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miércoles, febrero 06, 2019

Berlin conmemora 100 años del asesinato de Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht, y demás revolucionarios El 13 de enero de 2019 se llevó a cabo una marcha tradicional en Berlín en memoria de los revolucionarios Karl Liebknecht, Rosa Luxemburg y todos los socialistas que murieron durante la masacre del levantamiento de #Berlín en enero de 1919, asesinados hace 100 años, el 15 de enero de 1919. Esta tradición se remonta a finales de la década de 1920, existió durante muchas décadas en la RDA y se continuó después de la unificación capitalista de Alemania en la década de 1990. Este año, más de 10 mil personas participaron en los eventos conmemorativos, incluidos miembros y partidarios del Partido de Izquierda (Die Linke), el Partido Comunista Alemán, el Partido Marxista-Leninista de Alemania y otras organizaciones de izquierda, representantes de los partidos comunistas de muchos países del mundo.

El 13 de enero de 2019 se llevó a cabo una marcha tradicional en Berlín en memoria de los revolucionarios Karl Liebknecht, Rosa Luxemburg y todos los socialistas que murieron durante la masacre del levantamiento de #Berlín en enero de 1919, asesinados hace 100 años, el 15 de enero de 1919. .

Esta tradición se remonta a finales de la década de 1920, existió durante muchas décadas en la RDA y se continuó después de la unificación capitalista de Alemania en la década de 1990. Este año, más de 10 mil personas participaron en los eventos conmemorativos, incluidos miembros y partidarios del Partido de Izquierda (Die Linke), el Partido Comunista Alemán, el Partido Marxista-Leninista de Alemania y otras organizaciones de izquierda, representantes de los partidos comunistas de muchos países del mundo.

En el Memorial Socialista en el cementerio Friedrichsfelde de Berlín se colocaron coronas y cientos de claveles rojos.


Zapatismo, escombros y cadáveres


Ricardo Orozco


El 5 de julio pasado, apenas unos días después de celebrados los comicios que dieron la victoria electoral a la plataforma de gobierno federal encabezada por Andrés Manuel López Obrador, la vocería de la Subcomandancia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), personificada en la figura de Galeano (antes Marcos), emitió un comunicadoi en el que, sin tener que hacer explícitas referencias a López Obrador y su proyecto, el EZLN marcaba una clara línea de divergencias y desencuentros —por lo demás históricos—, en las cuales el mensaje central, el nervio más profundo de su posicionamiento respecto de la administración entrante sigue siendo, en términos generales: ustedes no nos representan.

 Cuauhtémoc Cárdenas Batel, Subcomandante Marcos (ahora Subcomandante insurgente Galeano),
Andrés Manuel López Obrador, Rosario Ibarra de Piedra, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano
 y al entonces Mayor Moisés —hoy subcomandante— 13 de noviembre de 1994
El distanciamiento que abrió el EZLN con tal posicionamiento, por supuesto, fue recibido en amplios sectores de las bases de apoyo de la plataforma electoral y de gobierno de López Obrador como un claro reflejo de honda hipocresía por parte del movimiento zapatista; hipocresía que hoy, además, de cara al mayor triunfo sufragista de algunas corrientes de izquierda en México, no hace más que evidenciar que quizá siempre sí es cierto que el zapatismo en los caracoles chiapanecos nunca ha sido, en estricto, más que un artificio generado por el régimen político de finales del siglo XX para hacerle el juego de acuerdo con los vaivenes de los tiempos políticos.

Grandes círculos de apoyo a la campaña presidencial de López Obrador —y que en algún momento de la historia reciente de México nunca dudaron en suscribir y hacer eco de las críticas del zapatismo al autoritarismo, al neoliberalismo, al conservadurismo decimonónico, a los crímenes de Estado, etc.—, ante ese comunicado que se resintió en el postludio del triunfo electoral como una traición directa y abierta a su causa, no dudaron, por un lado, en hacer de Galeano (o Marcos) un simple títere del régimen priísta; y por el otro, en descalificar los añejos y persistentes reclamos no sólo del zapatismo, sino de los numerosos pueblos originarios de México, considerando que su renuencia a ofrecer su apoyo explícito y acrítico a la administración pública entrante no hace más que fragmentar a la izquierda y hacerle el juego al priísmo, al panismo, al perredismo y a todos sus similares y/o derivados.

Y es que en la lógica de quienes antes apoyaban al zapatismo y hoy lo acusan de sedición, las reivindicaciones históricas abanderadas por este movimiento desde finales del siglo XX, hoy, ya no pasan de ser anacrónicas, dogmáticas e intransigentes, toda vez que las múltiples luchas sociales que en algún momento se encabezaron desde el EZLN ya no son más representativas de la amplia, múltiple y diversa agenda que la izquierda tendría que estar atendiendo y promoviendo en el tiempo y el espacio presentes. Por eso —se justifican— si la primera reacción de las bases de apoyo —ideológico y electoral— del Movimiento de Regeneración Nacional, ante el comunicado del EZLN, fue de rechazo, ello se debe al hecho de que en realidad la izquierda contemporánea es ya más plural, más diversa, más amplia y pragmática de lo que nunca lo llegará a ser el zapatismo.

Muchos y muy profundos son los problemas que se presentan en esta interpretación del posicionamiento adoptado por el zapatismo. Sin embargo, dos son de particular relevancia, toda vez que apuntan a la necesidad de no perder de vista esa delgada línea de delimitación en torno de la legitimidad política y el ejercicio de la justicia social que en las experiencias progresistas de América no se alcanzó a leer y que en diversos momentos terminó por dinamitar las bases populares de apoyo a los proyectos políticos que respaldaron.

El primero de esos problemas tiene que ver con una tendencia creciente, por parte de algunos sectores de la izquierda que salió victoriosa en los recientes comicios, a descalificar como dogmáticas, intransigentes y retrogradas a diversas corrientes de izquierda que con el paso del tiempo se han pronunciado respecto a las agendas que el gobierno entrante tendría que estar atendiendo, si es que se quiere asumir como un gobierno verdaderamente representativo de las izquierdas en México. Es decir, tiene que ver con una disputa, al interior de la propia izquierda, en donde se aglutinan, convergen y divergen numerosas expresiones de la misma, y en la que la batalla que se libra tiene que ver con la tarea de colocar sólo a una corriente de izquierda como la verdadera y legitima ganadora de las elecciones y la plataforma de gobierno propuesta.

Revelador de esta disputa es, en este sentido, que el principal frente de conflictividad con el que tuvieron que lidiar las bases de apoyo electoral de la coalición victoriosa fue —por lo menos en lo que concierne al espacio discursivo y de discusión pública—, justo, en torno de la necesidad de delimitar los márgenes ideológicos y programáticos dentro de los cuales esa coalición se está asumiendo como un proyecto de izquierda, o diferente de los intereses que han gobernado al país los últimos cinco sexenios, en particular; y toda la historia del priísmo, en general. Y la cuestión es que esa discusión se dio con otros sectores de la población que asimismo se presentaban ellos mismos como de izquierda; con lo cual quedó evidenciado que si el debate se encontraba ahí era porque, en última instancia, las divergencias entre la coalición ganadora de las elecciones y los intereses respaldando a los viejos sexenios no eran tan amplias ni tan marcadas como se supondría.

