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martes, marzo 03, 2026

Las limpiadoras de los colegios de Sevilla se niegan a que el Ayuntamiento las privatice

 

Acampada de las empleadas y empleados del servicio de limpieza de colegios en Puerta Jerez en la ciudad de Sevilla

SEVILLA 

Los sindicatos apuntan que la privatización del servicio podría destruir 300 puestos de trabajo.

Aurora Báez Boza

@laespigaora.bsky.social

3 mar 2026 06:00

Desde hace más de una semana, en el corazón de la ciudad de Sevilla, en la Puerta de Jerez, decenas de sillas, sombrillas y pancartas cortan el paso a los transeúntes. Entre ellas se alzan varias fregonas en señal de lucha, junto a mensajes que se repiten en los carteles: “El alcalde quiere mandar a 300 familias al paro” o “Limpieza de colegios públicos con empleados públicos”.

Las trabajadoras y trabajadores que se dedican a la limpieza en los más de cien colegios públicos de la ciudad se han rebelado contra la privatización del servicio que el Ayuntamiento proyecta llevar a cabo próximamente. Por ello, cientos de empleados comenzaron el pasado 23 de febrero una acampada que no piensan desconvocar hasta que el Consistorio se reúna con ellos y se alcance un acuerdo que impida la entrada de empresas privadas en este servicio público.

La privatización que supondrá que el Ayuntamiento licite este servicio a una empresa privada por 25 millones de euros

“La acampada pasó de ser nocturna a mantenerse durante todo el día porque nos obligaron a quitar las tiendas bajo amenaza de multa, pero nosotros tenemos los permisos para estar aquí”, sostiene Elisa Fernández, trabajadora y secretaria general de UGT en el Ayuntamiento de Sevilla. El pasado martes 24 de febrero, la Policía Local ordenó el desalojo de la acampada.

El alcalde de la ciudad, José Luis Sanz, señalaba la semana pasada que “en Sevilla usted no puede montar una tienda de campaña” y definía la acción como “ilegal”. Sin embargo, los sindicatos convocantes insisten en que cuentan con los permisos adecuados.

“Están trabajando para la privatización de los servicios de limpieza en lugar de utilizar el personal propio”, explica Fernández. Una privatización que supondrá que el Ayuntamiento licite este servicio a una empresa privada por 25 millones de euros. “Ese dinero de las sevillanas y los sevillanos podría utilizarse para mejorar el servicio que ya existe y las condiciones de las plantillas”.

Las organizaciones insisten en que el servicio no debería dejar de gestionarse de forma pública. “La calidad de la limpieza de los colegios públicos sevillanos puede verse mermada. Las empresas privadas quieren hacer negocio; los servicios públicos garantizan que el personal haya recibido la formación adecuada y tenga las condiciones necesarias”.

Privatizaciones que no funcionan

El pasado 26 de febrero, esta plantilla de trabajadores protestó durante un pleno en el Parlamento andaluz, del que fueron desalojados por el presidente de la Cámara, Jesús Aguirre. Desde Adelante Andalucía, la diputada Begoña Iza expuso que el proyecto de privatización del servicio “sigue el mismo plan del Partido Popular de privatizar”. Por su parte, la líder de Podemos Sevilla y concejala en el Ayuntamiento, Susana Hornillo, afirmó en el Consistorio que la decisión “no responde a una necesidad técnica, sino a una decisión política”.

El alcalde del PP justifica la decisión afirmando que “intenta resolver un problema”. Fernández pone el foco en otras privatizaciones en el Ayuntamiento que no han resultado positivas: “La limpieza de los edificios públicos era privada y volvió a municipalizarse porque no funcionó. El mantenimiento, que está privatizado, no es operativo; no está funcionando”

El alcalde ha declarado en diversas ocasiones que las reivindicaciones sindicales se solventan a través de reuniones. Sin embargo, los sindicatos señalan al presidente como “embustero”, ya que en encuentros pasados “nos ha dado carpetazo”. Las trabajadoras y trabajadores seguirán en Puerta de Jerez hasta que se impida la privatización. Todavía mantienen la esperanza, a pesar de que la aprobación definitiva se encuentra cada vez más cerca.


El Gobierno español publica los documentos desclasificados del 23F pero evita aclarar si abrirá otros casos bajo secreto oficial

Se trata de 153 unidades documentales del intento de golpe de Estado de 1981, ya disponibles en la web de La Moncloa. Sin embargo, el Ejecutivo de Sánchez no aclara si desclasificará archivos sobre el 3 de Marzo, los Sanfermines del 78, ‘Naparra’, Mikel Zabalza, el BVE o los GAL. El historiador Julián Casanova llama a una lectura crítica del contexto y de la fuente y recuerda que no todo lo ocurrido quedó registrado —ni conservado—.

Imagen generada con IA.

El Ejecutivo español ha hecho públicos este miércoles en la página oficial de La Moncloa los documentos desclasificados del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. En total son 153 unidades documentales relacionadas con la intentona golpista, tal y como anunció este martes la portavoz del Gobierno, Elma Saiz. La documentación procede de los archivos de los ministerios de Defensa, Interior y Exteriores.

Los materiales ya pueden consultarse públicamente a través del portal habilitado por el Gobierno en la web oficial, culminando así el proceso de desclasificación anunciado con motivo del 45º aniversario del 23F. La publicación abre el acceso directo a fondos que hasta ahora permanecían bajo secreto oficial y que incluyen documentación institucional clave sobre uno de los episodios más graves tras la dictadura.

La documentación desclasificada incorpora comunicaciones internas entre ministerios, informes de situación de las regiones militares y notas del antiguo CESID que permiten seguir con mayor detalle la gestión institucional de la crisis. No hay, por ahora, un vuelco del relato oficial conocido, pero sí aparecen elementos relevantes o que han trascendido menos.

Entre ellos, un informe del CESID reconoce que seis de sus agentes participaron activamente en la intentona golpista y contribuyeron a su encubrimiento; un manuscrito de 23 folios atribuido a sectores golpistas señala como error “haber dejado al Borbón libre” y lo sitúa como “objetivo a batir”; consta que los soldados que entraron en TVE recibieron orden de “disparar a matar” y que había hordas de “pistoleros” preparadas para tomar las calles aquel 23 de febrero de 1981; y se incluyen planes manuscritos previos fechados en 1980, así como transcripciones de llamadas de Antonio Tejero y José Luis García Carrés —dirigente del Sindicato Vertical franquista y el único civil condenado por el golpe—.

Respecto al papel de Juan Carlos de Borbón tampoco hay grandes novedades. Aunque es destacables un documento del CNI que revela acercamientos entre el rey emérito y los golpistas. En concreto, tal y como publica El Salto, el documento asegura que el rey se habría entrevistado de manera confidencial con el militar Milans del Bosch, por aquel entonces teniente general del Ejército de Tierra y uno de los condenados por el 23F, antes del juicio para que el golpe no salpicase a la Corona.

Imagen generada por IA.

Una lectura crítica de los archivos

“La memoria no puede estar bajo llave. Las democracias deben conocer su pasado para construir un futuro más libre”, escribió este lunes en su cuenta de X el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al anunciar la desclasificación, con el objetivo de “saldar una deuda histórica con la ciudadanía”.

