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jueves, agosto 20, 2026

Valentin Ivanovich Varennikov es el único miembro del GCCP que rechazo la amnistía de Yeltsin.

El 15 de diciembre de 1923, nació el general soviético Valentin Ivanovich Varennikov, que trató de salvar a la Unión Soviética de la destrucción, en la que trabajaron Gorbachov y Yeltsin.

Cuando Valentin Varennikov cumplió 18 años. Pasó por un curso intensivo en la escuela de infantería y entró en la primera línea. Durante la Gran Guerra Patriótica, el futuro general Varennikov tomó el camino de batalla de Stalingrado a Berlín. Varennikov mostró coraje en batallas, fue galardonado con alto grados como combatiente.


En 1945, el legendario mariscal de la Unión Soviética Georgiy Konstantinovich Zhukov, el único comandante adjunto en jefe I.V. Stalin, eligió a un joven oficial Varennikov para el puesto de Jefe de la Guardia de Honor, quien recibió la Bandera de la Victoria en Moscú antes del desfile de la victoria en la Plaza Roja.

En 1978, Valentin Ivanovich Varennikov recibió el más alto rango general - general del ejército. Por su combate en Afganistán, fue galardonado con el héroe de la Estrella de Oro de la Unión Soviética. El general Varennikov tenía 13 órdenes soviéticas, entre las cuales las 4 órdenes de combate más altas de la Bandera Roja.

En 1989-1991, el general del ejército de Varennikov fue el comandante en jefe de las tropas de tierra de la Unión Soviética - Viceministro de Defensa de la URSS.

Mantener una posición tan alta, el general de ejercito entendió que Gorbachev estaba llevando al país al colapso. En un intento por salvar la patria, por la que luchó en su juventud contra los invasores fascistas alemanes, en agosto de 1991, Valentin Ivanovich ingresa en miembro del Comité Estatal para Situaciones de Emergencia (GCCP).

El GCCP incluía a las figuras estatales de más alto rango: Vicepresidente, Primer Ministro, Ministro de Defensa, Presidente de la KGB, Ministro del Interior y otros. Estas primeras personas del país, entendiendo la destrucción en curso de Gorbachev, trataron de tomar el poder en sus manos para detener los procesos de destrucción de la Unión Soviética.

El general Varennikov no desempeñó papeles principales en el Comité de Emergencia Estatal, pero desde su puesto intentó hacer todo lo posible para salvar a la Patria. Debido a la indecisión y la falta de voluntad para confrontar a los partidarios de la destrucción del poder soviético, como lo hizo anteriormente los líderes chinos en la Plaza de Tianamen, los miembros del GPC fueron derrotados y arrestados.

Valentin Ivanovich Varennikov mostró mayor determinación que los miembros de mayor rango del PCC, pero el caso de salvar a la Patria ya estaba perdido, y el general de combate terminó en prisión. Gorbachev, que volvió al poder, comenzó a acusar a los miembros del GCCP, que trataron de salvar a la URSS del colapso, de traicionar a la patria. Estas humillantes acusaciones también fueron mantenidas por Yeltsin, quien llegó al poder en la Federación de Rusia después del colapso de la URSS.

En 1994, Yeltsin declaró amnistía a los miembros del GCCP. Vale la pena aclarar que amnistía significa admitir la culpabilidad de una persona, pero a la vez su liberación. No confundir amnistía con rehabilitación, es decir, retirando todos los cargos. Los miembros del GCCP fueron amnistiados, es decir, al aceptar la amnistía,  admitieron su culpabilidad.

El general Varennikov resultó ser el único miembro del GCCP que rechazó la amnistía de Yeltsin. Le pareció humillante admitir la culpa incluso de esta manera. El general de combate exigió un juicio sobre sí mismo.

Tal juicio tuvo lugar. Gorbachev testificó contra el general Varennikov en la corte penal. El ex jefe de la URSS, bajo el cual el país fue destruido, vivía en el extranjeros, pero en el juicio de un general de combate que estaba tratando de salvar a su patria, Gorbachev todavía parecía hablar en contra de Varennikov.

El general Varennikov pudo ganar al lograr la retirada completa de todos los cargos. Incluso la abogacía de Yeltsin, a mediados de los noventa, no pudo hacer cargos suficientemente justificados contra el general de combate que intentó salvar a la Unión Soviética del colapso.