Siendo claros: el proyecto de López Obrador ha pasado muy poco tiempo explicando por qué sí la población lo debería de considerar como una plataforma de gobierno de izquierda. Sin embargo, el hecho de que desde diferentes corrientes y expresiones de izquierda se le esté cuestionando ese mismo punto y se le esté exigiendo el transparentar la naturaleza de su agenda y de sus intereses tiene que ver con la realidad de que la coalición articulada por López Obrador terminó aglutinando a una diversidad de intereses conservadores, neoliberales, de derecha —o como mejor se los quiera adjetivar—, que tal conglomeración (con muchos de ellos en franca oposición entre sí y respecto de la postura ética y política del propio López Obrador) exige cuestionar cuál será la agenda y cuáles serán los intereses que se impondrán al momento de constituirse el nuevo gobierno, así como el saldo y los beneficiarios de dicha imposición.

EL SUBCOMANDANTE MARCOS Y LÓPEZ OBRADOR EN 1996. FOTO: AFP


No es un secreto que, para obtener el triunfo en los comicios, el proyecto de López Obrador tuvo que negociar y ofrecer algunas concesiones a sus opositores, de tal manera que la historia de bloqueos experimentada en las dos elecciones presidenciales anteriores (2006 y 2012) no se repitiera, gestando el bloqueo político de aquel y sus círculos. El problema no es ese: cada una de las plataformas de gobierno progresistas en América llegaron al poder estatal y lo ejercieron recurriendo a negociaciones similares. El problema aquí es, más bien, que la reacción que la coalición electa está teniendo con sus críticos de izquierda está recurriendo cada vez más a la descalificación de los mismos como pseudoizquierdas, como izquierdas radicales, anárquicas, retrógradas, dogmáticas, ideológicas, etcétera.

La coalición electa para convertirse en gobierno el próximo sexenio parece estar olvidando que gran parte del triunfo y del arrastre popular que consiguió en amplios sectores de la población se debe al hecho de que, durante la presidencia de Enrique Peña Nieto, el régimen gubernamental no se cansó de repetirle a la ciudadanía que cada una de las luchas sociales que se le presentaron como oposición o resistencia fueron descalificadas en los mismos términos en los que ahora la izquierda electoral descalifica a las otras izquierdas. Cómo olvidar, por ejemplo, la sistemática insistencia del presidente en funciones respecto del mal humor de los mexicanos, respecto de sus problemas y errores de percepción, de su insatisfacción, de su falta de ánimo para hablar bien de México y de su gobierno, de su predisposición a no aplaudir, a que ningún chile les embone, a que las cosas buenas no se cuentan, y así ad infinitum.

Por eso, algo que debe comprender la corriente de izquierda que ganó en los comicios, y que hoy busca imponer su agenda por encima de la del resto de corrientes y expresiones de izquierda en el país, es que, en principio, la autocrítica es una condición irrenunciable en este momento, si es que se espera no cometer los mismos errores que se cometieron en las experiencias progresistas de América y, sobre todo, si es que se busca constituir una plataforma transexenal que consolide las pocas o muchas reivindicaciones sociales que se logren en el siguiente periodo presidencial. Y en seguida, también tiene que comprender que en este país no hay una única izquierda, y que probablemente muchas de las críticas y las resistencias que se le impondrán en los siguientes años van a salir de las filas de esas múltiples izquierdas. El diálogo con ellas será necesario para mantener el rumbo y buscar alternativas para que los intereses de derecha aglutinados en la coalición gobernante no se impongan.

Por el proyecto de López Obrador, después de todo, sufragaron millones de mexicanos y mexicanas para quienes uno, un par o un conjunto de asuntos son de particular importancia. Conceder que quienes respaldaron a la coalición Juntos Haremos Historia lo hicieron en todos sus términos y exactamente como estos fueron presentados es ingenuo. En última instancia, esa creencia termina por invisibilizar que no fue una masa homogénea de ciudadanos la que decidió identificarse como apoyo popular de la coalición, sino que, antes bien, fue un conjunto amorfo conformado por individuos para los cuales las prioridades no son las mismas; pero que, aun así, conscientes de ello, salieron a respaldar a un proyecto del que esperan resultados en sus preocupaciones particulares, no sólo en torno del fiscal independiente, de la relación México-Estados Unidos, de los proyectos de infraestructura en el Sur del país, de las pensiones para adultos mayores y estudiantes, del salario mínimo, de la reducción de la deuda y el dispendio en el sector público o de la corrupción y el saqueo al erario.

Ahora bien, en esta línea de ideas, el segundo problema a plantearse tiene que ver, justo, con el hecho de que el zapatismo es uno de esos sectores que se asume como una corriente de izquierda más —entre tantas—, que hoy por hoy no observa en los acuerdos políticos fraguados por la coalición electoral de López Obrador una apuesta en la que sus propias reivindicaciones y las de las poblaciones originarias, aglutinadas en el Congreso Nacional Indígena, encuentren un cambio sustancial respecto de lo que han vivido a lo largo de décadas en su relación con los gobierno locales y federal.

No es arbitrario ni azaroso, en este sentido, que el desplegado de la vocería de la Subcomandancia del EZLN se centre en la arquitectura del Estadio Azteca —sede del cierre de campaña de López Obrador e ícono del poder empresarial de los monopolios mexicanos— y en la crítica de la manera en que el equipo de campaña fue conformado.

La metáfora del Estadio Azteca, por un lado, apunta a esa crítica necesaria sobre el rol que el capital, nacional y extranjero, ha jugado en la construcción de esa edificación llamada Estado mexicano —y a la manera en que la misma, hasta ahora, sigue diseñada para excluir a amplios sectores de la población. Pero también, y antes que ello, al imperativo de reconocer que para llegar ahí, a esa Gran Final, como la nombró la Subcomandancia, fue necesario sortear y pasar por encima de los escombros y los cadáveres sobre los cuales fue edificada la modernidad en México —muchas de las cuales son ruinas y cadáveres de los pueblos originarios, de las clases desposeídas, de las razas sometidas, de los grupos vulnerados y pauperizados, incluso de los propios zapatistas.

La referencia a la conformación del equipo de campaña —hoy en tránsito hacia curules en el poder legislativo, hacia posiciones de privilegio dentro del partido político o hacia espacios de mando en Secretarías de Estado—, por su parte, es claro que no apunta (por lo menos no en estos términos), a una crítica hacia las bases populares que apoyaron el movimiento, sino a mostrar que es en esas negociaciones, en esas concertacesiones y en esos pactos en donde aún se encuentra vigente el germen del neoliberalismo que tanto daño causa a los pueblos originarios del país, y al que el gobierno entrante únicamente pretende colocarle por enfrente algunos paliativos y correctivos con carácter social, pero sin modificar de fondo —quizá sí de forma— la lógica de acumulación/desposesión en curso.

