramos en el hipermercado que esta frente a la entrada principal del parque para hacer algunas compras. Debido a su posición geográfica, este templo del consumo parece haber sido hermético a los cambios sociales iniciados por Hugo Chávez. Este supermercado es incluso un símbolo de la historia colonial de Venezuela. Aquella que, combinada a los años de neoliberalismo feroz de los años 90, condujo al advenimiento de la Revolución Bolivariana.

Las cajeras, los empacadores de las compras de los clientes, los empleados de los estantes, de la quesería, de la cafetería o de la carnicería son todos de las clases populares, tienen la piel obscura como «su» presidente Chávez. Los clientes, en su gran mayoría, son blancos y ricos, y no dejan de hacer de su opulencia un acto de proselitismo. La meritocracia, tan alabada por estos mismos clientes, se detuvo en las puertas del supermercado, aunque se encuentra justo a 10 minutos de uno de los más grandes barrios de América Latina.

Son las 4:29, y llegamos al mostrador de la carnicería. Detrás del empleado que se ocupa a cortarnos las chuletas, tres teles están conectadas a una cadena privada que difunde un programa de variedades. Son las 4:40 cuando la emisión se interrumpe abruptamente para dejar espacio al genérico de las cadenas nacionales. Todos los clientes del supermercado acudan entonces en masa al mostrador de la carnicería para saber lo que se va a decir.

No hay necesidad de esperar mucho tiempo. La primera imagen basta. No es Ernesto Villegas que está delante del micro. Es el vicepresidente y sucesor declarado, Nicolas Maduro, vestido con guayabera blanca y rodeado de las altas instancias políticas y militares de la Revolución. Incluso antes de que comience a hablar, su rostro traiciona la trágica noticia. Luego, con una voz enronquecida por una emoción que no llega a contener, Nicolas Maduro anuncia lo que la mayoría de los chavistas, la mayoría de nosotros, se negaba a imaginar: «Recibimos la información más dura y trágica que podamos transmitir a nuestro pueblo. A las 4:25 de la tarde de hoy 5 de marzo ha fallecido el comandante presidente Hugo Chávez Frías...»

Delante de la pantalla, es un mundo que se derrumba. Mi compañera y yo estamos físicamente petrificados, en estado de choque, incapaces de decir nada. Y fue él quien nos sacó de nuestro letargo.

Él, era el carnicero. Un joven tipo, de 25 años, de la generación que creció con Chávez pero que también conoció cómo era antes el país. El tinte oscuro de su piel nos indica su condición popular y su identidad política. Detrás del mostrador de la carne, grita a los clientes acumulados delante de las pantallas de televisión: «Ustedes, los burgueses, si creen que la Revolución va a detenerse porque el Comandante murió, se quedarán esperando por mucho tiempo, no joda ¡Viva Chávez!».

Su grito salido del alma tuvo el mérito de hacernos despertar de nuestro letargo. Olvidémonos de las compras. Tenemos que llegar lo antes posible a casa, en el oeste salvaje de la capital, tenemos que estar con los nuestros. En los barrios populares, al anuncio de Nicolas Maduro respondió un clamor espontáneo, como los que normalmente acompañan un gol de la Vinotinto, el equipo nacional de fútbol o un homerun en un clásico de béisbol Magallanes-Leones. Pero esta vez era un grito de tristeza que salió al unísono de las ventanas de los ranchos, las viviendas de los barrios populares.

Con gran dificultad, logramos encontrar un taxi en esta zona donde normalmente pululan. Ni un ruido en el coche. El chofer, mirando nuestros rostros y nuestros ojos empañados de lágrimas, nos dice: «Soy chileno. Vine a Venezuela para huir de la dictadura de Pinochet. Sé lo que sienten. Ustedes acaban de perder su Allende…».

Nos deja en la Plaza Bolívar donde afluyen miles de «nosotros», llegando ahí para colectivizar la tristeza y el desconcierto, demasiado pesados para cargar individualmente. Esa noche fue muy larga...

Siempre me pregunté en que se habría convertido el carnicero después del 5 de marzo de 2013. Escupir su identidad de clase sobre el rostro de los clientes de la otra clase, la que según Warren Buffet, está ganando la lucha, fue a pesar de todo un sagrado acto de valentía política. Me imagino que esto ciertamente provocó su despido. Intenté incluso durante un tiempo encontrarlo, para que fuera él quien contara esta anécdota en mi lugar. En vano.

Hoy, 5 años después, sé dónde se encuentra. O más bien sé que «el espíritu del carnicero», el de este muchacho rebelde es la marca de una identidad política colectiva que se construyó tanto en la práctica revolucionaria cotidiana como en la oposición a esta élite que pretende retomar el control del país.

A pesar de los intentos de golpe de Estado institucional y de «revoluciones» de color, a pesar de las ofensivas diplomáticas de los USA y de sus lacayos del Grupo de Lima o de la Unión Europea, a pesar de las operaciones psicológicas para socavar la moral de los chavistas, a pesar de la guerra no convencional y las incursiones de paramilitares extranjeros, a pesar de la especulación contra el Bolívar, el contrabando de productos de primera necesidad y el tráfico de billetes – síntomas de una guerra económica que se asume como tal –, a pesar del cielo que la contrarrevolución intenta hacer caer sobre la cabeza de los venezolanos, “el espíritu del carnicero” corre aún por las calles de Venezuela. Y el chavismo sigue siendo insumiso a la voluntad de esta élite que, para reconquistar sus privilegios políticos, no duda ya en destruir todo el país.