Héroe de la Unión Soviética, general del Ejército Valentin Ivanovich Varennikov, en 1945 elegido por el mariscal Zhukov para enfrentarse a la Bandera de la Victoria antes del legendario desfile en la Plaza Roja, en el mortal 1991 luchó con dignidad para salvar a su Patria, por la que luchó contra los invasores fascistas alemanes durante el Gran Guerra Patriótica. 

Falleció Heinz Dieterich:el teórico de un "socialismo"sin revolución para América Latina


El creador de la fórmula del "Socialismo del siglo XXI" prometió superar el capitalismo sin expropiar a los capitalistas ni disputarles el poder del Estado

 Heinz Dieterich alcanzó notoriedad internacional gracias a la relación que durante cierto tiempo mantuvo con Hugo Chávez y a una fórmula que sedujo a buena parte de la izquierda latinoamericana. Tras su aparente "novedad teórica" se escondía, sin embargo, una vieja utopía reformista: la de sustituir el capitalismo mediante cálculos matemáticos, sin alterar la propiedad de los medios de producción ni arrebatar el poder político a la clase dominante.


Por CRISTÓBAL GARCÍA VERA PARA CANARIAS-SEMANAL.ORG.-

 


   El pasado 18 de julio fallecía en  Ciudad de México el sociólogo Heinz Dieterich. Durante años, su nombre estuvo asociado a la República Bolivariana de Venezuela  y a la fórmula del "Socialismo del siglo XXI", que alcanzó una enorme difusión cuando el comandante Hugo Chávez la incorporó a su discurso político.

 

   Su presunta proximidad al presidente venezolano convirtió a Dieterich en una especie de autoridad indiscutible para determinados sectores de la izquierda. Sin embargo, detrás de una etiqueta publicitariamente brillante se ocultaba una construcción teórica extremadamente pobre: la promesa de superar el capitalismo sin cuestionar la propiedad privada ni enfrentarse al poder del Estado que la protege.

 

    De origen alemán y establecido desde hacía décadas en México, Dieterich fue profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana. Publicó numerosos trabajos sobre América Latina, la economía mundial y las alternativas al capitalismo. Pero su notoriedad internacional procedió, sobre todo, de su estrecha relación con el proceso bolivariano y de la identificación de su nombre con una expresión que resumía las esperanzas políticas del comienzo de siglo. 

 

  Conviene distinguir, por supuesto, entre el proceso político encabezado por Hugo Chávez —con sus movilizaciones populares y conquistas sociales, sus limitaciones y sus contradicciones internas— y el modelo elaborado por Dieterich.

 

  SU «SOCIALISMO DEL SIGLO XXI» DEJABA INTACTOS LA PROPIEDAD PRIVADA Y EL PODER DEL ESTADO

 

   Aunque durante algún tiempo ambos aparecieron públicamente vinculados, el proceso bolivariano nunca fue una aplicación de su propuesta. La expresión "Socialismo del siglo XXI" obtuvo proyección mundial después de que Chávez la utilizara en el V Foro Social Mundial de Porto Alegre, en enero de 2005, pero su contenido político fue siempre objeto de disputas y diferentes interpretaciones, al no ser definido ni por el propio Hugo Chávez.

 

UNA "MERCANCÍA" VENDIDA EN EL MOMENTO ADECUADO

   Heinz Dieterich fue, por aquellos años, un hábil publicista de su propia figura y su propuesta política. La popularidad que alcanzó, sin embargo, no puede explicarse únicamente por esa habilidad propagandística.

 

    El profesor alemán cobró relevancia en un contexto histórico especialmente favorable para ello. La desaparición de la Unión Soviética había provocado una profunda derrota política del movimiento obrero internacional que se tradujo en una enorme confusión y desorientación ideológica.

 

    El capitalismo era presentado entonces como el único sistema posible. Sus voceros proclamaban el "fin de la Historia", los partidos socialdemócratas asumieron abiertamente el neoliberalismo y una parte considerable de la izquierda mundial abandonó cualquier perspectiva de transformación de la sociedad. Quienes, como los revolucionarios cubanos, se negaban a arriar las banderas del socialismo eran señalados como una suerte de dinosaurios incapaces de entender que ya había caído el "meteorito" que debía extinguirlos.   

