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jueves, septiembre 26, 2019

Aurora Picornell, la Pasionaria de Mallorca que el franquismo asesinó por comunista, feminista y republicana

Picornell fue una mujer "absolutamente rompedora" en su época, como comFue pionera en la celebración de actividades por el día de la mujer y, con 16 años, hizo el prólogo del libro 'La mujer, ¿es superior al hombre?'
Las tropas franquistas la asesinaron en 1937 con otras cuatro mujeres: "Fueron unas circunstancias particularmente trágicas", dice Ginard






Aurora Picornell en 1930
Aurora Picornell en 1930 CEDIDA POR DAVID GINARD FÉRON

"Podéis matar a hombres, a mujeres, a niños como el mío que todavía no han nacido. ¿Pero, y las ideas? ¿Con qué balas mataréis las ideas?". El imaginario colectivo atribuye esta frase a la activista Aurora Picornell, asesinada por el franquismo en la noche de reyes de 1937. Antes de abandonar la cárcel con las tropas del régimen, dicen que la joven se despidió de sus compañeras de celda, llevando con ella una bobina de hilo que prometió hacerles llegar si sobrevivía. Después de ser torturada, fue fusilada y enterrada en una fosa común. La bobina nunca regresó.
Caída en desgracia durante la dictadura, Picornell se ha convertido en democracia en un icono de la memoria histórica y del republicanismo, tanto que popularmente se le conoce como la Pasionaria de Mallorca. El auge de la figura de Picornell ha culminado con la instalación de un busto en su memoria en el barrio palmesano del que era vecina: El Molinar. Al acto, impulsado por el Ayuntamiento de Palma y el Consell de Mallorca en el marco de la iniciativa "Mallorca té nom de dona", asistió la sobrina de Picornell, Catalina, cuyo padre también fue asesinado por el régimen.



Catalina, nieta de Aurora Picornell, frente al busto de su abuela
Catalina, sobrina de Aurora Picornell, frente al busto de su tía JAUME OLIVER RIPOLL
Picornell fue un "personaje absolutamente rompedor", una persona que consiguió desmontar "el rol tradicional de las mujeres" a principios del siglo XX, como comenta el historiador David Ginard Féron. Autor de Aurora Picornell: feminismo, comunismo y memoria republicana en el siglo XX (2018) y de Aurora Picornell: de la historia al símbolo (2017), Ginard es uno de los expertos más reconocidos en este ámbito. "Picornell es el icono perfecto: tiene un nombre emblemático, es mujer y, además, activista. Hasta hay camisetas de ella", comenta a eldiario.es.
Nacida en 1912, Picornell destacó desde muy joven en una sociedad cerrada, católica y tradicional como la mallorquina. Ginard comenta que Picornell se movió en dos ámbitos novedosos para la mujer de la época: el laicismo –en 1930 pasó a formar parte de la Liga Laica de Mallorca– y el feminismo –en 1928 hizo el prólogo del libro La mujer, ¿es superior al hombre?, de la escritora Margarita Leclerc. Picornell dio importantes pasos en el feminismo de los años 30 y fue la primera en impulsar actividades por el día de la mujer en Baleares en 1934.



Aurora Picornell con militantes comunistas
Aurora Picornell y otros militantes comunistas CEDIDA POR DAVID GINARD FÉRON
Tras la instauración de la Segunda República, Picornell se incorporó en el Partido Comunista de España y se convirtió en "la figura más importante del partido en la isla, a pesar de ser solo una militante", afirma Ginard. Su capacidad de oratoria, unida a su empatía y movilización constante, la llevaron a dar el salto al mundo sindical: como se dedicaba al textil, al igual que gran parte de las mujeres mallorquinas, organizó el Sindicato de Sastrería de Mallorca.
La sastre Picornell adquirió una "enorme popularidad", como recuerda Ginard. "Incluso, las personas jóvenes escribían cartas a la prensa obrera diciendo que querían ser como ella", recuerda el historiador. Por ello, no le sorprende que fuera una de las primeras personas en ser detenidas tras el golpe militar el 18 de julio de 1936. Mallorca estuvo, desde el principio, en la zona sublevada. Picornell fue llevada a la prisión provincial de Palma, mientras el régimen franquista tumbaba la República en la que la Pasionaria mallorquina profesaba.
Poco tiempo duró en prisión: en la noche de reyes del '37, del 5 al 6 de enero, el régimen la mató. Tenía 24 años. "Fueron unas circunstancias particularmente trágicas, la asesinaron junto a cuatro mujeres, una era una madre que estaba con sus dos hijas", dice Ginard. Las cinco fueron asesinadas mediante la técnica de las "sacas de presos": con una orden de liberación firmada por el gobernador civil, los agentes sacaban a los prisioneros para "ponerlos en libertad", aunque en realidad terminaban matándoles a sangre fría.



Aurora Picornell y otros militantes comunistas
Aurora Picornell, en una de las fotos más conocidas de la activista CEDIDA POR DAVID GINARD FÉRON

Picornell y sus cuatro compañeras fueron asesinadas en el cementerio de Porreres. El cuerpo de la sastre fue enterrado en la fosa común del Camposanto y sus restos no han sido localizados. Pero la tragedia en torno a la Pasionaria de Mallorca no terminó tras su asesinato: el franquismo también mató a su padre y a sus dos hermanos. Además, su marido, al acabar la Guerra Civil, intentó organizar la resistencia en el Partido Comunista. Acabó detenido, torturado y asesinado. 

Una vecina más de El Molinar

Picornell ha vuelto a ser noticia tras la instalación de un busto suyo en el barrio de El Molinar (Palma), gracias a la iniciativa "Mallorca té nom de dona", del Consell Insular. "El objetivo es poner, en el espacio público, nombres de mujeres que han significado mucho para la isla", explica Jesús Jurado, vicepresidente segundo y conseller. La familia dice que está "muy contenta de que se reconozca la figura de Aurora y de que se haya hecho al menos un poco de justicia".
No es casualidad que Picornell sea una de las mujeres escogidas para feminizar el espacio público. "Ella ha sufrido un proceso de simbolización. La sociedad la ha convertido, mientras estaba viva y una vez muerta, en un icono", comenta Ginard. El historiador menciona, incluso, todas las teorías que giran en torno a la sastre: por ejemplo, que uno de los asesinos se paseó por los bares de El Molinar con un sujetador de Picornell lleno de sangre. "Es parte de la cultura popular, aunque solo sea una de los 1.5000 republicanos muertos en Mallorca", concluye.

Hanoi de noche

 .

El caso zimbabwe: lecciones para venezuela.