Allí donde muchos habrían tirado la toalla ante tanta adversidad, los venezolanos siguen resistiendo. Siguen exigiendo el respeto de su soberanía y afirmando su voluntad de solucionar sus problemas internos como les parezca, con los dirigentes que eligieron libremente.

Hoy, este pueblo rebelde necesita toda la solidaridad de aquellos que defienden una alternativa al desastre neoliberal. En la trinchera del frente, están bastante bien organizados. Cualquiera que fuera su etiqueta política del momento, todos están en sintonía para denigrar a la Revolución Bolivariana, diabolizar al Presidente Maduro, replicar las mentiras mediáticas, y hacer pasar a las víctimas por verdugos. Si ellos lo hacen tan bien, entonces nosotros también podemos y debemos hacer oír nuestra voz.

Debemos apoyar la lucha actual de los venezolanos ya que es también la nuestra. O más bien, ella prefigura lo que tendremos que afrontar cuando un gobierno progresista, en ruptura con el dogma neoliberal, gobernará nuestros países. Ese día, nosotros recordaremos «el espíritu del carnicero» … este espíritu rebelde, independiente, irreverente. Esta identidad política colectiva, que en Venezuela también llaman… el espíritu de Chávez.

Traducido del francés por Maria Piedad Ossaba, por La Pluma y Tlaxcala.

EU engañó a Rusia con promesas incumplidas

 Alfredo Jalife

Eric Zuesse, connotado historiador investigador de EU –abominado por la prensa lubricada del sistema desinformativo–, aborda “Cómo EU engañó a Rusia (https://goo.gl/fxwwtJ)”, que elucida la sicología de desconfianza entre las dos superpotencias nucleares desde hace un cuarto de siglo y explica lo que se encuentra detrás del histérico neomacartismo del presente Rusiagate.


El presidente ruso, Vladimir Putin conversa con su homólogo estadunidense,
 Donald Trump en el foro de APEC de 2017 en Vietnam
El ensayo geoestratégico de Eric Zuesse desglosa en forma académica su impactante disquisición. Como solían exponer los clásicos latinos: contra facta non sunt argumenta, ya que los datos duros y testimonios de Zuesse son apabullantes.

Eric Zuesse afirma que la condicionalidad del acuerdo de la URSS para permitir que Alemania oriental sea capturada por Alemania occidental, y para el finiquito de la guerra fría, fue que la OTAN no se expandiría ninguna pulgada al Este.

Tal fue el acuerdo entre el entonces presidente de la URSS, el megacándido Mijail Gorbachov, que liquidó a la URSS, abandonó el comunismo y disolvió la alianza militar comunista del Pacto de Varsovia, bajo las promesas verbales, sin ningún documento que lo respalde.

Ello “significaba que EU no intentaría colocar sus misiles nucleares justo en las fronteras de Rusia, cerca de Moscú y quizás para lanzar un fulminante (blitz) ataque nuclear que eliminaría la capacidad misilística de represalias de Rusia mas rápido de lo que Rusia pudiera lanzar sus misiles contra la OTAN/EU en un ataque sorpresa de primer golpe”.

Gorbachov –quien acabó en forma denigrante haciendo la publicidad de Pizza Hut y de las tarjetas American Express– soñaba con que Rusia sería aceptada como una democracia occidental e, incluso, EU le prometió que Rusia sería ungida como miembro de la OTAN, lo cual “ponía fin a la guerra fría de 46 años”.

Rusia cumplió en forma unilateral toda la parte del trato bilateral, lo cual no fue correspondido por EU cuando la OTAN absorbió uno a uno los previos países del Pacto de Varsovia y se dio incluso el lujo de rechazar la membresía de Rusia.

¡Sucedió lo contrario!: la OTAN se expandió al Este, justo en las fronteras de Rusia y, con el vacío soviético, EU profundizó su cooperación con sus aliados fundamentalistas árabes sunnitas para invadir Irak, Libia y Siria.

Los testimonios de Eric Zuesse son demoledores: 1. Yo estaba allí cuando le dijimos a los rusos que los íbamos a hacer miembros de la OTAN: coronel Lawrence Wilkerson (anterior jefe de gabinete del secretario de Estado general Colin Powell), quien ha expuesto que la “política exterior de EU es hecha por la plutocracia (https://goo.gl/bSpWoA)”;

2. “Cuando hablé con Baker, él acordó que le había dicho a Gorbachov que si la URSS permitía la reunificación alemana y la membresía de la OTAN, Occidente (sic) no expandiría a la OTAN ni una pulgada al Este (https://goo.gl/n98JoN)”;

3. El entonces canciller alemán, Helmut Kohl, “prefirió hacer eco a James Baker, no a Daddy Bush” y “aseguró a Gorbachov, como el mismo Baker había hecho, que naturalmente (sic) la OTAN no podría expandir su territorio (sic) a Alemania oriental: Mary Elise Sarotte. Ella misma agrega que después de arrancar esta megaconcesión al ingenuo Gorbachov, Kohl regresó a Alemania “a empezar la unificación de las dos Alemanias bajo una sola divisa y un sistema económico (https://goo.gl/ZhfhjW)”. Aquí fue cuando Alemania despegó como superpotencia geoeconómica gracias a la sepultura de la URSS y a la pusilanimidad de Gorbachov. Cinco años más tarde Mary Elise Sarotte explaya la “promesa rota (https://goo.gl/duhUxt)”;