Sin embargo, el catedrático de Historia Contemporánea Julián Casanova advierte de la necesidad de analizar la documentación con mirada crítica. “La historia no existe sin documentos, pero los documentos no son la verdad absoluta, hay que hacer una lectura crítica del contexto y de la fuente. El que los clasifica decide qué se guarda y qué se destruye”, señala. Y añade que no debe esperarse que todo lo generado en torno al 23F salga ahora a la luz, porque “probablemente, algunos ya no existan”.

Casanova recuerda además que el antiguo CESID —precedente del actual CNI— “se dedicaba entonces más a perseguir rojos que a buscar golpistas porque estaba compuesto por antiguos franquistas”, y subraya que quienes clasificaron o guardaron esos documentos “no eran demócratas de toda la vida”.

Lejos de suponer un vuelco historiográfico, la apertura de los documentos añade piezas significativas que confirman la existencia de tramas, apoyos y preparativos previos, aunque deja abiertas incógnitas sobre documentación que pudo no conservarse o que sigue sin hacerse pública.

Sin respuesta sobre otros casos bajo secreto oficial

Además, según ha informado NAIZ, el presidente del Gobierno español no ha aclarado si el Ejecutivo tiene previsto desclasificar también documentación relativa a otros episodios que siguen bajo secreto oficial, como la matanza del 3 de Marzo de 1976 en Gasteiz, los Sanfermines de 1978, los casos de José Miguel Etxeberria “Naparra” o Mikel Zabalza, el Batallón Vasco Español (BVE) o los GAL. EH Bildu ha denunciado que estos casos continúan “bajo secreto e impunidad”.

A preguntas sobre estas cuestiones, el Gobierno español se ha remitido a la nueva ley de información clasificada actualmente en tramitación. En junio de 2025, el Consejo de Ministros dio luz verde al proyecto normativo que pretende sustituir la ley franquista de secretos oficiales de 1968, todavía vigente. El Ejecutivo prevé que la nueva regulación pueda aprobarse a finales de 2026, con el objetivo de establecer un marco actualizado para la desclasificación de documentos que aún permanecen bajo secreto. Para ello, el texto deberá superar su tramitación parlamentaria y obtener el respaldo del Congreso.

Obituario de Saif al-Islam Gadafi.


Desde la antigua Libia se ha informado de la muerte de Saif al-Islam Gadafi, hijo del legendario líder de la Revolución Libia del 1 de septiembre, cerca de Trípoli. Las circunstancias siguen sin estar claras: murió durante un enfrentamiento armado o como resultado de un ataque de bandidos a su domicilio por parte de un grupo militante. Ambos escenarios son ahora habituales en Libia.

Por un lado, los miembros de la resistencia de Gadafi hacen sentir su presencia aquí con regularidad, a veces incluso tomando el control de ciudades enteras. (Aquí, como los comunistas postsoviéticos de la Rusia de los años 90, como muestra de su rechazo categórico a las nuevas realidades, celebran públicamente las fechas revolucionarias en la Jamahiriya: los aniversarios de la Revolución Libia, los cumpleaños y las muertes del coronel Gadafi, etc.). Por otro lado, tras la violenta liquidación de la Jamahiriya Popular socialista, Libia se desintegró en regiones en guerra, donde diversos extremistas religiosos compiten por la influencia.

Saif al-Islam fue una figura controvertida. Incluso en vida de su gran padre, se le consideraba occidental, criticando el "estado de las masas" de Libia por su "estancamiento" y exigiendo liberalización, una constitución y, en general, reformas al estilo occidental, lo que habría supuesto el derrocamiento del régimen. Tras una serie de declaraciones similares, Gadafi criticó personalmente a su hijo, lo que provocó que Saif al-Islam aparentemente se alejara de la escena pública y política, regresando ocasionalmente a la escena oficial y luego desapareciendo. Todo cambió en 2011, con el estallido de una guerra civil instigada por Occidente y, posteriormente, una intervención militar en la Yamahiriya.

En esta situación, Saif al-Islam demostró su valentía, luchando contra los rebeldes e invasores como parte de una brigada libia. Tras la destrucción de la Yamahiriya y de la propia Libia, pasó varios años en cautiverio con un grupo militante. En esta situación, toda su pretensión de occidentalismo se desvaneció naturalmente. (A veces, superar la fascinación por Occidente requiere poco esfuerzo, mientras que otras veces superar la destrucción del propio país es un paso necesario). Saif al-Islam ya no hablaba de valores occidentales, ya no veía nada arcaico ni exótico en la Yamahiriya Libia, y consideraba el legado teórico de su padre mucho más universal y eficaz que los sistemas y modelos occidentales que habían condenado al pueblo de Libia al caos y la guerra. Ahora, quince años después de la sangrienta cruzada de los países occidentales contra la Libia socialista, el propio Saif al-Islam se ha convertido en su última víctima.

A continuación, se incluye un enlace a un artículo escrito por el autor de estas líneas en noviembre de 2021, cuando Saif al-Islam, poco después de su liberación, intentó postularse para el "máximo cargo en la Libia de posguerra". Sin embargo, el juego democrático duró poco: uno de los autoproclamados gobiernos libios canceló las elecciones tan pronto como pretendía celebrarlas, y el propio Saif al-Islam simplemente no se registró sin dar explicaciones. Y esto, por supuesto, no es una cuestión de pureza procesal. La democracia occidental no es la Yamahiriya; aquí, el "derecho a la democracia" debe ganarse.

Moviéndose como una stripper: Las peculiaridades del proceso electoral libio diez años después de la intervención "democrática" en la Jamahiriya

Stanislav Ruzanov

Sitio web del movimiento "Rusia Obrera"

Venezuela:Entrevista al dirigente comunista venezolano, Carolus Wimmer

 

Venezuela. “Aquí no hay rendición , no hay capitulación, sí hay combate por la paz y el socialismo”. 

Por Geraldina Colotti, Resumen Latinoamericano, 8 de febrero de 2026.

Carolus Wimmer (1948) no es sólo un académico y un político; es un pilar del internacionalismo militante en Venezuela. Ex-diputado y ex-presidente (GPV) al Parlamento Latinoamericano (2005 – 2016), Dirigente de la Juventud Comunista (JCV) (1971 – 1980), Director de la Escuela Nacional de Cuadros Ho Chi Minh (1980 – 1996) y secretario de Relaciones Internacionales histórico del Partido Comunista de Venezuela (PCV) (desde 1996), Carolus representa esa síntesis necesaria entre teoría marxista-leninista y praxis revolucionaria.

Su labor constante en el COSI (Comité de Solidadaridad Internacional y Lucha por la Paz), en el Consejo Mundial de Paz, en el Frente Cívico-Militar Bolivariano Ezequiel Zamora y su vínculo profundo con la experiencia de Vietnam, lo convierten en una voz autorizada para descifrar la fase actual de agresión imperialista. En esta entrevista, Carolus aporta claridad sobre la compleja situación interna del PCV y traza la ruta de la resistencia multipolar.

Camarada Carolus, en Europa algunos sectores siguen con atención la fractura interna del PCV. ¿Podría explicarnos desde el punto de vista organizativo y simbólico, la diferencia entre quienes defienden el proceso bolivariano y aquellos sectores que, aún llamandose comunistas, atacan al gobierno precisamente en el momento de máxima agresión imperialista?