Al zapatismo le queda claro que los grandes vencedores de la pasada contienda electoral son, por un lado, los capitales con los cuales se logró concertar el —efímero o permanente— tránsito hacia una izquierda más social, con un programa que coadyuve a la consolidación del empresariado nacional en un entorno de cerrazón y agresividad por parte de sus pares extranjeros; y por el otro, las clases medias, mestizas, poco relacionadas con los pueblos originarios de México, a partir de las cuales se buscará reactivar el mercado interno y los márgenes de acumulación de capital nacional.

Y lo cierto es que, para esas poblaciones que históricamente siempre se han encontrado hasta el fondo de las jerarquías sociales que operan en la realidad cotidiana de los mexicanos y las mexicanas, desconocer ese hecho no es opción: porque aunque en su discurso de victoria López Obrador sentenció que por el bien de México, primero los pobres; los zapatistas no dejan de insistir en que, por el bien de México, primero están las vidas de seres humanos; y en particular de seres humanos a los que no se los deja de observar desde la óptica del colonizador que debe llevar hasta ellos la modernidad, el progreso y el crecimiento económico, como si esa triada, tan repetida por los adalides del libre mercado, fuese, en sí misma y por sí misma, el fin, el objetivo de vida de los pueblos del Congreso Nacional Indígena, o de cualquier persona.

- Ricardo Orozco, Consejero Ejecutivo del Centro Mexicano de Análisis de la Política Internacional

@r_zco

 Ejército Zapatista de Liberación Nacional, «La Gran Final». 

Dilma Rousseff:"La brutal desigualdad del neoliberalismo causa esta oleada autoritaria"




Dilma Rousseff, economista, presidió Brasil con el Partido de los Trabajadores (PT) desde el 1 de enero de 2011 hasta que el 31 de agosto de 2016 culminó su destitución por supuesto maquillaje de cuentas pero  considerada "golpe institucional" por ex presidentes como José Luis  Rodríguez Zapatero y Felipe González, el italiano Massimo  D’Alema o el ex primer ministro francés el derechista Jacques Chirac, Dominique  De Villepin. También se han pronunciado en contra juristas como Baltasar  Garzón, el ex director de Amnistía InternacionalPierre Sané o el filósofo Noam Chomsky. Su impeachment dio paso al gobierno de Michel Temer, que acabó  acusado de corrupción, y a unas presidenciales marcadas por la condena a 12 años por corrupción del antecesor de Rousseff y nuevo aspirante Lula Da Silva. Su inhabilitación, pese al  informe del Comité de Derechos Humanos de la ONU, abrió camino a la victoria del nostálgico de la dictadura (1964-1984), violento, machista, racista y homófobo Jair Bolsonaro.
Ahora, la expresidenta brasileña participa en Sevilla en el seminario internacional¿La Era del Humanismo está llegando a su fin? que coincide con la investidura del primer gobierno del PP y Ciudadanos en Andalucía, tras 36 años del PSOE, donde la ultraderecha de Vox es llave necesaria.  



¿Cuál es la situación actual en Brasil?
Brasil vive un estado de excepción en que lo judicial y militar han coadyuvado para que llegara al poder, vía electoral, la extrema derecha de corte fascista de Bolsonaro para desmontar las bases democráticas.
Usted fue encarcelada y torturada por la dictadura de la que el presidente Jair Bolsonaro es nostálgico, ¿teme que este gobierno, con  gran presencia de las Fuerzas Armadas, avance al totalitarismo militar?
Un régimen de corte militar no se puede descartar a la ligera. Pero no creo que sea la tendencia del neofascismo actual. Los militares se cuidarán de que no haya ruptura formal con la Constitución para, en cambio, dejarla sin efecto.
¿En qué se plasma el "corte fascista" del gobierno Bolsonaro?
La característica del fascismo es su incapacidad de admitir la diferencia. En el plano político el presidente lo ha verbalizado al decir: "No basta derrotar al PT, hay que destruirles: prisión o exilio". El fascismo siempre crea un enemigo como pegamento de las fuerzas diversas que le aúpan. Pero la intolerancia también es social y cultural, contra mujeres, negros, indígenas, LGTBI. Llaman a "limpiar las escuelas del marxismo", que es impedir la visión civilizatoria de derechos humanos e igualdad de género. Y apelan a la violencia: desde convertir nuestro gesto en campaña, que es la "L" de Lula con pulgar e índice, en un amenazador revolver, hasta su propuesta de impunidad policial para matar sospechosos.
¿Cuál es su situación y la del ex presidente Lula?
Yo concurrí al Senado por el Estado de Mina Gerais y, contra todos los sondeos, en esta campaña extraña de fakes news en redes sociales, se dio un vuelco y no obtuve acta. Y Lula, a quien visité en prisión el 3 de enero, resiste fuerte. Se sabe el mayor preso político del planeta. Está pendiente de una decisión del Supremo en abril sobre el artículo 5 de la Constitución contra el encarcelamiento de quienes no hayan agotado todas las instancias de recurso. Pero el gobierno intentará evitar su libertad porque teme que él coordine la oposición.
De su destitución y la inhabilitación de Lula hay dos versiones: lucha anti-corrupción o persecución política vía tribunales. 
La excusa de la corrupción es clásica en Brasil para deponer a los presidentes que han trabajado por el pueblo: Getulio Vargas (1930-1945), Juscelino Kubitschek (1956-1961), Joâo Goulart (1961-1964) a los que jamás se probó nada. A mí, como no me podían ni calumniar de corrupta me hicieron el impeachment por un tema administrativo de paso de unas partidas a otras de educación, salud y justicia por un montante del 0,1% del presupuesto y préstamos que hacíamos con el banco público de Brasil a productores rurales. Cuestionaban si teníamos la firma precisa para devolver a tres meses cuando todos los presidentes, hasta yo en mi mandato previo, lo hacíamos en el mismo año fiscal.
¿Y Lula?
Se le acusa de recibir un apartamento que no es suyo. Está en un complejo donde sí ha pernoctado porque es de un amigo. Pero, como él dice, también ha dormido en Buckingham y no es dueño del palacio. Fue una maniobra para apartarle de la reelección cuando lideraba las encuestas. E impedirle hacer campaña por su sucesor Fernando Haddad que, pese a ello, logró 47 millones de votos, el 45%. No podían batir a Lula en las urnas, pero querían eliminarlo porque nuestros gobiernos prueban que otra política y mundo son posibles: luchar contra la concentración de riqueza financiera y a favor de los trabajadores.
Pero, en Brasil, votar es obligatorio y mujeres, pobres, población negra, amenazados por Bolsonaro, son mayoría. ¿Por qué le prefirieron al PT?
La extrema derecha en Brasil, EEUU o Europa no gana sin votos de las clases populares y allí los tuvo. Con una estrategia de eslabones: mi destitución, prisión de Lula e inhabilitación como candidato. Y con un discurso sobre dos pilares: la corrupción y la seguridad. Dijeron que la criminalidad venía de la destrucción de la familia. Que esta es culpa de feministas, promiscuas, abortistas, familias monoparentales donde de los hijos salen criminales. Defienden eso mientras quieren facilitar el acceso a las armas y nos amenazan.
¿Hace autocrítica? 
Sí. No percibimos que esto estaba pasando. No en esta dimensión. Y eso que contábamos con el indicio de Trump. Pero en Brasil creímos que el adversario serían los conservadores que, en cambio, han resultado destruidos por la opción Bolsonaro. Esto era impensable hasta ahora en un país continental, donde para ganar necesitabas una estructura enorme, campaña en radio y, sobre todo, TV. La extrema derecha ha ganado con un partido inexistente y 38 segundos de televisión. Ha balcanizado la elección usando WhatsApp, Facebook y Twitter.
¿Hubo beneficios fiscales a la  Iglesia evangélica que ahora apoya a Bolsonaro? ¿Faltó cooperación con otras izquierdas? ¿Mejoras en tema corrupción?  
Lo de la Iglesia evangélica que se dice no es verdad. Las exenciones fiscales eran para todas las confesiones. Y sobre corrupción, si acaso, hemos sido tan ingenuos, Lula y yo, como para subir los estándares de la lucha anti-corrupción al punto que las leyes e instituciones que reforzamos han sido usadas contra nosotros de manera espuria. Sí debimos haber plantado cara al fascismo con un frente democrático. Ahora es nuestro deber con la historia lograrlo.


