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martes, abril 20, 2021

India:Mao ataca de nuevo

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El objetivo principal del gobierno de Narendra Modi parece ser el comenzar a derrotar definitivamente a las guerrillas maoístas.

14/04/2021
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  • Opinión
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Madvi Hidma

Como resultado de las milenarias luchas del campesinado pobre de la India, fundamentalmente los dalit rurales o intocables y las tribus adivasis (marginadas), contra el sistema semifeudal y latifundista de los zamindars (propietarios de la tierra) -fenómeno que durante el dominio británico fue todavía más fortalecido- en 1967 surge la guerrilla maoísta, conocida como Movimiento Naxalista. Esta surge en la pequeña aldea de Naxalbari, en el corazón del estratégico corredor de Siliguri, al norte del estado de Bengala Occidental, también conocido como “el cuello de gallina india”. Se trata de un desprendimiento del Partido Comunista de la India-Marxista (CPI-M) liderado por Charu Majumdar, Kanu Sanyal y Jangal Santhal.

 

Desde entonces, el movimiento revolucionario, que más allá de su origen campesino tendría el aporte de vastos sectores intelectuales y universitarios y contaría con un largo historial de resistencia y lucha, ha estado lejos de revertir la tremenda realidad de los campesinos.

 

En su más de medio siglo de lucha ha sufrido golpes, avances y retrocesos, en los que miles de militantes han dejado la vida en una guerra sucia que no ha evitado las torturas, desapariciones y ejecuciones sumarias por parte del Estado. Pese a esto consiguieron afianzarse en diferentes áreas del país, llegando a dominar casi el 50 por cientos de las zonas boscosas. Lo que finalmente se conformaría como el mítico “Corredor Rojo” donde se establecían áreas liberadas, instalando gobiernos paralelos, cobrando impuestos, persiguiendo, confiscando y en muchos casos ejecutando a los zamindars. Aquellos avances fueron contrarrestados por durísimas operaciones del ejército, ayudado por una fuerza paramilitar cercana a los treinta mil hombres, cuyo verdadero costo en vidas se desconocen. Lo que si contamos es con el testimonio de que cientos de pueblos y comunidades campesinas fueran prácticamente desaparecidas, junto a las elevadas tasas de suicidios, tanto entre la población como entre los jawans (soldados).

 

La ofensiva de los Naxalista desde 1967, recién pudo ser detenida a partir de 1972, cuándo el movimiento insurgente pasó a un estado casi larval, con acciones intermitentes. Pero a comienzos de este siglo reaparecen nuevamente con mucha más virulencia, con una fuerza estimada en cerca de 15 mil combatientes de las regiones más pauperizadas del país, en respuesta a los altos niveles de la corrupción estatal y financiera, sostenida a fuerza de la marginación de la gran mayoría de los más de 1.400 millones de indios.

 

En septiembre de 2004, el Partido Comunista de la Guerra Popular de la India (marxista-leninista) y el Centro Comunista Maoísta (Naxalista) se unieron para formar el Partido Comunista de la India (Maoísta). Al año siguiente eran doscientos los distritos en que existía operaciones de los naxal, aunque no pudieron sostenerlos y en pocos años la cifra se redujo a noventa distritos, aunque solo en treinta operaban con dominio del territorio, siempre inaccesibles para las fuerzas regulares, dada las condiciones del territorio quebrado y las espesas junglas.

 

Tras el asalto a una importante armería del ejército, en el estado de Orissa, de donde robaron una importante cantidad de armas y mataron a quince guardias en febrero de 2008, el gobierno ordenó al año siguiente una nueva operación contra la insurgencia, conocida como Green Hunt (Caza Verde) que involucró entre veinte y sesenta mil paramilitares, además de fuerzas regulares nacionales y provinciales, que contaron con un presupuesto cercano a los 500 millones de dólares para el periodo 2010 - 2011 y 600 para el de 2011- 2012. Los milicianos maoístas reaccionaron con durísimas operaciones militares y con un incremento de combatientes que superó los veinte mil hombres y un entramado de simpatizantes activos que sobrepasó los cincuenta mil. Para 2014 llegaron a 200 mil los efectivos regulares destinados por el gobierno central a combatir a los insurgentes, lo que marcó un nuevo declive del movimiento naxalita, que más allá de esporádicas acciones, concentradas en zonas rurales y regiones tribales de los estados de Chhatisgarh y Jharkhand, no hna protagonizado hechos destacables.

 

¿Un nuevo amanecer?

 

Mientras tanto, se conoce que en el hospital central de Raipur, la capital del Estado de Chhattisgarh -el que las autoridades consideran el último bastión maoísta y es a la vez uno de los diez más afectado por el Covid-19- los cadáveres de las víctimas de la pandemia se amontonan en los pasillos y patios del edificio. El hospital ha recibido esta última semana un contingente importante de muertos, ya no por la enfermedad sino por la nueva irrupción insurgente que, en los primeros días de abril, emboscó una patrulla del ejército indio asesinando a veintidós militares de una fuerza conjunta, de la que solo el batallón de élite Cobra aportó mil comandos.