Soy tajante: no hay fractura interna del PCV, la gran mayoría de la militancia se mantiene fiel en la linea del pensamiento marxista-leninista y bolivariano, firme en la combinación dialectica correcta de estrategia y táctica, disciplinada en la construcción de la unidad patriótica popular y lucha por el socialismo. Lo que hubo fue la separación de una pequeña cúpula de antiguos dirigentes, que probablemente cayeron en las redes del enemigo y buscaron la vía fácil del oportunismo, un fenómeno que ya enfrentó V.I.Lenin durante la Revolución rusa, confundiendo una vez más la dialéctica de las contradicciones fundamentales y principales. Estos ex-dirigentes que ya no defienden la doctrina del marxismo-leninismo, firmando pactos con la ultra-derecha (Pacto de Cantaclaro, 2024), hoy pregonan un “partido de la dignidad” con el concepto bíblico de la dignidad (Imago Dei).

Estos ex-dirigentes querían fracturar y destruir al PCV. No lo lograron. Están aislados nacional y internacionalmente, y cada día se desintegran más. Pero el PCV, y solamente hay uno, sigue vivo y en lucha revolucionaria. Prueba de eso son los resultados de las elecciones parlamentarias de 2025, donde a pesar de la confusión mediatica sobre la supuesta fractura del Partido, el sabotaje y el llamado contrarrevolucionario de los ex-dirigentes a NO VOTAR por el PCV, el Partido Comunista logró más de 250.000 votos en el país y más de 10.000 votos en la Capital de Caracas. Tiene diputados en la Asamblea Nacional, legisladores en las Cámaras Regionales y concejales en los Consejos Municipales. Eso es una modesta, pero buena base para continuar la lucha anti-imperialista y anti-fascista (contradicción principal) y demuestra la vigencia histórica de los y las comunistas en Venezuela. Eso demuestra el apoyo del pueblo a la correcta linea política de la unidad de la clase obrera y los trabajadores de la ciudad y el campo, y de la alianza política del PCV con el partido gobernante PSUV y otros sectores revolucionarios y patrióticos del Polo Patriótico. Naturalmente estos ex-dirigentes hicieron daño, pero estamos en pleno proceso de reconstrucción del Partido y sus organizaciones de masas: Juventud Comunista, frente obrero-sindical, movimiento de mujeres, etc. Actualmente estamos preparando el próximo Congreso del PCV para finales del año y la problemática interna del PCV será un capítulo cerrado.

Estas dificultades temporales del PCV, sin embargo, deben ser una advertencia para todas las fuerzas revolucionarias En la actualidad debemos prestar especial atención al desarrollo del materialismo dialéctico e histórico, como base de nuestra teoría política, y profundizar la lucha contra las corrientes del pensamiento burgués y pequeño-burgués que se agrupan bajo las denominaciones de modernismo y post-modernismo, así como contra el revisionismo y la socialdemocracia, y contra las tesis de los mal llamados neomarxistas.

El 3 de enero de 2026 marcó un punto de no retorno. ¿Cómo lee usted, en términos marxistas, la agresión militar y el secuestro del Presidente y de la diputada Cilia Flores, su esposa, en relación con la gestion de los recursos petroleros y el desafío venezolano al monopolio del dólar?

Aprovecho aquí, a traves de este medio valioso de Resumen Latinoamericano, para denunciar, rechazar y repudiar la política colonialista criminal del pedófilo Trump, que pone en peligro inminente a todos los países de “Nuestra America” (José Martí, 1891). Sin ningun rastro de verguenza, el imperialismo yanqui ha manifestado publicamente sus pretensiones de apropiarse los recursos estratégicos de Venezuela y de los países latinoamericanos. El reivindica la nefasta Doctrina Monroe de 1823, al señalar ante el mundo que nuestras naciones soberanas son el patio trasero del imperio.

Ante esta situacion grave e inédita, manifestamos nuestro más enérgico repudio a los bombardeos realizados en la Capital Caracas y cuatro estados adyacentes , con muertos y heridos, niños y mayores, civiles y militares, venezolanos y cubanos. Estos bombardeos, sin declaración de guerra, representan una violación criminal a la soberanía de los pueblos y al derecho internacional.

Exigimos la libertad inmediata del Presidente Nicolas Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores, prisioneros de guerra, victimas de la persecución y el asedio de la política exterior de los Estados Unidos.

Referente a la política exterior de los Estados Unidos, el Libertador Simón Bolívar, escribió en una carta de 1829 la advertencia histórica sobre el imperialismo yanqui -«Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad».

Estamos en medio de una lucha de clases, como Carlos Marx ya señaló en 1848 y el enemigo de clase nos atacará siempre. Y siempre debemos estar preparados para la defensa. Ya en los umbrales de las elecciones presidenciales de 1998, la entonces Secretaria de Estado Madelaine Albright enfatizó: “No vamos a permitir que Chavez gane las elecciones”. No lo lograron en este momento, pero lo intentarán una y otra vez.

¡No hay rendición , no hay capitulacion!

Está en pleno desarrollo un proceso pragmatico y constitucional, con la Presidenta encargada Delcy Rodriguez al mando temporalmente. Frente a una potencia nuclear con clara superioridad hay que defender con mucha inteligencia y maniobras tácticas los recursos petroleros, energéticos y minerales y enfrentar junto con otros paises el estrangulamiento económico financiero de Washington. Estamos seguros que el actual gobierno, presidido por la Presidenta encargada Delcy Rodriguez logrará fortalecer los vínculos económico – financieros con el acercamiento necesario a los miembros de BRICS y, poco a poco, romper las “sanciones” y bloqueos.

Tras el Corolario Trump a la Doctrina Monroe, ¿cuál debe ser la respuesta de las fuerzas de izquierda en América Latina? ¿Es aún posible una vía diplomática o hemos entrado definitivamente en una fase de resistencia activa contra la balcanización del continente?

América Latina no es Europa, yo no hablaría de una balcanización. Es un deseo de los EE.UU., pero nuestra historia es diferente. La “diplomacia de los pueblos” de “Nuestra América” siempre está presente. Además, la resistencia activa tampoco excluye la via diplomática formal, que no será la solución en todos los casos, pero representa una de las armas en la lucha de clases.

A once años del decreto 13692, firmado por el Presidente demócrata Obama, que cataloga a Venezuela una“amenaza inusual y extraordinaria” Venezuela se prepara para la guerra multiforme. Por esta agresión multifacética y continua del imperialismo, el pueblo venezolano (la amenaza inusual y extraordinaria para los EE.UU.) acumuló mucha experiencia y encontró, en esta “creación heróica” de la cual nos habló José Carlos Mariátegui, la “Fusion Popular, Militar y Policial”, conscientes, que en la lucha de clases antiimperialista y revolucionaria “el pueblo busca la paz, pero debe estar armado”, parafraseando al Comandante Chávez. Cada pueblo latinoamericano debe encontrar sus formas para la defensa de la soberanía e independencia. “Sin calco, ni copia”, pero en estrecha unidad cooperacion y solidaridad con el resto de Nuestra américa. .

En las últimas décadas se hicieron grandes esfuerzos para la unidad, con victorias y fracasos, los últimos relacionados siempre por la presencia de los EE.UU. Respecto a la unidad latinoamericana debemos “Insistir, persistir, resistir, pero nunca desistir”. Con esto contamos también con un gran aliado, que poco lo tomamos en cuento: es el pueblo estadounidense y la población migrante en los EE.UU. Actualmente observamos importantes manifestaciones, huelgas y luchas populares, que debilitan a las élites de la burguesía, y pueden ser la chispa para cambios favorables en el norte y en todo el continente.