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Dilma Roussef, el juez Baltasar Garzón y Pilar del Río (Fd. Saramago) en la inauguración del seminario.M.I. / SEVILLA
La ola ultra va de EEUU a Europa donde ya gobierna en Italia, Austria, Polonia, Hungría y sube en Francia, Alemania… Hoy es llave del primer gobierno no socialista en 36 años en Andalucía. Usted es hija de un búlgaro exiliado entre guerras, ¿por qué cree que sube el autoritarismo?
Hay una contradicción entre la actual fase de desarrollo económico, el neoliberalismo, y la democracia. Nunca tras la Segunda Guerra Mundial, especialmente tras los 80, se concentró tanta renta y se destruyeron dos pilares claves del Estado de bienestar: la promesa de que los hijos vivirían mejor que los padres y la de que quien trabajara duro se labraría un porvenir, encarnada de forma palmaria en el sueño americano. La brutal desigualdad está en el epicentro de la frustración. Y el electorado sin empleo, sin perspectivas, que se siente impotente, pero tiene las redes sociales, se entrega al autoritario que, ahí, personalmente, le apunta un camino.
¿Como el de culpar a los migrantes?
Sí. Wall Street manda en el mainstream. Y prefiere que el trabajador blanco de EEUU que hoy gana menos que hace 30 años, que ya no forma una masa obrera organizada en sindicatos crea que el enemigo son los latinoamericanos que huyen de la desigualdad tratando de cruzar la frontera. En vez de entender que la culpa es de la concentración brutal de la renta. Quitando no sólo a los obreros cada vez más precarizados, trabajadores a tiempo parcial, más y más y profesionales, sino incluso a la industria productiva para dejarlo todo en el poder financiero.
¿Hay alternativa política y económica progresista o su experiencia prueba que la disidencia está abocada al fracaso?
Por supuesto que es posible. Uno de los puntales ideológicos más fuertes del neoliberalismo es defender que no hay alternativa. Y es interesante porque los adeptos al liberalismo supuestamente propugnan, frente a la planificación estatal, la más eficaz decisión individual, ¿no? Pero, ¿qué libre decisión si sólo hay una opción? El liberalismo teórico entra en contradicción con eso del mercado como única solución. Todos decían que China jamás llegaría la revolución tecnológica y hoy está a la par de EEUU en su máxima expresión: la inteligencia artificial.
¿China es ejemplo de alternativa al capitalismo?
No creo que la alternativa deba ser capitalismo o anticapitalismo, sino de democratización del equilibrio en la relación Estado y mercado.
¿Y China es modelo democrático?
No. Pero enseña que es falso que solo exista un camino. China no es nuestra referencia. En Brasil mis gobiernos y los de Lula desarrollaron un camino propio, democrático, con la educación en el centro, la bolsa familia para 56 millones de personas, 36 millones en miseria extrema, con la que sacamos al país del mapa del hambre de la ONU. Dando cobertura médica a 63 millones a los que se va a dejar sin ella.
¿Cuál es el plan ahora?
Creo que es necesario crear un frente democrático que aúne a todos los que vean la democracia amenazada por Bolsonaro. Un frente popular resistente, combativo para evitar lo más grave que encarna Bolsonaro: la eliminación de derecho de los trabajadores y las clases medias, derechos laborales, de pensiones de jubilación, de pérdida de soberanía mediante por ejemplo la venta del fabricante de aviones Embraer a la Boeing, o de alienación de  nuestro petróleo y demás recursos naturales.
Muchos en la Amazonia. ¿Teme una destrucción inminente?
No se puede consentir aumentar el área deforestada. Hay que mantener la actual demarcación de áreas indígenas. La política de tierras de Brasil no puede sacrificar los derechos colectivos en interés exclusivo de algunos productores rurales.

Revolución cubana, 60 años: discurso de Raúl Castro

Discurso pronunciado por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en el acto central en conmemoración del aniversario 60 del triunfo de la Revolución, en Santiago de Cuba, el 1ro. de enero de 2019, «Año 60 de la Revolución».

(Versiones Taquigráficas-Consejo de Estado)

Santiagueras y Santiagueros;
Compatriotas de toda Cuba:

Nos reunimos hoy para celebrar el aniversario 60 del triunfo revolucionario del Primero de Enero, y lo hacemos nuevamente en Santiago de Cuba, cuna de la Revolución, aquí en el cementerio de Santa Ifigenia, donde se veneran los restos inmortales de muchos de los mejores hijos de la nación, muy cerca de las tumbas del Héroe Nacional, del Padre y la Madre de la Patria y del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana.

No vengo a aquí a hablar a título personal, lo hago en nombre de los heroicos sacrificios de nuestro pueblo y de los miles de combatientes que ofrendaron su vida a lo largo de más de 150 años de lucha.

Parece increíble que el destino nos haya reservado el privilegio de poder dirigirnos a nuestros compatriotas un día como hoy, al conmemorar seis décadas del triunfo, ocasión en que, bajo el mando de Fidel, por primera vez el pueblo cubano alcanzó el poder político y los mambises sí pudieron entrar victoriosos a Santiago de Cuba, coincidentemente 60 años después de que se instaurara el dominio absoluto del imperialismo norteamericano sobre Cuba.