 

Tras haber recibido información de inteligencia, en el área se había detectado la presencia de unos cincuenta guerrilleros en Bodaguda el 25 de marzo y de otros setenta milicianos en Silger, a unos 200 kilómetros. El dos de abril, por la noche, las tropas regulares ingresaron a los bosques de Bijapur y Sukma, en procura de los milicianos. Apenas tres días después estos realizaron la emboscada que se produjo tras un falso ataque a uno de los campamentos militares que se había levantado, con lo que atrajeron a los soldados a la espesura donde fueron sorprendidos. La desbandada de los jawans les dio el suficiente tiempo a los guerrilleros para requisar el armamento de los soldados muertos y retirarse sin dejar rastros.

 

Según fuentes oficiales hacía más de un año, que se había registrado la presencia de los maoístas, en el área, logrado incluso intervenir en sus comunicaciones, y por los resultados los milicianos lo sabían, por lo que pasaron información errada.

 

Los mandos militares han reconocido que por el tipo de fuego que recibieron y la estrategia con la que operaron, las fuerzas represivas se encuentran frente a un enemigo que ha renovado tantos su poder de fuego como sus tácticas.

 

Este ataque ha sido el que más bajas ha producido a las fuerzas de seguridad desde junio de 2017, donde tras dos ataques sucesivos en Bhejji y Burkapal, murieron unos cuarenta jawans. Diez días antes, tras la explosión de un IED (artefacto explosivo improvisado, por sus siglas en inglés) había provocado la muerte de cinco hombres pertenecientes a la policía del estado de Chhattisgarh,

 

Según algunas fuentes, el grupo que estableció la emboscada pertenece al que se conoce como Batallón 1 del ejército insurgente, a cargo de uno de los líderes más importante de la organización. Se trata de Madvi Hidma, un adivasis cercano a los cuarenta años, nacido en lo profundo de la selva en la aldea de Puverti. Es el miembro más joven del Comité Central del Partido Comunista (maoísta) con una larga trayectoria en la insurgencia y se lo cree responsable de la emboscada que en abril de 2010, en cercanías de la aldea de Chintalnar  (Chhattisgarh), provocó la muerte de 76 policías y 8 milicianos, lo que se convirtió en el ataque más sangriento de los insurgentes contra una fuerza de seguridad. Al mes siguiente, hombres del comandante Hidma produjeron un atentado contra un ómnibus en Dantewada (Chhattisgarh) dejando unos cuarenta muertos, entre ellos varios policías de la fuerza especial (SPO). En 2013 su fuerza sería responsable de otro importante ataque contra un convoy de 25 vehículos que trasportaba dirigentes estaduales del Partido del Congreso Nacional Indio, que causó la muerte de al menos treinta personas en el valle de Dharba (Chhattisgarh), por lo que el gobierno estadual al igual que otras oficinas estatales han puesto un alto precio a su cabeza.

 

Su reconocida templanza para enfrentar los combates y su inteligencia para trazar las operaciones, junto a la llegada cercana a sus hombres, lo ha rodeado de un halo mítico que incluso destaca la prensa india, lo que lo pone como el objetivo principal del gobierno de Narendra Modi para comenzar a derrotar definitivamente a la guerrilla maoísta.

 

Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook:

https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

 

https://www.alainet.org/es/articulo/211820
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lunes, abril 19, 2021

Pedro Castillo terror para el estado criollo

 Esperanza para los despojados 


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19/04/2021
  • Español
  • Opinión
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El Perú es uno de los países más racistas que actualmente existe en el continente de Abya Yala, al grado de que este mal congénito de la República bicentenaria es un tabú en las tertulias cotidianas y en las narrativas académicas. El desprecio del originario o con rasgos indígenas es tan “normal” que nadie reclama o argumenta contra el “sistemático racismo cotidiano”.

 

Perú, una República que produjo dos países

 

Al igual que el resto de las repúblicas de la región, el Estado peruano fue ideado para ser regentado por criollos y mestizos desde la ciudad virreinal de Lima. En dos siglos de existencia, la República criolla peruana produjo dos países dentro de un mismo país: Lima (país oficial, con cerca de 10 millones de habitantes) y el resto del Perú (país no oficial, con cerca de 22 millones de habitantes).

 

El proceso de colonialismo interno con “tufo limeño”, que el resto del Perú soportó, fue tan fiero que el peruano no limeño estaba condenado a limeñizarse para ser admitido como ciudadano peruano.

 

La viveza criolla y el racismo limeño, el individualismo y la informalidad, la espectacularidad y la superficialidad limeña, fueron y son asimilados por las y los peruanos como virtudes cívicas de peruanidad. Para ser ciudadano peruano cualificado, el costeño, el andino o el amazónico, deben aprehender el acento, la impronta limeña.

 

De allí que el máximo sueño de las y los peruanos del interior del país era y es migrar hacia la ciudad de Lima para mal vivir en los desiertos. Y luego visitar sus lugares de origen alardeando “vida exitosa”, burlándose, no pocas veces, de los hábitos o expresiones culturales de sus vecinos en sus territorios de origen.