 

  América Latina sufría, no obstante, las terribles consecuencias de los programas de ajuste impuestos por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial: privatizaciones, endeudamiento, destrucción de servicios públicos, reducción de salarios y subordinación creciente al capital extranjero. El Caracazo de 1989 en Venezuela, el levantamiento zapatista de 1994 en México, la rebelión argentina de 2001 y las grandes movilizaciones indígenas y populares de Ecuador y Bolivia mostraban que el orden neoliberal ya estaba generando importantes resistencias.

 

  LA HISTORIA ENSEÑA QUE LAS UTOPÍAS QUE IGNORAN LA LUCHA DE CLASES NO SOLO FRACASAN: DESARMAN POLÍTICAMENTE A LOS TRABAJADORES

 

  La elección de Chávez en 1998, la derrota popular del golpe de Estado que sufrió en 2002 y el posterior ascenso de los llamados  “gobiernos progresistas” alimentaron entonces la esperanza de que Latinoamérica podría transitar un camino diferente hacia su liberación. Millones de personas buscaban una alternativa al neoliberalismo pero, sin una explicación coherente desde la izquierda sobre la caída de la URSS,  el desprestigio del llamado “socialismo real” seguía pesando enormemente.

 

  En ese contexto, Heinz Dieterich ofreció una fórmula que permitía recuperar la palabra "socialismo", pero añadiéndole una fecha de actualización. No se trataba —decía— de repetir las experiencias del siglo XX, sino de construir algo completamente nuevo, “científico”, "participativo" y adaptado a la revolución tecnológica. El envoltorio podía resultar atractivo. El problema se encontraba en su contenido.

 

 

EL PESO DE UNA “AUTORIDAD” PRESTADA

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   Las relaciones que Dieterich afirmaba mantener con Hugo Chávez – e incluso con el líder de la revolución cubana Fidel Castro-  le abrieron numerosas puertas. Su presunta cercanía a ambos dirigentes le granjeó la consideración de amplios sectores de la llamada izquierda alternativa, permitiéndole que sus artículos ocuparan lugares destacados en algunas de sus principales publicaciones digitales. Sus planteamientos fueron difundidos sin ser sometidos a ningún examen crítico: la “autoridad” que se le atribuía bastaba para avalar cuanto escribía.

 

   En nuestro caso, tuvimos la oportunidad de conocerlo y confrontar directamente sus ideas cuando fue invitado a Gran Canaria por una plataforma de solidaridad internacionalista.  Ante las objeciones elementales a su modelo que le pudimos plantear, Dieterich no fue capaz de responder con argumentos. Recurrió, en cambio, al cómodo expediente de tratarnos con desdén y presentarnos como posibles "dogmáticos".

 

CUANDO SE PRETENDE “ESQUIVAR” CON FÓRMULAS MATEMÁTICAS EL PODER DEL ESTADO

  Poco después de aquel encuentro, dedicamos un artículo a examinar críticamente la propuesta del profesor. Señalamos entonces, en primer término, que Dieterich desplazaba el centro del problema de todo proyecto político que pretendiera cuestionar el capitalismo: dejaba de situarlo en las relaciones de propiedad y en el poder del Estado, para trasladarlo a los métodos del cálculo económico.

 

  DIETERICH CONFUNDIÓ UNA HERRAMIENTA DE CÁLCULO CON UNA RELACIÓN SOCIAL DE PODER  

 

  En su libro "El socialismo del siglo XXI", Dieterich sostenía que, aunque Marx y Engels habían  descubierto que el valor de una mercancía depende del trabajo social necesario para producirla, ni ellos ni sus sucesores habían podido construir el socialismo porque “en su época no existían computadoras ni conocimientos matemáticos suficientemente avanzados”.

 

   Esa "carencia tecnológica" habría impedido también, según Dieterich, que las economías socialistas del siglo XX sustituyeran realmente los precios por un sistema de intercambio basado en cantidades de trabajo.

 

   Partiendo de este estrecho determinismo cientificista (*), Heinz Dieterich sostenía que todas las experiencias socialistas ensayadas hasta ese momento habían estado condenadas al fracaso y atribuía la desaparición de la Unión Soviética a la ausencia del instrumento matemático necesario para completar el "salto cuántico" hacia el socialismo.