Usted es Presidente de la Casa de la Amistad Venezolano-Vietnamita (CAVV) y coordina con un valioso equipo el trabajo el COSI. En esta fase de cambios ideológicos globales, ¿qué puede enseñar hoy la Guerra de Todo el Pueblo vietnamita a la Venezuela asediada? ¿Cómo se adapta ese ejemplo de victoria histórica a la lucha contemporanea por la paz y la justicia social?

El Presidente Ho Chi Minh y el General Vo Nguyen Giap fueron los artífices de la «guerra de todo el pueblo» en Vietnam, una estrategia integral, que movilizó a la población civil y militar contra las potencias colonialistas e imperialistas de Francia (hasta 1954), Japón ( durante la II Guerra Mundial) y Estados Unidos (hasta 1975). Basada en la guerra de guerrillas prolongada y la unidad nacional, lograron derrotar a potencias superiores mediante tácticas ingeniosas ( el uso de túneles, emboscadas y el camuflaje permitió a una fuerza menos equipada superar la tecnología avanzada del enemigo). La movilización de todas las capas sociales (campesinos, obreros, soldados) en un Frente Nacional Unido fue fundamental para derrotar al invasor. La victoria final de 1975 y la reunificación del país en 1976 validaron su enfoque de resistencia prolongada y movilización total, convirtiéndose en un referente mundial de lucha de liberación nacional. Es importante destacar que aún hoy toda la política exitosa en cualquier área tiene su fundamento en el “Marxismo-Leninismo y el Pensamiento de Ho Chi Minh”. Es la guía de su éxito en tiempos de guerra y de paz.

Entre las enseñanzas vietnamitas, que también hoy para nosotros tienen plena validez, en caso de la agresión militar directa o “ la guerra multifacética”, nombramos las siguientes:

Nuestra estratégia y nuestras tácticas en esta lucha de clases contra el imperialismo deben basarse en la batalla política, ideológica, y no solo militar. Con la experienica de la victoria en Vietnam debemos lograr la movilización de todas las capas sociales (campesinos, obreros, soldados) en un Frente Nacional Unido que es fundamental para derrotar al invasor. Con Cuba y Nicaragua tenemos en América Latina experiencias victoriosas similares.

Debemos evitar batallas decisivas cuando la victoria no es segura, usando diferentes metodos de lucha para desgastar al enemigo a lo largo del tiempo, como se detalla en el libro “Guerra del pueblo, ejército del pueblo” de Vo Nguyen Giap. V.I. Lenin hablaba de la táctica de “Un paso adelante, dos pasos atrás”(1904).

La preparación política, ideológica y moral, no solo militar, de los y las combatientes es esencial.

Para cualquier batalla victoriosa es esencial la movilización de la Retaguardia: una movilización total de la sociedad para sostener el esfuerzo de guerra multifacética. En Venezuela el Comandante Chavéz con la propia experiencia del golpe de Estado del 2002, creó en 2005 la Milicia Bolivariana con la idea de la «guerra de todo el pueblo» Es un ejercito voluntario de retaguardia, hombres y mujeres de todas las edades , organizados y entrenados para la defensa integral de la nación, complementando a los componentes militares regulares para garantizar la soberanía, independencia y el orden interno, mediante la participación popular en la defensa del territorio y el desarrollo nacional.

Las condiciones en cada uno de nuestros paises en “Nuestra America” son diferentes, pero sabemos que todos estamos amenazados y mientras que el imperialismo esté, todos tenemos la obligacion de defender la vida y el bienestar de nuestros pueblos. Los imperialistas quieren robarnos nuestros recursos para sus guerras, nosotros los necesitamos para la paz y la felicidad de nuestros pueblos.

Finalmente, ¿cuál es su mensaje para los militantes y los pueblos de Europa que a menudo reciben una visión distorsionada de la realidad venezolana a través de los medios hegemónicos?

El 3 de enero el pueblo venezolano recibió con el secuestro del Presidente Maduro, los bombardeos contra la poblacion civil y las víctimas fatales y heridos de venezolanos y cubanos un duro golpe. Pero Trump no logró una victoria. No estaba en sus planes que el chavismo se mantiene en el poder, no logró un “cambio de régimen”. No estaba en sus planes seguir negociando despues de un mes de los hechos con la Presidente (encargada) chavista, y Maduro, siguiendo presidente. No estaba en sus planes la unidad sólida y patriótica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), ni la presencia compacta del pueblo en la calle para enfrentar la agresión criminal y para defender el proceso bolivariano.

Lo que los Estados Unidos quizás en otros países lograron, no lo van a lograr en Venezuela: “No hay rendición , no hay capitulación”, sí hay combate por la independencia y soberanía, hay combate por la paz y el socialismo. La lucha será larga y con muchos sacrificios. El pueblo venezolano conoce estos sacrificios desde hace 26 años. Somos vencedores, gracias tambien a la solidaridad y el firme apoyo de muchos gobiernos como los de China, Rusia y Cuba, y gracias a la solidaridad internacional de los pueblos ¡Venceremos! Y con esto queremos dar un modesto aporte y apoyo a las luchas anti-imperialistas y antifascistas alrededor del mundo.

Decimos con Rosa Luxemburgo: “Socialismo o Barbarie”.

Venezuela en el debate

 

Les ofrecemos dos textos, dos puntos de vistas contrapuestos en relación a los actuales acontecimientos en Venezuela. Uno de José Manuel Rivero; el segundo es de Cristóbal García Vera, que le rebate.

Recogemos dos artículos publicados por Canarias Semanal. Damos paso a ellos con esta introducción del propio medio:

Las decisiones adoptadas por el Gobierno venezolano tras la agresión militar del 3 de enero requieren un debate abierto y riguroso dentro de la izquierda. ¿Estamos ante una retirada estratégica al estilo de Brest-Litovsk, destinada a preservar el proyecto bolivariano, o frente a una claudicación que compromete la soberanía nacional? En este intercambio, José Manuel Rivero y Cristóbal García Vera confrontan dos lecturas diametralmente opuestas sobre la coyuntura venezolana y el sentido político de las concesiones realizadas.

JOSÉ MANUEL RIVERO. Brest-Litovsk en el Caribe: La audacia leninista frente a la aniquilación.

En la historia de los procesos revolucionarios, el dogmatismo suele ser el preludio de la derrota, mientras que la capacidad de realizar un análisis frío y materialista de la coyuntura concreta es lo que garantiza la continuidad histórica.

«Un análisis riguroso, despojado de esquematismos ideológicos y centrado en la correlación real de fuerzas, nos revela que no estamos ante una capitulación, sino ante una maniobra de supervivencia política»

Las imágenes que hemos presenciado este 11 y 12 de febrero de 2026 —la Presidenta (E) Delcy Rodríguez recibiendo en el Palacio de Miraflores al Secretario de Energía de los Estados Unidos, Christopher Wright, y concediendo una entrevista a la cadena NBC— han desatado una tormenta de comprensible confusión en ciertos sectores de la izquierda internacional y del propio movimiento bolivariano. Se oyen acusaciones graves: entreguismo, pacto con el verdugo, traición a la memoria de los caídos del 3 de enero. Sin embargo, un análisis riguroso, despojado de esquematismos ideológicos y centrado en la correlación real de fuerzas, nos revela que no estamos ante una capitulación, sino ante una maniobra de supervivencia política. Una maniobra que encuentra su espejo histórico más fiel en la praxis de Vladimir Ilich Lenin.