4. Una frase tremenda del engaño de Daddy Bush fue cuando regañó al canciller Kohl sobre las promesas a Rusia durante la Cumbre en Campo David de febrero de 1990: ¡Al diablo (sic) con ello: Ganamos, ellos no! Ya en ese momento el lastimoso Gorbachov se había vuelto la piñata de Daddy Bush, Kohl y Mitterrand. En forma angelical, en pleno infierno, Gorbachov llegó hasta proponer una seguridad panEuropea entre la OTAN y lo que quedaba de la URSS;

5. Jack Matlock, anterior embajador en la URSS de 1987 a 1991, afirma que su país (EU) “ha tratado a Rusia como perdedor (sic) desde el fin de la guerra fría: la falla de apreciar cómo concluyó la guerra fría ha tenido un profundo impacto en las actitudes de Rusia y Occidente y ayuda a explicar lo que vemos ahora”. ¡Pero cómo Daddy Bush y los Clinton no iban a humillar a Rusia con tal caquistocracia (el gobierno de los peores) de Gorbachov y Yeltsin! Baste contrastarlos con el zar Vlady Putin quien ha resucitado hoy a Rusia de los cementerios geopolíticos;

6. Sir Rodric Braithwaite, anterior embajador británico en la URSS y Rusia, informó sobre las garantías (¡megasúper-sic!) dadas en 1990 por EU (James Baker, secretario de Estado) y Alemania (Helmut Kohl, canciller), y en 1991 (sic) en nombre del Reino Unido (por el entonces premier, John Major) y Francia, por el presidente François Mitterrand. Sir Rodric Braithwaite afirmó que este “récord de hechos no ha sido exitosamente desmentido en Occidente: EU y Rusia Antes y Más Allá de la Crisis de Ucrania (https://goo.gl/FUU16y)”.

Muy riguroso, Eric Zuesse expone el contraargumento de Mark Kramer, director de los Estudios de la Guerra Fría de Harvard: “El mito de la promesa de la no-expansión de la OTAN a Rusia (https://goo.gl/bUarxf)”. Allá quien desee creer a los lubricados académicos oficiosos del Deep Statede EU en la fase de la posverdad y sus fake news.

En lo único que le asiste la razón a Kramer es que no existe ningún documento.

Desde mi perspectiva, sin haber perdido una guerra militar propiamente dicho, Gorbachov cedió en todo y no obtuvo nada a cambio, lo cual suena aberrante para cualquier diplomático menor, ya no se diga un estadista de alcurnia.

Eric Zuesse arremete contra Gorbachov por “haber confiado en megaestafadores (los líderes de EU y sus aliados) encabezados por un supergánster Daddy Bush” cuando el mundo entero sufre de estos bandidos (sic) hoy y cada día, lo cual produce creciente caos global y matanzas en Libia, Siria, Ucrania y en otras partes, que ahora ha resultado en una crisis de refugiados en Europa. ¡Qué severo!

Eric Zuesse describe cómo el ingenuo Gorbachov confió en Daddy Bush, por cierto, antiguo director de la CIA e indiciado acusado de haber participado en el asesinato de Kennedy.

La etérea promesa –insisto, sin documentos– fue hecha por el texano secretario de Estado, James Baker III, que superó a Maquiavelo, Talleyrand y Rasputín juntos, cosa que no podría suceder con el abusado y avezado zar Vlady Putin, quien conoce las vulnerabilidades de la élite estadunidense.

Si alguien cree que no pudo haber peor cándido que Gorbachov se quedaría corto con su inmediata sucesión por Boris Yeltsin, quien llevó a Rusia al borde de la balcanización al deglutir todos los cuentos de Bill Clinton asesorado por George Soros: dos personajes que en el mismo infierno causarían pavor.

No es concebible la degradación de la URSS a tales niveles.

Por eso el zar Vlady Putin confesó que la disolución de la URSS había constituido una catástrofe geopolítica, lo cual desea repetir el Deep State estadunidense en la fase presente del Rusiagate.


La planificacion sovietica en datos.

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domingo, febrero 11, 2018

Carteles de la planificacion sovietica

Industrializacion es el camino del socialismo
"La aritmetica de contra plan para la industria: 2+2=5 gracias al entusiasmo de los trabajadores

¡Camarada unete a nuestra granja colectiva!

Mujer Campesina a las Granjas colectivas

¡Plan Quinquenal estamos al limite de cambiar de una nacion agraria a una nacion industrial!


El Konsomol(La Juventud Comunista) es la brigada de choque del plan quinquenal
Completemos el plan de los grandes trabajos



El libro en la primera mitad habla sobre los planes quinquenales a lo que el capitalista contesta:"Fantasia y Utopia".
La segunda mitad tiene una Union Sovietica industrializada con una bandera haciendo referencia a los planes quinquenales en 4 años y al capitalismo claramente indignado por ello

Los esfuerzos de millones de trabajadores comprometidos con la competencia socialista estan convirtiendo los planes quinquenales en planes de 4 años

