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miércoles, noviembre 06, 2019

Los curas obreros: cuando la lucha antifranquista nacía del Evangelio





Bajaron del púlpito para meterse en el tajo. De la quietud noble de los recintos eclesiásticos a la algarabía empobrecida de los excluidos. Tomaron partido por el pueblo y, por esto, fueron conocidos como los curas obreros. Unos 800 sacerdotes que desde los años 60 del siglo XX lucharon por las libertades democráticas renunciando a su salario oficial para vivir, y trabajar, junto a los más necesitados.
Es la historia que cuenta el documental De la cruz al martillo, una cinta que recupera la memoria olvidada de un compromiso social con génesis en la iglesia y raíz en el campo. Porque los curas obreros optaron por cumplir aquello que marca el Evangelio: estar con los pobres.
Algunos destacados protagonistas de aquellas protestas recuerdan en De la cruz al martillo, un puñado de décadas después, cómo rompieron con la tradición del nacionalcatolicismo. Cómo decidieron ir más allá de los dogmas, en plena dictadura, y cómo pagaron la osadía con represalias, cárcel y multas.
Es el caso de religiosos como Antonio Quitián, Ángel Aguado y los hermanos Joséy Manuel Ganivet. Comparten testimonio junto a la exmonja Encarnación Olmedo y con Elías Alcalde, Enrique Priego y Esteban Tabares. O con la historiadoraBasilisa López y el teólogo José María Castillo. Además de los exdirigentesIsidoro Moreno, del Partido del Trabajo de España (PTE), el expresidente de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), Alfonso Alcaide, y Francisco Casero, del Sindicato de Obreros del Campo (SOC).

Curas a la vendimia

Un titular de prensa: ‘Cien mil españoles a la vendimia’. Y Diamantino García Acosta pregunta a las puertas de la parroquia donde acaba de aterrizar. ¿Dónde van todos? A trabajar, le responden. Durante la campaña en el pueblo solo quedan los niños, los viejos y el cura. “Pues a partir de ahora tampoco quedará el cura”, decide.

Una 'cuadrilla' de jornaleros y, entre ellos, el cura obrero Diamantino García Acosta (derecha). | PLANO KATHARSIS
Una 'cuadrilla' de jornaleros y, entre ellos, el cura obrero Diamantino García Acosta (derecha). | PLANO KATHARSIS
“La reforma agraria es una tomadura de pelo”, queda titulada una entrevista al cura Diamantino. De estas luchas acompañando a los jornaleros andaluces nace el SOC. Cuando estos curas obreros acaban siendo también braceros, comiendo en el tajo, calmando la sed bajo el mismo sol, secando el sudor en las mismas pobres vestimentas.
‘La tierra para el que la trabaja’ es el lema al que agarrarse en los estertores de la dictadura de Francisco Franco. Las ocupaciones de fincas son un campo de lucha entre finales de los 70 y comienzos de los 80. Ahí queda el cortijo de El Humoso como recuerdo, y emblema, de Marinaleda (Sevilla).
Ese rastro de libertades conquistadas a destajo está en el documental De la cruz al martillo, dirigido por José Antonio Torres, que firma el guión de la obra con el periodista Rafael Guerrero, también narrador, y cuenta con la realización dePablo Coca y música de Pablo Peláez. El audiovisual está producido por Plano Katharsis con la colaboración de Canal Sur Radio y Televisión.
“Desde los años 50 en Andalucía, y en el resto de España, movimientos minoritarios de curas y seglares lograron anticiparse a la llamada transición política impulsando el movimiento obrero y ciudadano”, señalan los autores de la pieza. “La influencia, que les llegaba de los curas obreros franceses de la posguerra, les hizo evolucionar más deprisa que la propia sociedad y evidentemente que la jerarquía eclesiástica”, apuntan.

Cambiar el franquismo desde la iglesia

“Me di cuenta de que había que cambiar las cosas, la sociedad tal como estaba” diseñada por el franquismo, cuenta en la cinta el cura obrero Antonio Quitián. Y este objetivo “requería una posición personal”. Un compromiso claro que chocaba con el nacionalcatolicismo reinante en un país donde todavía resonaba el eco de la  represión fascista y la  colaboración de la Iglesia católica con el régimen de Franco sigue siendo intensa.
“Yo no quería ser monja de rezar y cosas de esas, quería estar cerca de la gente humilde y que pasaba necesidades”, rememora Encarnación Olmedo. “No bastaba con ayudar a los más necesitados”, sino que había que “compartir la vida con los más necesitados”, subraya uno de los curas obreros.