Para entender la «asociación productiva a largo plazo» y las recientes medidas de distensión, debemos volver al origen de la contradicción actual: la operación «Lanza del Sur». La realidad objetiva es que, el 3 de enero, la tecnología militar estadounidense y su voluntad de aniquilación rompieron el equilibrio disuasorio que había prevalecido. Las alianzas estratégicas con potencias amigas como Rusia y China, fundamentales en la última década para la resistencia económica y política, mostraron sus límites fácticos ante la velocidad de la agresión. El imperialismo bombardeó distintas ciudades y lugares estratégicos de Venezuela en una incursión relámpago, causando más de cien muertos y logrando el secuestro del Presidente constitucional Nicolás Maduro y de la diputada Cilia Flores. Ante este escenario de catástrofe inminente, donde la opción era la inmolación colectiva bajo una segunda oleada de bombardeos o la preservación del instrumento político para seguir luchando, la dirigencia bolivariana, con una lucidez que la historia reconocerá, optó por la vida del proyecto revolucionario.

 «Lo que Delcy Rodríguez, como Presidenta Encargada, ejecuta hoy es una transposición dialéctica, salvando las distancias históricas, de la lección estratégica de Brest-Litovsk»

Es aquí donde la historia nos convoca al invierno ruso de 1918. La joven República Soviética, asediada y exhausta por la guerra imperialista, se enfrentaba al avance implacable del ejército alemán. Lenin, contra la opinión de los «comunistas de izquierda» que exigían una guerra revolucionaria percibida como heroica pero objetivamente suicida, impuso la firma del Tratado de Brest-Litovsk. Aquel acuerdo fue dolorosísimo: Rusia cedió vastos territorios, población y recursos industriales a Alemania a cambio de una sola cosa: un respiro, la paz inmediata. La tesis leninista fue de una claridad meridiana: había que «ceder espacio para ganar tiempo». Era imperativo sacrificar lo accesorio —territorio y recursos, recuperables en otra correlación de fuerzas— para salvar lo esencial: la existencia misma del poder soviético. La historia le dio la razón. Ese «respiro» permitió consolidar el Estado, crear el Ejército Rojo, y décadas después, esa misma Unión Soviética fue la fuerza que quebró la espina dorsal del nazifascismo en la Segunda Guerra Mundial, con un costo humano incalculable, pero también la potencia que, en años posteriores, contribuyó decisivamente a la lucha anticolonial y a la independencia de numerosos pueblos, y sostuvo solidariamente a la Revolución Cubana ante el bloqueo criminal de Estados Unidos.

Lo que Delcy Rodríguez, como Presidenta Encargada, ejecuta hoy es una transposición dialéctica, salvando las distancias históricas, de la lección estratégica de Brest-Litovsk. Al sentarse a hablar de «justicia comercial» ante las cámaras estadounidenses, está aplicando la máxima leninista en el Caribe: ceder «espacio» (recursos energéticos, cuotas de mercado) para ganar «tiempo» (la supervivencia física del Estado y la reorganización de las fuerzas revolucionarias). Pero esta maniobra de repliegue táctico no se limita a lo económico; se extiende al complejo terreno de la pacificación interna. La reciente decisión de otorgar amnistías no debe leerse bajo el prisma distorsionador de la propaganda occidental, que habla de «presos políticos». Se trata de una medida de Estado profundamente soberana y valiente, aplicada sobre individuos procesados por delitos que, bajo cualquier legislación de un país occidental, serían calificados sin ambages como terrorismo. Al amnistiarlos, el Gobierno Bolivariano no reconoce una injusticia, sino que ejerce una potestad superior: desarma el pretexto de la «intervención humanitaria» y desinfla la bandera de la «persecución» que el imperialismo utiliza para justificar sus bombas. Es una descompresión calculada del frente interno, un gesto de soberanía que aísla a los factores de inestabilidad mientras se negocia en el frente externo.

«Al establecer una interlocución directa con la Casa Blanca a través del petróleo, el Gobierno ha neutralizado de facto a la oposición golpista»

Esta jugada, de una audacia política indiscutible, conlleva un efecto colateral devastador para los enemigos internos de la Patria. Al establecer una interlocución directa con la Casa Blanca a través del petróleo —el verdadero fetiche del capital que mueve la política exterior estadounidense— y al «limpiar» el tablero político interno mediante la amnistía, el Gobierno ha neutralizado de facto a la oposición golpista. Obsérvese cómo el enviado de la administración Trump habla ahora de trabajar con «el gobierno en Miraflores». María Corina Machado sus acólitos, que soñaban con entrar en Caracas sobre los tanques de los Marines, han quedado reducidos a la más absoluta irrelevancia. El imperio, en su pragmatismo más crudo y cruel, ha decidido entenderse con quien ostenta el control real del territorio y los recursos, desechando sin contemplaciones a sus peones locales. Lejos de ser una traición, esto constituye una victoria táctica de primer orden: desarticula la amenaza interna mientras se gestiona la agresión extranjera, partiendo a la quinta columna y dejándola sin capacidad de desestabilización.

Quienes, desde una legítima indignación y rabia, claman «entreguismo» desde postulados abstractos, olvidan que el objetivo supremo en esta etapa no es la pureza de una estética revolucionaria, sino dos metas concretas e irrenunciables: evitar que Venezuela sea reducida a cenizas como Gaza, y lograr el regreso con vida de Nicolás Maduro y Cilia Flores.

La Presidenta Encargada lo dejó claro en todo momento, incluso ante los medios estadounidenses que cubrieron la visita de Christopher Wright: Nicolás Maduro sigue siendo el único líder legítimo, y su liberación es el eje de toda interlocución. Cada barril de petróleo que hoy se negocia, cada gesto de distensión bajo esta «tregua armada», no es un fin en sí mismo, sino una ficha en el tablero para negociar la libertad de los secuestrados. La coyuntura política y la necesidad de preservar el aparato productivo exigen hoy frenar la agresión; si para ello es necesario sentarse con el monstruo en su propia guarida, se hace. No por sumisión, sino como el único camino dialéctico para preservar la soberanía a largo plazo y recuperar al Presidente constitucional. La historia, con la perspectiva que da el tiempo, absolverá esta estrategia. Porque la revolución no se suicida; resiste, maniobra, sobrevive y, desde esa supervivencia forjada en la audacia, seguro que vencerá.

(*) José Manuel Rivero es abogado y Analista Político.

(Canarias Semanal)

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CRISTÓBAL GARCÍA VERA: Caracas no es Brest Litovsk: Una respuesta a la tesis que justifica la claudicación del Gobierno Venezolano

Tras la agresión militar de EE.UU. a Venezuela del pasado 3 de enero, se han sucedido en ese país una serie de decisiones políticas, económicas y diplomáticas de extraordinario calado, cuyo alcance y significado es preciso examinar a la luz de las evidencias disponibles.

Entre las principales medidas aprobadas por el Gobierno de Delcy Rodríguez, cabe destacar las siguientes:

 – La aprobación de una reforma exprés de la Ley de Hidrocarburos que viene a satisfacer las exigencias de Donald Trump para la explotación de los recursos petroleros por parte de las transnacionales norteamericanas.