¡Juventud Comunista a los tractores!
¡Hacia las tropas de choque de la cosecha de primavera!
Carteles:un rojo amanecer,traduccion:alva zarate

viernes, febrero 09, 2018

Las tareas de los comunistas cien años después de la Revolución de Octubre

Sábado 25 de noviembre de 2017
La celebración del Centenario de Octubre por parte de los comunistas ha puesto en evidencia los progresos y carencias de nuestro movimiento. Lo positivo es la recuperación del prestigio de la puesta en práctica del marxismo-leninismo bajo la dirección de Stalin y el desprestigio de las insidias trotskistas, jruschovistas y eurocomunistas. Cada vez hay más unidad entre los comunistas en torno a esta cuestión, aunque todavía queda mucha confusión entre las masas obreras. No obstante, incluso éstas empiezan a desconfiar del relato burgués y revisionista sobre la historia de la URSS.
Sobre esta base, hay mejores condiciones para la unidad de acción entre comunistas e incluso para la discusión de nuestras divergencias. En Madrid, por ejemplo, se consiguió realizar una nutrida manifestación agitativa que discurrió por el barrio más obrero del centro de la capital hasta la Puerta del Sol, cuando hace 10 años sólo pudimos concentrarnos allí en número mucho menor.

No obstante, el vínculo con las masas obreras es todavía muy débil porque sigue predominando entre los comunistas una deficiente comprensión de la teoría del marxismo-leninismo [1] y de la importancia que tiene su difusión entre ellas. En su mayoría, siguen prisioneros del empirismo y del espontaneísmo. Ahora es el conflicto catalán entre la democracia y el imperialismo español el que anteponen a nuestro cometido principal. Es cierto que puede beneficiar a la revolución proletaria, pero sólo es una reserva de ésta [2]. Antes, hace falta que la clase obrera exista como sujeto político, que haya empezado a ponerse en movimiento en pos del socialismo, y esto no puede resultar del desarrollo espontáneo de su movimiento sindical.

Como Lenin explica, "La historia de todos los países demuestra que la clase obrera está en condiciones de elaborar exclusivamente con sus propias fuerzas sólo una conciencia tradeunionista, es decir, la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar al gobierno la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para los obreros, etc. En cambio, la doctrina del socialismo ha surgido de teorías filosóficas, históricas y económicas elaboradas por intelectuales, por hombres instruidos de las clases poseedoras. (...) tiene sus raíces en las relaciones económicas actuales, exactamente igual que la lucha de clase del proletariado; y lo mismo que esta última, dimana de la lucha contra la pobreza y la miseria de las masas, pobreza y miseria que el capitalismo engendra. Pero el socialismo y la lucha de clases surgen juntos, aunque de premisas diferentes; no se derivan el uno de la otra. La conciencia socialista moderna sólo puede surgir de profundos conocimientos científicos. (...) los proletarios destacados por su desarrollo intelectual... lo introducen luego en la lucha de clase del proletariado, allí donde las condiciones lo permiten. De modo que la conciencia socialista es algo introducido desde fuera (...) en la lucha de clase del proletariado, y no algo que ha surgido espontáneamente (...) dentro de ella. De acuerdo con esto,... es tarea de la socialdemocracia [entiéndase, de los comunistas] introducir en el proletariado la conciencia (...) de su situación y de su misión" [3].

¿Por qué se mantiene esta desorientación entre los militantes comunistas? Sobre todo, porque hace decenios que carecen de una sólida formación marxista-leninista desde que los revisionistas usurparon la dirección de los partidos comunistas y los destruyeron como escuelas de marxismo-leninismo. A partir de este momento, además, penetraron con facilidad en nuestras filas individuos no proletarios que trajeron a ellas concepciones propias de sus clases de origen [4], aumentando la confusión sobre las tareas que nos corresponde realizar.
Esta confusión atañe particularmente a la línea de masas y a la conquista de la hegemonía sobre ellas por parte del proletariado. ¿Cómo ganar a cada sector de las masas -con qué reivindicaciones y consignas- para avanzar rumbo a la revolución y no hacia ilusorias reformas?

Las organizaciones comunistas principales suelen limitarse a oponer la propaganda del objetivo estratégico a las reivindicaciones espontáneas y a los reformistas que las adulan, o bien la relegan en beneficio de otro objetivo más inmediato y asumible por masas más amplias (p.ej., la república, un proceso constituyente, la independencia de las nacionalidades periféricas, etc.). Unión Proletaria criticó tiempo atrás esta metafísica y procuró una relación dialéctica entre el programa mínimo y el máximo. Y, ya como integrantes del Partido del Trabajo Democrático, promovimos el criterio expuesto por Lenin en Tareas de los socialdemócratas rusos [5] para centrar nuestra atención inmediata en el proletariado principalmente fabril. Sin embargo, no pudimos avanzar mucho más, sobre todo porque nuestros compañeros de unidad no tenían realmente interés en desarrollar la conciencia revolucionaria de los obreros industriales y sí en utilizarlos para alcanzar una mayoría electoral limitada a objetivos democráticos, en la línea de Podemos. Nos opusimos a intervenir entre el proletariado fabril de otra manera que no fuera por medio de una propaganda marxista-leninista y construyendo la organización de vanguardia proletaria con quienes la fueran asumiendo.

Debemos aprender a desarrollar la unidad entre la difusión general del marxismo-leninismo y la atención prioritaria al núcleo industrial de la clase obrera. Esta unidad se concreta en la relación que debe establecer la clase de vanguardia con el resto de clases o fracciones de clase, tanto las que debe derrotar como las que debe atraer a la futura revolución popular que le permita conquistar el poder político. La formación de una mayoría es necesaria, no sólo para gobernar bajo la dictadura burguesa, sino más aun para instaurar la dictadura del proletariado. Pero, para este fin, no puede ser una mayoría cualquiera: tiene que consistir en una relación correcta entre la clase de vanguardia y el resto del pueblo, dentro del cual hay incluso sectores que sólo podemos aspirar a neutralizar.