Esteban Tabares (izquierda) y Enrique Priego, dos curas obreros, en una iglesia. | PLANO KATHARSIS
Esteban Tabares (izquierda) y Enrique Priego, dos curas obreros, en una iglesia. | PLANO KATHARSIS
“La gente se da cuenta de que el régimen franquista no tiene salida en términos de evangelización”, dice el expresidente de la HOAC. La visión de muchos barrios del extrarradio de las ciudades, de muchos pueblos, es de miseria congénita. “¿Qué puedo hacer yo en Venezuela que no pueda hacer aquí en Granada?”, se pregunta un jesuita.
Desde las iglesias, los curas obreros asumen la vida humilde y contactan con el movimiento obrero. Eran “aquel joven clero que se encontraba abierto al cambio” como una suerte de “visionarios de unas transformaciones que ya se estaban produciendo lentamente en la sociedad española”.

Tres muertos en la huelga de los 70

Los curas obreros dejaron una profunda huella en los movimientos reivindicativos surgidos durante el tardofranquismo y en la Transición. De manera especial en Andalucía. Y muchos de ellos vinculados a la Hermandad Obrera de Acción Católica.
La huelga de la construcción de los años 70 fue un paradigma. La manifestación recorre las calles de Granada cuando las autoridades piden que se disuelva la marcha. Un grupo responde lanzando piedras. La policía con disparos.  Tres obreros caen asesinados: Antonio Huertas Remigio, Cristóbal Ibáñez Encinas y Manuel Sánchez Mesa.

El cura Diamantino, en la vendimia. | PLANO KATHARSIS
El cura Diamantino, en la vendimia. | PLANO KATHARSIS
O los encierros en la  Curia granadina en 1975 para protestar por la dramática situación provocada por los altos índices de paro. Otro grupo de sacerdotes participaba de forma activa desde Sevilla. Y el propio Francisco Casero, Paco, quedaba hospitalizado tras un mes en huelga de hambre.
Había, también, “lucha por las viviendas”, rescata la exmonja. Como en la Huerta de la Virgencica “de Graná”. ‘Obreros sin hogar’, refiere un titular a cinco columnas. Eran peleas por un alojamiento digno para los trabajadores. “O para que llegara el autobús” al barrio, en palabras de Olmedo.
Trabajo y techo como reivindicaciones básicas. Igual que ahora, siguen pensando. “La pobreza y la exclusión siguen reinando”, lamenta Alfonso Alcaide. Una asignatura pendiente, dice, “y en eso hemos ido para atrás”. La sociedad está “perdiendo la memoria”, enlaza Paco Casero en el preestreno de De la cruz al martillo, en la sede sevillana de la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo.

Curas obreros, poco "reconocidos"

"En los años 70 la lucha no era nada fácil pero teníamos muy claros conceptos como dignidad y libertad", asegura el exdirigente del Sindicato de Obreros del Campo, Paco Casero. Hoy, un proyecto análogo, "costaría mucho llevarlo adelante", subraya. Porque tenían "como sueño una democracia diferente a la que se ha ido desarrollando".
Pretendían crear otro relato distinto al que gobierna "estos tiempos de incertidumbre, no sólo en España sino en Estados Unidos, Brasil…". Rescata la historiadora Basilisa López durante el metraje la historia de "un cura que lee en el frente de La Alpujarra a Marx, Bakunin…", mientras las balas silban sobre las cabezas.
Como dicen los autores del documental, acaso estos curas obreros hicieron una "gran e influyente labor" por la que nunca fueron "suficientemente reconocidos". Siquiera, entienden, "por sus 'compañeros de viaje' laicos de partidos de izquierda”. Una rémora en la memoria a más de cuatro décadas de la génesis de aquel protagonismo histórico que fue del púlpito al tajo

Las cuentas de la Fundación Franco: más de dos millones de euros donados por entusiastas del régimen