 

  El profesor prometía, sin embargo, que esta traba tecnológica para llegar al socialismo ya se había superado, gracias a una matriz desarrollada por el economista Arno Peters, capaz de "calcular el trabajo contenido en cada producto".

 

   Un instrumento matemático que, junto a sus propios desarrollos teóricos, permitiría sustituir “progresivamente” los precios por valores objetivos y construir una "economía de equivalencias" sin necesidad de expropiar a los capitalistas.

 

  Dieterich “confundía” así una herramienta con una relación social. La planificación económica, por supuesto, necesita información y capacidad técnica, pero antes requiere poder político. Si los medios de producción continúan perteneciendo a la burguesía, la tecnología seguirá funcionando bajo los objetivos impuestos por esos propietarios: acumulación, rentabilidad y competencia.

 

 

“LA PROPIEDAD PRIVADA DESPARECERÁ POR SÍ SOLA”

   El carácter profundamente idealista de la propuesta de Dieterich se manifestaba de forma evidente, en efecto, cuando abordaba la cuestión esencial de la propiedad de los medios de producción.

 

   Según el profesor alemán, la forma de propiedad "no tendría mayor importancia" durante una primera fase de la transición a su “Socialismo del siglo XXI”.  

 

   A medida que “la economía de equivalencias vaya venciendo a la economía de mercado -sostenía -  desaparecerán las ganancias y la propiedad privada perderá su base hasta eliminarse por sí sola".  

 

  Esta era la pieza decisiva de toda la construcción especulativa y quimérica de Heinz Dieterich.  El socialismo -según el profesor - ya no surgiría de la expropiación de los grandes propietarios y de la sustitución de su poder por el de los trabajadores organizados.  La propiedad capitalista iría extinguiéndose gradualmente, desplazada por la superior racionalidad del nuevo sistema de cálculo.

 

    Dieterich presentaba el “intercambio equivalente” como su particular  “tercera vía”, supuestamente diferente tanto de la redistribución socialdemócrata como de la estatización de los medios de producción realizada por las revoluciones del siglo XX.

 

    Pero la propiedad privada no es un simple título jurídico que pueda desaparecer porque alguien demuestre que existe un método económico más eficiente. Es la expresión de un poder al que ninguna clase dominante ha renunciado pacíficamente a lo largo de la historia. La propiedad de una gran multinacional proporciona el control sobre la inversión, la producción, el empleo, los medios de comunicación y, en buena medida, sobre las decisiones estatales. Los propietarios no renuncian a ese poder porque una matriz matemática “pruebe” que sus beneficios carecen de justificación social.

 

 

  TRANSNACIONALES PARA TRANSITAR HACIA EL LLAMADO “SOCIALISMO DEL SIGLO XXI”

   La verdadera naturaleza de la propuesta de Dieterich se hacía aún más evidente en el programa de “desarrollo” que proponía para América Latina: un bloque regional basado en lo que denominaba "capitalismo proteccionista de Estado".

 

  Dentro de ese proyecto atribuía un papel central a las "corporaciones transnacionales". Sostenía que estas eran los vehículos necesarios para acceder al excedente mundial y competir con las grandes compañías estadounidenses, europeas y japonesas.

 

   El objetivo dejaba de ser, por tanto, superar las relaciones capitalistas y pasaba a consistir en construir grandes empresas latinoamericanas capaces de competir dentro del mercado mundial. El bloque regional debía emular la fuerza económica de Estados Unidos, Japón o la Unión Europea.

 

   Esto podría constituir un programa de desarrollo capitalista relativamente autónomo, pero huelga decir que sustituir una transnacional estadounidense por otra latinoamericana no suprime la explotación de los trabajadores y reforzar el poder de las burguesías autóctonas haría cualquier cosa menos favorecer la emancipación de los asalariados.  

 

   El nombre de "socialismo" servía así, en la propuesta de Dieterich, para presentar como transformación poscapitalista lo que no pasaba de ser un proyecto de capitalismo regional regulado por el Estado.