Hace pocos meses, en La Demajagua, nos reunimos para recordar el aniversario 150 del inicio de las guerras por la independencia de Cuba, el 10 de Octubre de 1868, fecha que marca el comienzo de nuestra Revolución, que sobrevivió momentos de amargura y desunión, como el Pacto del Zanjón, y episodios luminosos como el protagonizado por Antonio Maceo en la Protesta de Baraguá.

La Revolución revivió, en 1895, gracias al genio y la capacidad de Martí para aglutinar a los mejores y más experimentados jefes de la contienda de los 10 años y preparar la «guerra necesaria» contra el colonialismo español.

Cuando el ejército colonial estaba prácticamente derrotado, con escasa moral combativa, asediado por los mambises en casi toda la isla y mermado por las enfermedades tropicales, que, en 1897, por solo citar un ejemplo, provocaron 201 000 bajas entre sus efectivos; la victoria fue usurpada con la intervención norteamericana y la ocupación militar del país, lo que dio paso a un largo período de opresión y gobiernos corruptos y serviles a sus designios hegemónicos.

Ni siquiera en esas difíciles circunstancias se apagó la llama redentora del pueblo cubano, puesta de manifiesto en figuras de la talla de Baliño, Mella, Villena, Guiteras y Jesús Menéndez, entre muchos otros que no se resignaron a vivir en afrenta y oprobio sumidos.

Tampoco la Generación del Centenario, que bajo el liderazgo de Fidel asaltó los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de Julio de 1953, estaba dispuesta a tolerar, a 100 años del natalicio de Martí, los crímenes y abusos de una tiranía sangrienta totalmente subordinada a los intereses de los Estados Unidos.

Sobrevinieron entonces momentos de profundo dolor y tristeza luego del revés y el vil asesinato de muchos de los combatientes revolucionarios participantes en esas acciones, denunciado virilmente por Fidel en su histórico alegato «La historia me absolverá», que se convirtió en el programa de la Revolución. A pocos metros de aquí yacen los restos de los caídos aquel 26 de julio y de otros mártires de la gesta insurreccional, incluidos también los valientes jóvenes santiagueros de la lucha clandestina y los hijos de esta ciudad que cayeron en las gloriosas misiones internacionalistas.

En los duros años de presidio y vejaciones no desfalleció el fervor y el compromiso de reiniciar la lucha, creció el prestigio y la autoridad del líder revolucionario para sumar nuevas fuerzas contra la dictadura.

El exilio en México no conoció el descanso; sirvió para preparar la próxima y decisiva etapa de batallar que nos trajo en el yate Granma a las Coloradas el 2 de diciembre de 1956. La demora en arribar a costas cubanas, debido a la azarosa navegación, no permitió la sincronización prevista con el Alzamiento de Santiago de Cuba, el 30 de noviembre, organizado por el audaz y valeroso joven dirigente del Movimiento 26 de Julio, Frank País García, quien todavía no había cumplido los 22 años, edad que tenía cuando fue brutalmente asesinado por los esbirros de la tiranía el 30 de julio de 1957.

Tampoco el desastre de Alegría de Pío, que casi aniquiló a los expedicionarios, pudo extinguir el optimismo y la fe de Fidel en la victoria, convicciones que lo llevaron a exclamar el 18 de diciembre cuando nos reencontramos, con apenas siete fusiles: ¡Ahora sí ganamos la guerra!

Desde Santiago de Cuba, como resultado de los infatigables esfuerzos del movimiento clandestino dirigido por Frank País, recibimos en la Sierra Maestra el primer refuerzo de jóvenes combatientes, armas y municiones, que significó un aporte crucial a la capacidad combativa del naciente Ejército Rebelde.

Prosiguieron meses de incesantes combates, primero en la Sierra Maestra y luego la lucha se extendió a otras regiones con la apertura de nuevos frentes y columnas, y con la derrota de la gran ofensiva de las tropas batistianas contra el Primer Frente dirigido por Fidel, que marcó el inicio de la contraofensiva estratégica y el viraje radical de la guerra que condujo a la derrota del régimen y la toma del poder revolucionario.

Ya el 8 de enero de 1959, a su llegada a La Habana, el Jefe de la Revolución expresaba, (cito): «La tiranía ha sido derrocada, la alegría es inmensa y sin embargo queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil, quizás en lo adelante todo sea más difícil». (Fin de la cita).

Las premonitorias palabras de Fidel no tardaron en hacerse realidad. Se iniciaba una etapa de luchas que estremeció los cimientos de la sociedad cubana. El 17 de mayo, a escasos cuatro meses y medio del triunfo, en la Comandancia de la Plata, en el corazón de la Sierra Maestra, se promulgó la primera Ley de Reforma Agraria en cumplimiento del Programa del Moncada, hecho que afectó a los poderosos intereses económicos de los monopolios norteamericanos y la burguesía criolla, que redoblaron las conspiraciones contra el proceso revolucionario.

La naciente Revolución se vio sometida a todo tipo de agresiones y amenazas, como el accionar de bandas armadas y financiadas por el Gobierno norteamericano, los planes de atentado contra Fidel y otros dirigentes, el asesinato de jóvenes alfabetizadores, muchos de ellos todavía adolescentes; el sabotaje y el terrorismo en todo el país con el terrible saldo de 3 478 muertos y 2 099 incapacitados; el bloqueo económico, comercial y financiero y otras acciones políticas y diplomáticas con el fin de aislarnos; las campañas de mentiras para denigrar a la Revolución y a sus líderes; la invasión mercenaria por Playa Girón en abril de 1961; la Crisis de Octubre en 1962 cuando en Estados Unidos se preparaba la invasión militar a Cuba y una interminable lista de hechos hostiles contra nuestra patria.

Nadie puede negar que la Revolución que nacía aquel Primero de Enero no ha tenido, a lo largo de 60 años, un minuto de sosiego, ya vamos por 12 administraciones norteamericanas que no han cejado en el empeño de forzar un cambio de régimen en Cuba utilizando una u otra vía, con mayor o menor agresividad.

El pueblo heroico de ayer y de hoy, orgulloso de su historia y cultura nacionales, comprometido con los ideales y la obra de la Revolución, que suma ya cuatro generaciones de cubanos, ha sabido resistir y vencer en las seis décadas de ininterrumpido bregar en defensa del socialismo, siempre basado en la más estrecha unidad en torno al Partido y a Fidel.

Únicamente así se puede comprender la hazaña de haber resistido los crudos años de período especial, cuando nos quedamos solos en medio de Occidente, a 90 millas de Estados Unidos. Entonces, nadie en el mundo habría apostado un centavo por la supervivencia de la Revolución; sin embargo, sí se pudo soportar y vencer el reto sin violar ni uno solo de los principios éticos y humanistas del proceso revolucionario y merecer el inestimable apoyo de los movimientos de solidaridad que nunca dejaron de creer en Cuba.