  – Una Ley de Amnistía que beneficia a los llamados «guarimberos», responsables de graves crímenes cometidos durante campañas de terrorismo callejero, que ha sido acompañada de «una petición de perdón» hacia los amnistiados  formulada por  el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez.

   – La recepción en Caracas, por parte de Delcy Rodríguez, del director de la CIA y de la jefa de negocios de Estados Unidos enviada por el macartista Marco Rubio para supervisar “la transición” en Venezuela.

 – La eliminación de los precios máximos impuestos a productos esenciales para permitir que estos sean fijados por el «mercado».

– El corte de suministro  de petróleo a Cuba, en un momento crítico provocado por el bloqueo energético impuesto por Donald Trump a la Isla, que está poniendo al pueblo cubano al borde de una catástrofe humanitaria. 

 – Y, finalmente, la visita a Caracas  del secretario de Energía de Trump, Chris Wright, para encontrarse con la «presidenta encargada» del país latinoamericano y hacer públicos los nuevos acuerdos económicos para la explotación de los recursos energéticos del país en beneficio de las compañías estadounidenses. Según expresó la propia Delcy Rodríguez, la reunión con el representante de Trump  se produjo con objeto de  «establecer una asociación productiva, a largo tiempo, que permita una agenda energética que se convierta en motor de la relación bilateral entre ambos países» (1).

Estos hechos, junto a la abierta satisfacción expresada por Trump ante la evolución de los acontecimientos y sus palabras de reconocimiento hacia la presidenta Delcy Rodríguez, constituyen un conjunto de fuertes evidencias  que abonan la tesis de que estaríamos asistiendo a una capitulación del ejecutivo venezolano ante las exigencias de Washington  y a la entrega de la soberanía económica del país a los intereses norteamericanos.

Ciertamente, aceptar esta posibilidad resulta doloroso para quienes durante años hemos creído en la naturaleza antiimperialista del proceso bolivariano, compartiendo la expectativa de que  Hugo Chávez había abierto las puertas de un futuro progresista para Venezuela.  Resulta comprensible también, por tanto, que algunos, como el abogado y analista político grancanario José Manuel Rivero, planteen una tesis alternativa a la de la rendición de la cúpula venezolana: que no nos encontraríamos realmente ante esta claudicación, sino tan solo ante una «retirada estratégica», en una situación de extrema peligrosidad,  con vistas a una futura e hipotética recomposición del proyecto.

BREST-LITOVSK: UNA PAZ ONEROSA EN EL MARCO DE LA INCIPIENTE REVOLUCIÓN RUSA  

La tesis utilizada para justificar las medidas del Gobierno de Delcy Rodríguez  plantea que la situación actual de Venezuela sería comparable a la que enfrentaron, en 1918,  los dirigentes bolcheviques, cuando se vieron obligados a firmar el Tratado de Brest-Litovsk. Un tratado de paz oneroso, por el que Rusia  pudo salir de la Primera Guerra Mundial cediendo  territorios, población y recursos industriales a la Alemania imperial y que Lenin aceptó como una retirada forzada para salvar al incipiente Estado soviético que, a pocos meses del estallido de la Revolución, se debatía entre la vida y la muerte. 

De acuerdo con esta analogía, el Ejecutivo venezolano estaría haciendo hoy algo similar a lo que hicieron los rusos en 1918, con el objetivo de «ganar tiempo y reorganizar las fuerzas revolucionarias», para  «salvar al país de una aniquilación total» y conseguir la liberación de Nicolás Maduro y su esposa.

Este planteamiento, sostenido por  José Manuel Rivero en su artículo “Brest-Litovsk en el Caribe: la audacia leninista frente a la aniquilación”, que publica también este diario digital, es el mismo que defienden otros analistas y políticos, como el dirigente de IU Manu Pineda o el cofundador de la formación socialdemócrata Podemos, Juan Carlos Monedero.

En este punto conviene evitar el riesgo, muy frecuente en debates de esta naturaleza, de intentar sustituir el análisis concreto por la invocación genérica de supuestos precedentes históricos o de figuras revolucionarias del prestigio de Lenin. Lo pertinente no es la autoridad del nombre invocado, como si ello bastase para validar un planteamiento, sino evaluar si aquella experiencia guarda realmente alguna relación con la actual coyuntura venezolana.

Pasemos, pues, a analizar cuál es el grado de pertinencia que se podría atribuir a la analogía entre el tratado de paz de Brest-Litovsk y la situación que se vive hoy en el citado país latinoamericano.

Según afirma José Manuel Rivero:

   «Lo que Delcy Rodríguez, como presidenta encargada, ejecuta hoy es una transposición dialéctica, salvando las distancias históricas, de la lección estratégica de Brest-Litovsk” (2).

Para el letrado y analista:

   “Al sentarse a hablar de «justicia comercial» ante las cámaras estadounidenses, (Rodríguez ) está aplicando la máxima leninista en el Caribe: ceder «espacio» (recursos energéticos, cuotas de mercado) para ganar «tiempo» (la supervivencia física del Estado y la reorganización de las fuerzas revolucionarias)».  (3).

Lo primero que resulta imprescindible recordar al respecto de esta comparación es que el tratado de Brest-Litovsk fue firmado por un Estado que apenas hacía unos meses acababa de nacer de una revolución socialista y en un país que había sido embarcado por el Zar Nicolás II en una  guerra imperialista.

Cuando, el 3 de marzo de 1918,  los bolcheviques firmaron el Tratado de Brest Litovks, Rusia llevaba tres años desangrándose en la defensa de unos intereses que nada tenían que ver con los del pueblo ruso, que se dejó en esa contienda unos 2 millones de muertos y alrededor de 5 millones de heridos. El Ejército ruso estaba exhausto, mal equipado y sin moral. Los campesinos, que eran la mayoría de los soldados, no entendían por qué debían morir en aquella guerra imperialista, por lo que las deserciones se hicieron multitudinarias.

«Los dirigentes bolcheviques tuvieron que ceder recursos y territorios, pero las cesiones de Brest-Litovsk no se tradujeron en un cambio de rumbo en el proyecto socialista revolucionario»

La propuesta bolchevique de concertar la “paz” con Alemania no respondió a un cálculo diplomático convencional, sino a la necesidad imperiosa de poner fin a una guerra que el pueblo ya rechazaba masivamente. Los bolcheviques habían transformado esa exigencia en su principal consigna política del momento: “Paz, pan y tierra”. Un eslogan que logró sintetizar con acierto lo que la mayoría del pueblo estaba reclamando en aquellos días.

La Rusia revolucionaria firmó el Tratado de Brest-Litovsk, pues, en un contexto límite. El Ejército estaba prácticamente descompuesto tras años de guerra, la guerra civil comenzaba a asomar con fuerza, el nuevo poder carecía todavía de una estructura estatal consolidada y, además, la intervención extranjera era una amenaza real e inmediata. En esas condiciones, continuar la guerra significaba el colapso del gobierno recién surgido de la revolución. Por eso la firma del tratado no fue presentada como una alianza  con el imperialismo alemán, sino como todo lo contrario, y supuso también la ruptura con los compromisos imperialistas suscritos por los gobiernos del zar Nicolás II con Francia e Inglaterra.