 

 

UTOPÍAS REACCIONARIAS QUE DESARMAN A LOS TRABAJADORES

     Cualquiera que se anime a leer el libro "El socialismo del siglo XXI", del autor ahora fallecido, podrá constatar la abrumadora desproporción que existe entre sus pretensiones y la mediocridad de su contenido

 

   Dieterich comparaba su propuesta con la revolución científica que separó a Einstein de Newton. Pero detrás de aquella grandilocuencia aparecía una idea extraordinariamente pueril: la sociedad podría superar el capitalismo mediante la combinación de computadoras, “intercambio equivalente”, "democracia participativa" y racionalidad científica, sin resolver previamente el problema de la propiedad privada de los medios de produccion y del poder.

 

    Lo cierto es que el prestigio de Dieterich nunca tuvo un sustento en la calidad de su producción teórica, sino en su supuesta proximidad política a Hugo Chávez. Por eso, cuando esa relación se quebró también comenzó a desvanecerse la autoridad que había adquirido en amplios sectores de la izquierda alternativa. La ruptura se hizo definitiva en 2007, cuando Dieterich apoyó al general Raúl Isaías Baduel, antiguo ministro de Defensa que llamó a votar contra la reforma constitucional promovida por Chávez. A partir de entonces, el sociólogo alemán perdió el lugar privilegiado que había ocupado en numerosas publicaciones alternativas. No desapareció por completo, pero dejó de recibir la consideración casi reverencial de los años en que se le atribuía una notable influencia sobre Chávez. 

 

   En 2013, Dieterich reconoció que su propuesta no había llegado a aplicarse "en Venezuela ni en ninguna parte del mundo". No obstante, lejos de revisar las inconsistencias de su construcción teórica, responsabilizó del desenlace a la "ceguera e ineptitud de la dirección" y a la "incompetente gestión económica del equipo gubernamental".

 

  Tras perder su antigua centralidad en el debate latinoamericano, Dieterich desplazó progresivamente sus expectativas hacia China. El viraje resultaba especialmente significativo: en 2008 había definido el sistema chino como un desarrollismo integrado en el mercado capitalista, para poco después comenzar a presentarlo como una vía hacia el "Socialismo del siglo XXI".

 

     Con el paso de los años terminó convertido en un entusiasta propagandista del modelo chino.  Su operación intelectual tenía una significativa lógica interna: primero había prometido superar el capitalismo latinoamericano sin expropiar a los capitalistas; después presentó como socialista a una gran potencia cuya economía se basa en la explotación del trabajo asalariado, la acumulación de capital y una competencia feroz por el dominio de los mercados mundiales.

 

   Más allá del personaje, la trayectoria de Heinz Dieterich nos deja  una enseñanza plenamente actual. La tendencia a aceptar acríticamente teorías o interpretaciones de la realidad por la supuesta autoridad atribuida a quienes las formulan continúa sustituyendo, con harta frecuencia, al examen riguroso. Reaparece hoy, por ejemplo, en las múltiples variantes de un progresismo reformista que comparte con el proyecto de Dieterich el terror a cuestionar los fundamentos del sistema.  

 

   Afrontamos, sin embargo, una crisis demasiado grave como para seguir confiando en fórmulas que prometen cambiar el mundo dejando intactas las bases del poder capitalista. Hoy, cuando el tiempo corre ya en contra la propia humanidad, las utopías que apartan de su horizonte la propiedad de los medios de producción, la lucha de clases y el problema central del poder no solo fracasan como explicaciones del funcionamiento de la la sociedad: desarman políticamente a los trabajadores que confían en ellas y son, por ello, profundamente reaccionarias.

 

 

Fuentes consultadas y referencias:

- Heinz Dieterich Steffan, El socialismo del siglo XXI. Apartados «Imposibilidad histórica del proyecto», «La economía planificada de equivalencias» y «Estrategia del Bloque Regional de Poder».

- Cristóbal García Vera, «El “socialismo del siglo XXI” de Heinz Dieterich: ¿un manifiesto comunista contemporáneo?», Canarias-semanal, 31 de julio de 2007.

- ​Heinz Dieterich, «Chávez-Baduel y el “falso remedio”», Rebelión, 20 de noviembre de 2007.

- AFP, «Dieterich-Chávez: una amistad que acabó en distancia», Milenio, 22 de noviembre de 2013. Fuente de la declaración: «Nada de esto se hizo en Venezuela ni en ninguna parte del mundo».