La Fundación Franco es el paradigma de las sociedades fascistas creadas en España. La que más apoyo tiene. Y la que más dinero maneja: más de dos millones de euros ha sumado desde el año 2000. Una cifra que sirve para poner flores al dictador y organizar homenajes el 20N y el 18 de julio. O para pagar sueldos, crear nuevas sedes y mantener un archivo con miles de documentos de interés público que custodian en su sede privada.
Son las cuentas que publica eldiario.es conseguidas por el senador de Compromís Carles Mulet, que pidió los balances a través de la Cámara Baja, y que se conocen por primera vez al detalle. Los números de la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF) desde el año 2000 a 2015. Este periódico ha tenido acceso a estos datos, como de las fundaciones Primo de Rivera, Queipo, Blas Piñar o Serrano Suñer, que también serán publicadas. Hasta ahora, el Ministerio de Justicia, del que dependen las fundaciones, había liberado la información de ocho ejercicios de la Fundación Franco.


Desde su creación, dicen sus gestores, no para de crecer en adeptos. Por eso actúa como un  lobby contra la Memoria Histórica y anuncia la creación de más sedes, las franquicias Franco. Los datos reflejan ingresos durante esos 16 años de 1,6 millones de euros en cuotas de afiliados y 300.000 en donaciones de adeptos del militar golpista. A esas cifras hay que sumar los 150.845,77 euros que recibió la Fundación de los gobiernos de Aznar. Las donaciones a partir de 2015 están incentivadas por el Estado, ya que al ser una fundación sus benefactores tienen beneficios fiscales.
Con este dinero, la Fundación Franco sufraga ofrendas florales y actos de exaltación franquista, tertulias en programas de radio, una página web, un boletín informativo... O casi medio millón de euros pagados en sueldos y otros 70.000 para crear nuevas delegaciones de 2000 a 2015.
La entidad franquista vivió un momento de oro con el Gobierno de José María Aznar, que le dio la polémica subvención de 150.000 euros para digitalizar un archivo de más de 29.000 documentos. Pero la FNFF también compró con ese dinero ordenadores, muebles, extintores o una trituradora de papel, como publicó eldiario.es. Sin embargo, mantiene otros 3.000 ficheros "sin digitalizar y microfilmar", como reconoce en sus memorias económicas. De su contenido no se sabe nada y, aunque supuestamente se deberían poder consultar en la sede, es probable que no se haya entregado copia a la administración porque no son parte de la subvención pública, aunque los documentos hagan referencia al jefe de Estado de la dictadura.

La Fundación Francisco Franco ingresó en 2015 de sus socios 97.605 euros y 75.372 de subvenciones y donaciones
La Fundación Franco ha ingresado más de dos millones de euros entre cuotas, donaciones y subvenciones.
Las donaciones de socios de la Fundación suman unos 100.000 euros anuales de media. En 2012 la fundación dice que tiene 200. El pico más alto de ingreso por esta partida es en 2007 (132.968,14 euros), seguido de 2006 (124.413,82) y 2012 (121.231,17).
Las donaciones particulares a la FNFF acumulan 307.552,35 euros. El legado más alto fue en 2014 con 87.205,19 euros. Un año después sumó otros 75.372,46, una cantidad superada en 2001 con 79.958,38 euros. La cantidad más repetida en las cuentas son 16.609,16 en tres ejercicios consecutivos desde 2004. De 2008 a 2013 no contabiliza ofrendas de este calibre.
En total, entre cuotas y donativos, la Fundación Franco ha ingresado 1.917.534,95 en quince años. Quedan por saber las cifras de 2016 a 2018. Y a estos números hay que añadir la subvención del Gobierno de José María Aznar.

Los recursos del ente de Franco

Con el dinero recaudado la Fundación Franco paga alquileres, gastos corrientes, publicaciones… Y a sus trabajadores: 492.795,42 en total en tres lustros. El último año, 2015, tiene dos asalariados y un voluntario.
Para organizar actos cada  20N ha usado un montante que asciende a 159.088,17 euros. De ese dinero salen otras tareas como publicar un boletín informativo, actos por el 18 de julio, ofrendas florales (la tumba de Franco en el Valle tiene siempre flores frescas)… O publicar 'fascículos/dvd' por 26.141,55 euros.
El primer registro sobre la página web aparece en 2005. El coste no está detallado en cada ejercicio contable, pero desde 2012 aparecen 54.600 euros por este concepto.
Y en los últimos años aparece una nueva partida: 'divulgación medios de comunicación'. La descripción de la actividad dice: "tertulias programas de radio". La Fundación Franco asegura que en 2014 emplea 19.943,57 euros en esta tarea. Ese mismo año recibe la mayor donación de su historia, casi 90.000 euros, con los que mejora la web, imparte "talleres con voluntarios" y arranca "un proyecto de divulgación mediante la radio".