   En 1918, los dirigentes bolcheviques, ciertamente, tuvieron que  ceder recursos y territorios. Pero las cesiones de Brest-Litovsk no se tradujeron en un “cambio de rumbo”  en el proyecto socialista revolucionario, sino que posibilitaron su continuidad y profundización en las condiciones más adversas.

VENEZUELA: ¿UNA SOCIEDAD CAPITALISTA COMPARABLE CON LA RUSIA DE LENIN?

Quienes sostienen la pertinencia de comparar la política de los bolcheviques rusos en 1918 con la del gobierno de Delcy Rodríguez parten de la premisa falsa  -explícita o implícita-  de que Venezuela estaría inmersa también en un proceso revolucionario de construcción del socialismo. La realidad es, por el contrario, que la sociedad venezolana actual solo puede ser caracterizada como una formación social capitalista dependiente de la renta petrolera.

A pesar del discurso oficial sobre el «Socialismo del S. XXI», la mayor parte de la economía venezolana sigue estando en manos del sector privado.  Según las cifras aportadas por la economista venezolana Pasqualina Curcio, los datos oficiales del INE para el año 2008, (últimas cifras publicadas hasta 2023), indicaban que «de las 28.222 unidades económicas correspondientes a la actividad industrial, solo el 1,2% estaba en manos del sector público, el 98,71% restante pertenecía al sector privado«. (4).

En lo relativo a la actividad comercial y de servicios, el «0,12% y el 0,88%, respectivamente, pertenecían al sector público,  mientras la  industria, el comercio y los servicios siguen estando principalmente en manos del sector privado» (5).

«Nadie explica como podría Venezuela articular una resistencia antiimperialista cediendo la gestión de su principal recurso económico a las transnacionales de Estados Unidos»

En lo que respecta a la distribución de la renta nacional, los datos oficiales del Banco Central de Venezuela  -citados por el intelectual Luis Britto García – reflejan que en el año 2015 la repartición del PIB  era aproximadamente igual entre el empresariado y la clase trabajadora, mientras que once años después «dos terceras partes van a manos de los empresarios y solo una tercera parte a la clase trabajadora» (6) Una tendencia que, objetivamente, apunta en la dirección contraria a la de cualquier tipo de «profundización revolucionaria» del proceso bolivariano.

La sociedad venezolana, en efecto, no ha superado nunca los marcos del sistema capitalista e incluso nuevos sectores de la burguesía florecieron vinculados al aparato del Estado durante los diferentes gobiernos bolivarianos.  Pese a ello, Venezuela sí ha representado durante años un ejemplo de resistencia antiimperialista que, sin embargo, no se explica cómo podría sostenerse cediendo la gestión del principal recurso económico del país, el petróleo, a las empresas norteamericanas mediante la reforma de la Ley de Hidrocarburos y los acuerdos firmados con el Secretario de Energía de Donald Trump.

LA VERDAD COMO CONDICIÓN DE CUALQUIER RETIRADA NO CLAUDICANTE

Legítimamente, el lector se podría preguntar si no sería posible que, incluso en este marco capitalista, las concesiones efectuadas por el Gobierno de Delcy Rodríguez a Estados Unidos tengan el propósito de acumular fuerzas para un futuro contraataque.  ¿No podría todo formar parte de una estrategia, que se mantiene convenientemente oculta y que responda a lo que José Manuel Rivero califica en su artículo como «una  jugada de una audacia política indiscutible» (7)?

Antes de responder a esta pregunta es necesario reconocer que, efectivamente, en la guerra, – y la política es una forma de guerra-, existen las retiradas estratégicas y las concesiones tácticas. Indudablemente, hay coyunturas en las que resulta preciso ceder y retroceder para no perderlo todo.

Sin embargo, también existe un factor esencial que, sin ser infalible, ofrece una orientación fundamental para diferenciar las verdaderas retiradas estratégicas de las rendiciones disfrazadas con fraseología pseudorrevolucionariael discurso honrado y veraz de los dirigentes.

Cuando Lenin firmó el Tratado de Brest-Litovsk no lo presentó como una victoria, ni como una oportunidad histórica. Lo definió abiertamente como una paz humillante y forzada, impuesta por la debilidad militar de Rusia. Admitió que era un retroceso, que se cedían territorios y recursos y explicó, abiertamente, que era necesario para preservar el poder obrero y seguir construyendo el socialismoNo maquilló la realidad.

Muchos años después, cuando tras la caída de la URSS,  Cuba se vio obligada a introducir medidas económicas u orientarse hacia actividades que no formaban parte del inicial proyecto revolucionario, Fidel Castro fue claro, honrado y directo con el pueblo cubano.

 “Con esto no estamos avanzando en la construcción del socialismo; estamos salvando las conquistas básicas de la revolución”- reconoció abiertamente Fidel. 

El líder cubano no vendió las concesiones necesarias como “avances”. Las presentó como lo que eran: medidas defensivas en condiciones extremas.

Este discurso veraz es condición absolutamente indispensable para que las retiradas estratégicas, o las «concesiones tácticas», puedan dar lugar, verdaderamente, a un rearme y reorganización de las fuerzas populares. De otro modo, los pueblos quedan ideológicamente desorientados e inermes ante la posibilidad de que los retrocesos se consoliden definitivamente.

«El mensaje de Delcy Rodríguez se encuentra en las antípodas de lo que requerirían los sectores populares  para reorganizarse contra un Imperio que ahora ella misma presenta como el  nuevo socio estratégico del país»

Para  establecer el grado de plausibilidad  de la tesis Brest-Litovsk en el Caribe” es preciso preguntarse, pues, qué está haciendo, en este sentido, el Gobierno de Delcy Rodríguez.

Como se ha podido constatar en las últimas semanas, justamente lo contrario de lo que en su día hicieran Lenin o Fidel Castro.  Dar la bienvenida al enviado de Donald Trump y manifestar públicamente su deseo de que los acuerdos firmados para la explotación de las riquezas venezolanas por parte de los Estados Unidos

 «sean una asociación productiva a largo tiempo, que permita una agenda energética que se convierta en motor de la relación bilateral, que sea productiva y beneficiosa para ambos países» (8).

Así como expresar su convencimiento de que las diferencias de Venezuela con los Estados Unidos  

    «se podrán resolver a través de la diplomacia, asumiendo con madurez como poder seguir avanzando de forma conjunta» (9).

El mensaje lanzado por Rodríguez se encuentra, en definitiva, en las antípodas de lo que requerirían los venezolanos antiimperialistas para movilizarse y reorganizarse contra un Imperio que ahora ya no es presentado como el principal enemigo del país, sino como su nuevo socio estratégico.

En el mismo sentido, la Amnistía concedida a los “guarimberos”, acompañada con el llamamiento de Jorge Rodríguez a los chavistas para que «pidan perdón» a los amnistiados, solamente puede desarmar moral e ideológicamente a los sectores del chavismo que aún pudieran mantener una actitud combativa. Cabe recordar que quienes ahora saldrán a la calle como consecuencia de dicha amnistía -que José Manuel Rivero califica como «una medida de Estado profundamente soberana y valiente»– (10) habían sido condenados por cometer algunos de los peores crímenes en el marco del terrorismo callejero.