ANDRÉS VILLADIEGO. Especial para TP
Economista

Uno de los rasgos comunes de los episodios hiperinflacionarios recientes en el mundo, es la persistencia de déficit del presupuesto público que no pueden ser cubiertos mediante el aumento de impuestos, el recorte de gastos del gobierno o el financiamiento externo. Cuando estos mecanismos convencionales son insuficientes, se recurre a la «monetización del déficit», es decir, a una emisión monetaria que no se corresponde con los niveles reales de la economía, a fin de contar con liquidez en moneda nacional para cubrir la brecha entre los ingresos del gobierno y sus erogaciones.
La emisión de liquidez es un mecanismo válido de política monetaria en ciertas condiciones, pero si se emplea de forma indiscriminada y recurrente, comienza a favorecer un alza incontrolada de precios. Esto ocurrió en Zimbabue a partir de 2006: tras una caída de la exportación de productos agrícolas que causó una reducción de los ingresos fiscales, el gobierno de esa nación africana comenzó una agresiva monetización de su déficit presupuestario. Pero con la emisión de dinero, el gobierno propició una rápida devaluación del tipo de cambio, que pasó de 24 dólares zimbabuenses (ZWD) por dólar estadounidense (USD) en 2005 a la impronunciable cifra de 1023 ZWD/USD en 2009.
En consecuencia, entre 2006 y 2009, se realizaron tres «reconversiones monetarias», de forma que fueron eliminados 25 ceros del valor facial de los billetes de ese país. En noviembre de 2008 la hiperinflación alcanzó el 98% diario, a pesar de que desde 2007 el gobierno había prohibido por ley los incrementos de precios. En enero de 2009, el Ministerio de Finanzas permitió el uso de monedas extranjeras como el dólar estadounidense, el rand sudafricano y la libra esterlina, en un desordenado proceso de dolarización que logró detener la hiperinflación, pero causó otros problemas como la escasez de billetes en divisas.
No puede pretenderse extrapolar mecánicamente el caso extremo de Zimbabue a nuestra realidad (ver TP Nº 2.945*), pero debemos advertir que antes de realizar una reconversión monetaria conviene derrotar primero la hiperinflación. Y para ello, es necesario reducir la prioridad del pago de la deuda externa, a fin de disponer del mermado ingreso petrolero para invertirlo en la reactivación económica; organizar y hacer más sostenibles las finanzas públicas mediante la racionalización del gasto y la aplicación de una política tributaria realmente progresiva; estabilizar las variables nominales como el tipo de cambio mediante una política monetaria efectiva; reorientar el sistema financiero para apoyar la producción nacional en lugar de privilegiar el consumo (ver TP Nº 2.996**). Al mismo tiempo, se debe identificar a los sectores más vulnerables de la sociedad y auxiliarlos con medidas compensatorias como el otorgamiento de subsidios directos.
Es necesario entender que la política económica debe partir de la comprensión científica de la realidad, diagnosticando adecuadamente los problemas para poder aplicar medidas efectivas y no efectistas. Finalmente, se debe explicar pacientemente al pueblo trabajador la necesidad de una verdadera revolución económica y movilizarlo para la recuperación del país.


El Che, medio siglo después

“Por la noche di una pequeña charla sobre el significado del 26 de Julio; rebelión contra las oligarquías y contra los dogmas revolucionarios.”

“El socialismo económico sin moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación.”

Las dos citas del epígrafe que preceden este trabajo resumen admirablemente el pensamiento del Che. La primera está contenida en su célebre Diario redactado durante la campaña guerrillera en Bolivia. La segunda en una entrevista que le hiciera Jean Daniel en Argelia. Ambas delimitan los contornos de su proyecto político integral, irreductible a las estériles fórmulas del marxismo soviético imperante en aquellos tiempos y a la redefinición en clave economicista de la gigantesca empresa de construir un hombre y una mujer nuevos.  Es necesario recordar estos planteamientos en vísperas del quincuagésimo aniversario del asesinato del Che en Bolivia.

Las circunstancias del crimen son archiconocidas y no tiene sentido reiterar aquí lo que es por todos sabido. Nomás basta con recordar que caído en combate, el día anterior, las heridas del Che no ponían en riesgo su vida. Pero la orden emanada de la CIA fue terminante: “mátenlo y desaparézcanlo.” Que no haya un santuario donde descansen sus restos y se convierta en un lugar de peregrinación para sus seguidores de todo el mundo. “Que siga la suerte de Patrice Lumumba”, habrán pensado sus asesinos. El asesinato del comunista congoleño fue aún más vil y canallesco que el del Che. A éste lo mataron de un balazo, uno sólo, disparado a quemarropa. Al africano lo acribillaron a balazos, lo enterraron en un lugar secreto y, poco después, dos oficiales de la policía belga, expertos en esta clase de crímenes, exhumaron el cadáver, lo cortaron en trozos y lo sumergieron en ácido sulfúrico para disolver sus restos y eliminar cualquier posibilidad de encontrarlos.

La obsesión del imperio y sus aliados, en el caso de Lumumba los británicos y los belgas, era no sólo matar sino hacer olvidar. La misma obcecación perturbaba el sueño de los estadounidenses cuando capturaron al guerrillero heroico.  El plan funcionó con el congoleño, pero fracasó por completo con el Che. Aún desaparecido su presencia se tornó cada día más gravitante y el guerrillero heroico se convirtió en un ícono revolucionario mundial, una bandera de todas las luchas en cualquier lugar del planeta. Allí donde un explotado o un oprimido se levanta contra una injusticia la imagen del Che -inmortalizada en aquella fenomenal fotografía captada por Alberto Díaz (Korda)- se convierte de inmediato en el símbolo universal de la lucha, en bandera de combate contra toda forma de opresión. Treinta años después de su asesinato los restos del Che aparecieron en una fosa común en Valle Grande de donde fueron enviados de regreso a Cuba y hoy descansan para siempre en Santa Clara, la ciudad en donde libró y ganó la decisiva  batalla que abriría de par en par las puertas para el triunfo de la Revolución Cubana.

Decíamos que los trazos principales de su biografía son de sobra conocidos. Baste con decir que si bien el Che provenía de una familia y un ambiente social progresista, claramente identificado con los republicanos durante la Guerra Civil española y por ello netamente antifascista, su proceso de formación ideológica tuvo un vuelco decisivo con la constatación in situ de la lacerante situación de las clases populares durante sus dos viajes por América Latina en los cuales Bolivia fue una necesaria estación de su odisea continental. Dueño de una curiosidad inagotable y de una inmensa capacidad de trabajo, sus numerosas lecturas fueron dando forma a una cosmovisión revolucionaria que la asumiría íntegramente (y la profundizaría) el resto de su vida.

El Che: teórico de la práctica, práctico de la teoría

Cabe preguntarse, en tiempos dominados por el eclecticismo posmoderno y la desilusión con la política y la democracia burguesas, ¿qué es lo que queda del mensaje del Che para las actuales generaciones?  Muchas cosas, por supuesto. Por algo sigue siendo fuente de inspiración para los luchadores sociales de todo el mundo. Queda su inquebrantable coherencia, la inescindible unidad entre teoría, pensamiento y práctica que rigió toda su vida; su absoluta convicción de que este mundo es inviable y que sólo una revolución a escala planetaria podrá salvarlo de la némesis  que lo lleva a su autodestrucción. Suficiente para comprobar la excepcional actualidad del Che y la vigencia de sus enseñanzas, de sus escritos, sus discursos, su ejemplo.

En esta ocasión quisiera adentrarme un poco más en su legado teórico forjado, como decíamos más arriba, por su práctica política que arranca con sus dos viajes por Latinoamérica donde establece su primer contacto orgánico con el marxismo a través de un médico sanitarista peruano, el doctor Hugo Pesce Pescetto, especialista en el tratamiento de la lepra. Pesce había sido, junto a José Carlos Mariátegui, co-fundador del Partido Socialista Peruano y a la sazón era uno de los máximos dirigentes del Partido Comunista del Perú. El Che lo conoce en su primer viaje cuando arriba a Lima, en Mayo de 1952, y es a partir de ese diálogo que se profundiza su conocimiento del marxismo. Esto lo reconoce el Che quien, años después,  al enviarle de obsequio un ejemplar de “La Guerra de Guerrillas.” escribe en su dedicatoria lo siguiente: 

«Al Doctor Hugo Pesce, que provocara, sin saberlo quizás, un gran cambio en mi actitud frente a la vida y la sociedad, con el entusiasmo aventurero de siempre pero encaminado a fines más armoniosos con la necesidades de América.»

