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domingo, septiembre 14, 2025

Notas sobre la tragedia política boliviana

Fuente: Clarín, 19.8.2025, pg. 22

Por: Atilio Boron

19 de agosto de 2025 Hora: 21:36

 La imagen que acompaña esta nota ilustra los profundos cambios experimentados por la Asamblea del Estado Plurinacional y el carácter catastrófico de la derrota del MAS en Bolivia. Esta puso fin a un ciclo iniciado con el triunfo de Evo Morales en la elección presidencial de diciembre del 2005 y su ingreso al Palacio Quemado de La Paz el 22 de enero del 2006. Período, hay que subrayar, en donde la hegemonía electoral del MAS fue aplastante, ganando una sucesión de seis elecciones con porcentajes que salvo en un caso se empinaban bien por encima del 50 % de los votos. Esta supremacía en las urnas era el reflejo de la hegemonía política del MAS y de la capacidad de conducción del líder indiscutido del movimiento popular, Evo Morales.  En los casi catorce años de su gestión, interrumpida por el golpe de Estado fascista del 10 de noviembre del 2019, la gestión de Evo cambió radicalmente y para bien el rostro de Bolivia, dando lugar a que muchos observadores y medios de prensa hablasen del “milagro económico boliviano.” No solo económico sino también social y cultural, terrenos en donde los avances fueron quizás más espectaculares que en el área económica. Pero no es este el lugar para examinar ese fascinante proceso emancipatorio, sus grandes conquistas, así como algunos de los aspectos más deficitarios de esos años. La urgencia de la coyuntura nos obliga a mirar hacia lo inminente.

Más productivo es, por eso mismo, preguntarnos que puede esperarse de un derrumbe tan espectacular como el que se verificara el pasado domingo en las urnas, pero que se fue gestando casi desde el momento en que Luis Arce Catacora asumiera la presidencia del Estado Plurinacional de Bolivia el 8 de noviembre de 2020. Esta tesis, sin embargo, es cuestionada por Javier Larraín, Director de la revista Correo del Alba cuando aporta una visión más pesimista, y probablemente más apegada a la realidad. Larraín sitúa el origen de esta decadencia mucho antes. Así se lo comentó a Gustavo Veiga, en una entrevista para Página/12: al decir que:  “el proceso de descomposición del MAS comenzó en 2013, 2014 y si recordamos que en 2019 sacó la votación más baja con Evo del 47 por ciento y (antes) había perdido un referéndum cuyo resultado desconoció, entonces lo que hemos venido viendo es esa caída”.[1] Desde ese entonces cobró ímpetus una lucha intestina por el liderazgo popular y la conducción del proceso de cambios. Como bien lo señala Sacha Lorenti en una nota acertadamente titulada “Autopsia preliminar de las elecciones en Bolivia” (porque desgraciadamente el MAS, ese gran movimiento popular boliviano ha muerto),  “el gobierno de Luis Arce hizo todo lo que estuvo a su alcance para  intentar destruir el liderazgo de Evo Morales: el robo de la sigla del MAS-IPSP, la anulación de toda posibilidad de participación con otra sigla, la toma violenta de las organizaciones sociales, la inhabilitación de Evo Morales, el atentado contra su vida, la persecución y el encarcelamiento de más de cien personas que protestaron contra la proscripción y, como fue denunciado por Diario Red, pagos a jueces y vocales el Tribunal Supremo Electoral para sacarlo del tablero electoral.” [2] Esto es cierto, pero no puede pasarse por alto que Evo, que no por casualidad durante su gestión presidencial era popularmente conocido como “el jefazo”, nunca terminó de digerir la imposibilidad legal que tenía para ser candidato a presidente en 2020 y que siempre consideró a Arce -su ministro estrella en los años de esplendor económico, no olvidemos eso- como un usurpador por lo cual tampoco ahorró durísimas críticas a quien por entonces ocupaba el Palacio Quemado.

Una interpretación más equidistante de este lamentable conflicto, iniciado como una feroz lucha personalista por el poder y que solo en su desarrollo posterior se convirtió en una divergencia política e ideológica más amplia, la ofrece una nota que publicara Álvaro García Linera en vísperas de la elección boliviana y en la cual describía esta fractura en durísimos términos: “Por un lado, un mediocre economista que está por casualidad como presidente y que creyó que podía desplazar al líder carismático indígena (Evo) proscribiéndolo electoralmente. Por otro, el líder que, en su ocaso, ya no puede ganar elecciones, pero sin cuyo apoyo tampoco se gana, y que se venga ayudando a destruir la economía sin comprender que en esta hecatombe también está demoliendo su propia obra. El resultado final de este miserable fratricidio es la derrota temporal de un proyecto histórico y, como siempre, el sufrimiento de los humildes que nunca fueron tomados en cuenta por los dos hermanos embriagados de estrategias personales.”[3]

Teniendo en cuenta estos antecedentes, y sobre todo eso de un “miserable fratricidio” que pone término -¿o apenas una pausa?- a una revolución en curso, le asiste toda la razón a Carlos Figueroa Ibarra, profesor de la Universidad de Puebla, cuando en su esclarecedor análisis de las elecciones bolivianas asegura que tanto Rodrigo Paz Pereira -hijo del expresidente Jaime Paz Zamora (1989-1993)- como sus contendientes,  Jorge “Tuto” Quiroga con quien eventualmente medirá fuerzas en el balotaje en caso de que este a última hora no desista de participar debido a sus pocas chances de triunfar,  y quien llegara en tercer lugar en la primera vuelta, Samuel Doria Medina, comparten las grandes líneas que definirán la marcha del próximo gobierno, casi con seguridad presidida por Paz Pereira.[4] Este nuevo consenso neoliberal, como correctamente lo denomina nuestro autor, contempla la “eliminación de la república plurinacional, la agroindustria como el corazón de la economía boliviana, legalización de los transgénicos, represión de la protesta social, privatización de las empresas estatales, apertura al capital transnacional, eliminación de subsidios a los combustibles, eliminación de la propiedad comunitaria de la tierra.”  Pero, además, en el plano político, el indulto de los golpistas Jeanine Añez y de uno de los líderes de la extrema derecha racista y exgobernador de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, además de la persecución de Evo Morales y Álvaro García Linera. O sea, una pesadilla política.

En este lamentable escenario, habida cuenta de una muy dolorosa derrota no solo para las clases populares de Bolivia sino que me atrevería a decir para todos los pueblos de Nuestra América, sorprenden las declaraciones triunfalistas de Evo Morales exaltando el 19,2 % del voto nulo que, según él, lo proyectan como el líder de la oposición al nuevo régimen reaccionario. Pero esa euforia, que tiene como fundamento innegable la lealtad de una parte importante del campo popular a las directivas de Evo, oculta la inoperancia del voto nulo, su esterilidad práctica, salvo cuando este es el preludio de un momento insurreccional capaz de desafiar al poder constituido, cosa que quien esto escribe no advierte en este momento en Bolivia.  Cierto es que no debiera descartarse esta posibilidad si se tiene en cuenta la prolongada experiencia de lucha y la extraordinaria combatividad de las masas plebeyas bolivianas. Tal vez se produzca ese enfrentamiento entre el poder institucionalizado y la potencia creadora de la calle, como siempre recordaba Maquiavelo en sus estudios sobre la república romana.  Pero al día de hoy no se perciben esos signos de insurgencia popular en el clima político imperante y mucho menos que la correlación de fuerzas existente en los terrenos de la economía, la política la cultura y lo militar, como siempre advertía Gramsci, ofrezcan indicios de que hay algo que, subterráneamente, se orienta hacia un estallido popular.  Mientras tanto, la existencia de una Asamblea Nacional en cuyo Senado el MAS ha desaparecido por completo y apenas conserva una ínfima minoría en la Cámara de Diputados demuestra que el voto nulo para lo que ha servido es para facilitarle a la derecha la construcción de los dos tercios de los votos  que se necesitan para que la Asamblea Nacional reforme la Constitución Política del Estado anulando los grandes avances plasmados en esa luminosa pieza constitucional surgida del auge del MAS. Y sabemos que, a diferencia de las izquierdas, cuando la derecha tiene una oportunidad no pierde tiempo en debates filosóficos o en pujas discursivas. Actúa rápida y letalmente. Para quienes duden de este aserto aconsejo que examinen el caso argentino. Ojalá que otro, y mejor, sea el desenlace de la actual coyuntura boliviana.    