- Heinz Dieterich, «Venezuela cerca de la conmoción social», Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Federal de Santa Catarina, 11 de noviembre de 2013. Fuente de «la ceguera e ineptitud de la dirección».

- Heinz Dieterich, «La caída de Giordani y el futuro de Venezuela», Aporrea, 25 de junio de 2014. Fuente de «la incompetente gestión económica del equipo gubernamental».

 

(*) La obra «El socialismo del S.XXI» reproduce – de manera especialmente ingenua – la vieja creencia de que el desarrollo científico-técnico, por sí sólo, podrá resolver todos los problemas y contradicciones de nuestro tiempo. Utilizamos el término ‘cientificismo’ para referirnos a esta fe en la fuerza milagrosa de la ciencia, que trata de convertirla en un nuevo fetiche capaz de proporcionar el mismo tipo de seguridad «espiritual» que las religiones o las grandes construcciones metafísicas. No debe leerse en nuestra alusión, pues, ningún menosprecio irracionalista al conocimiento aportado por las ciencias positivas, en el que debe fundarse cualquier proyecto político que se pretenda revolucionario.

 
 

miércoles, agosto 05, 2026

5 de Agosto de 1994:y en eso llegó Fidel 🇨🇺💪(Fotos,vídeos)

 🇨🇺✊💕 CENTENARIO DE FIDEL‼️

El 5 de agosto de 1994 una turba desmandada que provocó desórdenes de todo tipo en algunas calles aledañas al mar y la propia avenida del Malecón habanero buscando detonar una insurrección contra el Gobierno cubano fue enfrentada y disuelta a pecho descubierto por Fidel y el pueblo...


El paso de Fidel, rodeado de trabajadores de vanguardia del Contingente Blas Roca Calderío, militantes de la Juventud Comunista, estudiantes, obreros, gente del comercio y vecinos del lugar fue tan espontáneo, entusiasta y decidido que disolvió a aquella turba como por arte de magia, al punto que algunos testigos han utilizado una conjugación del vocablo evaporar para ilustrar lo que pasó con ellos.  

Cuba es única por muchas cosas, y Fidel también, y fueron únicos y originales porque en esta perla antillana su máximo líder no utilizó ni una pistola de agua para salir adelante en aquella situación comprometida que, dado el contexto de desestabilización instigado desde fuera y las grandes penurias del llamado Período especial en tiempo de paz, decretado en 1991, habían exacerbado tensiones y descontentos por el calor, los apagones, la escasez de alimentos y las carencias de todo tipo, que atravesábamos debido a fenómenos sobre los que no teníamos la menor culpa. 



#DíaDeLaFidelidadALaPatria
#LaPatriaSeDefiende

#100AñosConFidel

#5DeAgosto




J

lunes, agosto 03, 2026

Un encuentro con Fidel

 

Publicado por vez primera en 1987, en la introducción a estas páginas, Gianni Miná escribe que ignoraba el motivo de que Fidel le hubiera concedido la entrevista, si se consideran las numerosas solicitudes que habitualmente recibía de periodistas del mundo

Publicado: Viernes 31 julio 2026 | 05:58:55 pm.

Updated: Sábado 01 agosto 2026 | 01:43:02 pm.

Autor:


digital@juventudrebelde.cu


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Un encuentro con Fidel Autor: Juventud Rebelde Publicado: 31/07/2026 | 05:54 pm

Resulta una verdad incontrovertible que la vida y la obra, la acción y le pensamiento, de Fidel Castro Ruz ha dado lugar, desde hace décadas, a numerosos libros que se proponen presentarlo, desde múltiples miradas, en toda su dimensión.

https://www.juventudrebelde.cu/media/cover-de-noticia-41753

Dentro de esa bibliografía dedicada al líder histórico de la Revolución Cubana, pueden encontrarse algunos libros que reproducen entrevistas concedidas a lo largo del tiempo por el Comandante en Jefe.

Una de esas obras es Un encuentro con Fidel (Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 1988, 368 pp.), entrevista realizada originalmente para la televisión estatal italiana por el periodista Gianni Miná.

Publicado por vez primera en 1987, este volumen presenta la conversación llevada a cabo en la capital cubana, durante 15 horas, desde las dos de la tarde del domingo 28 de junio de 1987 hasta las cinco de la mañana del venidero lunes 29 de junio.