Y firma, “Faternalmente, Che Guevara.”         

Su vínculo con Hilda Gadea, peruana radicada por entonces (año 1953) en Guatemala profundiza su familiarización con los clásicos del marxismo. Los dramáticos acontecimientos que tienen lugar en 1954 en ese país: la invasión organizada por la CIA al mando del coronel Castillo Armas y el derrocamiento de Jacobo Arbenz habrían de completar con las duras lecciones de la praxis el proceso formativo del joven médico argentino. La continuación de su viaje hacia Ciudad de México, luego del afortunado encuentro en Guatemala con el “moncadista” cubano Antonio “Ñico” López (que sería quien rebautizaría a Guevara con el “Che” que lo haría célebre) lo pone en contacto primero con Raúl Castro Ruz y luego con su hermano, Fidel. Tal como lo cuenta el mismo Guevara, bastó una noche de conversación con el Comandante para que se convirtiera el médico de los expedicionarios del Granma y sin atisbarlo, iniciara el camino que lo transformaría en el más famoso guerrillero del mundo. En sus propias palabras, según una confesión que le hiciera a Jorge Masetti y que la reprodujera en una carta que enviara a sus padres desde México: “Charlé con Fidel toda una noche. Y al amanecer ya era el médico de la futura expedición”. La admiración que se prodigaban recíprocamente era extraordinaria, y se hizo patente en esa larga conversación de diez horas a mediados de Julio de 1955 en Ciudad de México. El Che percibió rápidamente que Castro era “un hombre extraordinario. … Tenía una fe excepcional en que una vez que saliera hacia Cuba, iba a llegar. Que una vez llegado iba a pelear. Y que peleando, iba a ganar. Compartí su optimismo. Había que hacer, que luchar, que concretar. Que dejar de llorar, y pelear”.

En las páginas que siguen echaremos un vistazo a una de las facetas menos conocidas -o, tal vez, la más olvidada- de este personaje extraordinario. Su condición de recreador del pensamiento marxista en clave latinoamericana. Desconocimiento u olvido explicable por la celebridad adquirida como “el guerrillero heroico”, por la productividad de su praxis histórica que, lógicamente, eclipsa todas las demás.  Valiente hasta el punto de llegar a la temeridad, como lo reconocería Fidel,  y a la vez noble y generoso como pocos con sus vencidos, el Che guerrillero ejerce tal fascinación que desplaza hacia las sombras al fecundo teórico marxista. Este extraño combatiente, este hombre de acción, luchaba con las armas en la mano mientras cargaba en su mochila las poesías de León Felipe y Pablo Neruda. En sus campamentos en la selva boliviana había más de un centenar de libros, muchos de los cuales eran verdaderas joyas del pensamiento social universal. No fue entonces casualidad su capacidad para recibir críticamente algunas de las categorías del marxismo soviético y para someter a implacable crítica la grotesca deformación que éste había sufrido a manos de la Academia de Ciencias de la URSS y sus insoportables manuales de “marxismo-leninismo”. Hay un sugestivo paralelo entre Gramsci y el Che: ambos repudiaron las codificaciones “escolásticas” del marxismo, sean éstas de la Segunda o la Tercera Internacional. Gramsci, burlándose de la interpretación canónica de El Capital instaurada por la Segunda Internacional. Lo hace en su breve escrito a propósito del estallido de la Revolución Rusa, “La revolución contra El Capital”.  El Che, haciendo lo propio con los manuales soviéticos que también decretaban la imposibilidad de la revolución en los países atrasados.

Tanto uno como el otro libraron una batalla sin cuartel  contra el “economicismo” décadas antes de que algunos intelectuales, arrepentidos de sus pecados juveniles, renacieran como infecundos posmarxistas y “descubrieran” el determinismo economicista que, según ellos, condenaba irremisiblemente la teoría marxista al cementerio de las ideas. Carentes del talento y la audacia intelectual que les sobraban a Gramsci y el Che, se rindieron ante las caricaturas del marxismo y en lugar de repensarlo creativamente arriaron sus banderas, borraron su propia historia y su identidad y optaron por adherir a la ideología del nuevo bloque dominante o, en el mejor de los casos, por un estéril eclecticismo.

Heredero de una noble tradición, de la cual José Carlos Mariátegui fue el gran precursor, el Che concebía al marxismo en sintonía con la Tesis Onceava de Marx: en vez de interpretar el mundo, de lo que se trata es de cambiarlo. Como Lenin, creía que “el marxismo no era un dogma sino una guía para la acción”. Por eso, si la teoría se daba de bruces con la realidad aquélla debía ser meticulosamente revisada. Si el eurocentrismo del marxismo originario no le hacía lugar a la revolución socialista en la periferia había que liberarlo de esos condicionamientos y, sin tirar al niño junto con el agua sucia de la bañera, recrear la teoría para dar cuenta del inédito desafío práctico que no había sido previsto por los padres fundadores. Y si los “manuales” soviéticos postulaban una visión etapista y mecanicista según la cual no podía haber revolución socialista sin que antes hubiera una revolución democrático-burguesa liderada por la burguesía nacional, lo que había que hacer era arrojar esos textos por la borda y repensar todo de nuevo.

En esta operación el Che demostró, al igual que los grandes clásicos del pensamiento marxista, que la teoría no es un edificio acabado sino una obra en construcción y, por lo tanto, en permanente revisión y reconstrucción. Demostró también que el abandono de ciertas proposiciones (y sus correlatos político-prácticos) y su reemplazo por otras puede hacerse sin necesariamente menoscabar el argumento central del marxismo; la teoría de la plusvalía como la viga maestra que revela el carácter insanablemente injusto, explotador y predatorio del capitalismo. Y que el proyecto socialista trasciende el marco económico o el productivismo: que de lo que se trata es de crear un hombre y una mujer nuevos, una nueva cultura, una democracia participativa integral, una nueva economía, un internacionalismo concreto y eficaz, basado en la solidaridad efectiva y el altruismo. Todo esto requiere de un sustento material; pero si en este todavía sobreviven los elementos constitutivos del capitalismo el proyecto socialista habrá muerto antes de nacer.

El legado teórico del Che es inmenso y la tarea de recuperarlo está lejos de haber sido realizada. Sus pesimistas apreciaciones sobre la escena internacional de su tiempo, dominada por la doctrina de la “coexistencia pacífica” proclamada por la URSS, fueron proféticas. La “guerra de las galaxias” de Reagan y la ofensiva final de George Bush (padre) terminaron destruyendo a la Unión Soviética y evidenciando el yerro de aquella doctrina; su visión de que no se puede construir el socialismo “con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo” es irrebatible a la luz de la experiencia. Su premonición de que la URSS ya había iniciado el retorno hacia el capitalismo, formulada a mediados de los sesentas, revela el incisivo carácter de su mirada. Además, sus análisis sobre la naturaleza incorregible y brutal del imperialismo fueron corroborados sin solución de continuidad.

Así lo prueban las atrocidades perpetradas en Hiroshima y Nagasaki pasando por los horrores perpetrados durante once años en la Guerra de Vietnam, los “bombardeos humanitarios” de Bill Clinton en los Balcanes,  el criminal bloqueo primero y la destrucción después de Irak, el posterio saqueo y destrucción de Libia -con linchamiento de Muammar el Gadafi incluido- el brutal ataque a Siria, la “invención”  del ISIS y, entre nosotros, su no menos criminal ofensiva lanzada contra la Revolución Cubana desde sus inicios y, posteriormente, contra cuanto gobierno haya tenido la pretensión de luchar por la autodeterminación nacional y la justicia social. La brutal escalada violenta lanzada contra la Revolución Bolivariana en Venezuela es apenas el último eslabón de una siniestra cadena de crímenes. Por esto, y por muchas otras razones, a cincuenta años de su asesinato el Che es nuestro contemporáneo y sigue siendo permanente fuente de inspiración.