[1] Ver  Gustavo Veiga, entrevista a Javier Larraín,  “El proceso de descomposición del MAS viene desde 2013” , Página/12, 16.8.2025 https://www.pagina12.com.ar/850001-javier-larrain-el-proceso-de-descomposicion-del-mas-viene-de

[2] “Autopsia preliminar de las elecciones en Bolivia”, Diario Red, 18.8.2025,  https://www.diario-red.com/opinion/sacha-llorenti/autopsia-preliminar-utopsia-preliminar-elecciones-bolivia/20250818092812052736.html

[3]  “¿Por qué el progresismo y la izquierda pierden elecciones?” , en Resumen Latinoamericano, 17 agosto 2025,  https://www.resumenlatinoamericano.org/2025/08/17/pensamiento-critico-por-que-el-progresismo-y-la-izquierda-pierden-elecciones/  . No puedo dejar de señalar un matiz: Arce no llegó por casualidad a la presidencia. No había otro candidato, esa es la verdad.

[4] . (https://www.e-consulta.com/opinion/2025-08-19/bolivia-quien-gano-y-quien-perdio)

Autor: Atilio Boron

"Evo contra la traición, la larga batalla para salvar a Bolivia del golpe silencioso"


Por: Silvana Sale. Intelectual y 

revolucionaria.

19 de Agosto de 2025.


Bolivia, tierra de luchas indígenas y revoluciones populares, está hoy plagada de un conflicto interno sin precedentes, protagonizado por dos aliados que alguna vez lo fueron: Evo Morales y Luis Arce.

Una comparación que para Evo no es política, sino moral, histórica y patriótica. Es un intento desesperado y necesario de salvar un proceso revolucionario traicionado, vaciado y doblado a la lógica del poder personal.

Todo comienza a finales de Junio de 2024 cuando el país es testigo de un presunto golpe de estado liderado por el Comandante militar Juan José Zúñiga. Durante horas televisores y redes sociales exhibieron vehículos blindados en la Plaza Murillo y en los alrededores del Palacio Presidencial. En un primer momento hasta Morales, siempre atento al destino de la patria, condenó la insurrección.

Pero algo no se siente bien. Los detalles suman, el momento parece sospechoso, y unos días después del evento Evo cambia de rumbo; no fue un golpe de estado, sino un autogolpe orquestado por el presidente Arce para consolidar su imagen y desacreditar a la oposición interna.

“...Arce engañó al pueblo boliviano y al mundo entero...”, dice Morales. Y acusa: "...Lucho fue atacado por su propia gente por llorar frente a las cámaras y aumentar su popularidad. Todo es un espectáculo bien organizado con el Comandante Zúñiga..."

La queja es descarada. No se trata sólo de diferencias políticas, según Evo, se ha abierto un frente de manipulación institucional en el que el Estado se utiliza con fines personales en una regresión autoritaria enmascarada por la democracia.

La respuesta de Morales no tarda. Septiembre de 2024 marca una nueva etapa de movilización. Una gigantesca "Marcha para salvar a Bolivia" cruza el país y llega a La Paz. Evo está en primera línea, como siempre, entre el pueblo y con el pueblo. Pero esta vez sus palabras son más duras que nunca: "...Arce tiene 24 horas para reemplazar a los ministros corruptos, racistas, narcos y drogadictos. Si no lo hace, la movilización continuará y será el pueblo quien decida el futuro del gobierno..."

No es solo una advertencia, sino un acto de amor hacia un proyecto político que el mismo Morales construyó con décadas de lucha. Arce, según Evo, se rodeó de figuras ambiguas, lejos de los valores originales del MAS, gente que piensa en lucro, poder y represión. No en la gente.

La tensión está explotando en los próximos meses. Las plazas se dividen: "evistas" y "arcistas" se enfrentan entre sí. Registro de lesiones, agresiones en la sede del Partido, amenazas e información errónea. Morales, fiel al principio de no violencia, denuncia el regreso del "fascismo" en Bolivia, alimentado en sus palabras por el mismo Arce.

En Octubre el episodio más grave: disparos a su vehículo en Villa Tunari. Es una prueba. Nadie resultó herido, afortunadamente, pero el mensaje es claro. Alguien quiere callar a Evo, pero él no se rinde. Denuncia públicamente la intención de eliminarlo física y políticamente, y acusa al gobierno de crear un clima en el que "...pandillas armadas y grupos paramilitares actúan impunemente contra quienes no están de acuerdo..."

El 2025 comienza con nuevas acusaciones. Morales apunta con el dedo contra la alianza implícita entre Arce e intereses extranjeros, en particular el imperialismo estadounidense y sus satélites en la región. En un discurso acalorado, afirma, "...Arce se ha convertido en el gran aliado de Trump. Trajo de vuelta el estado colonial a Bolivia, borrando las conquistas del plurinacionalismo..."

Para Evo cada paso del gobierno actual es un paso atrás en la economía, en la identidad, en la soberanía. Los recursos naturales se gestionan de acuerdo con prestamistas externos, los préstamos son "paquetes de limusina" y el pueblo ya no es el protagonista.

Pero el último punto de quiebre viene con la exclusión de Morales de la carrera electoral. Evo afirma que "...el sistema de justicia fue manipulado para evitar que se postulara para el cargo, y a cambio Arce habría garantizado la estancia ilegítima de los magistrados..."

Es el llamado "lawfare", el mismo método utilizado contra Lula, contra Correa y contra Cristina Kirchner. Un golpe judicial en pleno apogeo.

Morales, una vez más, sin rendirse. Pide a la gente que responda con un acto simbólico y político: el voto nulo. El objetivo es demostrar que sin Evo no hay elecciones reales. Y la gente responde, millones de votos cancelados, total descredito del MAS, y un desastroso resultado electoral para el gobierno.

Cuando Arce, ahora aislado, busca una aparente reconciliación y pide la "unidad de la izquierda", Evo responde con claridad: "...No es unidad, es una llamada de ayuda. Nadie puede salvar a un gobierno que ha traicionado al pueblo y perseguido a su fundador..." Arce, según Morales, "...construyó un castillo de arena basado en el silencio, el oportunismo y el consentimiento de los medios. Pero ahora que la arena se desmorona, hace un llamado a los que siempre han defendido al pueblo, al campo, a la Pachamama...'

Evo Morales, con su estilo directo, popular y a menudo polémico, se confirma no sólo como un ex presidente, sino el único referente moral, político e histórico del proceso boliviano de cambio. Lo suyo es una cruzada contra la falsedad, contra la venta del alma indígena de Bolivia, contra un aparato que dejó de escuchar a los pobres y comenzó a servir a los poderosos. En un continente donde la lucha es diaria y la verdad a menudo se silencia, Evo sigue hablando.

Y sigue caminando, como siempre, junto a su gente.

Y hoy 19 de agosto de 2025, Bolivia tocó fondo.

El proceso revolucionario, durante años un faro de América Latina, fue enterrado por las urnas.

El MAS sufrió la derrota más humillante de su historia, ganando sólo el 3% de los votos. No por falta de gente, sino por el abandono del pueblo por quienes usurparon la dirección del movimiento. No por las ideas, sino por la traición de quienes adoptaron un proyecto nacido en las calles, en los sindicatos, en los campos, y lo convirtieron en una máquina de poder personal, tecnocrático, corrupto y ciego.

Bolivia se prepara ahora para una votación entre dos candidatos de extrema derecha, ambos expresiones de las élites económicas, el mercado financiero y las agencias extranjeras.

Es el resultado perfecto para aquellos que desde dentro han trabajado para destruir el sueño de la gente. El gobierno saliente, incapaz de dar respuestas, pero tan hábil en reprimir y manipular, ha dejado libre al restaurante conservador.

Arce ni siquiera se postuló para candidato, entregó el país a la derecha después de excluir a Morales, de criminalizar la disidencia y traicionar el mandato que recibió de la gente en 2020.

Pero Bolivia no olvida. El 21% de los votos nulos y blancos es la prueba viviente de que Evo Morales no es solo un nombre, sino una identidad colectiva. El pueblo no votó por nadie, porque nadie representaba el verdadero cambio.

Ese silencio escrito en las cartas es un grito más fuerte que cualquier eslogan: "...Sin Evo, no hay futuro..."

Hoy Bolivia perdió, sí, pero solo ha perdido a aquellos que olvidaron de dónde venían.

