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Tuesday, April 03, 2018

Carta al movimiento sindical: ‘Por un 1º de mayo unitario’


Estimados compañeros y compañeras,

A falta de algo más de un mes para la celebración del 1º de mayo nos dirigimos al conjunto del movimiento sindical de clase con el objetivo de alentar a que se realicen los esfuerzos necesarios para la consecución de una manifestación unitaria por las calles de Madrid.

Tras las importantes movilizaciones del mes de marzo en defensa del derecho a unas pensiones dignas, y la histórica jornada del Día de la Mujer Trabajadora que logró levantar un clamor por la igualdad y la liberación de la mujer, entendemos que se abre un importante ciclo de respuesta de la clase obrera y los sectores populares ante las agresiones sufridas. Trabajar por construir y mantener una respuesta unitaria y firme podría sentar las bases de un periodo de lucha con posibilidades de victorias por la recuperación y conquista de los derechos que los trabajadores y trabajadoras anhelan.

Alertamos también sobre los intentos del fascismo organizado de tratar de infiltrarse en el movimiento obrero, escondiendo sus posiciones reaccionarias detrás de lo que son nuestras reivindicaciones clasistas, buscando arrastrar a la clase obrera hacia la división por su origen, aprovechándose del discurso de la transversalidad que desdibuja las posiciones de clase. Su presencia en las luchas del Taxi, en la manifestación por unas pensiones dignas el 17M y en la Huelga de Amazon no puede repetirse en el 1º de mayo y futuras convocatorias.Entendemos y respetamos, desde nuestra propia visión, las discrepancias existentes dentro del movimiento sindical de clase. En muchas ocasiones fruto de diferencias de carácter táctico en el desarrollo de la lucha sindical diaria, y en otras ocasiones como consecuencia de visiones distintas sobre el objeto y alcance que ha de tener la acción sindical.

A pesar de lo anterior, hoy en múltiples empresas existe una alta colaboración y coordinación entre secciones sindicales, y desde los comités de empresa, delegados y juntas de personal, la representación unitaria de los trabajadores día a día trabaja por la mejora de las condiciones laborales ante una patronal que permanentemente necesita seguir dando una vuelta de tuerca en las condiciones de sobre-explotación de la fuerza de trabajo. Y es en esas empresas, y no donde la falta de unidad sindical es la tónica, donde con mayor frecuencia se consiguen victorias.

Es por ello que ante este nuevo 1º de mayo, desde el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE) queremos apelar al conjunto del movimiento sindical de clase a levantar la más amplia unidad que permita al conjunto de los trabajadores y trabajadoras luchar unidos por las reivindicaciones que son de todos y todas. Cuentan con nuestra colaboración y empeño en ese sentido.

Manifiesto de Andalucia Republicana.

La Coordinadora Andaluza de Organizaciones Republicanas ‘Andalucía Republicana’ convoca el sábado 14 de Abril manifestaciones por la República en todas las provincias andaluzas. Llamamos a participar masivamente en esas manifestaciones, que se convocan en defensa de los derechos sociales y democráticos, de los derechos de mujeres y hombres, que nos están siendo arrebatados por el Régimen corrupto de la Monarquía.

El derecho a un trabajo digno está siendo arrasado por la precariedad que es el resultado de sus reformas laborales.  La sanidad, la enseñanza pública y los servicios sociales destruidos por los recortes de presupuesto, la reducción de miles de puestos de trabajo, la privatización de servicios y el apoyo a la sanidad privada y a los colegios privados concertados (recordemos que, en un Estado supuestamente aconfesional, la Iglesia Católica recibe cada año, a través de subvenciones directas y exención de tributos,  más de 11.000 millones de euros). 


El derecho a la jubilación de las personas mayores está en peligro por los recortes de pensiones que supondrían, a medio plazo, una rebaja de más del 30% de su poder adquisitivo, ya bastante limitado hoy. Nos llevan a la miseria mientras más de 30.000 millones de euros, la mayor partida de los Presupuestos del Estado, se destina a pagar los intereses de una Deuda Pública que no han contraído las personas trabajadoras.

Los derechos democráticos, la libertad de expresión, los derechos de los pueblos, están siendo atacados y recortados cada día tanto por el gobierno como por el aparato judicial heredado del fascismo sin depuración alguna. 

Mención aparte merece el desprecio del Régimen por los derechos de las mujeres. Bajo la Monarquía los bajos salarios, las pensiones de miseria, los contratos ultraprecarios se ceban en las mujeres trabajadoras. La violencia contra las mujeres, el acoso sexual y laboral no encuentran amparo en un aparato judicial más entrenado en recortar derechos que en defenderlos. 

La supervivencia de la población trabajadora, de la juventud, de los pueblos del Estado, la defensa y recuperación de los derechos democráticos elementales y de las conquistas sociales y los derechos de las mujeres exige un urgente cambio político y social, que no es posible bajo el marco de la Monarquía súbdita del capital financiero. No es posible ninguna regeneración democrática, ninguna lucha contra la corrupción, dentro del marco podrido de la Constitución de 1978.

Este 14 de Abril llamamos a levantar las banderas republicanas para reivindicar un cambio político, económico y social, que sólo puede partir de un Proceso Constituyente que proclame la democracia, el gobierno por y para la mayoría, del pueblo y para el pueblo, la aplicación efectiva de los derechos al trabajo y a las pensiones dignas, a la igualdad, a la vivienda, a la sanidad y a la educación pública, la convivencia libre y fraternal de todos los pueblos del Estado, esto es un proceso democrático que instaure la República. 

¡Todas y todos a las manifestaciones del 14 de Abril!

¡VIVA LA REPÚBLICA!

La Republica en España

Der Volksstaat
1 de marzo de 1873
Karl Marx y Friederich Engels

Es difícil decir cuál de las dos ha caído más bajo, desde hace tres años, la monarquía o la república. La monarquía -al menos en el continente europeo- marcha en todas partes, a un ritmo cada vez más rápido, hacia su última forma, el cesarismo. Pseudoconstitucionalismo con sufragio universal, un ejército en aumento desbordante para apoyar al gobierno, compra y soborno como medios principales de gobierno, así como enriquecimiento mediante corrupción y embuste como único objetivo del mismo, suplantan por doquier, de forma irresistible, todas aquellas hermosas garantías constitucionales, aquel equilibrio artificial de poderes, con el que soñaban nuestros burgueses en la idílica época de Luis Felipe, en la que hasta los más corruptos eran ángeles inocentes, comparados con los grandes hombres de hoy. A medida que la burguesía va perdiendo cada día más el carácter de clase momentáneamente indispensable dentro del organismo social, que se desprende de sus peculiares funciones sociales, que se transforma en una pura pandilla de embusteros, en esa misma medida se convierte su Estado en una institución protectora, no de la producción, sino del robo abierto de productos. Tal Estado no sólo lleva en sí su propia condena,sino que la historia lo ha condenado ya en Luis Napoleón. Pero es,a la vez, la última forma de la monarquía. Todas las otras formas de ésta quedan bloqueadas y anticuadas. Tras él, ya sólo es posible la república como forma de Estado.a la vez, la última forma de la monarquía.
Proclamacion de la I Republica en Madrid

Pero la república no corre mejor suerte. Desde 1789 hasta 1869 fue el ideal de entusiastas luchadores por la libertad, ideal constantemente perseguido, alcanzado tras dura y sangrienta lucha, pero apenas alcanzado, de nuevo se escapaba. Desde que un rey ha conseguido hacer de Prusia una república francesa, todo esto ha cambiado.