Crítica de la Economía Política del capitalismo y del socialismo

El Che fue un implacable crítico del capitalismo como sistema, y de los diversos proyectos que en Nuestra América trataron de presentarlo con un rostro amable y progresista. En ese sentido sobresalen las reflexiones volcadas en el brillante discurso que pronunciara el 8 de Agosto de 1961 en la Conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social de la OEA celebrada en Punta del Este. La reunión había sido impulsada por la Administración Kennedy con dos objetivos: organizar el “cordón sanitario” para aislar a Cuba y lanzar con bombos y platillos la Alianza para el Progreso (ALPRO), como alternativa a los ya inocultables éxitos de la Revolución Cubana.

En el tramposo marco de esa conferencia el Che no sólo refutó las calumnias lanzadas por el representante de Washington, Douglas Dillon y sus lenguaraces latinoamericanos, sino que también hizo gala de su notable ironía para dejar en ridículo a quienes proponían como panacea universal para América Latina a la ALPRO, la “mal nacida”, como la fulminara en su obra el inolvidable Gregorio Selser. Anticipándose a una crítica que posteriormente adquiriría generalizada aceptación el Che dirigió sus dardos en contra de los proyectos de desarrollo pergeñados por la tecnocracia internacional del Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial o el FMI, obra de “técnicos muy sesudos” -decía, mientras su rostro se iluminaba con una sarcástica sonrisa- para los cuales mejorar las condiciones sanitarias de la región no solo era un fin en sí mismo sino un requisito previo de cualquier programa de desarrollo. Guevara observó que, en línea con esa premisa, de 120 millones de dólares en préstamos desembolsados por el BID la tercera parte correspondía a acueductos y alcantarillados.

Y añadía que “Me da la impresión de que se está pensando en hacer de la letrina una cosa fundamental. Eso mejora las condiciones sociales del pobre indio, del pobre negro, del pobre individuo que yace en una condición subhumana; ‘vamos a hacerle letrinas y entonces, después que le hagamos letrinas, y después que su educación le haya permitido mantenerla limpia, entonces podrá gozar de los beneficios de la producción.’ Porque es de hacer notar, señores delegados, que el tema de la industrialización no figura en el análisis de los señores técnicos (entre los cuales figuraba con prominencia Felipe Pazos, economista cubano que había buscado “refugio” en Estados Unidos ni bien triunfara la revolución). Para los señores técnicos, planificar es planificar la letrina. Lo demás, ¡quién sabe cuándo se hará!” Y remataba su ironía diciendo que “lamentaré profundamente, en nombre de la delegación cubana, haber perdido los servicios de un técnico tan eficiente como el que dirigió este primer grupo, el doctor Felipe Pazos. Con su inteligencia y su capacidad de trabajo, y nuestra actividad revolucionaria, en dos años Cuba sería el paraíso de la letrina, aun cuando no tuviéramos ni una de las 250 fábricas que estamos empezando a construir, aun cuando no hubiéramos hecho Reforma Agraria.”

Al exponer las falacias de la ALPRO, mismas que con diferentes imágenes hoy sostienen los ideólogos del neoliberalismo y del libre cambio, el Che atacó también la pretensión de los economistas que presentan sus planteamientos políticos como si fueran meras opciones técnicas. La economía y la política, decía, “siempre van juntas. Por eso no puede haber técnicos que hablen de técnicas, cuando está de por medio el destino de los pueblos.” Al insistir en la inherente politicidad de la vida económica el Che subrayaba una verdad que la ideología dominante ha ocultado desde siempre, haciendo que las opciones de política económica que deciden quién gana y quién pierde, quién se empobrece y quién se enriquece, aparezcan como meros resultados de inexorables ecuaciones matemáticas, “objetivas”, incontaminadas por el barro de la política.

Si hoy en la Argentina o Brasil, como en Estados Unidos o Europa, crecientes sectores de la población son arrojados al desempleo o por debajo de la línea de la pobreza mientras que la rentabilidad de las grandes empresas y los salarios de sus máximos ejecutivos se miden en millones de dólares esto no puede ser adjudicado a ningún factor político sino que es el gélido corolario de un juicio estrictamente técnico. Si el ajuste neoliberal empobrece a los pobres y enriquece a los ricos no es porque se haya tomado una decisión política en contra de los primeros sino porque así lo dicta un argumento técnico, optimizador de los equilibrios macroeconómicos requeridos para el crecimiento de la economía. Sólo un espíritu estrecho podría pensar que una tal decisión refleja las prioridades de una clase dominante interesada en promover ese resultado y para la cual es preferible salvar a los bancos antes que salvar a los pobres. Guevara destruyó implacablemente estos argumentos, predecesores de los actuales que hoy resurgen con fuerza en la Argentina de Mauricio Macri y en el Brasil de Michel Temer en donde las ideas que el Che combatió con enjundia en Punta del Este reviven bajo nuevos ropajes pero con las mismas intenciones.

Pero más allá de su crítica a estos proyectos ensayados en Nuestra América el Che sometió al escalpelo de su incisiva inteligencia la burda codificación de la teoría económica de Marx realizada por la Academia de Ciencias de la Unión Soviética y que se plasmó en un “Manual” que, como observara el economista cubano Osvaldo Martínez, se convirtió en los años sesenta en una especie de “Biblia económica” que en la práctica, sustituía a  El Capital . Ese “ladrillo soviético” planteaba lo que según sus autores era nada menos que la economía política de la transición al socialismo y perfilaba, en grandes rasgos, los contornos del socialismo desarrollado. Huelga decir que dicho texto no era otra cosa que la exaltación del proceso único e irrepetible seguido por la experiencia de la Unión Soviética durante el estalinismo, elevado a la categoría de “modelo” de ineludible implementación por todos los países que iniciaran el escabroso sendero de la revolución socialista. El Che se impuso la tarea de examinar los problemas, falencias y desviaciones de la experiencia soviética –que pasaban inadvertidos para la mayoría de los observadores y militantes-  con el “mayor rigor científico posible” y con “la máxima honestidad”. Agregaríamos que, también, con la máxima discreción. Sus críticas a la Unión Soviética, sobre todo a su modelo económico y a la teoría de la “coexistencia pacífica”, eran bien conocidas y compartidas in pectore por Fidel y buena parte de la dirigencia del Partido. Pero Fidel, en cuanto Jefe de Estado, no podía decir lo que, una vez desvinculado de sus cargos formales en Cuba –en el Partido, en las fuerzas armadas revolucionarias, en el aparato estatal- el Che podía ya decir sin impedimentos. La Cuba bloqueada y agredida, sometida a atentados permanentes y a una ofensiva diplomática, política y mediática brutal tenía demasiados enemigos y no podía darse el lujo de criticar abiertamente a los pocos amigos con los que contaba en este mundo. La URSS lo era, más por razones de conveniencia geopolítica para Moscú que por una genuina identificación con la Revolución Cubana, y hubiera sido un gesto de enorme irresponsabilidad que Fidel, como Jefe de Estado, diera a conocer públicamente su concordancia con las críticas del Che.