Morales no se rinde, porque esta derrota no es el fin, sino el despertar. Se reanuda la lucha, más limpia, más fuerte, más cerca de las raíces.

Porque los pueblos pueden ser engañados una vez, pero no para siempre. Y tarde o temprano, la Pachamama, la justicia social y la dignidad volverán a hablar en nombre de la verdadera Bolivia. El que no vende. El que no se rinde.


¡Seguimos en combate!

¡La lucha continúa!

¡La victoria es cierta!

Entrevistas con Luis Arce y Álvaro García Linera.


 

Cinco mitos sobre la crisis de la izquierda en Bolivia


Cinco mitos sobre la crisis de la izquierda en Bolivia

Por Sacha Llorenti *


He leído con mucha atención a muchas compañeras y compañeros, personas a las que quiero y respeto mucho, simplificar la situación de la crisis de la izquierda en Bolivia. Sé que esas críticas son de gente honesta, que nacen de auténticas preocupaciones y de la solidaridad con el pueblo boliviano.

Sin embargo, surgen una serie de puntos comunes que merecen una explicación dada las características únicas de Bolivia, sus organizaciones sociales y de su izquierda.


1-La fractura de la izquierda es una pugna de ambiciones personales

No son los egos, la falta de generosidad o la mezquindad las que marcaron el rompimiento entre las organizaciones sociales y el gobierno de Luis Arce. Este es un reduccionismo que esconde un desconocimiento de lo que significa el Instrumento Político de las organizaciones sociales que llegaron a conquistar el poder político en Bolivia en diciembre de 2005.


Ese instrumento es la suma de las organizaciones indígenas y campesinas más grandes del país, en un país, no sobra decirlo, mayoritariamente indígena.


Esas organizaciones se estructuran en sindicatos, subcentrales sindicales, centrales provinciales, federaciones departamentales y confederaciones nacionales. Son esas estructuras las que debaten y deciden el curso del instrumento. No son decisiones personales ni caprichos son decisiones orgánicas que atraviesan la territorialidad boliviana.


Esas organizaciones fueron sistemáticamente atacadas por el gobierno de Luis Arce quien, producto de manipulaciones de la justicia, llegó a arrebatarles la sigla partidaria.


Entonces, el rompimiento con Arce, entre muchas otras razones, se da por su decisión de proscribir a todo el movimiento organizado en torno al Instrumento Político, por el catastrófico manejo económico y las graves denuncias de corrupción.


Además, esas organizaciones definieron que su candidato debía ser Evo Morales. Las movilizaciones y protestas en contra de la proscripción tuvieron como respuesta la represión, el atentado contra la vida de Evo y la toma violenta de varias sedes sindicales.  Mientras se escriben estas líneas, todavía están en cárceles o en la clandestinidad decenas de dirigentes indígenas.


2-Nadie buscó la unidad

Pese a que el gobierno de Luis Arce utilizó todo el repertorio de Lenin Moreno cuando éste proscribió a Rafael Correa, Evo Morales y las organizaciones sociales del Instrumento Político plantearon varias alternativas para impedir la implosión. Primero, se propuso la realización de primarias internas cerradas con la participación de la militancia del instrumento que superaba el millón de inscritos. Luego, ante el rechazo de esta, propuso la realización de primarias abiertas al estilo argentino. Esa propuesta también fue rechazada. Finalmente, Evo Morales propuso la realización de encuestas al estilo mexicano para la designación del candidato, con el compromiso de un apoyo pleno a quien fuera favorecido. Esa propuesta también fue descartada porque la intención fue, siempre, la anulación política a toda costa de Evo Morales y, por ende, de las decisiones orgánicas. Andrónico Rodríguez tampoco quiso la realización de primarias.


3-La candidatura de Andrónico Rodríguez representaba al bloque popular

Andrónico era el joven político que podía representar mejor los intereses del bloque popular boliviano. Indígena, dirigente sindical, politólogo y presidente de la Cámara de Senadores era visto por todos como el heredero natural del legado político de Evo Morales.


Sin embargo, cometió el delito de lesa política de lanzar su candidatura a espaldas de las organizaciones sociales que conforman el Instrumento Político. Fue a través de una conferencia de prensa que la dirigencia indígena y campesina conoció que Andrónico había tomado la decisión individual de lanzar su candidatura, sin que haya sido producto de una decisión de las estructuras de esas organizaciones.


Fue una candidatura personal que provocó uno de los golpes más duros contra el Instrumento Político porque usurpó una representación que no le fue conferida, legitimaba la proscripción del movimiento popular y rompía con la lógica de toma de decisiones colectivas. Rodríguez fue expulsado de su sindicato y de su federación de campesinos. Su bajísimo porcentaje en las elecciones son una prueba de que su candidatura no contaba con respaldo popular. Para más inri, sus listas de candidatos tenían a gente claramente de derecha en ellas.


4-El voto nulo es inútil

La decisión de hacer campaña por el voto nulo no fue una decisión individual ni caprichosa de Evo Morales. Fue una decisión colectiva que tardó en tomarse y que se basó en la lógica de que esas elecciones son ilegítimas porque se realizaban proscribiendo al mayor movimiento político del país. Pese a la brevedad de la campaña, el voto nulo alcanzó cerca del 20 por ciento de los votos, cuando el promedio de todas las elecciones anteriores se acercaba al 3,5. Fue un voto de protesta, un voto disciplinado, un voto que demuestra que las organizaciones sociales siguen siendo el alma y la esencia de la izquierda boliviana.


5-Es el ocaso de Evo Morales y de la izquierda boliviana

Los resultados electorales demuestran que la izquierda boliviana está basada en las organizaciones sociales indígenas y campesinas, que el líder indiscutible continúa siendo Evo Morales y que ahí está la verdadera oposición a las derechas que asumirán el poder político en noviembre próximo.


Así como sucedió después del golpe de Estado, fueron esas organizaciones y ese liderazgo los que lograron recuperar la democracia. Después de la serie de golpes que esta vez vinieron desde el gobierno de Arce y la ruptura de Rodríguez, serán esas organizaciones las que marquen la ruta que deberá seguir el movimiento popular y revolucionario en Bolivia.


Nota final sobre las equidistancias


Un llamado para las izquierdas latinoamericanas: no puede haber equidistancias entre quienes traicionan y los traicionados, entre quienes intentan destruir a nuestras organizaciones políticas y quienes las defienden, entre quienes proscriben y quienes son proscritos, entre quienes intentan asesinar a nuestros compañeros y quienes son las víctimas, entre quienes encarcelan a dirigentes indígenas y quienes son encarcelados. Nuestras equidistancias ante las injusticias son armas de nuestros enemigos.


Como bien decía José Martí: “Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que alumbra. El sol tiene manchas. Los agradecidos ven la luz. Los desagradecidos ven las manchas”.


*Sacha Llorenti es boliviano, abogado, exministro y expresidente del Consejo de Seguridad de la ONU.

#LealesSiempreTraidoresNunca

martes, agosto 19, 2025

«El Gran Perdedor de las Elecciones» en Bolivia tiene nombre, Luis Alberto Arce Catacora.

 Adolfo Carbonay

#Bolivia | Editorial | Ojo Critico

Señor lector siéntese cómodo un momento por favor. Pongamos las ideas en orden.

A ver, señoras y señores… ayer 17 de agosto hubo elecciones en Bolivia. Ganó Rodrigo Paz Pereira, sí, sí, muy lindo, felicidades, pero hoy no estamos para hablar del ganador. No. Hoy toca hablar del verdadero protagonista: ¡Luis Alberto Arce Catacora El Gran Perdedor!:

El hombre que logró lo que ni los gringos, ni la CIA, ni los pititas, ni adversarios políticos pudieron haber hecho: «destruir al MAS desde adentro».

Porque claro, recordemos: este señorito no llegó al poder porque era el favorito de nadie. Nadie dijo «qué brillante ese Lucho Arce, qué estadista, qué genio económico». No, llegó porque Evo Morales lo puso de candidato, porque estaba en la papeleta azul. «Si Luis Arce no hubiera estado en la sigla del MAS al lado de su foto, ni haber tenido el apoyo de Evo, no lo votaba ni su perro»

Pero ahí empezó su novela: gana gracias al voto de Evo, y a los cinco minutos se pelea con Evo. ¡Clásico! Es como que te inviten a almorzar, te comas el plato entero y después le escupas en la cara al cocinero. Eso hizo Lucho: «escupió en el plato del que comió».