A partir de 1870 -y aquí está el avance- no serán ya los republicanos quienes harán las repúblicas -sencillamente porque ya no hay republicanos puros-, sino monárquicos desconfiados de la monarquía. En Francia los burgueses que simpatizan con la monarquía refuerzan la república, mientras que en España la proclaman con el fin de evitar la guerra civil, en el primer país debido a que hay demasiados pretendientes, en el segundo debido a que el último rey posible hace huelga 138• Hay en ello un doble paso adelante.

En primer lugar, ha quedado destruido el embrujo que hasta hoy envolvía el concepto de república. Tras los precedentes de Francia y :España, sólo un Karl Blind puede permanecer atado a la superstición de los maravillosos efectos de la república. Esta se manifiesta, por fin también en Europa, como lo que, conforme a su esencia, es efectivamente en América, como la forma más acabada de dominación de la burguesía. Digo «por fin también en Europa» porque no podemos hablar aquí de repúblicas como Suiza, Hamburgo, Bremen, Lübeck y la ex-ciudad libre de Frankfurt -que en gloria esté-. La moderna república a la que aquí nos referimos es la organización política de un gran pueblo, no el minúsculo centro político de una ciudad, cantón o club de cantones que, como herencia de la edad media, han adoptado formas más o menos democráticas,y, en el mejor de los casos, han sustituido el dominio de los patricios por el dominio -no mucho mejor- de los campesinos.
Suiza vive medio de la indulgencia, medio del celo de sus grandes vecinos. En cuanto éstos se ponen de acuerdo, tiene que guardarse sus solemnes frases republicanas y bajar la cabeza. Tales países sólo subsisten mientras no intenten entrar en el curso de la historia, por lo que también se les impide tal entrada neutralizándolos.

La era de las repúblicas europeas efectivas partirá del 4 de septiembre o mejor, del día de Sedan, incluso si eventualmente se produjera un breve retroceso cesarista, fuera cual fuera el pretendiente.
En este sentido, puede decirse que la república de Thiers constituye la final realización de la república de 1792, la república de los jacobinos sin el autoengaño de éstos. A partir de ahora, la clase obrera no puede sufrir más engaños acerca de lo que es la república moderna: la forma de Estado en la que el dominio de la burguesía recibe su última y más acabada expresión. En la república moderna se realiza, por fin, claramente la igualdad política, que en todas las monarquías se hallaba todavía sometida a ciertas excepciones.

Y esta igualdad política ¿qué otra cosa es sino la explicación de que las oposiciones de clase no atañen al Estado, de que los burgueses tienen tanto derecho a ser burgueses como los proletarios a ser proletarios? Pero los burgueses mismos sólo introducen esta última y másacabada forma del dominio burgués, la república, con la mayor aversión, se les impone por la fuerza. ¿De dónde proviene tal contradicción? Del hecho de que la introducción de la república significa romper con toda la tradición política, de que a toda organización política se le exige justificar su existencia, de que, en consecuencia, desaparecen todos los influjos tradicionales que, bajo la monarquía, sostienen el poder existente. En otras palabras: si la república moderna es la más acabada forma de la dominación burguesa, es, a la vez, la forma de Estado en la que la lucha de clases se libra de sus últimas cadenas y que prepara el campo de batalla para esa lucha. La moderna república no es otra cosa que este campo de batalla. Y tal es el segundo paso adelante. Por un lado, la burguesía siente que llega su fin en cuanto desaparece bajo sus pies el suelo de la monarquía y, con él, todo el poder conservador que residía en la supersticiosa fe de las masas ignorantes, especialmente del pueblo llano, en la nobleza de los príncipes. Lo mismo da que esta fe supersticiosa adore la realeza por la gracia de Dios, como en Prusia, o al fabuloso César de los campesinos, Napoleón, como en Francia.

Por otro lado, el proletariado percibe que el canto fúnebre de la monarquía es, simultáneamente, la llamada a la batalla decisiva con la burguesía. En eso consiste la enorme importancia de la república, en no ser más que el limpio escenario del grande y último combate de la historia mundial. Ahora bien, para que este combate entre burguesía y proletariado llegue a una decisión tienen que hallarse también suficientemente desarrolladas ambas clases en sus respectivos países, al menos en las grandes ciudades. En España sólo ocurre esto en algunas zonas del país. En Cataluña, la gran industria posee, en términos relativos, un alto desarrollo; en Andalucía y en otras zonas predomina la gran propiedad territorial y el gran cultivo -propietarios y jornaleros-; en la mayor parte del territorio encontramos pequeños propietarios de tierra en el campo y pequeña empresa en las ciudades. Las condiciones de una revolución proletaria se hallan ahí, por tanto, relativamente poco desarrolladas, y precisamente por ello sigue habiendo todavía mucho que hacer en España en favor de una república burguesa; ésta tiene ahí,sobre todo, la misión de dejar limpio el escenario para la lucha de clases que se avecina.

Para ello, lo primero que hay que hacer es suprimir el ejército e introducir una milicia del pueblo. España se halla tan afortunadamente situada, desde el punto de vista geográfico, que sólo puede ser atacada por un vecino, y esto sólo en el corto frente de los Pirineos, un frente que no constituye ni una octava parte de su perímetro total. Además, las condiciones del terreno de España son de tal naturaleza, que dificultan la guerra de movimientos de grandes ejércitos, en la misma medida en que facilitan la irregular guerra popular. Lo hemos visto con Napoleón, que llegó a enviar 300.000 hombres a España, los cuales fracasaron una y otra vez ante la tenaz resistencia popular; hemos visto esto innumerables veces desde entonces, y lo vemos hoy todavía en la impotencia del ejército español frente a las escasas partidas de carlistas en la montaña. Un país así carece de pretexto para tener ejército. Pero resulta que, desde 1830, éste no ha sido más que la palanca de todas aquellas conjuras de generales que cada pocos años derrocaban al gobierno mediante una rebelión militar para poner nuevos ladrones en lugar de los antiguos. Suprimir el ejército significa librar a España de la guerra civil. Esta sería, pues, la primera exigencia que los obreros españoles debieran plantear al nuevo gobierno.

Eliminado el ejército, desaparece también el motivo principal por el que los catalanes, de modo especial, exigen una organización estatal federativa. La Cataluña revolucionaria, el suburbio obrero de España, por así decirlo, ha sido reprimida a base de grandes concentraciones de tropas, igual que Bonaparte y Thiers reprimieron París y Lyon. Por eso exigían los catalanes la división de España en estados federales con administración independiente. Si desaparece el ejército, desaparece el motivo principal de tal exigencia; la independencia se podrá alcanzar también, en principio, sin la reaccionaria destrucción de la unidad nacional y sin la reproducción de una Suiza mayor.

La legislación financiera de España, tanto en lo que se refiere a impuestos internos como a los aranceles, es absurda de punta a cabo. En este aspecto puede hacer muchísimo una república burguesa.

Igualmente, en la confiscación de la propiedad territorial de la Iglesia, a menudo confiscada, pero siempre vuelta a reunir, y, por último, de modo primordial, en la construcción de vías de circulación, que en ninguna parte se hallan en mayor descuido que ahí precisamente.

Unos cuantos años de tranquila república burguesa prepararían en España el terreno para una revolución proletaria en unas condiciones que sorprenderían incluso a los obreros españoles más avanzados. En lugar de repetir la farsa san!,.rrienta de la revolución anterior, en lugar de realizar insurrecciones aisladas, siempre reprimidas con facilidad. es de esperar que los obreros españoles aprovechen la república para unirse entre sí más firmemente y organizarse con vistas a una próxima revolución, una revolución que ellos dominarán.

El gobierno burgués de la nueva república busca sólo un pretexto para reprimir el movimiento revolucionario y matar a balazos a los obreros, como lo hicieron en París los republicanos Favre y consortes.Ojalá los obreros españoles no les den ese pretexto.
138. Alude Engels renuncia de Amadeo al trono de España en febrero de 1873.
{Traducido del alemán, según texto de MEGA 1/24, pp. 130-133}
En este enlance puedes descargarte el libro Escritos sobre España recopilatorios de los articulos que escribio los autores.