Foto difundida por EFE en 1940 de la entrevista de Franco y Hitler en Hendaya. La imagen de los dictadores fue superpuesta y procedía de otra foto de más calidad.
Foto difundida por EFE en 1940 de la entrevista de Franco y Hitler en Hendaya. La imagen de los dictadores fue superpuesta y procedía de otra foto de más calidad. | EFE
La sociedad computa los gastos derivados de la consulta del archivo, abierto a los investigadores. Ingresa por fotocopias a estos ficheros, y por venta de libros y demás actividad mercantil. En las memorias económicas consultadas calcula un valor de 9.000 euros.
En 2006 y 2007 apunta un novedoso consumo: "adquisiciones de medallas y otros productos para su distribución a cambio de donativos". Una compra "no prevista" de "productos para su distribución entre los benefactores".
De estas cuentas salen además el pago en colaboraciones, administración y asesoramiento o gastos financieros. Y dispendios diversos reseñados en epígrafes como luz y agua, alquiler, teléfono, material de oficina e impresos o franqueo, locomoción y transporte.

Actividad de la Fundación Franco.
Actividad de la Fundación Franco.
La Fundación Franco dispone además de una biblioteca con 550 libros "sobre temas varios de naturaleza general" y otros 555 "de especialización" en temática franquista. El ente franquista también apunta a su colección 2.240 clichés y fotografías, además de películas y cintas de vídeo.

Letras del Tesoro y acciones en 'Land Rover'

La Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF) está constituida como Fundación Cultural Privada el 8 de octubre de 1976. Como dotación fundacional posee 90.000 euros invertidos en Letras del Tesoro, 20 acciones 'Land Rover Santana S.A.' y 12 obligaciones en la Junta del Puerto de Valencia donadas por la Fundación Rincón de Arellano. Además de una línea de crédito de 60.101,21 euros (prorrogable cada año) en el antiguo banco BBV que no renueva en 2003.
El Patronato fue presidido hasta su muerte por la hija del dictador, Carmen Franco Polo, y aparecen miembros con nombres como Francisco Franco (dos) y Blas Piñar o apellidos como Martínez-Bordiú y Utrera Molina. El presidente de la FNFF es Juan Chicharro, antiguo ayudante del rey Juan Carlos y general en la reserva.
El Reglamento de fundaciones de competencia estatal establece (artículo 32) que estas entidades deben destinar al menos el 70% del dinero sobrante cada año al cumplimiento de sus fines. La norma deja un margen de cuatro años para invertir la diferencia entre ingresos y gastos. La cantidad pendiente después de aplicar estos mínimos legales engrosará la dotación fundacional o las reservas de la sociedad, según el acuerdo marcado por cada patronato.

El legado de la España republicana: de la reforma agraria a la igualdad de género



Este 14 de abril se cumplen 88 años de la proclamación 
de la II República,un nuevo régimen que nacía como
 "un proyecto de democratización social y política 
que pasaba por la primacía del poder civil sobre 
el militar y eclesiástico". 
Estas son algunas de las reformas emprendidas
 por los gobiernos 
republicano-socialistas que  constituyen su mejor legado. 

.Alegría por las calles de Madrid tras proclamarse la II República.

Alegría por las calles de Madrid tras proclamarse la II República.