¿Y qué vino después? ¡La crisis! Primero, no había dólares. Después, no había gasolina. Luego, tampoco diésel. La gente hacía colas más largas que las de la verbena del 16 de julio, pero no para bailar, ¡sino para llenar el tanque del coche!.

No contento con eso Luis Arce pone como cereza al pastel, decide pelearse con su propio partido. El hombre inventó la autodestrucción política de su gestión y la  de su partido.

Y ojo, no solo se peleó con Evo, ¡le robó la sigla! Sí, como ladrón de barrio que te roba la bicicleta, Arce se quedó con las letras M-A-S y le dijo a Evo: «Ya no eres candidato, Evo lindo». ¡Ni Judas fue tan creativo con la traición!

Pero esperen, que hay más. El valiente presidente, que no tuvo agallas para levantar los subsidios, decidió lavarse las manos y preguntar en referéndum si el pueblo quería pagar más por la gasolina. ¡Cobarde! «Era tu trabajo, Luis eras presidente, era tu deber hacerlo, no el de la señora que vende api en la esquina».

Y mientras el país se incendiaba, ¡sus hijitos felices! Créditos millonarios, negociados, el banquete familiar. Porque si algo nos enseñó Arce, es que la «revolución» empieza por la billetera de los hijos.

¿El resultado de todo este circo? Pues ayer lo vimos: su títere, Eduardo del Castillo, con la sigla robada del MAS, sacó apenas un 3%. ¡Tres por ciento! ¡El MAS que en 2020 había sacado 54%! ¡Perdieron más del 50% del voto en cinco años! Ni la inflación subió tan rápido como cayó el MAS. ¡Récord Guinness! Gracias Luis.

Así que, don Luis Arce, de todo corazón: felicidades. Se ganó usted el Premio al Mejor Traidor de la Política. No hay estatua que le alcance, no hay medalla que lo describa. Usted fue la catástrofe perfecta: traidor, alcahuete, cobarde, corrupto… con corbata y traje prestado.

Luis Arce Catacora: usted no solo arruinó al MAS, dejo un legado de: gasolina escasa, colas infinitas, inflación desatada… y un partido como el MAS en «terapia intensiva».

Brindemos todos por este hombre que transformó que paso de revolucionario a una bufón barato de la Plaza San Francisco de La Paz.

¡Adiós traidor! 👏


cc/rrp/Editorial

miércoles, mayo 21, 2025

La situación de la izquierda boliviana ante las elecciones de agosto.


  •  legado antiimperialista de José Martí,

Bolivia. Elecciones en agosto: Andrónico Rodríguez y Eduardo del Castillo compiten por el poder en la izquierda boliviana en medio de la ruptura entre Luis Arce y Evo

Por Lorenzo Santiago, Resumen Latinoamericano, 20 de mayo de 2025.
Evo Morales, no podrá postularse a un cuarto mandato, no logra inscribir su candidatura y la izquierda se AIZAR RALDES / AFP

El expresidente boliviano Evo Morales no logró viabilizar su candidatura para las elecciones presidenciales de este año . La inscripción de candidatos cerró este lunes (19) y el grupo del líder cocalero no tuvo la inscripción de Evo aceptada por el Tribunal Supremo Electoral (TSE). Ahora, la izquierda boliviana está dividida entre el candidato del Movimiento Al Socialismo (MAS), Eduardo del Castillo, y el senador Andrónico Rodríguez .

El grupo vinculado al expresidente creó el movimiento Evo Pueblo e intentó registrarlo digitalmente en el partido Acción Nacional Boliviana (Pan-Bol). La lista de candidatos habilitados e inhabilitados recién se conocerá el 6 de junio, pero la candidatura de Evo fue rechazada por el TSE porque, según el secretario de la Sala del TSE, Fernando Arteaga, el partido no está reconocido.

“Evo Pueblo no es un partido con personería jurídica vigente, y a Pan-Bol le han revocado la personería jurídica, por lo que no pueden inscribir candidatos”, afirmó Arteaga. El registro de Pan-Bol fue revocado por el TSE a principios de mayo porque el grupo no recibió más del 3% de los votos en las elecciones presidenciales de 2020. Al Frente Para la Victoria (FPV) también le revocaron su registro por la misma razón.

El Tribunal Constitucional Plurinacional de Bolivia (TCP) decretó, en diciembre de 2023, que los presidentes y vicepresidentes solo podrían ejercer su cargo por dos mandatos, consecutivos o no. Con el fallo judicial, Evo Morales, quien fue presidente durante tres mandatos, no pudo regresar al poder.

El candidato del MAS será el ex ministro de Gobierno Eduardo del Castillo. Ocupa el lugar del presidente, Luís Arce, quien se retiró de la candidatura a la reelección . El presidente dijo que no quiere ser un “factor de división popular” y pidió a Evo que también evite postularse a ese cargo. Morales fue expulsado del MAS en noviembre del año pasado, perdiendo el liderazgo del partido después de 25 años.

Pero el candidato que lidera las encuestas es Andrónico Rodríguez, un dirigente cocalero de 36 años que lideró movimientos sindicales y ganó aún más prominencia luego de que Morales lo mencionara en 2019 como un candidato capaz para liderar el MAS. Su candidatura, sin embargo, también está siendo analizada por el TSE. Pretendía postular por el MAS, pero fue registrado por Alianza Popular. Esto porque un tribunal del estado de Beni presentó una medida cautelar para evaluar su candidatura.

La Fiscalía solicita una evaluación del Movimiento Tercer Sistema (MTS), del que forma parte Alianza Popular. El Tribunal señala que el MTS no renovó su directorio en el plazo estipulado. La candidatura de Andrónico a la coalición será evaluada este miércoles (21).

Candidatos de derecha
Desde el golpe de Estado contra Evo Morales en 2019, la derecha boliviana ha perdido fuerza y ​​no ha logrado definir un nombre fuerte. La Unidade Aliança está ahora consolidada como el principal bloque de oposición. Su fórmula estará integrada por el empresario Samuel Doria Medina y el ex funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) José Luis Lupo.

Otro candidato es el expresidente Jorge “Tuto” Quiroga, quien postuló por la Alianza Libre, junto al empresario Juan Pablo Velasco. En la última encuesta presentada por el instituto Red Uno, Andrónico lideraba con el 18% de la intención de voto y era seguido por Doria y Quiroga.

Otros grupos menos populares también presentaron sus propias candidaturas, como el Partido Demócrata Cristiano (PDC), el Movimiento de Renovación Nacional (Morena), la Nueva Generación Patriótica (NGP), la APB-Súmate y las alianzas Libertad y Progreso (ADN) y Fuerza del Pueblo.

Editado por: Rodrigo Durão Coelho

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domingo, junio 30, 2024

Bolivia. El gobierno de Arce prevé nuevas asonadas que bajen del oriente

 



By Resumen Latinoamericano on 30 junio, 2024

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Por Ricardo Gotta, Resumen Latinoamericano, 30 de junio de 2024.

La inestabilidad institucional en Bolivia no se apaciguó tras el intento de golpe. Desde la emblemática Santa Cruz y otros departamentos, opera la derecha reaccionaria y golpista. La pelea por los recursos minerales, en especial el litio. La injerencia externa. La situación económica social y la feroz interna en el MAS.


Desde 1946 hubo 46 golpes o intentos de golpes de Estado en Bolivia. En ningún otro país del mundo hubo tantos. El del miércoles pasado no fue uno más. No parece ser el último.


Bancado por el general golpista Hugo Banzer Suárez, Jaime Paz Zamora fue proclamado presidente en 1983 por el Congreso, a pesar de haber quedado en tercer lugar durante las elecciones. Su hijo mayor, Rodrigo Paz Pereira, no nació en Santa Cruz de la Sierra como él, sino en Santiago de Compostela, España, hace 56 años. A pesar de su origen, RPP fue alcalde de Tarija y hoy es senador por Comunidad Ciudadana, se rodea de influencers y lo respaldan sectores mineros, puntualmente los carboníferos. Hace unos meses tildó a Evo Morales de «mentiroso serial» y dijo: «Está loquito». El 7 de diciembre fue elocuente con una advertencia: «Vayan tomando en cuenta que serán serios los conflictos que nos generará la confrontación. Vayan todos con su crucifijo, porque va a haber mucha muerte el próximo año…». Por si hiciera falta, agregó que habría combate por «las tierras y el poder» de las comunidades interculturales. Mucho más acá en el tiempo, sus ataques de criminalización en redes sociales apuntaron hacia el gobierno y el evismo.