Desmontando la leyenda negra sobre la amenaza republicana a la Semana Santa de Sevilla





Dicen que la República prohibió la Semana Santa en Sevilla. Y que una virgen desafió este veto. Es falso. Un fake cofrade que sigue vivo después de pasar por la revisión histórica del franquismo. El episodio real fue al revés: las autoridades republicanas intentaron normalizar los desfiles procesionales y la única cofradía que salió a la calle en 1932 enfrentó el boicot de la derecha sevillana.
"La realidad fue todo lo contrario de lo que mantiene la leyenda", asegura el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla,Leandro Álvarez Rey. "Fueron las propias cofradías las que se negaron a salir" pese al interés "y la buena voluntad" del Ayuntamiento republicano. "En modo alguno la no salida obedeció a una supuesta prohibición, como erróneamente sostienen algunos historiadores aficionados y como creen aún hoy muchos sevillanos", subraya.


"Castigar" la política antirreligiosa

Los sectores derechistas más conservadores impusieron el afán de "castigar" la política antirreligiosa de la República proclamada el 14 de abril de 1931. Las cofradías enfundaron su actitud en otros aspectos como el miedo a posibles incidentes en el recorrido de las procesiones.
El espejo deformador del franquismo dice que una hermandad enfrentó la prohibición republicana. Sin embargo, la única cofradía que sale a la calle en la primavera del 32 es la Estrella de Triana. Porque, como señalan en un comunicado de entonces, "es del pueblo, al pueblo se debe, que es tanto como decir que se debe al régimen constituido legalmente". Una virgen conocida desde entonces como ‘la Valiente’.

Ejemplo de la “guerra ideológica”

"El tratamiento que la derecha ha hecho siempre de la Semana Santa de la II República, que es el predominante, forma parte de la guerra ideológica incesante por controlar al pasado y su objetivo no es otro que los de abajo no tengan historia", arranca el historiador Francisco Espinosa Maestre. Porque el "meollo del asunto", dice, "está en la interpretación".
"La derecha siempre ha mantenido que la República la prohibió [la Semana Santa], encajando ahí la salida de la Estrella" pero "la realidad no fue esa" sino al revés, sentencia: fue el boicot de las derechas "el que se saltó la Estrella". Y explica: "En 1932 tanto desde el Gobierno Civil como desde el Ayuntamiento se apoyó pero fueron las propias cofradías las que aduciendo la ola de laicismo y los peligros de salir a la calle dijeron que no salían".

Fotomontaje con la portada del último boletín de la Fundación Nacional Francisco Franco y la tumba de Queipo de Llano en La Macarena.
Fotomontaje con la portada del último boletín de la Fundación Nacional Francisco Franco y la tumba de Queipo de Llano en La Macarena.
De aquel conflicto salieron dos versiones. La “más tradicional o conservadora” convertida luego en “historia oficial”: reinaba el “miedo a las posibles agresiones y disturbios” desafiado por ‘la Valiente’. No hay de “espíritu de venganza” y sí de grito de protesta “contra los ultrajes y vejaciones a sus creencias y sentimientos católicos”, apunta Álvarez Rey.
Para las izquierdas, el origen de la no salida era claro y transparente: “los elementos monárquicos se habían apoderado de las hermandades para erigirse en defensores del más rancio espíritu integrista, persiguiendo con su boicot desprestigiar a la República y difundir a los cuatro vientos una imagen de absoluta anarquía y feroz persecución religiosa”. Un ejemplo de cómo la manipulación de "señoritos monárquicos" logró politizar “una celebración religiosa” hasta boicotear los desfiles procesionales como “arma arrojadiza” contra la República, cuenta en catedrático de Historia Contemporánea en su estudio Política y religión: la Semana Santa de Sevilla (1931-1936).

‘La Valiente’, la virgen republicana

El asunto alcanzó repercusión “a escala nacional e incluso fuera de España”, sostiene. Y de esas “interpretaciones absolutamente dispares” ganó la que usó a machamartillo la derecha y el franquismo. Una versión que, en muchos casos, baña la actualidad cofradillera.
Porque en febrero del 32,  las más de 40 cofradías deciden no sacar sus imágenes a la calle. Menos una. “El epílogo de este apasionante conflicto fue la accidentada salida de la Estrella, en la tarde del Jueves Santo de 1932”, recupera Leandro Álvarez Rey. ‘La Valiente’ explica su actitud en un comunicado “que no tiene desperdicio” y que fue reproducido por los periódicos el 20 de febrero del 32:

Comunicado de 'La Valiente'

“Esta hermandad ha acordado, ratificando lo que ya comunicara a los excelentísimos señores gobernador y alcalde de Sevilla, que cumplirá sus Reglas, haciendo estación a la Santa Iglesia Catedral en la tarde del Domingo de Ramos, siempre que cuente con medios económicos para ello.
Esta condicionalidad no es un subterfugio, ni envuelve espíritu capcioso. Responde a la realidad de un estado económico precario, ya que estando integrada esta cofradía por personas de la más humilde condición social, sus ingresos normales han sido anulados por la crisis económica que sus cofrades vienen padeciendo.
Por lo mismo que pertenece al pueblo, tiene esta cofradía fervientes deseos de no producirse de forma contraria al interés general.
Procuraremos por todos los medios, con verdadero espíritu cristiano y con alta conciencia ciudadana, afrontar la situación, y tenga V.E. la seguridad absoluta que esta cofradía, que es del pueblo, al pueblo se debe, que es tanto como decir que se debe al régimen constituido legalmente”.
Es decir, a la República. Los incidentes “que ensombrecieron el recorrido de la procesión” –menos graves, como señaló Isidoro Moreno– quedaron reflejados en el semanario carlista El Observador: “no han podido proteger a una sola, y poca numerosa cofradía, contra la incultura y la barbarie”, cuando “un borracho originó alarma, sustos y carreras” en la plaza de la Magdalena o calle Sierpes, o “se arrojaron piedras”.
El uso político del problema, tergiversado, ya es real ante las elecciones de noviembre de 1933. “La no salida de las cofradías fue presentada en la propaganda, los mítines y actos públicos organizados por las derechas como el ejemplo más palpable, la prueba irrefutable de hasta dónde podía llegar la política ‘sectaria’, ‘masónica’ y ‘antiespañola’ impulsada por la República”, escribe Álvarez Rey.
Pasquines y carteles apuntan: “Hace dos años que no salen las Cofradías sevillanas. ¡Piensa en tu Cofradía, sevillano, antes de votar! Y piensa en todo lo que tiene que cambiar antes de que puedan salir”. A partir de ahí comienza a gestarse la leyenda sobre una prohibición que nunca existió.

Sevilla arranca su semana grande con un Domingo de Ramos amenazado por la lluvia
Sevilla arranca su semana grande con un Domingo de Ramos amenazado por la lluvia. | EFE

Los ‘palcos’ republicanos

Más allá de prohibir la Semana Santa, las autoridades republicanas intentan salvar una tradición de elevada “importancia y arraigo social” en Sevilla. El Ayuntamiento va pagando las subvenciones atrasadas que dejó a deber a las cofradías la anterior Corporación monárquica.
Temen el “impacto emocional” que provocaría en la ciudad y, también, “las repercusiones materiales” sobre sectores clave como la hostelería, el comercio y la industria. Y busca soluciones ante la “situación de estancamiento y crisis económica” tras la Exposición Iberoamericana. Como la cesión, que todavía perdura, de las tasas por uso de la vía pública y de los conocidos ‘palcos’ para ver las procesiones.
En palabras del alcalde republicano José González y Fernández de la Bandera: “si las corporaciones más caracterizadas constituyen un patronato o entidad organizadora de las Fiestas de Semana Santa, el Ayuntamiento que como entidad oficial no puede intervenir ni auxiliar económicamente a las cofradías, les concederá el uso de la vía pública y los ingresos, íntegramente, que se obtiene por ocupaciones de sillas”.
El regidor sale al paso con la iniciativa, pero no solo. La Bandera viaja a Madrid en octubre del 31 para obtener “una ley de excepción en materia religiosa” para Sevilla “que asegurase la normal celebración de la Semana Santa”. Lo logra, con ayuda los de diputados sevillanos del Partido Republicano Radical, García de la Villa y Bravo Ferrer.