Es preciso reconocer la coherencia de la actitud del Che y la responsabilidad con que manejó sus críticas porque para ese entonces la URSS era la aliada estratégica –casi diríamos que única- de Cuba y lo último que quería era deteriorar con sus críticas las relaciones de cooperación económica que existía entre ambos países. Además, tampoco quería llevar agua al molino del imperialismo con sus críticas al modelo soviético, a diferencia de tantos “izquierdistas de cafetín”, como dice Álvaro García Linera, que en su afán de criticar los procesos emancipatorios en curso en América Latina no dudan un instante en asumir como propias las críticas del imperialismo a aquellas experiencias. Un ejemplo: la absoluta irresponsabilidad con que “infantoizquierdistas” como los trotskistas, autonomistas y anarquistas cantan a coro que “Maduro es una dictadura”, para beneplácito de “la embajada” y la prensa canalla de Argentina y toda América Latina.

Con certera mirada el Che dice algo que es válido, según mi parecer, al día de hoy, a saber: que “la investigación marxista en el campo de la economía está marchando por peligrosos derroteros. Al dogmatismo intransigente de la época de Stalin ha sucedido un pragmatismo inconsistente.” En línea con esta capacidad de análisis el Che pronostica, precozmente, “que los cambios producidos a raíz de la Nueva Política Económica (NEP) han calado tan hondo en la vida de la URSS que han marcado con su signo toda esta etapa … (por lo cual) se está regresando al capitalismo”.  Tal como ocurriera en otros ámbitos de la vida social y política de la URSS lo que al principió surgió como una imperiosa necesidad, la NEP, poco después se convirtió en virtud y en modelo a emular. Como observa con razón Osvaldo Martínez, de la reflexión guevariana  “se desprende la falsedad del mito manualesco sobre la irreversibilidad del socialismo una vez establecido, y la suprema lección de que es en la conciencia y no en el estímulo material de los humanos donde el socialismo puede hacerse irreversible, si esa conciencia se educa y se alimenta con valores de solidaridad.” Tal como él lo estableciera en numerosas ocasiones, la divulgación de esta cosmovisión socialista choca contra cinco siglos en los cuales el capitalismo socializó a la población en sus propios valores individualistas, egoístas, consumistas, y cambiar esa conciencia no es tarea sencilla. “El capitalismo recurre a la fuerza”  -dice el Che- pero además educa a la gente en el sistema” ¡y lo viene haciendo desde hace quinientos años!

Producto del economicismo que inficionaba al modelo soviético esa tarea refundacional en materia educativa y cultural, esa “batalla de ideas”, no se pudo hacer en la URSS y, más cercana a nuestra experiencia, tampoco se llevó a cabo en las experiencias emancipatorias o “progresistas” de América Latina a partir de finales del siglo pasado. Frei Betto lo sintetizó magistralmente cuando dijo que por más que aquellas hubieran obtenido significativos logros en la reducción de la pobreza y en otras materias –derechos humanos, democratización de los medios de comunicación, igualdad de género, etcétera- se fracasó en la tarea de crear una nueva cultura y construir ciudadanos. Lo que se construyó fueron consumistas, y ese es uno de los talones de Aquiles de todos estos procesos, sin excepción. Consumistas que, en el plano político, se fueron inclinando progresivamente hacia la derecha en las recientes elecciones. Porque, la historia lo enseña una y otra vez, la otra cara de la ideología del consumismo es el conservadurismo político.

El imperialismo y las contradicciones del sistema internacional

Medio siglo después, los análisis del Che lo pintan como un personaje dotado de una clarividencia fuera de lo común. Imposible enumerar en estas pocas líneas tanta sabiduría condensada. En su “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental” el Che realiza un par de significativos aportes para la comprensión del mundo actual. Entre otras brillantes iluminaciones esa que sostiene que en Nuestra América la sumisión de las clases dominantes a los dictados del imperialismo nos impide hablar de “burguesías nacionales”. En Latinoamérica, esas clases carecen por completo de capacidad (o voluntad) de oponerse a los designios de Estados Unidos y están resignadas a funcionar como “su furgón de cola” de los imperialistas. Por eso propone hablar más bien de “burguesías autóctonas” porque eso de “nacionales” les queda grande y no se ajusta a su insignificante capacidad de librar una lucha por la autodeterminación nacional.

Según su análisis “América constituye un conjunto más o menos homogéneo y en la casi totalidad de su territorio los capitales monopolistas norteamericanos mantienen una primacía absoluta. Los gobiernos títeres o, en el mejor de los casos, débiles y medrosos, no pueden imponerse a las órdenes del amo yanqui.” Es obvio que medio siglo más tarde esta caracterización debería matizarse porque otros capitales –europeos, chinos, japoneses, coreanos, canadienses, etcétera- han penetrado en algunos casos muy profundamente en las economías de la región. Pero pocas dudas caben de que la voz cantante la llevan los norteamericanos, y esto por una simple razón: porque cuentan detrás suyo con el respaldo del único “gendarme mundial” del capitalismo. Tal como lo demuestran Leo Panitch y Sam Gindin en numerosos trabajos, en el complejo entramado del condominio imperialista global hay un “primus inter pares” y este es precisamente Estados Unidos. Su formidable capacidad militar (aproximadamente la mitad del total del gasto bélico mundial), sus mil y tantas bases militares establecidas en todos los rincones del planeta, sus múltiples instituciones “interamericanas” de carácter militar, político, económico o cultural que amarran con fuerza a los países de la región le otorgan un peso decisivo, sobre todo en Latinoamérica que, a ojos de Fidel y el Che, constituye la reserva estratégica del imperio.

Y es por eso que en esta parte del mundo el Che no ve demasiadas alternativas. En sus propias palabras: “No hay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de revolución.” El paso del tiempo permite apreciar con más elementos esta disyuntiva radical del guerrillero heroico. Por cierto que no hubo ninguna revolución socialista después de la cubana. Pero sería injusto caracterizar a los acontecimientos en curso en Venezuela, Bolivia y Ecuador como meras “caricaturas de revolución”. Son procesos que bregan contra un conjunto de fuerzas retardatarias de enorme poder, desde las oligarquías locales, las burguesías “autóctonas”, la canalla mediática que envenena el alma de nuestros pueblos y, por supuesto, detrás de todo ello, “la embajada” que trabaja incansablemente para desbarrancar esos procesos.

El voluntarismo se estrella contra la dura realidad de una formidable constelación de fuerzas conservadoras que libran batalla en todos los frentes. A diferencia del caso cubano, donde el triunfo militar y político de la Revolución produjo el desplome del estado burgués, en los procesos en curso en Venezuela, Bolivia y Ecuador las fuerzas dirigentes tropiezan contra aquella muralla defensora del orden, inexistente cuando Fidel, el Che, Raúl y Camilo entraron a La Habana. Cuando lo hicieron el Ejército estaba derrotado y sus jefes habían huido al exterior, lo mismo que buena parte de los miembros del Poder Judicial, los grandes empresarios, la prensa reaccionaria, la clase política tradicional y, en general, la clase dominante en su conjunto. A medida que el Movimiento 26 de Julio avanzaba sobre La Habana los bastiones del viejo orden se derrumbaban, dispersaban y buscaban refugio en Miami; en el caso de los procesos que arrancan con el triunfo de Chávez en 1998 los enemigos de la revolución se atrincheraron y dispusieron a dar batalla, cosa que siguen haciendo hasta el día de hoy. Por eso sería injusto caracterizar a estos procesos como “caricaturas de revolución”, pues tuvieron que vérselas con una resistencia interna que en Cuba no existió, aunque luego vendría “desde afuera” una vez que el imperialismo reagrupara los fragmentos dispersos del viejo bloque neocolonial e intentara recapturar Cuba apelando al terrorismo, la guerra, las sanciones económicas y el bloqueo.