 La proclamación de la República ya era para la extrema derecha monárquica sinónimo de Revolución y no estaban dispuestos a permitirlo. Al fin y al cabo, España había sido suya durante siglos y no estaban dispuestos a compartir el poder. Y mucho menos con masas obreras organizadas. Pero una cosa es declarar la guerra y otra cosa es hacerla. Para lo segundo necesitaban armas modernas, especialmente, aviones de guerra. Y los monárquicos se lanzaron en brazos de la Italia fascista. En otoño de 1935 la alianza ya estaba sellada: monárquicos y fascistas se habían conjurado en la tarea de evitar que la izquierda volviera a gobernar en España.
 El 18 de abril de 1936 se consumó la amenaza. Un golpe de Estado fracasado derivó en una Guerra Civil, que culminó con la victoria de un actor secundario en la rebelión, como era Francisco Franco. 
Pero el 14 de abril de 1931 nada hacía prever que la República terminaría en guerra. Las crónicas y fuentes de aquel día describen un clima de euforia popular, fiesta pacífica y desborde de expectativas. "Después de décadas de gobiernos cada vez más incapaces de responder a los retos y demandas generados por una sociedad en plena transformación, y con un sistema político en crisis que no dudó en asumir la fórmula dictatorial del general Primo de Rivera, todo se derrumbó como un castillo de naipes y sin que corriera una gota de sangre. Unas elecciones municipales acabaron con el reinado de Alfonso XIII, y con él cayeron en cadena la monarquía y el propio régimen de la Restauración", escribe el historiador José Luis Ledesma. 
"La II República fue un proyecto de democratización social y política que pasaba por la primacía del poder civil sobre el militar y eclesiástico"
La alegría y desborde de aquel 14 de abril de 1931 fue reflejado, por ejemplo, por el ilustreFernando Fernández Gómez en su libro de memorias El tiempo amarillo en el que cuenta cómo su abuela le llevó a una Puerta del Sol abarrotada de gente que celebraba eufórica el fin de la Monarquía. O como contó Ángeles, que ahora tiene 100 años, en el podcast de Público La democracia frente a la barbarie: "Mi madre me explicó que la República era la libertad".
El 14 de abril de 1931 suponía, por tanto, el inicio de un nuevo proyecto para España. Un nuevo régimen que tenía por delante el reto de asumir las profundas reformas de un país anclado en el pasado. "Se aplicó un ambicioso programa educativo; se abrieron para las mujeres nuevos espacios en los terrenos privado, laboral y político (derecho al voto); apareció el 'Estado integral', precedente del actual Estado autonómico; fue regulado el mercado laboral implicando a ayuntamientos y sindicatos; se programó una anhelada reforma agraria que había de paliar la miseria millones de campesinos sin tierras; se intentó modernizar y despolitizar al Ejército.... 
No eran iniciativas dispersas, sino fruto de un amplio proyecto de democratización social y política que pasaba por la primacía del poder civil sobre el militar y eclesiástico y por la apertura del diseño institucional y de la vida política al conjunto de la sociedad. Lo que se hizo con mayor o menor fortuna fue dar un paso más allá, el primero que aquí se dio hacia lo que andando en el tiempo se denominaría Estado social de Derecho", prosigue Ledesma. 
Obviamente, la nueva República naciente también cometería errores. No se trata de glorificar cualquier tiempo pasado ni dibujar balsas de aceite o arcadias de ilusiones y felicidad. Los conflictos y la violencia fueron una realidad cotidiana. Ya lo fueron antes, durante la dictadura del general Primo de Rivera. Sin embargo, la II República y el 14 de abril de 1931 dejó para el presente una herencia clara. En palabras de Ledesma: "El valor no solo político sino moral de las apuestas por la democratización del Estado y la sociedad, a pesar de las resistencias en contra; y la supeditación de los privilegios a lo colectivo, de la privatización de lo social a lo público, a la res pública". 
"La nueva República naciente también cometería errores. No se trata de glorificar cualquier tiempo pasado ni dibujar balsas de aceite o arcadias de ilusiones y felicidad"
Quizá el poeta Antonio Machado, en un texto publicado el 14 de abril de 1937, describió mejor que nadie la situación que se había dado aquel mismo día de 1931: "Unos cuantos hombres honrados, que llegaban al poder sin haberlo deseado, acaso sin haberlo esperado siquiera, pero obedientes a la voluntad progresiva de la nación, tuvieron la insólita y genial ocurrencia de legislar atenidos a normas estrictamente morales, de gobernar en el sentido esencial de la historia, que es el del provenir. Para estos hombres eran sagradas las más justas y legítimas aspiraciones del pueblo; contra ellas no se podía gobernar, porque el satisfacerlas era precisamente la más honda razón de ser de todo gobierno. Y estos hombres, nada revolucionarios, llenos de respeto, mesura y tolerancia, ni atropellaron ningún derecho ni desertaron de ninguno de sus deberes". 
A modo de resumen, estas fueron algunas de las principales reformas que emprendió la República entre 1931 y 1933 y que, posteriormente, retomaría tras las elecciones de febrero de 1936 hasta el golpe de Estado de julio de 1936. El resultado de aquel golpe ya lo conocemos. Lo resumió a la perfección Paquita en su testimonio para el podcast La democracia frente a la barbarie: "La gente pensó que la guerra se ganaría. El pueblo español podía con el fascismo español. Pero no pudo con el fascismo español más el italiano y el alemán".
El último presidente de la II República, Juan Negrín, interviene en la Sociedad de Naciones