Los 14 capítulos en que se estructura la entrega, permiten comprobar el amplio universo temático que centra el diálogo referido, entre otros asuntos, a los derechos humanos, la política exterior, la economía, la política interna, la cultura, la religión, la salud, el deporte…

En la introducción a estas páginas, Gianni Miná escribe que ignoraba el motivo de que Fidel le hubiera concedido la entrevista, si se consideran las numerosas solicitudes que habitualmente recibía de periodistas del mundo.

Y concluía que «quizás Fidel sintió la necesidad de dar a conocer sus puntos de vista sobre lo que es Cuba hoy a 28 años del triunfo de la Revolución, con sus conquistas y sus reveses, sus éxitos y sus contradicciones».

Periodista, escritor y director de documentales, Gianni Miná (Turín, 1938-Roma, 2023), quien durante más de cuatro décadas laboró en la Radio Televisión Italiana, recibió, entre otros galardones, el Premio Saint Vincent 1982 en la categoría de mejor periodista de televisión del año.

Su admiración y respeto por el Comandante en Jefe y la Revolución Cubana quedó testimoniado en documentales como Un día con Fidel (1987), Cuba 30 años después (1990) y El Papa y Fidel (1998). 

Precisa resulta la valoración de Armando Hart Dávalos, entonces Ministro de Cultura, al presentar el 9 de diciembre de 1987 la primera edición de Un encuentro con Fidel: «Este libro puede contribuir a que gane terreno en Europa una imagen más profunda y completa de nuestro proceso revolucionario, y a que retrocedan los análisis superficiales y esquemáticos —hijos de un dogmatismo de siglos o de milenios— que tienden a opinar sobre Cuba sin una verdadera reflexión, sin un estudio de nuestros argumentos y de nuestras realidades».

He ahí una de las razones de que esta entrevista, a casi cuatro décadas de su realización, aún interese a quienes aspiren a conocer el lúcido y vigente pensamiento del Comandante en Jefe e, igualmente, parte de la historia del mundo de la pasada centuria.

domingo, agosto 02, 2026

"Las ideas no se matan"


La madrugada del 1 de agosto de 1953, en la Gran Piedra, cerca de Santiago de Cuba, un hecho fortuito cambió la historia patria. Cinco días después del asalto al Cuartel Moncada, Fidel Castro, exhausto, dormía en un bohío cuando una patrulla del ejército de Batista lo sorprendió. Los soldados querían fusilarlo, pero el teniente Pedro Sarría Tartabull se interpuso y gritó: "¡Las ideas no se matan!". Esa frase salvó a Fidel no una, sino tres veces.


El 26 de julio, 135 jóvenes asaltaron el Moncada. Fue un desastre: más de 50 murieron y los sobrevivientes huyeron a la Sierra. La patrulla de Sarría, un mulato cienfueguero, dio con Fidel y dos compañeros dormidos en un bohío.


Sarría impidió que sus soldados ejecutaran a Fidel en el acto. Luego, desobedeció al comandante Pérez Chaumont, que quería llevarlos al Moncada para asesinarlos. Y por último, en el Vivac de Santiago, inscribió a los prisioneros en el libro oficial y avisó a la prensa, haciendo imposible una ejecución secreta. Fidel confesaría años después: "Le debo la vida... ¡como tres veces!".


La frase pronunciada por Sarría cobró un sentido profético en Cuba. Él comprendió que matar a Fidel no eliminaría las ideas de justicia que encarnaba. Su gesto reconoció que el movimiento rebelde, aunque derrotado, ya era imborrable.


Sarría fue licenciado y pasó cinco años preso en La Cabaña. Fidel, vivo, pronunció en el juicio "La historia me absolverá", germen del Movimiento 26 de Julio. En enero de 1959, triunfante la Revolución, se reencontraron en Santiago. Sarría, ya ciego, fue reconocido por su gesto. En 2013, se le erigió un busto junto al Museo del Moncada.


Sarría, un militar íntegro, antepuso la ética a la orden y la furia. Su frase no fue un simple grito, sino una profecía: al no disparar, permitió que una idea siguiera su curso y transformara para siempre el destino de Cuba.


✍️: Juan Alberto González Machado

📸: tomada de Internet. Créditos a quien corresponda 



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