El boicot de las derechas

Pero las ideas son vetadas por las derechas. En la naciente Federación de Hermandades, Cofradías y Asociaciones Piadosas de la Diócesis de Sevilla figuran ilustres como “Luis Ybarra Osborne, Manuel Bermudo Barrera, Manuel Sarasúa Barandiarán, Ernesto Ollero Sierra, Antonio Hoyuela, Luis Alarcón de la Lastra, Ignacio Rojas Marcos, Pedro Solís Desmaissieres, el conde de Bustillo, Ignacio de Casso… es decir, los mismos nombres que por las mismas fechas aparecían al frente de las organizaciones políticas, patronales y ‘culturales’ de las derechas”, manifiesta Leandro Álvarez Rey.

El historiador Paul Preston dedica al 'terror de Queipo' un capítulo de 'El holocausto español'. / J.M.B.
El historiador Paul Preston dedica al 'terror de Queipo' un capítulo de 'El holocausto español'.
Como ejemplo del afán de boicot están también los textos del articulista Miguel Conradi en los que señala que sacar las procesiones sería una “mascarada” que significaría “prestarse a hacer el juego a los enemigos de Cristo”. Sería un error, escribe en periódicos locales, “consumar la cabalgata”. O que temen la “hostilidad callejera”, señalan otros, o “que las alhajas que portaban las vírgenes fueran robadas” y que los penitentes sean objetos “de agresiones, burlas, groserías o insultos”.
El trance toma además interés nacional. Hasta el líder de extrema derecha José María Gil Robles –Acción Popular y la CEDA– se dirigió a las cofradías sevillanas: “toda España os tributa aplausos por vuestra decisión de ser consecuentes con la piedad de estas instituciones, no exhibiéndolas cuando es notorio el agravio que a la fe de España entera se ha inferido”. Y aunque el conflicto religioso está en la calle, el propio cardenal Ilundain frena la “adhesión” de la élite eclesiástica a acciones que pueden ser, entiende, “inoportunas o indiscretas”.

Del veto a la represión franquista

“En 1934 y 1935, con la derecha en el poder, todo volvió a la normalidad”, retrata Francisco Espinosa Maestre. La historia oficial “oculta sin embargo que en 1936, a dos meses del triunfo del Frente Popular, hubo Semana Santa y no pasó nada”, explica. “Y también deben ser revisados los ataques a iglesias y capillas, como la de San José, el Villasís o la Hiniesta”, cuenta, porque hubo “derechistas implicados que trababan de caldear el ambiente”.
“No se trataba solamente de violentar la República y tomar el poder” sino, de forma especial, “de acabar con lo que los rebeldes consideraban sus enemigos”, retoma el investigador José María García Márquez. “Franco, como Mola o Queipo, tenía muy claro desde el primer momento lo que había que hacer”, dice.
Como proclama el futuro dictador en Melilla el 17 de julio, el “restablecimiento” de la autoridad “exige inexcusablemente que los castigos sean ejemplares”. En Sevilla los golpistas dejaron más de 13.000 asesinados, como recoge el propio García Márquez en su libro Las víctimas de la represión militar en la provincia de Sevilla ((1936-1963).

José María Pemán, en pleno discurso ante Queipo y Carranza, entre otros. / Francisco Espinosa
José María Pemán, en pleno discurso ante Queipo y Carranza, entre otros. / Francisco Espinosa
Los primeros meses tras el golpe de Estado son “los más sangrientos”. Los fascistas convierten Sevilla “en una de las provincias con mayor número de víctimas” del país. “Y entonces ni siquiera sabían el curso que podía tomar la guerra y si llegarían a ganarla”, puntualiza.
Esta represión no es “innominada o arbitraria” sino “organizada” y con el apoyo “entusiasta de las derechas locales y la iglesia”, matiza. Un odio materializado en terror y violencia extrema que conoce los nombres de “muchos” de los victimarios “e incluso su participación detallada aunque todas las biografías posteriores oculten ese pasado sangriento”.
“Si hay algo que sorprende al investigador una y otra vez son los apellidos”, apunta. Y repite: “los gloriosos apellidos que rodean la represión”. Esa “casta superior” beneficiada con la conspiración contra la República que fueron “las verdaderas ratas del golpe militar”. En Sevilla, por ejemplo, “los componentes de aquella Federación de Hermandades que se negaron a salir en 1932, eran, a su vez, los dirigentes de los partidos de derecha de la ciudad que apoyaron después el golpe”, sentencia.
“Sería bueno recordarle también a Sevilla, en este caso a la Macarena, cómo es posible que junto al criminal de guerra Queipo de Llano tenga enterrado allí a un individuo como su Hermano Mayor durante muchos años, Francisco Bohórquez Vecina, auditor de guerra, junto a Cuesta, mano derecha de Queipo y uno de los grandes responsables de la sublevación y la represión”, manifiesta García Márquez.

De cómo el 3% del crecimiento deviene en más pobreza y desigualdad

El crecimiento del 3% que el gobierno exhibe con orgullo beneficia a una minoría

La mayoría de los ciudadanos sufre el deterioro de sus condiciones de vida

Economistas Sin Fronteras- Rodolfo Rieznik
23/03/2018 - 22:03h
Comedor social de Cáritas

Como ni la riqueza, ni la producción, ni el consumo de un país se mide en bienes materiales y servicios a disposición de las personas, sino en magnitudes monetarias, es fácil inducir a la gente al engaño permanente al equiparar el discurso del crecimiento con la igualdad social y económica.

El gobierno saca pecho por el alza anual del 3% del PIB.y deja entender como ese porcentaje de subida supondrá una mejora para la vida de los ciudadanos. Todo el tiempo oímos machaconamente la virtud del crecimiento económico como condición para nuestro bienestar.

Pero los jubilados no reciben, ni perciben, el beneficio del 3%, tampoco los trabajadores en general, ni las mujeres con salarios discriminados. Menos aún los desocupados, los jóvenes y los emprendedores que navegan entre la desesperación por trabajar, la precariedad y la temporalidad laboral. Todos estos colectivos vulnerables conforman la mayoría de la población y el sentimiento conjunto respecto al incremento del PIB de los últimos años, como decía recientemente un jubilado hablando del 0,25% de ajuste de las pensiones. es: “nada y menos”.

Entonces, ¿qué pasa para que los 40 mil millones de mejora del PIB – el 3% de 1,3 billones de euros – no impacten en el bienestar de la sociedad? ¿Por qué si crece la producción en esa magnitud, no lo hacen también las rentas de los ciudadanos? La respuesta, tal como acostumbra a concretar nuestro presidente, es depende. Una de las ventajas para la política de la ambigüedad calculada es que los números, las magnitudes dinerarias, deslumbran y ocultan en la simplicidad del resultado la realidad económica, sin aclarar nada en relación con el confort material de la sociedad. Como intuitivamente una subida de la renta nacional pareciera una buena noticia nos la repiten insistentemente.