Ahora nuevamente el Gobierno norteamericano parece tomar el rumbo de la confrontación con Cuba y de presentar a nuestro país, pacífico y solidario, como una amenaza para la región. Apela a la tenebrosa Doctrina Monroe para intentar retrotraer la historia a la época vergonzosa en que gobiernos sometidos y dictaduras militares se sumaron al aislamiento de Cuba.

De manera creciente altos funcionarios de la actual administración, con la complicidad de algunos lacayos, difunden nuevas falsedades y otra vez pretenden culpar a Cuba de todos los males de la región, como si estos no fueran consecuencia de despiadadas políticas neoliberales que provocan la pobreza, el hambre, la desigualdad, el crimen organizado, el narcotráfico, la corrupción política, el abuso y la privación de derechos a los trabajadores, los desplazados, el desalojo de campesinos, la represión de los estudiantes y precarias condiciones de salud, educación y vivienda para las grandes mayorías.

Son los mismos que declaran la intención de continuar forzando el deterioro de las relaciones bilaterales y promueven nuevas medidas de bloqueo económico, comercial y financiero para restringir el desempeño de la economía nacional, provocar limitaciones adicionales en el consumo y bienestar del pueblo, obstaculizar aún más el comercio exterior y frenar el flujo de la inversión extranjera. Dicen estar dispuestos a desafiar el Derecho Internacional, contravenir las reglas del comercio y las relaciones económicas internacionales y aplicar más agresivamente medidas y leyes de carácter extraterritorial contra la soberanía de otros Estados.

Reitero nuestra disposición a convivir civilizadamente, pese a las diferencias, en una relación de paz, respeto y beneficio mutuo con los Estados Unidos. También hemos señalado con toda claridad que los cubanos estamos preparados para resistir un escenario de confrontación, que no deseamos, y esperamos que las mentes más equilibradas en el Gobierno norteamericano lo puedan evitar.

Otra vez se acusa a Cuba, cuando está demostrado que la deuda externa, los flujos migratorios descontrolados, el saqueo de recursos naturales son resultado de la dominación de las trasnacionales en el continente.

La fuerza de la verdad ha desbaratado las mentiras y la historia ha colocado los hechos y los protagonistas en su lugar.

Se podrá atribuir a la Revolución Cubana y a la epopeya escrita por este heroico pueblo solo la responsabilidad que emana de su ejemplo como símbolo de plena independencia, resistencia victoriosa, justicia social, altruismo e internacionalismo.

Como parte de Nuestra América, ha sido y será invariable nuestro respeto y solidaridad con las naciones hermanas, en las que han laborado más de 347 700 médicos y trabajadores de la salud cubanos, muchos de ellos en lugares recónditos y difíciles, y se han formado más de 27 200 jóvenes como profesionales. Ello demuestra confianza en Cuba.

Hace pocas semanas retornaron dignamente, con el reconocimiento y el cariño de millones de pacientes, sobre todo de zonas rurales y poblaciones indígenas, miles de médicos cubanos que prestaron servicios en Brasil, a quienes el nuevo Presidente calumnió y repudió en el propósito de destruir ese programa social y con ello cumplir las orientaciones de la ultraderecha en la Florida, que ha secuestrado la política de los Estados Unidos hacia Cuba para beneplácito de las fuerzas más reaccionarias del actual Gobierno norteamericano.

A 60 años del triunfo podemos afirmar que estamos curados de espanto, no nos intimidan el lenguaje de fuerza ni las amenazas, no nos intimidaron cuando el proceso revolucionario no estaba consolidado, no lo lograrán ni remotamente ahora que la unidad del pueblo es una indestructible realidad, pues si ayer éramos unos pocos, hoy somos todo un pueblo defendiendo su Revolución (Aplausos).

El pasado 26 de julio, aquí en Santiago, expliqué que se había conformado un escenario adverso y nuevamente resurgía la euforia en los enemigos y el apuro por materializar los sueños de destruir el ejemplo de Cuba. Igualmente señalé la convicción de que se estrechaba el cerco imperial en torno a Venezuela, Nicaragua y nuestro país. Los hechos han confirmado esa apreciación.

Luego de casi una década de poner en práctica los métodos de guerra no convencional para impedir la continuidad o frenar el regreso de gobiernos progresistas, los círculos del poder en Washington patrocinaron golpes de Estado, primero uno militar para derrocar en Honduras al presidente Zelaya y más adelante acudieron a los golpes parlamentario-judiciales contra Lugo en Paraguay y Dilma Rousseff en Brasil.

Promovieron procesos judiciales amañados y motivados políticamente, así como campañas de manipulación y descrédito contra dirigentes y organizaciones de izquierda, haciendo uso del control monopólico sobre los medios de difusión masiva.

De esta forma lograron encarcelar al compañero Lula da Silva y lo privaron del derecho a ser el candidato presidencial del Partido de los Trabajadores para evitar su segura victoria en las pasadas elecciones. Aprovecho la ocasión para hacer un llamamiento a todas las fuerzas políticas honestas del planeta en reclamo de su liberación y que cesen los ataques y la persecución judicial contra las expresidentas Dilma Rousseff y Cristina Fernández de Kirchner.

Quienes se ilusionan con la restauración del dominio imperialista en nuestra región deberían comprender que América Latina y el Caribe han cambiado y el mundo también.

Por nuestra parte seguiremos contribuyendo activamente a los procesos de consenso e integración en la región, basados en el concepto de la unidad en la diversidad.

Hemos contribuido con el proceso de paz en Colombia, por solicitud expresa de su Gobierno, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional, y lo seguiremos haciendo, por encima de riesgos, agravios y dificultades.

La autoridad política y moral de Cuba está cimentada en la historia, la conducta y el respaldo unido, consciente y organizado del pueblo.

Por ello ninguna amenaza nos hará desistir de nuestra solidaridad con la República Bolivariana de Venezuela.

Deben cesar las acciones agresivas contra esta hermana nación. Como hemos advertido tiempo atrás, la reiterada declaración de Venezuela como una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos, los abiertos llamados al golpe militar contra su Gobierno constitucional, los ejercicios de entrenamientos militares desarrollados en las proximidades de las fronteras venezolanas, así como las tensiones e incidentes en la zona solo pueden conducir a una grave inestabilidad y a consecuencias impredecibles.

La región se asemeja a una gran pradera en tiempos de sequía. Una chispa pudiera generar un incontrolable incendio que dañaría los intereses nacionales de todos.

Es igualmente peligroso e inaceptable que el Gobierno de los Estados Unidos sancione unilateralmente y proclame también a la República de Nicaragua como una amenaza a su seguridad nacional. Rechazamos los intentos de la desprestigiada oea, Organización de los Estados Americanos, para inmiscuirse en los asuntos de esta hermana nación.