Por otra parte, la revolución jamás estuvo en la agenda de las fuerzas dirigentes de procesos como los que se vivieron en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. En estos casos el objetivo era la inverosímil construcción de “un capitalismo serio”, supuestamente amigable con la equidad social que, como era de esperar, jamás llegó a consumarse.

Como decíamos más arriba, en este y otros escritos el Che fue muy crítico de la política de “coexistencia pacífica” propuesta por la Unión Soviética, a la que condenó duramente. En el trasfondo de esta actitud se encontraba la heroica lucha del pueblo de Vietnam que, según Guevara, se debatía en una “trágica soledad” en su lucha contra la mayor superpotencia de la historia. Hay una frase que sintetiza magistralmente su pensamiento: “La solidaridad del mundo progresista para con el pueblo de Vietnam semeja a la amarga ironía que significaba para los gladiadores del circo romano el estímulo de la plebe. No se trata de desear éxitos al agredido, sino de correr su misma suerte; acompañarlo a la muerte o la victoria.” Y los efectos perniciosos de la “coexistencia pacífica” se hacen sentir cuando la agresión del imperialismo no encuentra una solidaridad efectiva en otros países presuntamente socialistas que, “en el momento de definición vacilaron en hacer de Vietnam parte inviolable del territorio socialista.”

Culpabilidad que principalmente les cabe a la Unión Soviética y China que mientras “mantienen una guerra de denuestos” permiten que el imperialismo yankee haga sus estragos en Vietnam. Concluye premonitoriamente Guevara que “el imperialismo se empantana” en Vietnam, pero que una derrota definitiva requiere de la solidaridad activa de los pueblos, comenzando por las naciones que se autoproclaman socialistas y sobre todo la URSS que gracias a la política de la “coexistencia pacífica” pergeñada para evitar una conflagración mundial y una guerra termonuclear con Estados Unidos deja al Vietnam indefenso. Y los pueblos explotados del mundo, continúa el Che, deben aprender la lección que se escenifica en Vietnam y “atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontación” al enemigo imperialista. Esa, dice Guevara, “debe ser la táctica general de los pueblos” resumida en la frase “crear dos, tres... muchos Vietnam, es la consigna.”

La Carta finaliza con una reflexión final sobre nuestra región, en donde según su autor Washington tiene tropas “dispuestas a intervenir en cualquier lugar de América Latina” en donde sus intereses se vean amenazados. Y agrega, con palabras que conservan una vibrante actualidad, que esa política “cuenta con una impunidad casi absoluta; la OEA es una máscara cómoda, por desprestigiada que esté; la ONU es de una indiferencia rayana en lo ridículo o en lo trágico.”[14] Y traza una sugestiva comparación entre América Latina y Asia cuando dice que si en ésta Estados Unidos tiene poco que perder y mucho que ganar en Nuestra América la situación es exactamente la inversa. Aquí Washington tiene mucho que perder y poco que ganar, habida cuenta de su exitoso proceso de recolonización lanzado con fuerza desde fines de la Segunda Guerra Mundial.

Conclusión

Estas observaciones sobre los legados teóricos del Comandante Guevara pretenden estimular el estudio sobre su obra, honrar la integralidad de sus contribuciones a la construcción de una sociedad socialista teniendo en cuenta no sólo su heroico ejemplo como guerrillero sino también sus aportes al desarrollo del pensamiento marxista. En su carta dirigida a don Carlos Quijano, director de la revista uruguaya Marcha,  el Che anotaba con razón que “la mercancía es la célula económica de la sociedad capitalista; mientras exista, sus efectos se harán sentir en la organización de la producción y, por ende, en la conciencia.” La superación del capitalismo, una impostergable necesidad histórica, no podrá consumarse tan sólo como producto de sus contradicciones objetivas.

Estas son un prerrequisito indispensable, pero para que fructifiquen en la construcción de una nueva sociedad se requiere “la acción consciente” de las masas. De ahí que la pretensión de “realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas” del capitalismo termina en un callejón sin salida. “Para construir el comunismo” –concluye con razón el Che- “simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo”. Sin ello, sin esta gigantesca batalla cultural, la inalterada perpetuación de la mercancía y la consecuente mercantilización de la vida social harán que la empresa de construir una sociedad poscapitalista se vea acosada por innumerables obstáculos y termine en un callejón sin salida. La China y el Vietnam de hoy pueden ser los bancos de prueba en donde se verifique la certeza, o el error, de los diagnósticos y los pronósticos del Che.

Elegimos, para terminar, una sentencia más válida hoy que cuando fuera originalmente expresada: “una nueva etapa comienza en las relaciones de los pueblos de América. Nada más que esa nueva etapa comienza bajo el signo de Cuba, Territorio Libre de América.” Y ante los cantos de sirena que hoy como ayer pregonan la armonía de intereses entre Washington y las naciones sometidas a su imperio nos advertía que “(E)l imperialismo necesita asegurar su retaguardia.”

Una retaguardia, recordemos, pletórica en recursos naturales (petróleo, gas, agua, energía, biodiversidad, minerales estratégicos, alimentos, selvas y bosques) que según informes de los estrategas norteamericanos constituyen insumos esenciales para el mantenimiento no sólo del “modo de vida americano” sino también de la seguridad nacional estadounidense. Y, el Che ya lo advertía en Punta del Este, la preservación de esa retaguardia era (y es) un objetivo no negociable del imperio. Los hechos confirmaron plenamente sus pronósticos, y hoy estamos asistiendo a esta avasalladora contraofensiva (la “restauración conservadora” denunciada por el ex presidente Rafael Correa) tendiente a regresar a nuestros países a la condición existente en vísperas de la Revolución Cubana.

“Golpes blandos” en Honduras, Paraguay y Brasil; acoso interminable contra los gobiernos de izquierda (Venezuela y El Salvador, principalmente, aunque este caso sea el menos conocido); articulación continental de la prensa (gráfica, TV, radio) para satanizar a dirigentes y procesos contestatarios; organización y financiamiento de la oposición en países “hostiles” a Washington, incluyendo tentativas de “invención” de líderes opositores; programas interamericanos de “buenas prácticas” para formatear el cerebro de jueces, fiscales, periodistas, legisladores, académicos y líderes políticos y sociales, actores fundamentales del “golpe blando” que reemplaza al anacrónico golpe militar de antaño; el ominoso rosario de bases militares con las cuales Estados Unidos ha cercado nuestra región (ochenta oficialmente reconocidas hasta ahora, más otras tres en ciernes negociadas en absoluto secreto por el gobierno de Mauricio Macri con la Casa Blanca), y la reactivación de la IVª Flota para patrullar nuestros mares y ríos interiores, confirman que, una vez más, el Che tenía razón. No olvidemos su consejo y actuemos en consecuencia. Y no olvidemos ni por un instante cuando decía que “al imperialismo no se le puede creer ni un tantito así, ¡nada!” Eso fue cierto en su tiempo y es aún más cierto en el nuestro.

La economía china, coyuntura y prospectiva 2019

.Oscar Ugarteche, Alfredo Ocampo

Los últimos datos del crecimiento de la economía china señalan que para el primer trimestre de 2019 ésta creció 6.4%, tal como en el trimestre previo. Si bien es cierto que continúa con un menor dinamismo que en años previos y que las previsiones de crecimiento oscilan el 6%, la economía asiática está lejos de las bajas tasas de crecimiento que han mostrado los EE.UU. y la Unión Europea. Los proyectos chinos, como La Ruta de la Seda (RdS), buscan impulsar aún más el crecimiento y su influencia en la economía mundial.