En el momento actual, para nuestras pequeñas organizaciones comunistas, todavía prima la necesidad de reclutar a individuos capaces de asumir y aplicar el marxismo-leninismo entre las masas. En consecuencia, podemos lanzar nuestra propaganda indistintamente hacia todas las clases, pues en todas ellas los hay con esa capacidad. Se trata de individuos y no de clases. Para esto, nos basta internet y cualquier otro canal de propaganda indiscriminada. No será suficiente, claro está, cuando se trate de construir un partido enraizado en el proletariado.

Pero, mirando la cosa más de cerca, tampoco lo es ahora mismo, porque no nos permite educar a esos individuos en cuál debe ser el contenido concreto de su actividad, ni nos permite entresacar a los comunistas más consecuentemente proletarios de entre los muchos comunistas influidos por las concepciones pequeñoburguesas de nuestro entorno, ya sean de derecha o de "izquierda". Así, por ejemplo, ¿cómo podemos emprender la construcción de un partido de tipo bolchevique con comunistas que abandonan al proletariado fabril para entregar casi todas sus energías a las luchas democráticas [6] o con comunistas que abandonan a la mayoría de las masas obreras afiliadas a los sindicatos por hacerlo en CCOO y UGT (sindicatos cuyas direcciones, ciertamente, no practican la lucha de clases sino la sumisión de los trabajadores a la patronal y a su gobierno)?

¿Cuál es la clase revolucionaria?
El materialismo dialéctico nos exige definir la línea de masas sobre la base de la situación objetiva de éstas. La clase revolucionaria de la sociedad actual es la clase obrera, el proletariado [7]. Pero, ¿quiénes lo forman?, ¿quiénes reúnen las condiciones materiales que hacen de ella la clase revolucionaria?, ¿cuáles son esas condiciones?
La primera condición es carecer de propiedad sobre los medios de producción y verse entonces obligado a convertir la propia fuerza de trabajo en una mercancía que se vende a cambio de un salario. Si sólo consideramos esta característica básica, tres de cada cuatro miembros de una sociedad de capitalismo desarrollado como la española lo son de la clase obrera. Entonces, al constituir ésta la mayoría de la sociedad, los obstáculos a la revolución socialista serían sobre todo externos a nuestra clase: a saber, la dominación política y cultural de la burguesía. No obstante, desde el Manifiesto del Partido Comunista, Marx y Engels, advertían de la necesidad de que los comunistas nos enfrentáramos a las contradicciones internas que precisamente dificultan la acción de clase del proletariado (nacionalidad, generaciones, oficios, etc.). Y éstas no sólo debilitan la unidad de las masas obreras, sino incluso la acción conjunta de los comunistas cuya misión específica es destacar y reivindicar “los intereses comunes y peculiares de todo el proletariado” y mantener “siempre el interés del movimiento enfocado en su conjunto” [8]. La causa de la unidad ideológica y política de los comunistas exige comprender las causas objetivas que dividen a las masas obreras y, gracias a ello, poder neutralizarlas en beneficio de la acción de clase del proletariado por el derrocamiento de la burguesía.

Ya existían los trabajadores asalariados con anterioridad a que apareciera el modo de producción capitalista, sin que se convirtieran en la clase revolucionaria. Lo que convierte decisivamente a los proletarios modernos en la clase revolucionaria de la sociedad capitalista es su unidad orgánica con las fuerzas productivas sociales engendradas por ésta, la cual los convierte en la única fuerza capaz de liberarlas de los límites que la propiedad privada capitalista impone a su desarrollo. En este sentido, las masas de la clase revolucionaria se encuentran más en los grandes colectivos laborales que manejan modernos medios de producción que en los pequeños colectivos laborales basados en herramientas y métodos artesanales. Es fácil deducir de esto que la proporción de miembros de una sociedad como la nuestra que reúnen esta segunda característica ya no es de tres de cada cuatro, sino considerablemente más baja.

Pero es necesario acotar aún más. No todos los trabajadores asalariados producen bienes materiales, valor y plusvalía. Como explicó Marx en la sección sobre el capital comercial del libro tercero de El Capital, hay trabajadores asalariados que operan únicamente en la esfera de la circulación de mercancías o de la distribución del producto social. El trabajo de éstos no produce bienes materiales, no añade valor a los medios de producción empleados (ni plusvalía), sino que se limita a realizar en el mercado el valor de mercancías producidas con anterioridad. Aunque también sean explotados por cuanto su trabajo realiza una masa de plusvalía mayor que el valor de su propia fuerza de trabajo, dependen por entero del capital industrial en vez de ser éste el que depende de ellos, como sí ocurre con los obreros fabriles. Como observa Marx: "El acrecentamiento del producto neto abre al trabajo improductivo nuevas esferas que vivirán del producto de los obreros y cuyo interés se liga más o menos directamente al de las clases explotadoras" [9]. Esta división del trabajo hace depender a los trabajadores que no producen valor (ni plusvalía) de la explotación a la que el capital somete a los obreros fabriles y, por consiguiente, debilita la unidad de acción entre trabajadores asalariados.