Tras la detención de Luis Fernando Camacho, Paz Pereira es uno de los que pretenden ocupar su espacio. Con una imagen más acartonada, pero igual de rupturista. En las últimas semanas, el gobierno lo individualizó pululando a grupos fascistas y violentos del oriente boliviano, que reiteran la actitud que mantuvieron en la cruenta huelga de los 36 días en noviembre de 2022 en Santa Cruz, feudo de la oposición de derecha y locomotora económica del país. Son los mismos que promovieron el golpe del 2019 a Evo Morales.


Una fuente muy cercana al gobierno de Arce aseguró a Tiempo que «en Bolivia no ha terminado el peligro de golpe. Ya estamos en época de incendios, ya hay enfrentamientos. Están escalando. Es posible que en septiembre, para el aniversario del departamento de Santa Cruz, quieran cristalizarlo».


Desde hace unas semanas, esos grupos fascistas volvieron a pedir por la liberación de Camacho. Coinciden con el discurso del general  Juan José Zúñiga en plaza Murillo. Coinciden con algunos hechos sintomáticos recientes:

1) El 14 de setiembre pasado llegó a La Paz, la nueva encargada de Negocios de EE UU en Bolivia, Debra Hevia, con la misión de «fortalecer las relaciones bilaterales» y los «valores democráticos compartidos». Hace unos días se filtró un audio en el que llama a «intensificar la labor en los jóvenes» para que «derroten» al actual gobierno y evitar que el MAS se mantenga «en cualquiera de sus formas». El encargado de Negocios es el máximo representante de EE UU en el país desde 2008, cuando Evo, entonces presidente, expulsó al embajador Philip Goldber

2) El 8 de mayo pasado, en la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz y luego en la Universidad pública de Santa Cruz, con la coordinación de la embajada, se dieron sendos seminarios a cargo de Abby Finkenauer, excongresista estadounidense por Iowa. Ahora es encargada de Asuntos Globales para la Juventud. «Es vital que los jóvenes participen en la política, que se conviertan en los que toman las riendas», aseguró. Ya en eventos con tiktokers insistió: «Lo antes posible».


3) Carlos Alberto Gebrim Preto es conocido como «Beto». Diputado brasileño por el PSD por Londrina, desde su país divulgó diversas proclamas  de los golpistas y elogió a los «presos políticos» bolivianos.


Foto: Presidencia de Bolivia / Prensa

Motivos y excusas

¿Por qué, entonces, el intento de golpe de  Estado del miércoles pasado? ¿Un loco que se cortó solo? ¿Un autogolpe para mejorar la imagen de Luis Arce, como denunció parte del entorno de Evo?


El intenso discurso de la oposición en las últimas semanas es recurrente: la inflación, la escasez de gasolinas, el bajo nivel de reservas, la pobre inversión externa privada. Incluso columnistas afiliados a esos sectores se refirieron a que «el gobierno echa mano a fondos privados de pensiones de jubilación», y que «se produce entreguismo de los recursos naturales de litio, uranio, oro y otros a Rusia, China e Irán (sic)».


En ese sentido se gestaron, por caso, una serie de movilizaciones de parte de algunos sectores del trasporte, fogoneadas por la derecha, que a su vez bloqueó en la Asamblea la llamada Ley de Fortalecimiento de las Reservas, -que según el gobierno abría la posibilidad de créditos-, lo que puso en jaque a las empresas estatales. La oposición apostó concretamente a que en junio habría falta de combustible y protestas en un escenario de crisis que obligaría al gobierno a adelantar las elecciones. Pero la administración de Arce parece haber logrado surfear las dificultades y, de hecho, las marchas fueron bastante menos rutilantes de lo esperado, aunque los medios las hayan magnificado.


Es la prensa que, por otro lado, escatima espacios para los sondeos que ubican a Luis Arce como el dirigente con mejor imagen en el país, aunque en un espectro general de bajos niveles de popularidad.


Menos popularidad la tienen las FFAA. Claramente los altos mandos militares están enterados de la realidad y de las urgencias de los bolivianos. La que surge de todos los sectores sociales. También de los que manejan los negocios de minerales, los hidrocaburos y, muy especialmente, del litio. Y que ven con apetito voraz la reserva de agua dulce.

Foto: ABI


Si entre ellos se pelean


Al día siguiente del golpe, el propio Lucho Arce dio un mensaje en el que se refirió al intento golpista y sus consecuencias. Imposible eludir la realidad de las sensibles diferencias que mantiene con Evo. En toda la esfera de la izquierda sintieron lo que alguien denominó «un pequeño instante de unidad», cuando todas las fuerzas y los sectores sociales salieron a la calle el miércoles pasado para que no se repitiese un nuevo 2019. Pero a poco de restablecerse la calma, el enfrentamiento en el Movimiento al Socialismo regresó en forma virulenta, de la mano de algunas acusaciones de dirigentes cercanos al expresidente sobre un «autogolpe».


Desde el entorno de Arce advierten que él insiste en que la diferencia que lo aparta de Evo, es «la perspectiva que se tiene del instrumento político» y de no considerar «que deba ser algo personal sino colectivo». Del otro lado replican la imputación: «traición». De este, que «terminan sumándose a los argumentos de los grupos libertarios fascistas». Son heridas profundas que, parece, no cicatrizarán ni siquiera ante la peligrosa crisis institucional. Heridas que ponen en serio peligro la continuidad, en un lapso más cercano o más lejano, del gobierno de izquierda. Una interna feroz, nunca tan evidentemente funcional a la oposición. 


Foto: Aizar Raldes / AFP

«Las peleas internas nos hacen olvidar a los enemigos»

«En todo el mundo, en todas las democracias, hay poderes fácticos que escapan al escrutinio del voto. Las oligarquías empresariales, las Fuerzas Armadas y, en el caso latinoamericano, la embajada norteamericana. Estos poderes fácticos siempre están ahí al margen de la democracia y cuando ven a gobiernos nacionales populares, aprovechan las debilidades, las dificultades». Pocas horas después del golpe, el ex vice boliviano, Álvaro García Linera realizó un clarísimo análisis en diálogo con Víctor Hugo Morales. Señaló que «son los peligros siempre latentes que nunca desaparecen». Ante la consulta sobre las acusaciones cruzadad en el seno del MAS, respecto de la complicidad con el golpe, dijo: «Son las fracturas internas que nos muestran débiles. Peleas internas que nos hacen olvidar enemigos mayores que asoman las orejas. Las fuerzas progresistas tienen siempre contradicciones que son parte de la democracia, pero cuando se convierten en fundamentales, dejamos de ver al verdadero adversario, que está agazapado». Luego desarrolló, que “en Bolivia ya viene actuando desde inicios de año con la corrida bancaria, empresarios que no liquidan su dinero y prefieren dejarlo en cuentas norteamericanas para que falten dólares. Ahora este intento de golpe. Las declaraciones de Zúñiga hay que tomarlas como capítulo de inventario: un detenido que no tiene nada que perder, perdió su mando y su grado y será enjuiciado como los golpistas del 2019 por el golpe y la masacre a pobladores campesinos y urbanos». Finalizó: «Lo del miércoles es muy grave; meterse con una tanqueta a la Casa de Gobierno, hablar de reestructurar la democracia e impedir que Evo sea candidato son cosas inadmisibles».

Basteiro

Por su parte, desde Honduras, el exembajador argentino Ariel Basteiro negó la posibilidad de autogolpe y calificó a Zúñiga como «un militar medio loco que hizo lo que hizo sin medir los niveles de apoyo». También admitió que la muy intensa pelea entre Evo y Arce «influye mucho» en la situación actual.

Respecto a cómo está hoy Bolivia, aseguró: «No es un gobierno débil. Pero sí cambiaron las condiciones que el país supo tener en el año 2010 donde tenía ingresos de divisas por la venta de gas a Brasil. Hoy casi se perdió completamente. Entra un 10%. Eso genera ruido. Pero, pese a eso, tiene inflación controlada, ocupación plena. Y está funcionando el plan de Lucho que plantea sustituir importaciones por industrialización».