Ahora bien, la renta nacional en prosa, no en cifras numéricas, es la contrapartida en forma de remuneraciones e ingresos, a las aportaciones del trabajo, por un lado, y al capital por otro; a la producción de bienes y servicios en un período de tiempo determinado. Es la suma de los salarios de los trabajadores y del lucro del capital. Sin embargo, aunque trabajo y capital constituyen la imagen del PIB, esto es sólo una apariencia. Como muchas cosas en la vida, no son lo que parecen ser: son contradictorias. La evolución de la actividad económica en nuestro país, la de los últimos años, está mostrando que los incrementos de los ingresos del capital están coincidiendo con los egresos del trabajo: devaluaciones de salarios, desocupación y precariedad laboral. De forma más sencilla: los trabajadores, los jubilados, los jóvenes están perdiendo renta al tiempo que los capitalistas la incrementan. En forma más llana aun, a los agentes económicos del trabajo, los trabajadores, no les llega nada de ese 3%, esos 40 mil millones euros de más anual. Por el contrario, a los poseedores del capital, en mayúsculas, sí.

Ahí están los datos. Las empresas del Ibex 35 incrementaron ganancias durante 2017 en 16,2%., el equivalente al crecimiento del PIB anual: unos 40 mil millones de euros. En cambio, los salarios se han devaluado en los últimos años un 7,5%, como calcula CCOO., incluso los más bajos lo han hecho más que el promedio al agregar a la devaluación de recortes de los sueldos, la precariedad de la temporalidad contractual y la parcialidad de las jornadas de trabajo.

Que la economía medida en números, en euros, en dinero, crezca en porcentaje no es necesariamente bueno para los ciudadanos, sino que puede resultar exactamente en lo contrario: en un empeoramiento de las condiciones mínimas de vida de las personas. ¿Es posible que un deterioro de las retribuciones de los trabajadores sea condición para que la economía se expanda? La regresividad en la distribución de la renta de estos últimos años en la economía española nos lleva a esta conclusión.

Y algo más concluyente todavía: que las alternativas de reducción de otros costes a los laborales de las empresas, como los aumentos de la productividad por innovación empresarial, no alcanzan a ser un soporte compensatorio del lucro del capital privado. La rotación del conocimiento automatizado y digitalizado de las nuevas tecnologías, la robótica, la informática y todos sus derivados, es tan rápida e inmediata que la curva de aprendizaje tecnológico para atraer innovación y atrapar a más consumidores es asimilada por la empresa casi al instante. La renovación productiva se extiende como una mancha de aceite, rápidamente, en el conjunto del tejido empresarial. No desplaza a competidores de la venta y agrega, más que reduce, costes de capital. El problema fundamental termina centrándose en el vínculo contradictorio entre el costo variable del trabajo y el beneficio de los productos dirigidos al mercado que la incorporación de conocimiento a la producción no alcanza a contrarrestar.

Para los ciudadanos la perfección en el saber productivo y el cambio técnico debería ser una buena doble noticia: primero porque el conocimiento ayuda a resolver mejor los problemas de las satisfacciones materiales y, luego, por el mayor tiempo libre permitido por el aumento de la productividad que nos libera de la obligación de sólo trabajar. Pero no lo es. La subida del 3% del PIB español de los últimos tres años no llega a los ciudadanos porque el capital se disputa, sin resultados claros, pero en cualquier caso en detrimento de las personas trabajadoras, el mantenimiento de la ganancia competitiva en el mediano plazo. Y en esa pelea encubierta entre el capital y trabajo se revuelve la desigualdad económica creciente de la economía española.

Además, si las invenciones técnicas no se traducen en garantías de obtener más ganancias para las empresas, el capital no regresa en su totalidad a la producción, se retira a guaridas fiscales. dónde se preserva de tributar y se dirige a incrementar el patrimonio de los ricos, la vulnerabilidad de los más débiles y la desigualdad al escamotearse a la inversión, a la actividad económica y al trabajo.


LOS SALARIOS DE LOS DIRECTIVOS Y LAS REMUNERACIONES DE LOS CONSEJEROS DEL IBEX 35 NO ARRIESGAN. LOS TRABAJADORES SOPORTAN LA CRISIS DEL MERCADO

En este panorama de inequidad social destaca también el salario de los directivos del Ibex 35., escandalosos en cuantía absoluta y también en relación con la media de los sueldos de los trabajadores de las empresas que presiden. Según informes recientes, el año pasado los altos directivos del Ibex 35 mejoraron sueldos en un 6% y las retribuciones de los consejeros lo hicieron en un 11%. Si utilizamos los mismos criterios, ya expuestos, para explicar la relación entre coste salarial y beneficios, estas remuneraciones a directivos deberían bajar también para ajustar la competitividad de los negocios que ellos mismos proclaman. Pero no lo hacen porque la lógica del emolumento directivo no es igual a la del jornal del trabajo. Los directivos del Ibex 35 están para “agregar valor al accionista”: no para producir, sino para generar beneficio, que no es lo mismo.


El rubro sueldos y salarios de los trabajadores de las empresas es función de los resultados previstos en el presupuesto anual y de la volatilidad del mercado. No es un ítem cualquiera de costos de la estructura del gasto empresarial, es la variable de ajuste, como señalamos más arriba, para cuadrar positivamente las cuentas de resultados. El resto de los insumos son exógenos a la empresa, no los controlan y sus precios de costes vienen dados. Para los directivos ejecutivos de las empresas del Ibex 35 las remuneraciones totales son la suma de un fijo varias veces el de un trabajador medio, más un generoso plan de pensiones variable, por encima del primero, y cuya cuantía y actualización se realiza según al valor presente del capital en relación con los beneficios teóricos futuros preestablecido por ellos mismos. Los resultados negativos en la planificación empresarial, aunque posible, se enjugan con manejos contables.

Es decir, mientras los ingresos del trabajador son esclavos de la incertidumbre del mercado, paradójicamente los directivos garantizan los suyos anclándolos a parámetros especulativos. En cualquier caso, si la realidad es tozuda y el negocio no prospera, los directivos del Ibex 35 tienen preparadas las indemnizaciones de ensueño, extraordinarias y previamente concertadas. Nada de riesgo. El mundo al revés: los grandes directivos, campeones en la defensa de la excelencia del mercado, reniegan de sus virtudes y los trabajadores en límite de la dignidad vital soportan el riesgo permanente de asegurar ingresos. Ahí está parte de la explicación del crecimiento negativo de la economía de los ciudadanos: la desigualdad.

Economistas sin Fronteras no se identifica necesariamente con la opinión del autor y ésta no compromete a ninguna de las organizaciones con las que colabora


Saludo a los comunistas italianos,franceses y alemanes

Son extraordinariamente parcas las noticias que recibimos del extranjero. El bloqueo establecido por las fieras imperialistas se deja sentir con todo rigor. la violencia de los más poderosos países del mundo cae sobre nosotros con el propósito de restaurar el poder de los explotadores. Y toda esta furia salvaje de los capitalistas de Rusia y del mundo entero se encubre. como es natural, con frases acerca de ¡la sublime significación de la “democracia”! El campo de los explotadores es fiel a si mismo: hace pasar la democracia burguesa por “democracia” en general. Y todos los filisteos, todos los pequeños burgueses,hacen coro a ese campo: todos. incluso los señores Federico Adler. Carlos Kautskv y la mayoria de los jefes del Partido Socialdemócrata “Independiente” de Alemania (es decir, no dependiente del proletariado revolucionario, mas dependiente de los prejuicios pequeñoburgueses).
Pero cuanto más raramente recibimos en Rusia noticias del extranjero. con mayor alegria observamos los gigantescos éxitos que alcanza por doquier el comunismo entre los obreros do todos los países. los éxitos en el rompimiento de esas masas con los jefes podridos y traidores, que desde Scheidemann hasta Kautskv han desertado al campo de la burguesía.
Del partido italiano hemos sabido únicamente que su congreso ha acordado. por aplastante mayoria,adherirse a la III internacional y aceptar el programa de la dictadura del proletariado. Por tanto, el Partido Socialista Italiano se ha sumado, de hecho, al comunismo aunque, por desgracia, conserve todavía la antigua denominación. ¡Un caluroso saludo a los obreros italianos y su partido!