La importancia de esta contradicción crece bajo el imperialismo, por cuanto crece en los países dominantes la proporción de este tipo de asalariados no productivos, sobre todo durante los períodos de crisis económicas estructurales, en detrimento del proletariado productivo, cuya proporción aumenta, por contra, en los países oprimidos. Los trabajadores del sector servicios -comercio, finanzas, administración, sanidad, educación, etc.-, sobre todo en los países imperialistas, no están en contacto con las verdaderas fuerzas productivas sociales y reproducen su fuerza de trabajo con mercancías cuya fabricación radica, a menudo, en el extranjero y particularmente en los países dominados. Esta situación cada vez más frecuente oscurece en ellos la perspectiva de resolver sus problemas inmediatos a través de una revolución socialista proletaria. Al contrario, parece vincular su suerte a la dominación y explotación que su propia burguesía ejerce sobre los pueblos por ella empobrecidos. De ahí la posibilidad que tiene la burguesía imperialista de seducir a grandes masas de asalariados con aventuras militares dirigidas a dominar otros países para vivir a expensas de ellos. Los ejemplos históricos más extremos de ello han sido, por ahora, la Alemania nazi, el Japón militarista y los Estados Unidos de América.

El imperialismo distorsiona el alineamiento de las fuerzas de clase. Superficialmente, aparece una paradoja: cuanto más crece el número de asalariados y su proporción en la sociedad, menos luchan contra los capitalistas. Este fenómeno afecta negativamente a la conciencia y a la moral de clase, incluso del núcleo industrial de la clase obrera y de los propios comunistas. En realidad, se debe a que la capacidad de la burguesía para alienar la conciencia de los obreros ha crecido debido, por una parte, al desarrollo de los medios de difusión cultural y, por otra parte, a la corrosión revisionista de las organizaciones comunistas. Esta causa subjetiva se ha visto potenciada por la división internacional del trabajo llevada a cabo por el imperialismo. De ahí la enorme importancia de promover entre los proletarios de nuestro país la solidaridad internacional con la lucha de los proletarios y de los pueblos oprimidos. Y esta solidaridad no debe tener un enfoque humanitario-caritativo, ni limitarse a su contenido democrático, sino que debe explicar sobre todo la identidad de clase de los proletarios del mundo y la necesidad de considerar como parte de la nuestra la lucha de todas las clases, pueblos y Estados contra el imperialismo, porque él es el sostén fundamental de la explotación capitalista también en todos los países.

La proporción de obreros productivos de la gran industria sobre el total de la población baja a menos de uno de cada cuatro. Éste es el sector más capaz, por su situación objetiva, de desplegar la lucha de clase de todo el proletariado y del cual el Partido Comunista debe extraer el núcleo más seguro de sus militantes. En los últimos años, su papel de vanguardia se ha podido evidenciar durante las huelgas generales y las luchas contra las reconversiones industriales.

Esto no quiere decir que este sector de la clase obrera no padezca conflictos internos entre nacionalidades, sexos, religiones, generaciones, fijos-eventuales, etc. Además, no todos los asalariados de la industria son igualmente explotados: los ingenieros y ciertos cuadros técnicos colaboran incluso con la explotación de los obreros [10]. De todos los conflictos que enfrentan a unos obreros fabriles con otros, el más grave, por ser antagónico, es el que enfrenta a la gran mayoría obrera con la exigua aristocracia obrera corrompida y comprada por los capitalistas imperialistas para tomar la dirección de los sindicatos y partidos proletarios. Sólo la lucha organizada contra ella sobre la base del marxismo-leninismo puede evitar o revertir esta usurpación.

Además de otros explotados, los obreros fabriles encontrarán el apoyo combativo de multitudes de desempleados y subempleados (que son obreros en potencia, con una existencia miserable y mucha energía contenida) a medida que su lucha alcance una dimensión de clase y, por tanto, política.

Por consiguiente, aunque los asalariados seamos la mayoría de la sociedad, la mayoría de los mismos se halla en una situación objetiva que dificulta su identificación con los intereses de su clase. No comprenderlo es condenarse a fracasar [11]. En cambio, si lo comprendemos, podremos hacer progresar nuestra causa revolucionaria al priorizar al proletariado industrial y al definir nuestra agitación y nuestra propaganda comunistas atendiendo a las contradicciones de este núcleo, tanto en su seno como con otros sectores de nuestra clase e incluso del pueblo en general. En definitiva, se trata de aplicar a nuestras condiciones la estrategia de lucha por la hegemonía del proletariado que Lenin y los bolcheviques desplegaron con las diferentes clases y capas de la población rusa.
Tareas principales
La propaganda indiscriminada de las verdades generales del comunismo (a través de internet, por ejemplo) es necesaria, pero no basta. También hay que salir al encuentro del proletariado fabril en sus lugares de trabajo, de residencia, de organización sindical (a pesar y en contra de sus jefes sindicales traidores), etc., con nuestra educación socialista comprensiva de sus condiciones objetivas de existencia. Hay que hacerlo y exigírselo a las demás organizaciones comunistas como una de las bases irrenunciables de unidad, junto con otras como la definición más concreta del centralismo democrático en el proceso de reunificación del partido revolucionario de la clase obrera.