Al día de hoy y contrario a lo que se esperaba, la guerra comercial no ha tenido un impacto significativo para China. La incertidumbre creada por la guerra misma y las amenazas por parte de Trump de hacer efectivo el incremento en los aranceles del 10% al 25% justo cuando parecía que las negociaciones llegaban a buen término han generado expectativas menos optimistas para el comercio mundial, además de una reducción en los inventarios y consecuencias en las principales bolsas. No obstante, centrar toda la atención a este tema sería un error al tratar de analizar a la economía del continente asiático. Una de las razones principales por las cuales el crecimiento chino ha mostrado resiliencia a la guerra comercial es la estructura de su PIB, así como la contribución al crecimiento de sus componentes. De acuerdo con datos del National Bureau of Statistics of China1 para 2017 la contribución al crecimiento del PIB del consumo final (público y privado), la inversión y las exportaciones netas fue de 3.9%, 2.3% y 0.6% respectivamente. Éste último componente aporta menos del 1% al crecimiento desde 2011. Otro factor que influyó positivamente para China es que, sorpresivamente, el superávit que tiene con EE.UU. continuó incrementándose en 2018 e igualmente tuvieron un alto crecimiento del PIB acompañando del déficit externo creciente.

En cuanto al comercio, resulta revelador la estructura exportadora china, pues casi 50% del total está relacionado con tecnología. La novedad es que China a través de la empresa Huawei ha ganado la carrera tecnológica de las telecomunicaciones habiendo colocado en el mercado en agosto de 2018 la red 5G. Ésta es 100 veces más rápida que actual red móvil 4G. De otra parte, el comercio de China con Sudamérica representa 21% del total de este último y es el mercado natural de la alta tecnología china. Con EE.UU. es 26% de lo cual la mitad de las exportaciones son venta de maquinaria y equipo de telecomunicaciones. A la inversa, China le compra a Estados Unidos aviones, partes y piezas de aviones –motores y turbinas- , automóviles y productos agrícolas (soya).

Otro aspecto fundamental para China es el RdS, el cual es por sí mismo uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos de los que se tenga cuenta. Una de las críticas es la insostenibilidad de la deuda contraída por los países miembros, pues los montos de inversión son muy altos y las tasas de retorno son difíciles de determinar. No sólo existen factores económicos sino también sociales y culturales que hacen que del RdS un plan lleno de riesgos. Existen críticos que plantean al proyecto como un intento de colonización por parte de China. El continente Africano aparece dentro del mismo como proveedor de materias primas y de mano de obra barata. De esta forma se espera que impulse la economía de la zona por medio de las exportaciones, aunque la baja calificación de la mano de obra dificulta ciertas actividades. Esto explica la llegada de inversiones acompañada de mano de obra china. Las restricciones para las inversiones privadas en África son menores que las que se encuentran en China, por lo cual se espera un incremento de las inversiones y migración en los próximos años. Esto podría eventualmente devenir en conflictos entre la población nacional y la población migrante China, tal como ha ocurrido en el pasado con migrantes de la India.

Otro reto que encuentra la RdS está en Europa. A finales de marzo de 2019 se dio a conocer la adhesión al plan por parte de Italia, el primer país europeo del G7 en firmar su entrada oficial al proyecto. Días después el presidente chino Xi Jinping se reunió con el presidente de Francia, la canciller alemana y el jefe de la Comisión Europea quienes miran con buenos ojos al proyecto, pero han condicionado su entrada a la apertura de la economía China para las empresas europea. Precisamente la protección por parte del gobierno chino a sus empresas y otros incentivos son los que han llevado a las mayores críticas de Europa y los EE.UU.

De todo lo anterior se espera que la economía china siga, la próxima década, con un crecimiento fuerte y estable alrededor de 6%, entre el doble y el triple que los países industrializados. Cabe señalar que desde 2014 China ya es la primera economía del mundo medido a través de la Paridad de Poder Adquisitivo (PPA). Para 2018 su importancia en el PIB mundial fue de 18.7% seguido de los EE.UU. con un 15.1%2. No obstante, la diferencia entre el PIB per cápita de ambos países está muy lejos, para el primero es de 16,000 dólares PPA y para el segundo de 55,600 dólares PPA. Tomando como referencia los últimos 6 años y suponiendo constantes las tasas de crecimiento del producto y la población, el PIB per cápita chino superaría al de los EE.UU. para 2045.



Oscar Ugarteche

Instituto de Investigaciones Económicas UNAM, coordinador del Observatorio Económico Latinoamericano, OBELA



Alfredo Ocampo

Facultad de Economía UNAM, miembro del proyecto obela.org


1 http://data.stats.gov.cn/english/easyquery.htm?cn=C01

2 https://www.imf.org/external/pubs/ft/weo/2019/01/weodata/index.aspx

Los comunistas y las elecciones venezolanas


Elevar la conciencia, organización y lucha del pueblo trabajador

 WLADIMIR ABREU. Especial para TP

Miembro del Comité Central del PCV



Los comunistas comprendemos muy bien que las transformaciones revolucionarias no surgirán ceñidas al marco de la «legalidad burguesa». El socialismo sólo será posible transformando profundamente el orden material y jurídico del sistema existente, y eso implicará trascender revolucionariamente los estrechos límites de las reglas del llamado «juego democrático» como está definido en la actualidad.


Pero también comprendemos que este principio no significa que un pequeño grupo conspirativo, alejado de las masas obreras y campesinas, pueda tener la capacidad de echar por tierra el andamiaje del sistema capitalista.

Por eso los comunistas no vemos las elecciones como un mero acto de «economía política» que nos permita ocupar algunos cargos o espacios desde los cuales poco a poco transformar la sociedad. Esta es precisamente la concepción reformista que combatimos arduamente.

Los comunistas no nos dejamos seducir por la concepción derechista y reformista del evento electoral como una feria de slogans vacíos con música estridente y mercadotecnia publicitaria, que procura conseguir el voto de las masas a través de la propaganda política sin contenido.



Agitación, organización y educación

Para los comunistas las próximas elecciones de la Presidencia de la República y los Consejos Legislativos serán una oportunidad de agitación, organización y educación de la clase obrera venezolana, las masas campesinas y todo el pueblo trabajador; por supuesto, asumiendo las artes de la propaganda y las nuevas formas de comunicación y «redes sociales», llevaremos nuestra línea política y programática de una manera que se distingan claramente el mensaje y las palabras del PCV.

Por eso el Partido del Gallo Rojo no se diluye en «comandos de campaña» y estrategias de «marketing electoral», ya que la clase obrera venezolana debe poder distinguir el perfil propio del PCV, y eso lo logramos con nuestro programa y con una campaña que supere la simple pega de afiches o pinta de murales (que también deben hacerse) con la triada de la agitación, la organización y la educación de las masas populares.

El crecimiento electoral del PCV debe ser producto de la elevación de los niveles de conciencia y de organización cualitativa y cuantitativa de la clase obrera, que aporte al proceso de acumulación para un cambio en la correlación de fuerzas del panorama político. Aumentar el caudal de votos del PCV es aumentar la fuerza política del bloque popular y antiimperialista, es aumentar las posibilidades de desplazar a los reformistas y conciliadores, y es fortalecer las posiciones de los sectores más combativos y honestos del pueblo venezolano.