1. Proyecto educativo

"En ningún momento, bajo ninguna condición, en ningún momento, ni mi partido ni yo, en su nombre, suscribiremos una cláusula legislativa en virtud de la cual siga entregado a las órdenes religiosas el servicio de la enseñanza. Eso, jamás. Ya lo siento mucho; pero esta es la verdad defensa de la República". Con estas palabras, Manuel Azaña defendió en el Parlamento la apuesta por una escuela pública, laica y de calidad. 
La historiadora y profesora de la Universidad Complutense de Madrid Mirta Núñez expresó a Público que la reforma educativa emprendida por la II República puede ser definido como su "proyecto estrella". Las instituciones republicanas proyectaron desde el inicio la creación paulatina de 27.000 escuelas, pero mientras se construían, los ayuntamientos adecentaron salas donde educar a los niños. Y a los mayores. También se dignificó la profesión de maestro y se elevó el salario. 
Las misiones pedagógicas llegaron a más e 1.200 pueblos de toda la geografía del Estado

2. Reforma agraria

El Gobierno provisional de la II República declaró en mayo de 1931 su voluntad de acometer una reforma agraria integral que facilitara la transformación social, política e industrial de España y la "posibilidad de una democracia aldeana". Una reforma que se antojaba fundamental si se tenía en cuenta que casi el 50% de la población activa española se dedicaba a trabajar la tierra. El objetivo marcado era mejorar los bajos rendimientos agrícolas y paliar el paro que asolaba entre jornaleros y campesinos.
El objetivo marcado era mejorar los bajos rendimientos agrícolas y paliar el paro que asolaba entre jornaleros y campesinos
La Ley de Reforma Agraria aprobada por las Cortes establecía en su base quinta que serían expropiables aquellas fincas que fueran ofrecidas voluntariamente; las públicas detentadas como propiedad privada en aquel momento; las compradas con fines especulativos; los señoríos jurisdiccionales; las no regadas pudiendo serlo; las que supusieran, en un solo propietario, más de un 20% del líquido imponible del conjunto de tierras de un término municipal; las explotadas sistemáticamente en régimen de arrendamiento; las incultas o mal cultivadas, y aquellas que fueran superiores a un determinado número de hectáreas para aprovechamientos de secano o regadío.
Sin embargo, el proyecto apenas sí pudo llevarse a cabo. Por un lado, la República no dispuso del músculo financiero necesario para expropiar las tierras. Por otro, las derechas y grandes latifundistas hicieron todo lo que estuvo en su mano para frenar este proyecto. Lo poco que se avanzó fue desandado tras el golpe de 1936.
Campesinos sin tierra ocuparon fincas durante la República.

3. Laicismo

La "cuestión religiosa" fue uno de los grandes debates de la España que amaneció republicana. El momento cumbre de su debate en cortes fue el 14 de octubre de 1931. Aquel día Azaña pronunció el ya célebre: "España ha dejado de ser católica". El que después sería presidente de la República defendió de esta manera que la nueva Constitución tenía que ser laica por definición y que las congregaciones religiosas tenían que estar reguladas por ley y apartadas del sistema educativo. Así se plasmó en la Ley de Confesiones y Congregaciones religiosas de junio de 1933. 
"La Iglesia no sufrió desde el primer día una persecución sistemática. Lo que hubo fue un proyecto para avanzar en un terreno, la separación Iglesia-Estado y la secularización, en el que se iba muy por detrás de otros países católicos como Francia, Italia o Portugal. A partir de ahí, aparecen dos grandes actuaciones que no cabe meter en el mismo saco: desde arriba, políticas laicistas a golpe de leyes, decretos y artículos de la Constitución de 1931; desde abajo, movilizaciones y agresiones anticlericales, que se tiñeron de sangre en octubre de 1934", escribió Ledesma para Público. 