No basta con que los comunistas intentemos deducir de la teoría marxista-leninista un programa, unas consignas, una táctica y un tipo de organización adecuados a la situación social. No hay ninguna garantía de que acertemos por cuanto no hemos conseguido todavía enraizarnos en las masas obreras más genuinamente representativas de nuestra clase. Nuestra principal tarea debe determinarse por el hecho de que el núcleo fabril del proletariado ignora desde hace muchos años lo más general y básico de la teoría del marxismo-leninismo. Por eso, no deberíamos enredarnos en los pormenores de la política -cuyos únicos sujetos son actualmente burgueses y pequeñoburgueses-, en detrimento de la educación de las masas de nuestra clase en los fundamentos de su ideología. Si se los aportamos, podemos confiar en que, a partir de ello, decenas de obreros e intelectuales se incorporen a nuestros esfuerzos por aplicarlos a las condiciones actuales, incrementando las probabilidades de acierto teórico y de éxito práctico.

Los comunistas rusos se pasaron años difundiendo y defendiendo los principios generales del marxismo antes de "hacer política". Las cuestiones políticas y sindicales inmediatas han de considerarse por los comunistas de hoy como menos urgentes que la "devolución" a las masas obreras de las bases ideológicas de su conciencia de clase. Para comprenderlo, basta con tener presente la difamación creciente de la que éstas son objeto a través de todos los medios con los que la burguesía procura someter el pensamiento y la actitud de la población: escuela, iglesia, televisión, radio, prensa, ciencia, arte, etc.

Hay tres tareas insoslayables para los comunistas actuales:
1º) Esclarecer, difundir y defender lo fundamental de la historia del socialismo, principalmente en la URSS y en China como los países en los que la revolución fue más lejos en extensión y profundidad.

2º) Abrir el debate programático con el objetivo de la unidad y la reconstitución del Partido Comunista.

3º) Educar la conciencia de clase de los obreros con las obras clásicas del marxismo-leninismo (principalmente, El Manifiesto del Partido Comunista, El Capital, Anti-Dühring, El imperialismo, fase superior del capitalismo, El Estado y la revolución, Fundamentos del leninismo e Historia del PC(b) de la URSS).
Advertencia final
A cada vez que se exige tener en cuenta las condiciones objetivas para evitar el voluntarismo estéril, hay quien lo interpreta de manera no dialéctica, como si esas condiciones objetivas debieran traer el socialismo por sí solas, sin lucha, sin tensión, sin iniciativa, etc. Algunos lo hacen para justificar su reformismo y otros, los "izquierdistas", para renegar del materialismo y de la ciencia cuando éstos ponen de manifiesto los obstáculos que se alzan en el camino de la revolución.

He explicado que los asalariados, incluso los que son explotados, incluso los que forman la propia clase obrera, no se encuentran a menudo en las condiciones objetivas óptimas para asumir una actitud favorable a la revolución socialista. Los reformistas deducen que, como que no hay una mayoría espontáneamente identificada con el socialismo, no hay condiciones para organizar la revolución y hay que esperar a que la "clase trabajadora" se vuelva más homogénea en sus condiciones de existencia. Como esa tendencia no se está realizando, se conforman con defender una política democrática que pueda gozar del consenso de la mayoría del pueblo. Y, como los más explotados no son actores políticos porque están demasiado ocupados en sobrevivir, esa política democrática se adecuará sin falta a las capas medias pequeñoburguesas.

Quedaría en pie una tenue esperanza revolucionaria consistente en que, ganando las elecciones esa mayoría social, el gobierno que así se formara tomaría medidas que ayudaran a unir a la clase obrera y, en torno a ella, al pueblo en pos del socialismo. La experiencia histórica enseña que todo eso son esperanzas vanas en los países imperialistas, que el capital dispone de medios para impedir esa victoria electoral y que, si aun así se consiguiera, sería al precio de concesiones fundamentales que hipotecarían la acción de ese gobierno o éste no tardaría en verse derrocado por un golpe de Estado más o menos violento. Pero lo peor no serían las vicisitudes que tendría que atravesar ese gobierno filantrópico, sino que este camino no prepara a la clase obrera para una revolución, para una verdadera lucha por conquistar y ejercer el poder político hasta la transformación comunista completa de la sociedad.

La comprensión realmente marxista-leninista de la complejidad de la estructura de la clase obrera consiste en que existen dificultades que deben resolverse metódicamente, en un proceso de organización del ejército político para la revolución socialista. Desde la Revolución de Octubre que se produjo hace 100 años, hemos entrado en una época de transición entre dos formaciones económico-sociales: el capitalismo y el comunismo. Estamos en la época del imperialismo y de la revolución proletaria mundial. Mientras no culmine nuestra época con el triunfo definitivo de la clase obrera, tanto el capitalismo como el socialismo son, a la vez, viables e inestables (hasta que éste se imponga definitivamente sobre aquél): en cuanto al capitalismo, lo evidencia la historia desde 1917; en cuanto al socialismo, el Manifiesto del Partido Comunista expresa su proceso de realización como un conjunto de "medidas que, aunque de momento parezcan económicamente insuficientes e insostenibles, en el transcurso del movimiento serán un gran resorte propulsor y de las que no puede prescindirse como medio para transformar todo el régimen de producción vigente".
Hay momentos puntuales en que el imperialismo se debilita y es entonces cuando debemos golpearlo y conquistar el poder. Pero no cabe esperar un debilitamiento tal del imperialismo que permita al socialismo caer del cielo. Después de esos momentos puntuales de debilidad, como fueron las dos guerras mundiales, el imperialismo se recompone y se refuerza para continuar su lucha contrarrevolucionaria. Por eso, no hay que esperar a esos momentos para organizar la revolución, porque entonces será tarde para derrocar la dominación burguesa (como ocurrió en Alemania, a diferencia de lo que pasó en Rusia).