 

Si para ser “ciudadano peruano” el originario está condenado a limeñizarse, las y los candidatos que aspiran a ser gobernantes del Perú están psicológica y políticamente constreñidos a legitimarse en Lima. Un candidato político provinciano que no hace campaña en Lima, simplemente no aparece en las encuestas oficiales. Tampoco en los noticiarios. Es inexistente.

 

Pedro Castillo, candidato presidencial del partido Perú Libre, quien ganó en la primera vuelta electoral con 19% de votos y ahora va a elecciones de segunda vuelta, no apareció durante la campaña, ni en las encuestas, ni en las noticias nacionales, porque no hizo campaña en Lima. Ingresó a esta ciudad en ocasiones puntuales.

 

¿Por qué temen los criollos corruptos a Pedro Castillo?

 

En el único debate de candidatos presidenciables en el que participó, Pedro Castillo habló claro y directo. Pero sus interlocutores no le creyeron, o simplemente no le prestaron atención a sus palabras (con acento provinciano) y se quedaron mirándo, hasta con mofa, su sombrero de campesino de ala ancha y la ausencia de corbata.

 

Ahora que quedó en primer lugar en las elecciones generales y avanza como un coloso andino generando remolinos humanos en los territorios y tendencias virales en las redes sociodigitales, la limeñidad -criolla, progre, chola- llama desde sus canales empresariales y personales a la cordura al “insolente candidato campesino”. El mismo que se atreve a desafiar desde las urnas no sólo a la corrupta oligarquía criolla, sino al propio y bicentenario Estado racista.

 

Muy a pesar de que la oligarquía criolla instauró el sistema neoliberal en el país legitimándose en “su supuesta victoria militar sobre los grupos guerrilleros del pasado siglo”, ahora recurre a la falacia de que “Pedro Castillo es terrorista”. ¡El enemigo interno que habían vencido/matado hace 30 años atrás ahora los derrota en las urnas! O no vencieron al terrorismo o Castillo no es terrorista. ¿O será que creen que somos idiotas?

 

Muy a pesar de que el campesino Pedro Castillo fue fundador de la organización “antiterrorista” de los ronderos del Perú -de la cual actualmente es miembro activo-, los gamonales del discurso oficial limeño irradian su odio contra Castillo, acusándolo de terrorista.  Tienen como objetivo generar una conmoción/miedo colectivo, y así evitar que Castillo siga avanzando sobre su caballo por todo el Perú no oficial.

 

Buscan instalar en el imaginario colectivo de la peruanidad la idea de que Castillo es el enemigo interno del país, y así generar un sentimiento de culpa en las y los electores que optaron por este candidato. Pero el dolor ocasionado por dos siglos de República y el treintenio del sistema neoliberal es tan agudo, que la marea humana crece incontenible alrededor del campesino.

 

La oligarquía criolla teme a Castillo porque su sola presencia campesina, surgida desde las profundidades del Ande Peruano, es la evidencia de su fracaso político e ideológico. Esta oligarquía, mediante las instituciones del Estado peruano, le apostó a la dominación y eterna subordinación del Perú profundo en función de sus intereses, pero Castillo evidencia que el silente jaguar andino amazónico no había claudicado.

 

Tienen miedo porque Castillo le está mostrando a la peruanidad que sí es posible hacer “otra política” con decencia e identidad.  La oligarquía no concilia el sueño porque teme que esté naciendo en su propia hacienda (llamada Perú) un “Evo Morales” peruano. “Tienen miedo de perder la mamadera bicentenaria”, como dice Castillo. Pero, sobre todo, tienen miedo a que el mal ejemplo de Castillo termine despertando al Perú anestesiado por el colonialismo interno.

 

¿Por qué opta por Castillo el Perú profundo?

 

Las propuestas de Castillo son elementales para un Estado debilitado y gangrenado por la corrupción. Algunas de estas son:

- Revisar los contratos de privatización de los bienes, servicios y empresas; renegociar los contratos de concesión: renacionalizar y crear empresas públicas para hacer del Estado un actor económico determinante.

- Convocar a un proceso constituyente para la concertación y redacción de una nueva Constitución Política, en la que el 60% de constituyentes deberán representar a los sectores sociales populares organizados. Propone la elección de autoridades judiciales por voto popular.

Además, Castillo indicó que si gana las elecciones en segunda vuelta, renunciará al salario de Presidente y al sueldo vitalicio de ex Presidente, y seguirá con su salario de maestro rural. Afirma que reducirá a la mitad los inmorales salarios y gastos de las autoridades electas como las y los congresistas.

La sola presencia del campesino y luchador social Pedro Castillo en la segunda vuelta electoral ya es un terremoto político para la política tradicional alimeñada. Una esperada y extraordinaria dosis de esperanza para los pueblos despojados del Perú que quieren caminar sobre sus propias piernas.

 

 

 

 

 

Ollantay Itzamná

Defensor de Derechos de la Madre Tierra y Derechos Humanos desde Abya Yala

https://ollantayitzamna.com/

 

 

https://www.alainet.org/es/articulo/211863
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