    EN LA IZQUIERDA TAMBIÉN ARRASTRAMOS UNA FORMA LAICA DE PENSAMIENTO RELIGIOSO

Con toda la evidencia acumulada desde el pasado 3 de enero,  y a falta de que alguien aporte otra que apunte en un sentido contrario, la afirmación de José Manuel Rivero de que lo que estamos presenciando formaría parte de una suerte de estrategia  que “la historia absolverá con la perspectiva del tiempo” (11)  constituye -en sentido estricto y sin ningún ánimo peyorativo- una construcción especulativa sin fundamento.

La dificultad para aceptar una realidad dura, y que sin duda traerá consecuencias graves para toda Latinoamérica, lleva a inventar otra “realidad” más cómoda, aunque los hechos demuestren claramente lo contrario.

Junto al miedo que todos sentimos a enfrentarnos a este tipo de escenarios políticos, y que conduce muchas veces a esta negación de la evidencia, esa forma de análisis parte también de una fe incondicional en que los dirigentes que identificamos previamente como “los nuestros”, siempre “saben lo que hacen”, son honrados y “revolucionarios”. Se trata de una forma laica de pensamiento religioso que continúa siendo uno de los mayores lastres de determinados sectores de la izquierda.

Una vez asumida esta  concepción de la política, cualquier medida que impongan los gobernantes de turno nace previamente justificada, por rechazable que esta sea y por más daño que pueda ocasionar a los pueblos. Si Delcy Rodríguez acudiera en los próximos meses a rendir pleitesía a Donald Trump en la Casa Blanca, como está anunciado que va a suceder, la tesis de Brest-Litovsk en el Caribe serviría para presentar esa visita a la capital del Imperio como otra concesión táctica, incluida en la  «jugada de una audacia política indiscutible” (12) del gobierno venezolano.

Lo más grave de esta forma de pensamiento es, precisamente, ese demoledor efecto político. Deja a los pueblos a merced de las decisiones —y eventuales traiciones— de las cúpulas dirigentes. Sustituir la vigilancia crítica por la confianza religiosa no fortalece los procesos emancipadores, los debilita. Es, exactamente, lo contrario del tipo de cultura consciente, exigente y políticamente adulta que resulta imprescindible promover en las bases sociales que han de impulsar cualquier proceso de cambio potencialmente revolucionario.

CUBA, CONTRAEJEMPLO DE RESISTENCIA FRENTE AL IMPERIALISMO

En la parte final de su artículo, José Manuel Rivero sostiene que quienes no compartimos su tesis estaríamos pensando desde  “postulados abstractos” (12). Y estaríamos olvidando -además- que «el objetivo supremo en esta etapa no es la pureza de una estética revolucionaria, sino dos metas concretas e irrenunciables: evitar que Venezuela sea reducida a cenizas como Gaza, y lograr el regreso con vida de Nicolás Maduro y Cilia Flores« (13).

A lo largo de este artículo creemos haber mostrado, por el contrario, que nuestro análisis se basa en hechos objetivos: reformas legales, acuerdos energéticos y decisiones políticas verificables. Pero, igual de concreta,  presente y cercana, es otra experiencia que representa el ejemplo contrario a la forma de responder a los ataques imperialistas que ha adoptado el gobierno venezolano. Una que ha demostrado, a lo largo de la historia,  ser la única capaz de resistir los embates del abusivo gigante del Norte. Esa evidencia concreta tiene un nombre: Cuba.

Durante más de seis décadas, la pequeña Isla caribeña ha soportado el más pertinaz bloqueo económico, intentos de invasión, sabotajes y una presión sistemática destinada a asfixiarla, sin haber claudicado.  Si la lógica de la rendición «táctica» que hoy se defiende para Venezuela se hubiera aplicado a la Revolución cubana, ésta debería haberse entregado a las exigencias del imperialismo norteamericano prácticamente desde su nacimiento.

En 1962, Fidel Castro debería haber optado por el “realismo”, ya que Cuba estuvo, literalmente, al borde de la destrucción nuclear. Tras la caída de la  URSS, cuando la Isla perdió de golpe su principal sostén económico, quedó totalmente aislada, y la nueva Rusia de los oligarcas le retiró cualquier tipo de apoyo ante el recrudecimiento del Bloqueo, la lógica que hoy sirve para justificar la claudicación en Venezuela también debería haber llevado al gobierno cubano a ser «pragmático». A abandonar su «dogmatismo» revolucionario, dando entrada al capital extranjero, como insistían determinados “amigos” españoles, miembros del gobierno de Felipe González, que se empeñaron en “aconsejar” a Fidel Castro, pretendiendo hacerle ver “que el mundo había cambiado” y su resistencia numantina había «pasado de moda».

Como bien sabemos, Cuba no claudicóNo hizo concesiones de principio. Nunca vimos a Fidel Castro dando la bienvenida en La Habana al jefe de la CIA o vendiendo la soberanía económica del país. Cuba resistió y resiste hoy, en las peores circunstancias y ahora sin el petróleo que el gobierno de Delcy Rodríguez ya no envía a la Isla. Y es por esa razón por la que sigue siendo uno de los principales ejemplos que aún le quedan a la izquierda revolucionaria a nivel mundial.

La experiencia cubana muestra que la supervivencia frente al imperialismo no depende de plegarse dócilmente a sus exigencias, sino de sostener una voluntad colectiva organizada y dispuesta a asumir sacrificios para preservar la independencia política.

Por el contrario, apelar a una posible «destrucción total» como justificación para ceder en principios esenciales es, simple y llanamente, una expresión de que el enemigo ya ha vencido previamente por medio del terror, porque la amenaza de estrangulamiento y agresión será siempre una constante para cualquier proceso político que aspire a transformar realmente la sociedad.

Mucho más cuestionable es, por supuesto, incluir en el “objetivo supremo” (14) de un país la liberación de dos personas —como afirma José Manuel Rivero—, si ello implica entregar la soberanía  de la nación. Ese no puede ser jamás el planteamiento de una política revolucionaria, en la que ningún individuo puede situarse por encima de los proyectos colectivos.

La historia real, no la que se reconstruye a partir de analogías forzadas, indica cuál es el único camino que ha permitido resistir y sobrevivir a los embates imperiales. Y ese camino, desde luego, nunca ha sido el de la claudicación.

Notas y referencias bibliográficas:

(1) Declaraciones efectuadas por Delcy Rodríguez durante la rueda de prensa conjunta ofrecida por el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright.

(2) Brest-Litovsk en el Caribe: la audacia leninista frente a la aniquilación. José Manuel Rivero. Canarias-semanal.org.

(3) Ibid.

(4) ¿Hacia dónde va Venezuela? ¿Es todavía un país en el que se está construyendo el socialismo? Eugenio Fernández. Canarias-semanal.org.

(5) Ibid.

(6) Luis Britto García: «Hoy los empresarios venezolanos se embolsan las dos terceras partes del PIB» Eugenio Fernández. Canarias-semanal.org.

(7) Brest-Litovsk en el Caribe: la audacia leninista frente a la aniquilación. José Manuel Rivero. Canarias-semanal.org.

(8) Declaraciones efectuadas por Delcy Rodríguez durante la rueda de prensa conjunta ofrecida por el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright (véase vídeo adjunto).

(9) Ibid.

(10) Brest-Litovsk en el Caribe: la audacia leninista frente a la aniquilación. José Manuel Rivero. Canarias-semanal.org.

(11) Ibid.

(12) Ibid.

(13) Ibid.

(14) Ibid.