Tener en cuenta la realidad objetiva, sus dificultades y sus oportunidades nos permite trabajar por la revolución de manera eficaz desde el primer momento, aunque el momento de llevarla a efecto todavía esté lejos. Si no "empujamos" a las masas obreras -con todas nuestras fuerzas y también toda la inteligencia de nuestra teoría científica- hacia la revolución, ésta no podrá producirse. El capitalismo no se irá voluntariamente. Antes, acabará con todo el progreso social del que es producto. Como dice Manifiesto del Partido Comunista, la lucha de clases "conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes". De nosotros depende que esto último no ocurra. La actual situación pudre todo el organismo social, precisamente por estar tan maduras las condiciones materiales, y tan confusa la conciencia de la clase obrera. Ayudemos a las masas proletarias a desbloquearla.
Gavroche

Notas

[1] El marxismo-leninismo se ha demostrado la guía eficaz para poder derrocar la dominación burguesa, pero también y sobre todo, para ejercer la dictadura del proletariado hasta cambiar la base de la sociedad, mejorando las condiciones de vida de la inmensa mayoría. La importancia de este segundo aspecto es la que explica por qué la burguesía critica cada vez más la lucha de clase del proletariado a través del falseamiento de la experiencia de edificación del socialismo. Por eso, sin defender la verdad sobre ésta, será imposible desarrollar plenamente la lucha obrera.
[2] Stalin señala que las reservas de la revolución proletaria son de dos tipos: las directas, entre las que menciona "a) el campesinado y, en general, las capas intermedias del país; b) el proletariado de los países vecinos; c) el movimiento revolucionario de las colonias y de los países dependientes; d) las conquistas y las realizaciones de la dictadura del proletariado, ..."; y las indirectas, que consisten en "a) las contradicciones y conflictos entre las clases no proletarias del propio país, contradicciones y conflictos que el proletariado puede aprovechar para debilitar al adversario y para reforzar las propias reservas; b) las contradicciones, conflictos y guerras (por ejemplo, la guerra imperialista) entre los Estados burgueses hostiles al Estado proletario, contradicciones, conflictos y guerras que el proletariado puede aprovechar en su ofensiva o al maniobrar, caso de verse obligado a batirse en retirada". (Los fundamentos del leninismo)
[3] ¿Qué hacer?, Lenin
[4] Estas influencias no proletarias deben ser continuamente combatidas por el partido comunista. Cuando éste tomó una dirección revisionista y dejó de contrarrestarlas, las taras ideológicas de los nuevos reclutas inclinaron todavía más la balanza en contra de la orientación marxista-leninista del movimiento obrero. Es lo que pasó, por ejemplo, cuando el movimiento anti-revisionista de los años 60 y 70, a la vez que combatió las desviaciones de los partidos comunistas y de los Estados socialistas, incurrió, por su parte, en graves errores "izquierdistas", semi-anarquistas y sectarios, que son errores cuya naturaleza es pequeñoburguesa.
[5] www.bcn.cl/obtienearchivo?id=docume..., así como http://unionproletaria.net/spip.php.... Lenin sostuvo la necesidad de dirigirse primero a las masas obreras fabriles, a pesar de que éstas eran minoritarias en Rusia y a pesar de que la revolución inmediatamente factible allí no era socialista proletaria sino democrático-burguesa
[6] Por muy justas que sean las luchas democráticas, es poco probable que tengan éxito, en países de capitalismo plenamente desarrollado como el nuestro, si no existe un movimiento obrero independiente y revolucionario que les preste apoyo. Es el caso evidente de las luchas por el derecho de autodeterminación de Euskadi y Cataluña frente a la fuerza represiva del Estado imperialista español.
[7] "No se trata -según Marx y Engels- de lo que este o aquel proletario, o incluso el proletariado en su conjunto, pueda considerar de vez en cuando como su meta. Se trata de lo que el proletariado es y de lo que está obligado históricamente a hacer, con arreglo a ese ser suyo. Su meta y su acción histórica se hallan clara e irrevocablemente predeterminadas por su propia situación de vida y por toda la organización de la sociedad burguesa actual." (La Sagrada Familia, Marx y Engels)
[8] El Manifiesto del Partido Comunista, Marx y Engels.
[9] Marx, Histoire des doctrines économiques, Paris, Alfred Costes, 1947, t. 5, p. 158
[10] "Las clases -explica Lenin- son grandes grupos de hombres que se diferencian entre si por el lugar que ocupan en un sistema de producción social históricamente determinado, por las relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de producción (relaciones que las leyes refrendan y formulan en su mayor parte), por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo y, consiguientemente, por el modo y la proporción en que perciben la parte de riqueza social de que disponen. Las clases son grupos humanos, uno de los cuales puede apropiarse el trabajo del otro por ocupar puestos diferentes en un régimen de economía social." (Una gran iniciativa)
[11] Es lo que ha ocurrido con todas las "aventuras" democráticas que se han emprendido como alternativa al punto de partida marxista-leninista para la acumulación de fuerzas revolucionarias: ya sea la anhelada "ruptura" en los años 70, la lucha contra el ingreso de España en la OTAN y contra las reconversiones industriales en los 80, el movimiento anti-globalización y anti-bélico en los 90 e inicios de este siglo, el movimiento republicano e indignado de los últimos diez años y, ahora, el movimiento catalán por el derecho de autodeterminación (versión pacífica de su precedente vasco).