De Francia sabemos únicamente que sólo en Paris hay ya dos periódicos comunistas: L’iniernationale. dirigido por Raimundo Péricat. y Le Titre censuré!!!. dirigido por Jorge Anquetil. Se han adherido va a la III Internacional una serie de organizaciones proletarias. La simpatía de las masas obreras está,indudablemente, de parte del comunismo y del Poder soviético.

De los comunistas alemanes hemos sabido únicamente que en diversas ciudades existe prensa comunista. Estos periódicos llevan con frecuencia el título de Bandera Roja. El periódico Bandera Roja40.de Berlín. se publica clandestinamente y sostiene una heroica lucha contra los verdugos Scheidemann-Noske. que con sus acciones ayudan serviles a la burguesía. de la misma manera que la ayudan serviles los “independientes” con sus palabras y su propaganda “ideológica” (pequeñoburguesa).

La heroica lucha del periódico berlinés de los comunistas. Bandera Roja, suscita la mayor admiración. ¡Al fin hay en Alemania socialistas honrados y sinceros, que se mantienen firmes e inquebrantables a despecho de todas las persecuciones, a despecho del vil asesinato de los mejores jefes! ¡Al fin hay en Alemania obreros comunistas, que sostienen una heroica lucha digna de ser denominada “revolucionaria” de verdad! ¡Al fin ha surgido en Alemania. del seno de la masa proletaria, una fuerza para la que las palabras “revolución proletaria” se han convertido en la verdad!

¡Saludamos a los comunistas alemanes!
Los Scheidemannv los Kautskv. los Rennerv los Federico Adler. por grande que pueda ser la diferencia existente entre estos señores desde el punto de vista de su honradez personal. son por igual pequeños burgueses. viles felones traidores al socialismo, partidarios de la burguesía, pues todos ellos escribieron y suscribieron en 1912 el Manifiesto de Basilea sobre la guerra imperialista que se avecinaba, todos ellos hablaron entonces de la “revolución proletaria” y todos ellos resultaron, en la práctica. demócratas pequeñoburgueses. paladines de las ilusiones republicanas pequeñoburguesas.democrático-burguesas. cómplices de la burguesía contrarrevolucionaria.

Las furiosas persecuciones que se han abatido sobre los comunistas alemanes les han forjado. Si ahora se encuentran desperdigados hasta cierto punto, eso prueba la amplitud y el carácter de masas de su movimiento, la fuerza con que crece el comunismo en lo más profundo de las masas obreras.
La dispersión es inevitable en un movimiento perseguido con tanta furia por los burgueses contrarrevolucionarios ‘ sus lacayos, los Scheidemann y los Noske. y que se ve obligado a organizarse ilegalmente.

Es natural también que un movimiento que ,crece con tanta rapidez y sufre persecuciones tan enconadas dé origen a discrepancias bastante enconadas. Eso no tiene nada de temible. Es una enfermedad de crecimiento.

¡Que los Scheidemann y los Kautsky se refocilen maliciosamente en sus periódicos Vowarts y Freiheit de las discrepancias entre los comunistas! Lo único que les queda a esos adalides del putrefacto espíritu pequeñoburgués es encubrir su podredumbre señalando con la cabeza a los comunistas. Mas si se habla de la esencia de la cuestión sólo los ciegos pueden no ver ahora la verdad. Y esta verdad consiste en que los secuaces de Scheidemann y de Kautsky han traicionado del modo más vergonzoso la revolución proletaria en Alemania, la han vendido, se han colocado prácticamente al lado de la burguesía contrarrevolucionaria. Así lo ha mostrado y demostrado con magnífica energía, elocuencia, claridad y fuerza de convicción Heinrich Laufenberg en su excelente folleto Entre la primera y la segunda revolución. Las 'discrepancias entre los scheidemannistas y los kautskianos son discrepancias entre partidos que se descomponen y agonizan, en los que quedan jefes sin masas, generales sin ejército. La masa abandona a los scheidemannistas y se suma a los kautskianos gracias a su ala izquierda (como lo prueba cualquier reseña de una asamblea de masas), y esta ala izquierda une -sin contenido ideológico, medrosamente- los viejos prejuicios de la pequeña burguesía acerca de la democracia parlamentaria con el reconocimiento comunista de la revolución proletaria, de la dictadura del proletariado, del Poder de los Soviets.

Los podridos jefes de los "independientes" reconocen todo eso de palabra bajo la presión de las masas, pero, de hecho, siguen siendo demócratas pequeñoburgueses, "socialistas" del tipo de Luis Blanc y de otros santos varones de 1848, tan implacablemente ridiculizados y estigmatizados por Marx.
Estas discrepancias son, en efecto, inconciliables.

No puede haber paz entre los pequeños burgueses ¬que, a semejanza de los de 1848, rezan a la "democracia" burguesa sin comprender su carácter burgués- y los revolucionarios proletarios. No pueden trabajar juntos. Haase y Kautsky, Federico Adler y Otto Bauer pueden dar mil vueltas, escribir montañas de papel y pronunciar discursos interminables: no podrán eludir el hecho de que, en la práctica, revelan una incomprensión absoluta de la dictadura del proletariado y del Poder de los Soviets; que, en la práctica, son demócratas pequeñoburgueses, "socialistas" del tipo de Luis Blanc y de Ledru-Rollin; que, en la práctica, son un juguete en manos de la burguesía, en el mejor de los casos, y lacayos descarados suyos, en el peor.

Los "independientes", los kautskianos y los socialdemócratas austríacos parecen un partido unido; de hecho, la masa de miembros de su partido no se solidariza con los jefes en lo fundamental, en lo principal, en lo más esencial. La masa irá a la lucha revolucionaria proletaria por el Poder de los Soviets en cuanto llegue el momento de una nueva crisis, y los "jefes" seguirán siendo, entonces como ahora, contrarrevo1ucionarios. No es difícil nadar entre dos aguas de palabra: Hilferdfug en Alemania y Federico Adler en Austria nos dan grandes ejemplos de este noble arte.

Pero en el fuego de la lucha revolucionaria, los hombres que se dedican a conciliar lo inconciliable no serán más que pompas de jabón. Así lo mostraron todos los adalides "socialistas" de 1848, así lo mostraron sus hermanos carnales, los mencheviques y socialistas-revolucionarios de Rusia, en 1917-1919, así lo muestran todos los paladines de la II Internacional de Berna o amarilla.

Las discrepancias entre los comunistas son de otro género. La diferencia radical sólo pueden dejar de verla quienes no deseen ver. Son discrepancias entre los representantes de un movimiento de masas que ha crecido con rapidez inusitada. Son discrepancias sobre una base fundamental común, firme como la roca: sobre la base del reconocimiento de la revolución proletaria, de la lucha contra las ilusiones democrático-burguesas y el parlamentarismo democrático-burgués, del reconocimiento de la dictadura del proletariado y del Poder de los Soviets.