FUENTE: Tiempo Argentino




















domingo, noviembre 05, 2023

La división en el MAS: ¿faccionalismo o complejización social?


Por Arián Laguna

Septiembre 2023

Resumen: El hecho clave de la política boliviana actual es el fraccionamiento del Movimiento al Socialismo (MAS) entre un ala “evista” y otra alineada con el presidente Luis Arce y el vicepresidente David Choquehuanca. A diferencia de otros países – como Ecuador – en los que la lucha entre el líder del partido y el jefe del Ejecutivo llevó a una diferenciación de proyectos ideológicos, esto no ha ocurrido en el caso del MAS; por esto, la lectura generalizada es que el partido se encuentra atravesado por una pugna por liderazgos y cargos políticos. Este artículo propone una idea diferente, y ésta es que tanto esta lucha faccional actual como la propia salida de Evo en 2019 son evidencia de una crisis no solamente de su liderazgo individual, sino de la forma en la que el MAS articuló durante 15 años de gobierno a las organizaciones sindicales que lo componen. Por tanto, proponemos que, en el fondo, la crisis actual es una consecuencia del desajuste entre esta “forma articulatoria” política y las transformaciones sociales y económicas del mundo popular que el MAS representa.


La división faccional que hoy atraviesa al Movimiento al Socialismo (MAS) es el centro de las preocupaciones en el mundo político boliviano popular y de izquierda. Los análisis actuales diagnostican, de forma muy lógica, que, de ir dividido a las elecciones del 2025, el MAS abriría las puertas para una posible victoria de la derecha. La preocupación central de estos análisis son estas pugnas, el faccionalismo y el divisionismo interno; el correlato de estas preocupaciones ha sido comenzar a pensar y proponer cómo puede solucionarse esa fractura (han propuesto la unificación ya sea a través de la imposición de uno de los liderazgos, de medios institucionales o de una negociación personal). Sin embargo, creemos que la urgencia política ha hecho que se confunda el síntoma con la causa: la pregunta clave que se debe responder no es cómo solucionar la división, sino por qué el MAS está dividido.

Nuestra primera propuesta consiste en entender al evismo no como el poder de un individuo sino como un modo de articulación política de una diversidad de sectores sociales (sindicatos campesinos, mineros, obreros, maestros, juntas vecinales); siguiendo esta lógica, argumentamos que la actual crisis del evismo expresa el desfase entre esta forma de articulación política y aquello que articulaba. Nuestra segunda propuesta es que esta forma de articulación fue posible entre 2005 y 2019 por la predominancia de la forma sindicato en el mundo popular. El fundamento de su crisis radica no sólo en la siempre presente aspiración de las organizaciones sociales de ocupar el poder político, sino en la complejización de las formas de vida materiales, organizativas e ideológicas del bloque popular durante los 15 años del evismo, la cual hace necesaria una nueva forma de articulación política. Así, proponemos que el trasfondo de la división del MAS radica en la creciente contradicción entre la composición social e ideológica del bloque popular y la articulación “evista” bajo la cual el MAS ejerció el poder durante los últimos 15 años.

Evo Morales fue durante casi dos décadas el gran articulador de los “movimientos sociales”; su rol histórico fue el de ser una manera específica de organizar la aspiración histórica de los sectores populares a ocupar el poder. Uno de sus primeros éxitos fue lograr distribuir espacios a un gran número de organizaciones sociales que en muchos casos competían entre sí por los mismos espacios de poder. Esas formas de distribución incluyeron la combinación de sistemas de rotación[1] con el establecimiento de reductos apropiados por ciertas organizaciones; pero también incluyeron la aplicación de una serie de frenos sobre los intereses sectoriales de las organizaciones a través de un permanente tira y afloja entre el líder y las organizaciones.

Sin embargo, este modelo fue sufriendo una sutil pero importante transformación. En sus primeros años como presidente, Evo combinó en la primera línea del poder estatal tanto a dirigentes de las organizaciones sociales como a intelectuales de clase media; sin embargo, su experiencia durante esos primeros años lo llevó a interpretar que los dirigentes de las organizaciones eran más proclives a la corrupción y más ineficientes que los intelectuales de clase media – los denominados “invitados”. Como consecuencia de esta lectura, fue llenando esa primera línea del poder con estos “invitados” – tanto en los principales espacios del Ejecutivo como de la Asamblea Legislativa[2]. La clave de la articulación política está en que canaliza ciertas aspiraciones y formas de lo social, pero al mismo tiempo reprime y niega otras. En este caso, el modelo de articulación evista se asentó en la aspiración de las organizaciones sociales de ocupar el poder estatal, pero al mismo tiempo las fue relegando progresivamente a espacios de representación e intermediación sectorial, mientras que llenaba los puntos nodales de dirección de lo estatal con intelectuales de clase media vinculados personalmente a él (y sin ningún vínculo directo con las organizaciones sociales).

Durante casi 14 años, esta fórmula fue exitosa en el ordenamiento no sólo de esta complejísima “federación de federaciones”, sino también en su legitimación ante los sectores sociales externos al MAS. Sin embargo, este modelo hegemónico se fue resquebrajando interna y externamente. Aquí nos centraremos en las causas de su crisis interna.

Tras las denuncias de fraude electoral en octubre de 2019 y las movilizaciones de las clases medias en las ciudades bolivianas, y al percibir que las fuerzas externas al partido se estaban movilizando en contra suya, Evo acudió a las organizaciones sociales pues creyó que, al igual que en el año 2008, ellas se movilizarían para defender al MAS. Por ello, al día siguiente del inicio de las protestas se trasladó a su bastión – Cochabamba – y desde el balcón de la Prefectura, en un emotivo discurso, pidió a las “masas” que lo defendieran pues al hacerlo, se estaban defendiendo ellas mismas y a su proceso político. Sin embargo, la respuesta popular fue mínima; algo había cambiado, pero aún no se sabía qué.

Durante esos días Morales oyó las falsas excusas de los altos dirigentes sindicales para explicar la falta de respaldo y no las versiones bastante más honestas de los dirigentes de base: “que primero renuncie su entorno q´ara [blanco], y luego vamos a ir a La Paz”. Ese comentario sintetizaba con enorme brutalidad una tensión estructural del MAS – esa especie de división colonial del poder político – pero aún no se estaba en condiciones de interpretarla plenamente.

No es que la aspiración del bloque popular a ocupar la primera línea del poder estatal no hubiese estado presente, sino que había estado reprimida. Con la salida de Evo y su entorno intelectual de clase media en noviembre de 2019 quienes quedaron al mando de forma tácita en el MAS y en la Asamblea Legislativa fueron los dirigentes sindicales y nuevos intelectuales de origen popular cercanos a ellos. Pese a las llamadas de Evo desde Argentina, la cadena de mando se había roto y ahora había otro bloque con la aspiración de ocupar el protagonismo en el MAS. Aquí fue paradigmática la figura de Eva Copa – senadora y ex dirigente de la Universidad Pública de El Alto – quien de ser una figura desconocida se convirtió en una de las principales figuras del nuevo MAS. Durante los meses de la crisis ella sintetizó el problema estructural que había atravesado el poder del MAS durante casi 15 años en pocas palabras: “ellos en la Asamblea [Legislativa] no nos dejaban ni hablar”. Se refería no a los parlamentarios de la derecha boliviana, sino al liderazgo de clase media del MAS en la Asamblea Legislativa que habría marginado sutilmente por años a los parlamentarios de origen popular y sindical.

Esta tensión interna se expresó con más claridad en las disputas en torno a las listas de candidatos tanto a presidente y vicepresidente como a asambleístas para las elecciones nacionales de 2020. Las organizaciones sociales seleccionaron a David Choquehuanca y Andrónico Rodríguez como candidatos a presidente y vicepresidente; sin embargo, esa decisión fue resistida por Evo Morales, quien anticipaba una pérdida total de su poder en caso de que Choquehuanca fuese presidente, por lo que propuso a Luis Arce como candidato. Ante la resistencia de las organizaciones sociales, se produjo un pacto: se impuso el candidato de Evo Morales (Luis Arce), pero a cambio se incluyó a Choquehuanca como candidato vicepresidencial; asimismo, las organizaciones sociales tuvieron control total en la elección de candidatos a diputados y senadores, con lo que los intelectuales de clase media quedaron totalmente relegados y las organizaciones sociales pasaron a dominar totalmente la representación masista en la nueva Asamblea Legislativa. Así, la primera pugna faccional en el MAS se estructuró en torno a la oposición entre el liderazgo de Evo Morales y su antiguo modelo articulatorio, y una nueva camada de dirigentes, con especial asiento entre los aymaras del departamento de La Paz e – inesperadamente – organizaciones sociales de Santa Cruz, quienes portan y expresan las tensiones contenidas en el MAS, pero que aún no las han traducido en un nuevo modelo articulatorio con potencial hegemónico.