¿Cuándo podrá el pueblo venezolano superar las deficiencias del proceso político venezolano? Cuando la clase obrera, junto a las masas campesinas y comuneras, se conviertan en una poderosa fuerza hegemónica dirigente del proceso bolivariano. El pueblo venezolano en la actualidad está en la mira de las potencias imperialistas y sus lacayos criollos, y el reformismo no es garantía alguna para resistir las agresiones del capital internacional.

Sólo un poderoso frente antiimperialista bajo la conducción de la clase obrera, junto a las masas campesinas y populares, puede garantizar la independencia de la nación venezolana. No nos jugamos sólo la Presidencia y algunos legisladores, está en juego el futuro del pueblo venezolano. Y la fortaleza orgánica del PCV, que debe reflejarse en su caudal electoral, es un elemento decisivo en la construcción de ese futuro.

Caracter internacional de la revolucion bolchevique



WLADIMIR ABREU. Especial para TP

Miembro del Comité Central del PCV

Para Lenin, la esencia misma de la revolución debía ser internacionalista, y la concebía en dos sentidos. Por una parte, sabía que toda verdadera revolución, que conmueva los cimientos del orden establecido, repercute fuera de las fronteras del país donde se inicia.

La Revolución Francesa, muy estudiada por Lenin, introduce las ideas en el campo revolucionario, de la proyección internacional, los revolucionarios deben llevar la antorcha de la emancipación fuera de sus propios países; esta idea alimentará la lucha continental y europea durante el siglo XIX en hombres como Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, José de San Martín, Garibaldi, Byron y muchos más. Asimismo, la oleada revolucionaria europea nacida en 1848, corrió de un lado a otro del continente, creando en las viejas monarquías absolutistas y la burguesía post Revolución Francesa un terror muy bien fundado a la Revolución Social.

Pero, también, la revolución era internacionalista, pues proclamaba, la superación de las fronteras nacionales y los antagonismos entre los desposeídos del mundo; la futura Revolución Proletaria levantaría el estandarte de Marx y Engels: «Proletarios de todos los países, uníos». Por eso los Bolcheviques, ante la primera Guerra Mundial imperialista, proclamaron la consigna de Jean Jaurès de «guerra a la guerra» y la transformación de la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria, porque la sangre de los obreros del mundo no debe ser vertida en función de los intereses burgueses por el reparto del mundo.

Visión estratégica

Lenin ya veía en los años de 1915-1916, el empantanamiento de la guerra y que la propia Rusia zarista sería la primera potencia imperialista en colapsar en esta crisis del capitalismo mundial, sería el eslabón más débil en el sistema que explotaría.

En abril de 1917, en Petrogrado, alerta sobre la intención del gobierno provisional de mantener a Rusia en la guerra, demuestra el carácter burgués del gobierno provisional y por lo tanto que este gobierno continuaría con la misma política internacional del anterior régimen zarista, burgués y absolutista.

Lenin combate al gabinete Kerensky, continuador del guerrerismo zarista, combate a los defensistas revolucionarios, a los patrioteros que le hacen el juego a las potencias imperialistas; los bolcheviques lanzan una campaña demostrando los intereses de las burguesías europeas con la guerra imperialista, se impulsan las confraternizaciones entre los soldados de los ejércitos rusos, alemanes y sus aliados en la línea del frente oriental, se reparten octavillas en los campos de prisioneros de guerra denunciando la guerra imperialista. Durante la segunda mitad de 1917 los bolcheviques piensan seriamente que el fin de la guerra imperialista puede ser el comienzo de una oleada revolucionaria que pueda derrocar el capital en Europa y consolidar un conjunto de gobiernos obreros, vanguardia de la Revolución Mundial.

Las expectativas eran reales, los levantamientos de tropas cansadas de la guerra, los motines y huelgas se extendieron desde las islas británicas hasta Rusia, de Finlandia a los Balcanes, el levantamiento revolucionario en Europa ocurrió, pero fue aplastado y, en parte, el hecho de que las burguesías europeas dedicaran esfuerzos a controlar la subversión interna, ayudó a la supervivencia en los momentos iniciales de la Rusia Soviética.

domingo, septiembre 08, 2019

Avante!, el festival que crea un "utopía comunista" de tres días


Vanguardia

Lisboa, 6 sep (EFE).- Nació como reivindicación tras la dictadura y acabó por trascender la política. El festival Avante!, la fiesta mayor del Partido Comunista de Portugal PCP), crea todos los años una "utopía comunista" de tres días que en 2019, lejos de sonar anacrónica, seduce incluso a conservadores y liberales.

Con 42 ediciones a sus espaldas, el fenómeno Avante!, tan popular que se conoce cariñosamente como la Commie Com", regresa este viernes a Seixal, a las afueras de Lisboa, con conciertos, teatro, cine y, por supuesto, debates políticos.

"Seguridad social" o "La Unión Europea no es Europa" son los temas del programa, acaso el último reducto netamente político de un festival que cuenta con zonas para cambiar pañales y calentar biberones.
Todo facilidades para superar polémicas del pasado, como la asistencia, en 2006, de una delegación de la guerrilla de las FARC de Colombia, hoy desmovilizada, o la lluvia de críticas por la expulsión, un año antes, de una pareja homosexual.

Ahora es otra cosa. El Avante! no es el único festival vinculado a un partido comunista en Europa -está la Festa de l'Unità en Italia y la Fête de l'Huma en Francia-, pero tiene mayor relevancia por la presencia de los comunistas en la política de Portugal.
El PCP es parte del pacto de izquierdas conocido como "geringonça" y reúne alrededor del 8 % del voto. En las legislativas de 2015, consiguió 17 escaños de los 230 del Parlamento.

"Es un caso relativamente especial", admite en declaraciones a Efe Miguel Cardina, investigador del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra, "porque al contrario de lo que ocurrió en la mayoría de países, donde los comunistas se reconfiguraron y entraron en frentes y perdieron influencia política, el PCP acabó por resistir".
Líder de la oposición a la dictadura salazarista, el PCP tiene en Portugal una autoridad moral y una legitimidad incontestable, sobre todo en cuestiones relacionadas con el trabajo.

Remonta su origen a "militantes salidos de las filas del sindicalismo revolucionario y del anarco-sindicalismo", como explica en su propia web, y se mantiene fuerte en los sindicatos.
Fue además decisivo para conseguir las subidas del salario mínimo en esta legislatura.

Su fiesta no es, por tanto, cualquier cosa, tampoco la utopía que propone y que trasciende al propio partido, resalta José Neves, profesor de Historia de la Universidad Nova de Lisboa especializado en la formación.

"El Avante! es mayor que el PCP. Es una fiesta abierta a todos los cuadrantes políticos y electorales, es participada por una cantidad de personas que va más allá de los militantes y votantes, y ocupa en el imaginario cultural de Portugal su propio espacio", explica.

Nacido en 1976 como una forma como una forma de reivindicación tras cuatro décadas de clandestinidad, pronto se convirtió en el primer evento político cultural del país al reunir a artistas de primer nivel.

Y ahora nadie se resiste al Avante!, sea cual sea su color político.

El último ejemplo fue el del presidente de Portugal, el conservador Marcelo Rebelo de Sousa, quien acudió a la fiesta poco antes de lanzar su candidatura a la jefatura de Estado para "recibir abrazos" de los asistentes, ante los que presumió de que era su tercer festival comunista.

El evento consigue arrastrar a todo el espectro político a una utopía que, subraya Neves, se observa desde la preparación, en la que colaboran cerca de 12.000 voluntarios.