Frente a la Doctrina Monroe, habrá que aplicar y defender, por el bien de todos, los principios de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, firmada en La Habana por los Jefes de Estado y Gobierno, que ahora algunos aliados de los Estados Unidos pretenden ignorar.

La mayor enseñanza que los revolucionarios y movimientos progresistas podemos extraer de la situación que se ha configurado es la de no descuidar jamás la unidad con el pueblo y no cejar en la lucha en defensa de los intereses de los oprimidos, por difíciles que sean las circunstancias.

Para nosotros, en la compleja coyuntura internacional, preservan total vigencia las palabras del líder histórico de la Revolución Cubana al presentar su informe central al Primer Congreso del Partido, en 1975, cuando expresó: «Mientras exista el imperialismo, el Partido, el Estado y el pueblo, les prestarán a los servicios de la defensa la máxima atención. La guardia revolucionaria no se descuidará jamás. La historia enseña con demasiada elocuencia que los que olvidan este principio no sobreviven al error». (Fin de la cita).

En correspondencia con ello, continuaremos priorizando las tareas de preparación para la defensa, en todos los niveles, en interés de salvaguardar la independencia, la integridad territorial, la soberanía y la paz, partiendo de la concepción estratégica de la Guerra de Todo el Pueblo, como se recoge en la recién aprobada Constitución de la República.

Es nuestro deber prepararnos meticulosamente con anticipación para todos los escenarios, incluyendo los peores, no solo en el plano militar, de modo que no dejemos espacio al desconcierto y la improvisación que florece en los de escasa voluntad a la hora de actuar, sino que con el optimismo y la confianza en la victoria que nos legó Fidel y en estrecho vínculo con el pueblo sepamos encontrar la mejor solución a cualquier desafío que se presente.

Precisamente un reto que enfrentaremos en el año que hoy comienza, es la situación de la economía, agobiada por las tensiones en las finanzas externas a causa de las afectaciones en los ingresos de las exportaciones y el recrudecimiento del bloqueo norteamericano y sus efectos extraterritoriales.

Como expresó nuestro Ministro de Economía y Planificación en el último período de sesiones de la Asamblea Nacional, el costo para Cuba de esta arbitraria medida, calculado según la metodología aprobada internacionalmente, ascendió el pasado año a 4 321 millones de dólares, lo que equivale a casi 12 millones de daños cada día, dato que pasan por alto los analistas que suelen cuestionar el desempeño de la economía nacional.

Con independencia del bloqueo y su reforzamiento, los cubanos tenemos enormes reservas internas que explotar sin volver a incrementar el endeudamiento externo. Para ello se requiere, en primer lugar, reducir todo gasto no imprescindible y ahorrar más, incrementar y diversificar las exportaciones, elevar la eficiencia del proceso inversionista y potenciar la participación de la inversión extranjera, la cual, como se recoge en los documentos rectores del Partido, no es un complemento, sino un elemento fundamental para el desarrollo.

En ese mismo escenario, en la Asamblea Nacional, el 22 de diciembre, el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, compañero Miguel Díaz-Canel Bermúdez, pasó balance al estado de la economía durante el 2018 y el plan para el presente año, donde resaltó que la batalla económica sigue siendo la tarea fundamental y la más compleja, y agregaba, es esa la que más exige hoy de todos nosotros, porque es de la que más espera nuestro pueblo.

Con este propósito precisó, que se requiere una actitud más proactiva, inteligente y concreta de los dirigentes impulsando –no trabando ni demorando– soluciones seguras y particulares a los problemas, con la búsqueda continua e intensa de respuestas ágiles y eficientes. Al propio tiempo llamó a ser más coherentes con la Conceptualización del Modelo Económico y Social y más sistemáticos y precisos en la implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.

Es oportuno expresar que la dirección del Partido Comunista de Cuba respalda decididamente los pronunciamientos y las acciones acometidas por el compañero Díaz-Canel al frente del Estado y del Gobierno desde que asumió el cargo, incluyendo su sistema de trabajo, basado en la visita a los territorios y comunidades; el vínculo con los colectivos y el intercambio directo con el pueblo, la promoción de la rendición de cuentas de los dirigentes mediante los medios de prensa y las redes sociales, así como el control sistemático de los principales programas de desarrollo y el fomento de un estilo de dirección y conducción colectiva de los órganos estatales y gubernamentales.

Sin el ánimo de hacer una valoración apresurada, puedo afirmar que el proceso de transferencia a las nuevas generaciones de las principales responsabilidades marcha bien, digo más, muy bien, sin tropiezos ni sobresaltos, y estamos seguros de que así continuaremos (Aplausos).

Aquellos jóvenes que tuvimos entonces el privilegio de combatir bajo el mando de Fidel, hace más de 65 años, desde el Moncada, el Granma, el Ejército Rebelde, la lucha clandestina, Girón, el enfrentamiento a las bandas contrarrevolucionarias, las misiones internacionalistas y hasta el presente, junto al heroico pueblo cubano nos sentimos profundamente satisfechos, felices y confiados al ver, con nuestros propios ojos, cómo las nuevas generaciones
asumen la misión de proseguir la construcción del socialismo, única garantía de la independencia y la soberanía nacional.

Se cumplen 60 años del Primero de Enero de 1959, sin embargo la Revolución no ha envejecido, sigue siendo joven y no es una frase retórica, es una confirmación histórica, ya que desde los primeros momentos sus protagonistas fueron los jóvenes y así ha sido a lo largo de estas primeras seis décadas.

El proceso revolucionario no está circunscripto a la vida biológica de quienes lo iniciaron, sino a la voluntad y el compromiso de los jóvenes que aseguran su continuidad. Las nuevas generaciones tienen el deber de garantizar que la Revolución Cubana sea por siempre una Revolución de jóvenes, y al mismo tiempo, una Revolución Socialista de los humildes, por los humildes y para los humildes (Aplausos).

En esta significativa fecha no puede faltar el justo homenaje a la mujer cubana, desde Mariana hasta hoy, siempre presente en nuestras luchas por la emancipación de la patria y en la construcción de la sociedad que hoy edificamos (Aplausos).

Compañeras y compañeros:

La Segunda Sesión Ordinaria de la actual legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular aprobó la nueva Constitución de la República, la cual será sometida a referendo el próximo 24 de febrero.

Previamente, por espacio de casi tres meses, se desarrolló un amplio proceso de consulta popular, en el que los ciudadanos expresaron libremente sus opiniones sobre el contenido del Proyecto, conllevando a la modificación del 60 % de los artículos, en clara evidencia del carácter profundamente democrático de la Revolución, donde las principales decisiones que definen la vida de la nación se elaboran con el aporte de todos los cubanos. Nuestros medios de prensa brindaron una detallada cobertura durante el proceso, lo que me libera de extenderme sobre el tema. En pocos días comenzará a distribuirse en un tabloide el texto definitivo de la nueva Constitución.