Sobre esa base, las discrepancias no son temibles: es una enfermedad de crecimiento y no la decrepitud senil. También el bolchevismo ha sufrido más de una vez discrepancias de ese género y pequeñas escisiones motivadas por discrepancias semejantes; pero en el momento decisivo, en el momento de la conquista del poder y de la creación de la República Soviética, el bolchevismo estuvo unido, atrajo a su lado a todas las mejores tendencias afines del pensamiento socialista, agrupó en tomo suyo a toda la vanguardia del proletariado y a la mayoría gigantesca de los trabajadores.
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Lo mismo ocurrirá con los comunistas alemanes. Los scheidemannistas y kautskianos signen hablando todavía de la "democracia" en general, viven aún con las ideas de 1848, son marxistas de palabra y los Luis Blanc de hecho. Hablan de "mayoría", pensando que la igualdad de las papeletas electorales significa la igualdad del explotado con el explotador, del obrero con el capitalista, del pobre con el rico, del hambriento con el harto.

De creer a los scheidemannistas y kautskianos, resulta que los bondadosos, honrados, nobles y pacíficos capitalistas jamás emplearon la fuerza de la riqueza, la fuerza del dinero, el poder del capital, la opresión de la burocracia y de la dictadura militar, sino que resolvieron los asuntos verdaderamente "por mayoría".

Los scheidemannistas y kautskianos (en parte por hipocresía y en parte por su extremada torpeza, fruto de decenios de labor reformista) embellecen la democracia burguesa, el parlamentarismo burgués, la república burguesa, presentando las cosas como si los capitalistas resolviesen los asuntos del Estado por voluntad de la mayoría, y no por voluntad del capital, mediante el engaño, la opresión y la violencia de los ricos sobre los pobres.

Los scheidemannistas y kautskianos están dispuestos a "reconocer" la revolución proletaria, pero siempre que la mayoría vote primero, conservándose la fuerza, el poder, la opresión y los privilegios del capital y de la riqueza (existiendo el aparato burgués de poder estatal, que dirige las elecciones), ¡¡"afavor de la revolución"!! Es dificil imaginarse todo el abismo de cerrazón pequeñoburguesa que se revela por esa concepción, todo el abismo de credulidad pequeñoburguesa (Vertrauensduselei) en los capitalistas, en los burgueses, en los generales, en el aparato burgués del poder del Estado.

En la práctica, lá burguesía ha sido siempre hipócrita, denominando "democracia" a la igualdad formal, pero, de hecho, ejerciendo la violencia contra los pobres, contra los trabajadores, contra los pequeños campesinos y los obreros con múltiples métodos de engaño, de opresión, etc. La guerra imperialista (que embellecieron vergonzosamente los Scheidemann y los Kautsky) puso eso al descubierto ante millones de seres. La dictadura del proletariado es el único medio para defender a los trabajadores del yugo del capital, de la violencia de la dictadura militar de la burguesía y de las guerras imperialistas. La dictadura del proletariado es e! único paso que lleva a la igualdad y la democracia de hecho. no en e! papel, sino en la vida, no en la frase política, sino en la realidad económica.

Por no haber comprendido eso, los Scheidemann y los Kautsky se convirtieron en despreciables traidores al socialismo y en defensores de las ideas de la burguesía.
* * *
El partido kautskiano (o "independiente") lleva camino de perecer y no tardará en sucumbir irremisiblemente, quedando reducido a polvo, a causa de las divergencias entre la masa de afiliados, revolucionarios en su mayoría, y los "líderes" contrarrevolucionarios.
El Partido Comunista se vigorizará y forjará, afrontando las mismas divergencias (las mismas en esencia) que conoció el bolchevismo.

Las discrepancias entre los comunistas alemanas se reducen, por lo que yo puedo juzgar, al problema relativo a la "utilización de las posibilidades legales" (como decían en 1910-1913 los bolcheviques), a la utilización de los parlamentos burgueses, de los sindicatos reaccionarios y de la "ley sobre los consejos" (Betriebsratgesetz), desfigurados por los Scheidemann y los Kautsky, y a la participación en semejantes organismos o al boicot de ellos.

Los bolcheviques rusos' hicimos frente a esas mismas divergencias en 1906 y en 1910-1912. Y vemos claramente que en muchos de los nuevos comunistas alemanes se deja sentir sencillamente una falta de experiencia revolucionaria. Si hubiesen conocido un par de revoluciones burguesas (la de 1905 y Ja de 1917) no propugnarían tan incondicionalmente e! boicot y no incurrirían a veces en los errores del sindicalismo.

Esta es una enfermedad de crecimiento.
Desaparecerá a medida que se desarrolle el movimiento, que crece a más y mejor. Estos errores evidentes hay que combatirlos de manera abierta, tratando de no exagerar las discrepancias, pues debe estar claro para todos que en un futuro no lejano la lucha por la dictadura de! proletariado y por el Poder soviético dará al traste con la mayoría de estas discrepancias.

Desde el punto de vista de la teoría marxista y desde el punto de vista de la experiencia de tres revoluciones (1905, febrero de 1917 y octubre de 1917), considero absolutamente equivocada la negativa a participar en los parlamentos burgueses, en los sindicatos reaccionarios (de los Legien, de los Gompers, etc.), en los "consejos" obreros archirreaccionarios, deformados por los Scheidemann, etc.

A veces, en casos aislados, en ciertos países, el boicot es justo, como lo fue, por ejemplo, el boicot de los bolcheviques de las elecciones a la Duma zarista en 190547• Pero esos mismos bolcheviques participaron en la Duma de 1907, mucho más reaccionaria y abiertamente contrarrevolucionaria. Los bolcheviques participaron en las elecciones a la Asamblea Constituyente burguesa en 1917, pero en 1918 la disolvimos48, horrorizando a los demócratas pequeñoburgueses, a los Kautsky y demás renegados del socialismo. Participamos en los sindicatos archirreaccionarios, puramente mencheviques, que en nada desmerecían (por su carácter contrarrevolucionario) de los ignominiosos y ultrarreaccionarios sindicatos alemanes mangoneados por Legien. Incluso hoy, dos años después de conquistar el poder del Estado, no hemos terminado aún •la lucha contra los restos de los sindicatos mencheviques (es decir, sindicatos del tipo de los formados por Scheidemann, Kautsky, Gompers, etc.): ¡así de prolongado es este proceso! ¡Así de arraigada está en algunos lugares o en algunas profesiones la influencia de las ideas pequeñoburguesas!

Antes éramos una minoría en los Soviets, una minoría en los sindicatos y en las cooperativas. Gracias a una labor y a una lucha persistentes -antes de conquistar el poder político y después de conquistarlo- logramos la mayoría en todas las organizaciones obreras, luego en las no obreras y más tarde en las de los pequeños campesinos.

Sólo los canallas o los bobos pueden creer que el proletariado debe primero conquistar la mayoría en las votaciones realizadas bajo el yugo de la burguesía, bajo el yugo de la esclavitud asalariada, y que sólo después debe conquistar el poder. Esto es el colmo de la estulticia o de la hipocresía, esto es sustituir la lucha de clases y la revolución por votaciones bajo el viejo régimen, bajo el viejo poder.
El proletariado libra su lucha de clase sin esperar a una votación para comenzar una huelga, aunque para el éxito completo de la huelga sea necesario contar con las simpatías de la mayoría de los trabajadores (y, por consiguiente, de la mayoría de la población). El proletariado libra su lucha de clase, derrocando a la burguesía, sin esperar para ello a una votación previa (organizada por la burguesía y bajo su yugo opresor), aunque sabe muy bien que para el éxito de su revolución, para el feliz derrocamiento de la burguesía es absolutamente necesario contar con las simpatías de la mayoría de los trabajadores (y, por consiguiente, de la mayoría de la población).

Los cretinos parlamentarios y los Luis Blanc de nuestros días "exigen" obligatoriamente votaciones, organizadas sin falta por la burguesía, para comprobar de qué lado están las simpatías de la mayoría de los trabajadores. Pero éste es un punto de vista propio de pedantes, de cadáveres insepultos o de hábiles trapaceros.