4. Igualdad hombre y la mujer

El Gobierno republicano-socialista del primer bienio impulsó un amplio conjunto de leyes que amparó los derechos políticos y civiles de las mujeres y su incorporación a la vida política. Entre ellas, el sufragio universal y el principio de igualdad de género. Por primera vez, las ciudadanas españolas eran ciudadanas de pleno derecho. "La República empujó a la mujer a tener y a buscar una presencie autónoma y no subordinada en la esfera pública. La llevó a perseguir y a lograr un trabajo asalariado con el que poder subsistir autónomamente y trató de inculcar la igualdad a través de la educación", señaló la historiadora Mirta Núñez. 
Esta voluntad igualitaria de la II República se reflejó en numerosas reformas legales en los ámbitos de la maternidad, la familia, el trabajo y la educación que consolidaron los derechos de las mujeres. Un dato estadístico que habla de esta decidida apuesta de los gobiernos de centro-izquierda de la República es la afiliación de 741.771 trabajadoras al Seguro Obligatorio de Maternidad que introdujo un servicio estatal de atención sanitaria, de descanso maternal y de subsidios a las madres trabajadoras entre 1931 y 1935, según aporta Mary Nash, catedrática de Historia Contemporánea de la Universitat de Barcelona.
La Constitución recogía que “el matrimonio se funda en la igualdad de derechos para ambos sexos”
Además, la Constitución recogía que “el matrimonio se funda en la igualdad de derechos para ambos sexos”. De esta manera, la Carta Magna introducía el nuevo principio de la igualdad en la familia. También cabe destacar que se reguló la igualdad de trato entre hijos nacidos dentro o fuera del matrimonio y se otorgó el derecho a la investigación de la paternidad. Por último, la Ley del Divorcio de 1932 fue otra medida significativa al admitir la disolución del matrimonio por mutuo acuerdo y asentarse en el principio de la igualdad entre los cónyuges.
En Catalunya, de hecho, se despenalizó la interrupción voluntaria del embarazo por primera vez en España en 1937, en plena Guerra Civil. Años antes, Federica Monseny había intentado que la legislación se aplicara en toda España. 
Clara Campoamor sentada en su despacho de abogada | EFE

5. Descentralización del Estado

El artículo 1 de la Constitución española de 1931 recogía: “La República constituye un Estado integral, compatible con la Autonomía de los Municipios y las Regiones”. Por consiguiente, la Carta Magna apostó por un modelo descentralizado con regiones autónomas y descartó el federalismo. El 9 de septiembre de 1932 el Estatuto de Autonomía de Catalunya fue aprobado en el Parlamento por 334 votos a favor y sólo 24 en contra.
Antes, había sido votado en referéndum con una aprobación multitudinaria: de un censo de 792.574, 595.205 votaron a favor y sólo 3.286 en contra, según datos de Andreu Mayayo i Artal, Catedrático de Historia Contemporánea de la Universitat de Barcelona. Al Estatuto catalán, le siguió el de Euskadi, que se aprobó en octubre de 1936 con José Antonio Aguirre como primer lehendakari. En Galicia se aprobó en 1932, pero tras ser frenado por el bienio negro, fue presentado a las Cortes en julio de 1936. En Andalucía, tras diferentes parones, se retomaron las gestiones en junio de 1936. La sublevación militar impidió la puesta en marcha de ambos.
“La experiencia republicana influyó en la transición a la democracia tras la muerte del dictador. En primer lugar, para subrayar el carácter plurinacional de España se incorporó el concepto de “nacionalidades y regiones” (luego plasmado en la Constitución de 1978) en los acuerdos entre las diversas plataformas de la oposición democrática. En segundo lugar, se empezó primero por la Constitución para luego acoplar los proyectos de estatutos”, escribió Mayayo para Público.
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