Solo deseo añadir la seguridad de que una vez más nuestro noble y aguerrido pueblo demostrará el 24 de febrero en las urnas el respaldo mayoritario a su Revolución y el Socialismo, ratificando la Constitución en el año en que conmemoraremos el aniversario 150 de la primera Carta Magna de Cuba, aprobada en Guáimaro por los iniciadores de la guerra por la independencia.

Tras 60 años de luchas, sacrificios, esfuerzos y victorias, vemos un país libre, independiente y dueño de su destino. Al imaginar el mañana, la obra realizada nos permite vislumbrar un porvenir digno y próspero para la Patria.

Teniendo en cuenta la heroica historia de lucha de los cubanos, en nombre de nuestro pueblo, con total optimismo y confianza en el futuro, puedo exclamar:

¡Viva por siempre la Revolución Cubana!

Muchas gracias.
(Ovación).

Saint-Just explica Bolsonaro


Luis Casado

“La tiranía es un junco que el viento pliega y que se vuelve a levantar…”




Algunos analistas, sin duda bien intencionados, comentan el indetenible avance de Bolsonaro en Brasil, o el resurgimiento del fascismo en Europa, culpando de todo a una cierta “izquierda”. En la materia servidor profesa que cada palo debe aguantar su vela. Pero lo cierto es que este combate no empezó ayer… las traiciones se arrastran desde hace siglos.



Hace ya casi 230 años, Louis de Saint-Just, compañero de Robespierre, refiriéndose a la actitud del “marais” (pantano o ciénaga, para referirse al centro político, a los indecisos y/o a los oportunistas) exclamaba: “Hacer una revolución a medias es cavar su propia tumba”.



Es poco probable que enseñen eso en las escuelas de ciencias políticas: durante siglos la ciénaga, los monárquicos, la derecha y ese progresismo vergonzante y corrupto llamado “girondinos” reciclado más tarde como centro, han vomitado toneladas de mentiras e insultos sobre la memoria de Robespierre y sus compañeros.



De esa manera los verdaderos culpables del Terror pasaron piola, incluyendo a los muy terroristas Tallien y Fouché que se pasaron el campo de los ‘moderados’ como un Tironi o un Correa cualquiera.



E hicieron olvidar que el 9 Thermidor, fecha que marcó la caída de los revolucionarios, se saldó por centenas de asesinatos políticos, incluyendo los de Robespierre, Saint-Just, Couthon, Goubon, Fleuriot-Lescot, Hanriot y 15 otros representantes de los sans-culotte, guillotinados al mismo tiempo.



Robespierre había recibido un tiro en la mandíbula (disparado por el gendarme Charles-André Merde, eso no se inventa), a Couthon le habían roto el cráneo, Hanriot recibió un bayonetazo que le arrancó un ojo. Una carreta que transportó al grupo llevaba el cadáver de Philippe-François-Joseph Le Bas: ¡guillotinaron a un muerto! En el camino pararon delante de la casa en que vivía Robespierre para embadurnar los muros con sangre. Los métodos de la progresía son dulces y amables.



Poco después abolieron el sufragio universal y reimpusieron el esclavismo. Los negociantes y mercaderes en el poder durante el Directorio y el Consulado, sin olvidar a los banqueros que financiaron el golpe de Estado de Napoleón, rentabilizaron rápidamente su inversión.



Saint-Just, uno de los más decididos defensores de la verdadera Revolución Francesa, la de 1792, había sentido venir la traición de los terroristas. En un discurso, denunció el complot: “La revolución está congelada, todos los principios están debilitados, solo quedan gorros rojos portados por la intriga. El ejercicio del terror hastió el crimen, como los licores fuertes hastían el paladar…”



El mismo Saint-Just, al frente de las tropas republicanas que combatían la invasión de la Europa monárquica, se ilustró en una anécdota cuya memoria llegó hasta nosotros. Con dos ejércitos frente a frente, un oficial monárquico se acercó a las tropas de los sans-culotte, una bandera blanca en la mano. Le dejaron acercarse, y entonces el oficial pidió hablar con Saint-Just. “Le traigo un mensaje de mi general”, le dijo, al tiempo que le tendía una carta.



La respuesta de Saint-Just no se hizo esperar: devolviéndole la carta sin abrirla ni leerla, le dijo: “Dígale a su general que la República solo recibe de sus enemigos, y les devuelve… ¡plomo!”



Saint-Just, como Robespierre, creía en la virtud. Por algo a Robespierre lo apodaron el Incorruptible. La virtud estaba encarnada en la República, en la Declaración de los Derechos del Hombre, en el fin de la esclavitud y la eliminación de las castas, en el sufragio universal. A quienes se quejaban de las medidas revolucionarias Saint-Just les respondía: “Lo que constituye la República es la destrucción total de lo que se opone a ella. Se quejan de las medidas revolucionarias. Pero somos moderados en comparación de todos los otros gobiernos”.



Era una época en la que la Inquisición española asesinaba heréticos y “brujas” por miles. Los tribunales ingleses hacían degollar, o ahorcar, por el delito de ser pobre. En Bélgica, el barón Blasius Columban Freiherr von Bender asaba a los niños miserables. En Alemania enterraban vivo al pueblo encerrado en las prisiones. Por eso Saint-Just se preguntaba: “¿Hablan de clemencia los reyes de Europa?”



Rechazando la violencia –Robespierre había propuesto abolir la pena de muerte en la Asamblea Constituyente, y los progresistas se opusieron… – Saint-Just afirmaba: “…como el interés humano es invencible, no es por medio de la espada que se funda la libertad de un pueblo.”



El mismo Saint-Just, en un alarde de modernidad que sorprende aun hoy, decretó: “La felicidad es una idea nueva en Europa”.



A quienes criticaron el juicio a Louis XVI, que complotaba con los enemigos de la República, corrompía a sus altos funcionarios con el dinero que la propia República le daba, e informaba a las tropas extranjeras de los movimientos de las fuerzas republicanas, Saint-Just les espetó: “Cuando el pueblo era oprimido, sus defensores estaban proscritos: Oh, vosotros que defendéis al que todo un pueblo acusa, no os quejéis de esta injusticia. Los reyes perseguían en las tinieblas; nosotros juzgamos los reyes a la cara del universo”.



El intento de Saint-Just, Robespierre y sus compañeros de tomar el cielo por asalto generó odio y revanchismo hasta nuestros días. El odio y el revanchismo del riquerío, de los poderosos, de los amos contra la Humanidad toda, horrorizados ante la simple posibilidad de la democracia.



Bolsonaro no es sino la fachada mediática: detrás se ocultan los poderes financieros.



En este combate, desertado por eminentes “progresistas” como Fernando Henrique Cardoso, social-demócrata típico, yunta de Ricardo Lagos y Felipe González, no hay que olvidar el consejo de Saint-Just:

“Hacer una revolución a medias es cavar su propia tumba”.



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