Uno de los errores de Evo – imposible de prever en su momento – fue justamente pensar que su poder era un poder personal; por ello, pensó que seleccionando a un hombre de su confianza como presidente garantizaba su poder en el Estado y en el bloque popular. Durante los primeros meses, Arce gobernó de forma relativamente fiel a Evo; sin embargo, al mismo tiempo todo el sistema articulatorio se iba desplazando en otras direcciones. Mientras Evo creía su control de la punta del iceberg, todo lo que estaba por debajo se continuaba moviendo: una nueva capa de dirigentes sociales se posicionaba tanto a la cabeza de las organizaciones sociales como del Estado. Asimismo, las propias correlaciones de fuerza entre las organizaciones se modificaban: las de El Alto, el altiplano de La Paz y de Santa Cruz fueron adquiriendo una posición protagónica en el Estado, en desmedro de los sectores más fieles a Evo (fundamentalmente el Chapare y regiones de Potosí). Así, no sólo se modificó la posición de poder de los líderes de las organizaciones sociales y sus intelectuales, sino la posición relativa de las organizaciones sociales en el esquema general de poder. La posterior fractura entre Arce y Evo hizo visible ese movimiento estructural.

Esta pugna entre el modelo de articulación evista y el de las organizaciones sociales ha tomado el peculiar nombre de la lucha entre “radicales” y “renovadores” ¿Expresan “radicales” y “renovadores” alguna división ideológica o modelo alternativo de desarrollo económico? A nivel explícito, aparentemente no, pero la idea que defendemos es que en esa pugna se expresan dos tensiones estructurales. La primera es entre la aspiración de las organizaciones sociales de ocupar el poder estatal y el modelo evista que, aunque les otorgó importantes espacios de poder, al mismo tiempo fungió como principal dique de contención. Los “renovadores” son esa capa de dirigentes de organizaciones sociales y de intelectuales – directamente vinculados a ellos por relaciones en muchos casos de parentesco o de largas trayectorias de apoyo técnico a sus organizaciones – demandando el control de las principales posiciones de poder. Si uno observa hoy la camada de individuos que controlan los ministerios, viceministerios y direcciones en el Estado – y ni que decir de la Asamblea Legislativa – no hay duda de que (paradójicamente cuando ya nadie habla del tema) ahora sí se trata del “gobierno de las organizaciones sociales”, o al menos más que en cualquier otro momento de la historia reciente. Antes en los seminarios indianistas y kataristas se denunciaba que el supuesto Estado indígena estaba gobernado por q´aras; ahora varios indianistas y kataristas han reconocido que los aymaras están controlando importantes posiciones estatales. Lo cierto es que, de una forma sutil y reticular, hoy el Estado está siendo controlado por centenares de individuos aymaras y quechuas vinculados al mundo de las organizaciones sociales.

Sin embargo, los “renovadores” no son los mismos de 2005, y aquí radica la segunda tensión contenida en esta pugna. El propio proceso de transformación material y simbólica llevado a cabo por el MAS transformó la composición social de este grupo. Hoy en día las organizaciones sociales ya no responden solamente a la estructura puramente sindical jerárquica (sindicato – subcentral – central – federación); si bien el sindicato continúa siendo el eje de la organización popular, la urbanización y la diversificación económica de los sectores populares han llevado al desarrollo de ramificaciones y redes de figuras individuales por fuera de los sindicatos que, aunque vinculadas a ellos, no necesariamente les responden orgánicamente. Esto se vincula con una complejización de la representación de las organizaciones sociales en el Estado: si en el 2005 las opciones principales para ocupar los altos puestos del Estado eran los dirigentes sindicales o intelectuales tradicionales, hoy décadas de formación de cuadros intelectuales y técnicos indígenas han hecho que tanto las organizaciones como los líderes estatales opten cada vez más por estos sujetos que provienen del propio mundo popular para la ocupación de cargos públicos (esto no significa que la escalera sindical haya desaparecido, sino que se ha combinado con esta nueva fórmula).

Así, nuestra hipótesis central es que la forma organizativa del mundo popular que Evo Morales pudo controlar, articular y representar de gran manera fue la que en última instancia radica en la forma sindicato[3] y en su expresión corporativa. Evo distribuyó espacios, limitó demandas – y además legitimó esos intereses sectoriales a través del uso de los intelectuales de clase media como cariz hegemónico del Movimiento al Socialismo – basado justamente en un mundo popular organizado bajo un esquema sindical de jerarquías y representación sectorial. En ese sentido, fue el gran articulador de la forma sindicato. Sin embargo, lo que no pudo ser controlado por esa forma de articulación – y que hoy implosiona y la desespera – es la forma civil[4] del poder de esas clases populares, y especialmente de los sectores que cada vez expresan sus intereses de forma preponderante bajo esa forma. Aunque esta otra forma del poder social ya estaba presente en 2005, nuestro argumento es que su importancia se ha ampliado enormemente como consecuencia de los procesos de complejización social que esbozaremos brevemente. 

El primero es la simbiosis rural – urbana. Más que un proceso de llana urbanización, como ocurre en otros países, en Bolivia lo que se ha producido es una simbiosis urbano – rural puesto que la fuerza organizativa y emotiva de las comunidades rurales ha hecho que, inclusive contra una racionalidad puramente económica, los migrantes mantengan fuertes y permanentes vínculos sociales y culturales entre la ciudad y las comunidades rurales de las que provienen ellos o sus familias. La sociedad aymara destaca en Bolivia porque es la que produjo la simbiosis rural-urbana más precoz desde la década de 1960. A nivel estructural, esto se tradujo en una rápida complejización social pues la vida económica y cultural ya no se desarrolla únicamente en la comunidad rural, sino que está distribuida entre la comunidad rural, la junta vecinal urbana, la fábrica y la universidad; en términos económicos, se cosecha y siembra, pero también se trabaja en una fábrica en El Alto o en el comercio informal; en términos culturales, se reciben marcos de interpretación tradicionales de la comunidad rural, pero también marcos occidentales en la universidad. Esta complejización y simbiosis social vividas con mayor claridad en el mundo aymara tuvo en el katarismo y el indianismo sus primeras y más potentes expresiones tanto intelectuales como políticas en las que lejos de rechazar el mundo rural y tradicional aymara, lo mistificaron y ensalzaron como sostén de un proyecto político en el que no sólo se reclamaban mejoras materiales, sino que se canalizaba una aspiración – con la que Evo Morales nunca pudo lidiar plenamente – al liderazgo tanto político como intelectual. Así, se combinaron las potencialidades de la ruralidad y la urbanidad sin abandonar ninguna de ellas. Sin embargo, este fenómeno no es exclusivo de los aymaras; esa simbiosis de lo urbano y lo rural – que se produjo tempranamente en el mundo aymara del altiplano – se ha desarrollado de forma acelerada en una diversidad de regiones durante los gobiernos del MAS debido al acelerado movimiento económico que este partido propició en regiones rurales y sectores populares. 

Este proceso ha tenido como correlato la emergencia de capas de intelectuales y técnicos vinculados por redes de parentesco con los sindicatos, pero que ya no responden orgánicamente a ellos. Esto generó dos problemas para las formas articulatorias evistas pues la lógica de estos nuevos intelectuales orgánicos y sus aspiraciones de dirección intelectual y política 1) entran en conflicto con el modelo evista que prefirió asentarse en la obediencia de la intelectualidad tradicional de clase media y 2) son menos controlables que el mundo sindical puesto que no responden a una estructura orgánica, sino reticular.

La segunda transformación es la complejización económica popular. Los procesos de complejización productiva y acumulación económica en sectores populares han aparecido en casi todas las regiones, y aquellos que las han experimentado con mayor densidad difieren enormemente en sus aspiraciones políticas y formas organizativas respecto a la sindical. Se ha producido una dualidad en la vida política popular. Por una parte, está la representación sindical, bajo la cual un propietario/trabajador = un voto. Sin embargo, cuando surgen las capas empresariales populares, esa voz empresarial está presente en el sindicato, pero también construye otras redes de canalización de intereses porque obviamente su poder económico y político excede esa representación sindical. Así, además de una creciente presencia de esos actores en el mundo sindical, han emergido otros circuitos de influencia a través de estas nuevas formas de organización social (invisibles para la opinión pública) y que también se dan a través de redes personales.