La vida real, la historia de las revoluciones efectivas muestran que las "simpatías de la mayoría de los trabajadores" no pueden ser demostradas muchas veces por ninguna votación (sin hablar ya de las votaciones organizadas por los explotadores, ¡a base de la "igualdad" entre explotadores y explotados!). Muy a menudo, las "simpatías de la mayoría de los trabajadores" se demuestran no en votaciones, sino por el crecimiento de uno de los partidos, o por el aumento del número de sus miembros en los Soviets, o por el éxito de una huelga que, debido a una u otra razón, adquiere enorme importancia, o por el éxito en la guerra civil, etc., etc.

La historia de nuestra revolución ha demostrado, por ejemplo, que las simpatías hacia la dictadura del proletariado por parte de la mayoría de los trabajadores en los inmensos espacios de los Urales y de Siberia se pusieron de relieve, no mediante votaciones, sino a través de la experiencia de un año de poder del general zarista Kolchak en los Urales y Siberia. Por cierto, el poder de Kolchak comenzó también como poder de una "coalición" de los Scheidemann y los Kautsky (en ruso: de los "mencheviques" y "socialistas-revolucionarios", partidarios de una Asamblea Constituyente), del mismo modo que ahora en Alemania los señores Haase y Scheidemann, con su "coalición", allanan el camino de von Goltz o de Ludendorff hacia el poder y encubren, embellecen este poder. Dicho sea entre paréntesis: la coalición de Haase y Scheidemann en el gobierno ha terminado, pero continúa la coalición política de estos traidores al socialismo. Prueba: los libros de Kautsky, los artículos de Stampfer en Vowarts, los artículos de los kautskianos y scheidemannistas sobre su "unificación", etc.
La revolución proletaria es imposible sin la simpatía y el apoyo de la inmensa mayoría de los trabajadores, hacia su vanguardia: hacia el proletariado. Pero esta simpatía y este apoyo no se obtienen de golpe, no se deciden en votaciones, sino que se conquistan en una larga, difícil y dura lucha de clases. La lucha de clase del proletariado por ganar la simpatía y el apoyo de la mayoría de los trabajadores no termina con la conquista del poder político por el proletariado. Después de la conquista del poder, esta lucha continúa, pero en otras formas. En la revolución rusa concurrieron circunstancias extraordinariamente favorables para el proletariado (en su lucha por su dictadura), pues la revolución proletaria se realizó cuando todo el pueblo estaba armado y cuando todo el campesinado deseaba el derrocamiento del poder de los terratenientes, cuando todo el campesinado estaba indignado por la política "kautskiana" de los socialtraidores, mencheviques y socialistas-revolucionarios.

Pero incluso en Rusia, donde en el momento de la revolución proletaria la situación fue excepcionalmente propicia y donde inmediatamente se logró una excelente unidad de todo el proletariado, de todo el ejército y de todo el campesinado; incluso en Rusia, la lucha del proletariado, que ejerce su dictadura, la lucha del proletariado por lograr las simpatías y el apoyo de la mayoría de los trabajadores, exigió meses y años enteros. Al cabo de dos años, esta lucha casi ha terminado, pero aún no ha terminado del todo en favor del proletariado. Sólo al cabo de dos años hemos conquistado definitivamente las simpatías y el apoyo de la mayoría aplastante de los obreros y de los campesinos trabajadores de Rusia, incluidos los Urales y Siberia; sin embargo, no hemos terminado aún la conquista de las simpatías y el apoyo de la mayoría de los campesinos trabajadores (que se diferencian de los campesinos explotadores) de Ucrania. Nos puede aplastar (mas, a pesar de todo, no nos aplastará) la potencia militar de la Entente, pero dentro de Rusia contamos ahora con unas simpatías tan firmes de una mayoría tan aplastante de los trabajadores que el mundo no había conocido Estado más democrático.

Si se reflexiona en esta historia de la lucha del proletariado por el poder, complicada, ímproba, prolongada, rica por la extraordinaria variedad de formas y por la inusitada abundancia de bruscos Saludo a los comunistas italianos, franceses y alemanes cambios, virajes y transiciones de una forma de lucha a otra, aparecerá claro el error de los que quieren "prohibir" la participación en los parlamentos burgueses, en los sindicatos reaccionarios, en los comités zaristas o scheidemannistas de delegados obreros o en los consejos de fábrica, etc., etc. Este error es debido a la inexperiencia r,evolucionaria de revolucionarios sincerísimos, convencidísimos y heroicos de la clase obrera. Por eso tenían mil veces razón Carlos Liebknecht y Rosa Luxemburgo cuando en enero de 1919 vieron y señalaron este error, pero prefirieron seguir unidos con los revolucionarios proletarios que se equivocaron en una cuestión no muy importante, y no con los traidores al socialismo, con los adeptos de Scheidemann y Kautsky, que no se equivocaron en el problema de la participación en el parlamento burgués, pero dejaron de ser socialistas para convertirse en unos demócratas pancístas auxiliares de la burguesía.

No obstante, el error sigue siendo error y es preciso criticarlo, es preciso luchar para corregirlo.
La lucha contra los traidores al socialismo, contra los adeptos de Scheidemann y Kautsky, debe ser implacable, pero no debe desarrollarse en torno al problema de participar o no en los parlamentos burgueses, en los sindicatos reaccionarios, etc. Esto sería un error indiscutible, y aún sería un error más grave el desviarse de las ideas del marxismo y de su línea práctica (un partido político fuerte y centralizado) para caer en las ideas y en la práctica del sindicalismo. Hay que tender a que el partido actúe en los parlamentos burgueses, en los sindicatos reaccionarios, en los "consejos de fábrica", mutilados y castrados por los Scheidemann, a que actúe en todas partes donde haya obreros, donde se pueda hablar a los obreros e influir sobre las masas obreras. Es preciso conjugar a todo trance el trabajo clandestino con el legal, haciendo que el partido clandestino y sus organizaciones obreras controlen de manera sistemática y con el mayor rigor la actividad legal. Esto no es fácil, pero en la revolución proletaria no hay ni puede haber tareas "fáciles", medios "fáciles" de lucha.

Es preciso cumplir a toda costa esta tarea nada fácil. Nos diferenciamos de los secuaces de Scheidemann y Kautsky no sólo (ni principalmente) en que ellos no admiten la insurrección armada, mientras que nosotros la admitimos. La diferencia principal y radical consiste en que ellos, en todos los campos de actividad (en los parlamentos burgueses, en los sindicatos, en las cooperativas, en el periodismo, etc.), aplican una política inconsecuente, oportunista e incluso descaradamente traidora y felona.

Contra los socialtraidores, contra el reformismo y el oportunismo se puede y se debe seguir esta orientación política en todos los terrenos de la lucha sin excepción. Entonces conquistaremos a las masas obreras. Y con las masas obreras, la vanguardia del proletariado -el partido político marxista centralizado- llevará por el buen camino al pueblo hasta la dictadura triunfante del proletariado, hasta la democracia proletaria en lugar de la burguesa, hasta la República Soviética, hasta el régimen socialista.

La III Internacional ha logrado una serie de brillantes e inusitadas victorias en pocos meses. La rapidez de su crecimiento es asombrosa. Los errores parciales y las enfermedades propias del crecimiento no son temibles. Criticándolos directa y abiertamente, conseguiremos que las masas obreras de todos los países civilizados, educadas en el espíritu marxista, arrojen pronto de su seno a los secuaces de Scheidemann y Kautsky de todas las naciones, traidores al socialismo (estos tipos existen en todos los países).
El triunfo del comunismo es inevitable. La victoria será nuestra.
.10 de octubre de 1919.
Publicada en octubre de 1919 en el núm. 6 de la revista "La Internacional Comunista". Firmado: N Lenin.
T 39, págs. 212-223
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