La complejización de la vida social produce una necesaria complejización en las formas de la representación. Una vida social y productiva concentrada principalmente en el espacio rural o en el enclave minero puede canalizar sus intereses y demandas de forma bastante eficiente a través del sindicato, pues éste puede sintetizar las demandas económicas, sociales y políticas de ese espacio social. Sin embargo, la diversificación de los espacios y formas de reproducción de la vida social complejiza la representación de intereses, y hace necesarias nuevas y más complejas formas de representación y mediación de lo social (de hecho, no cabe dudas de que el propio nacimiento del MAS es una primera expresión de esa necesidad estructural de expresar políticamente la simbiosis urbano – rural pero que aún no ha podido ir más allá de la representación sectorial-sindical).

Los lugares en los que este proceso de transformación social está más desarrollado – el mundo aymara de La Paz y los sectores migrantes y populares de Santa Cruz – se han convertido, en distintas versiones, en la vanguardia por cambiar la fórmula de poder del MAS. Son quienes desde hace tiempo reclaman sustituir el poder piramidal y corporativista del partido – en el que los sectores populares ocupan un rol de representación sectorial – por uno en el que ellos ocupen no sólo los espacios sectoriales, sino los generales o universales (una aspiración especialmente presente en las redes intelectuales aymaras), pero también los vínculos claves que organizan el rol del Estado en el potenciamiento de ciertos sectores empresariales. En el caso del mundo aymara, esto viene de una precoz formación de cuadros intelectuales que se hizo totalmente evidente con el katarismo ya en la década de 1970; en el caso de Santa Cruz, el proceso está mucho más vinculado a una aceleradísima transformación económica en la que se han articulado intereses campesinos, urbanos y de un emergente capitalismo rural de matriz popular.

Esta transformación estructural por ahora se ha evidenciado en sillazos y un cruce de fuego en la Asamblea Legislativa que los sectores intelectuales tradicionales han caracterizado como “vulgares”. Efectivamente, por ahora las nuevas vanguardias de origen popular están utilizando las formas con las que desplegaban sus luchas políticas (muchas de ellas en el mundo sindical). Sin duda están desprovistos de los altos capitales lingüísticos y simbólicos de la tradicional izquierda boliviana. Sin embargo, más allá de un refinamiento intelectual puramente formal – lo cual es simplemente una decadente expectativa señorial – lo cierto es que el nivel de la representación política – el MAS – requiere de una metamorfosis. El MAS del 2005 expresó el avance y creciente hegemonía del campesinado en el ámbito rural, representado bajo la forma sindical, y su lucha contra el neoliberalismo, multiplicando esa fórmula para una diversidad de sectores. Como hemos intentado esbozar, el MAS del 2023 contiene – y necesita articular – a una base social en la que las propias distinciones urbano rurales se han relativizado, y en la que el mundo indígena ha cooptado ya no sólo el ámbito rural, sino amplios circuitos urbanos, particularmente el comercial, del transporte, el educativo e inclusive el técnico e intelectual; por tanto, requiere una estructura que pueda expresar la coexistencia de las formas sindicales y comunales, y aquellas emergentes que hemos denominado “civiles”. El MAS del 2005 revistió esa base social y esa lucha por la transformación con un discurso intelectual amplio y universalista; el problema hoy en día es que están enfrentadas una fórmula articulatoria que vive del recuerdo de glorias pasadas, y otra que en realidad aún no es una forma articulatoria, sino que simplemente levantó el dique y permitió la toma de diversos espacios estatales por las organizaciones y sus intelectuales orgánicos. Sin embargo, eso no es una articulación con potencial hegemónico puesto que ésta requiere no sólo la construcción de discursos universalistas e interpelantes, sino de una nueva infraestructura política que justamente pueda reorganizar, canalizar y sintetizar las nuevas necesidades y composición de la base social del MAS. Sin entrar en fórmulas ni recetas – que no es para nada el objetivo de este texto – probablemente esa metamorfosis implique una ampliación de los espacios complejos de organización y mediación entre sociedad, partido y Estado que el MAS desdeñó durante décadas y que hoy parecen ser imprescindibles.


Arián Laguna es maestro en Ciencias Sociales por El Colegio de México.

[1] Véase Hervè Do Alto y Pablo Stefanoni, “El MAS: las ambivalencias de la democracia corporativa”, en Luis Alberto García Orellana y Fernando Luis García Yapur (coords.), Mutaciones del campo político en Bolivia, PNUD, La Paz, 2010, pp. 303-363.

[2] Por ejemplo, la proporción de ministros provenientes de organizaciones sociales bajó del 56% en 2006 al 15% en 2013 y no se elevó considerablemente hasta la salida de Evo en 2019 (cálculo propio con base en Fran Espinoza, Bolivia: La circulación de sus élites (2006-2014), Santa Cruz, El País, 2015, pp. 144-6).

[3] La “forma sindicato” fue trabajado por Álvaro García, pero específicamente para la condición obrera (“Sindicato, multitud y comunidad. Movimientos sociales y formas de autonomía política en Bolivia”, en Álvaro García Linera et al. Tiempos de rebelión, La Paz, Comuna y Muela del Diablo, 2001). Sin embargo, además de no sólo pensarla como una forma de organización obrera, sino campesina, gremial, magisterial, etc., también la planteamos no como simple forma organizativa, sino como una ideología que luego se expresa en una forma de organización social. Esta ideología tiene como núcleo la creencia de que el poder en Bolivia no puede darse sin la presencia de lo indio y lo popular. En su versión externa, se ha dado como un permanente asedio popular al Estado, bloqueando e inviabilizando su poder a través de movilizaciones, cercos y asedio; en su versión interna, es decir cuando el movimiento popular ha sido parte del Estado, se ha desplegado bajo la forma de un “asedio interno”: permanente demanda de obras sociales, espacios y puestos de poder a quienes detentan el poder central. Sin embargo, y aquí está la clave en el engranaje entre el evismo y la forma sindicato, ésta es una ideología en la que el movimiento popular se autoconcibe como asedio al poder, pero no como poder en sí mismo. Por ello, el evismo se asentó en la lógica de la forma sindicato que constituye a los sectores sindicales y populares como potentes contestatarios y receptores de recursos, pero no como dirigentes de la totalidad. 

[4] Las teorías sobre sociedad civil son un diagnóstico sobre el proceso específicamente moderno de separación de la política respecto a la sociedad, su concentración (e intento de monopolio) por parte del Estado y la autonomización de “lo social”. La lectura progresista liberal plantea que las organizaciones de la sociedad civil (partidos, ONGs, movimientos sociales, medios de comunicación, etc.) son una consecuencia de la libertad social, o sea un producto relativamente “natural” de las sociedades modernas con libre mercado y democracia liberal, y defienden esa separación de la esfera social, su autonomía y su rol como reguladora y supervisora externa tanto del Estado como del ámbito económico (la sociedad civil encarnaría así lo más puro en términos éticos pues estaría abstraída de los intereses privados). En cambio, la teoría marxista, especialmente a partir de la lectura que Gramsci hizo de Hegel (que es la que aquí retomamos) plantea que si bien la sociedad civil emergió como consecuencia de procesos de complejización socioeconómica y política, no es la simple consecuencia de la libertad social en su forma organizada ni está esencialmente separada del Estado o la economía, sino que es parte de la infraestructura política de las clases sociales y, por tanto, un espacio clave de lucha política. Aunque el campo de discusión es enorme, los textos clásicos son Friedrich Hegel, Filosofía del derecho, Buenos Aires, Editorial Claridad, [1821] 1968; Antonio Gramsci, 2023, Cuadernos de la cárcel (Vols. 1-3), especialmente C2N5 C3N16 C6N24 C6N87; Jürgen Habermas, Historia y crítica de la opinión pública: la transformación estructural de la vida pública, Barcelona, Gustavo Gili, 1981; Jean Cohen y Andrew Arato, Sociedad civil y teoría política, Ciudad de México, Fondo de Cultura Económica, 2000.