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jueves, noviembre 06, 2025

Septiembre y octubre: breve balance de las dos elecciones del peronismo bonaerense

José Rubén Sentis

1) El pasado domingo 7 de septiembre los bonaerenses votaron para renovar la mitad de la Legislatura de la provincia de Buenos Aires. 

2) En estas elecciones 2025, luego que hacia 20 años que no ganaba el peronismo en las llamadas de término medio estaban en juego 46 bancas de diputados y 23 de senadores provinciales. Además, se votó para la renovación concejales municipales y consejeros escolares, y Fuerza Patria se impuso en 99 de 135 municipios de la provincia de Buenos Aires.

3) El triunfo contundente de Fuerza Patria con 3.820.119 de votos, el 47,3 % sobre LLA con el 33.7 % con 2.723.710 permitió consolidar al peronismo en los municipios y la legislatura provincial.

4) En las elecciones a diputados nacionales del 26 de octubre reciente, La Libertad Avanza obtuvo 3.649.988 votos, el 41.43% mientras que Fuerza Patria sumó 3.620.634, el 40,10%, lo que deja una diferencia final de 29.354 sufragios.

5) El número total de votos nulos en la provincia la cifra se ubicó en 211.712 personas. Y el voto en blanco fue de 1,15%, lo que se traduce en 105.964 votantes. El nuevo sistema electoral de boleta única puede haber incidido en algún porcentaje de errores. 

6) Con este resultado, LLA suma 17 diputados contra 16 del peronismo bonaerense y 2 de la izquierda.

7) Para diputados nacionales se presentaron varios matices "peronistas", como Fernando Gray, Florencio Randazzo, Santiago Cúneo y Alberto Samid, sumando todos ellos 517.849 votantes. Muy superior ese total a la escasa diferencia de Fuerza Patria con LAA. 

8) En el comicio provincial/municipal de septiembre pesó la referencia a la gestión de la gobernación y de los intendentes, aunque se ganaron en algunas otras intendencias donde el peronismo es oposición.

9) En las elecciones a diputados nacionales del 26 de octubre se trató de una opción nacionalizada. Se observó la falta de coordinación en el mensajes y las formas desde un comando central con las provincias.

10) Balance positivo si sumamos las dos elecciones. Muy positivo en las elecciones municipales/provinciales y medianamente positivo en la elección de diputados nacionales dado el contexto general.

domingo, septiembre 14, 2025

Argentina:Una lección formidable

 El escenario que se abre para el peronismo y para el establishment 

Por Eduardo Aliverti


8 de septiembre de 2025 - 04:12


Imagen: Enrique García Medina

Empieza a terminarse un ciclo político que, quizás, duró mucho menos que lo esperado. Nada será igual aun cuando el Gobierno tuviera cierta recuperación en octubre. Por empezar, el peronismo y las fuerzas progresistas ya tienen candidato a Presidente.


Axel Kicillof volvió a cargarse la campaña municipio por municipio y es el inmenso ganador. Hubo otros, como el conmovedor militante Gabriel Katopodis que fue decisivo para triunfar en una sección donde los Milei tenían su principal expectativa de victoria o “empate técnico”. Y un equipazo que sabe gestionar, en medio del ahorcamiento abyecto al que lo somete el gobierno nacional. Vaya sobre esto último, además, un destaque especial: por primera vez en la historia, la Provincia se hizo cargo exclusivo de sus elecciones y la organización fue ejemplar. Enfrente no pudieron esgrimir ni tan solo alguna denuncia de fraude. Han preferido, como en el caso del talibán Miguel Boggiano y otros, decir que allá ella si la gente es feliz con seguir cagando en un balde.


Milei, agitado, nervioso, habló después de que se debatiera largamente si estaba en condiciones de afrontar al público. Salió de Olivos creyendo todavía que la diferencia no superaba los cinco puntos y en La Plata se enteró de que era casi el triple. Enfureció contra todos los suyos, es probable que con excepción de su hermana porque, en caso de que asumiera también esa decepción, ya no tendría de qué agarrarse. Completamente ajeno al mensaje de las urnas, ratificó el rumbo que lo condujo al desastre y volvió a remitirse a la eficiencia del “aparato peronista” para conservar sus prebendas. Las caras que lo rodeaban en el escenario lo decían todo.


Volvamos a lo crucial. Nada habría sido posible si el gobernador, contra viento y marea, contra los fuegos amigos, contra lo que viniera, hubiese agachado la cabeza y cedido tanto frente a ínfulas rupturistas cuanto ante imposiciones de nombres.


La unidad y no ya la mera unión se impone ahora más que nunca. Sería imperdonable el retorno a pujas intestinas, después de semejante paliza y de la tan lúcida como emocionante reacción de la mayoría del pueblo bonaerense.


Cuidado: todas las fuerzas del establishment, ya contestes de que Milei no tiene ni la más mínima dimensión política para tripular esta crisis, trabajan para encontrarle una salida institucional a este accidente insólito de la historia argentina que representan los hermanos. Necesitan sacarse de encima, de alguna manera, a un adolescente desequilibrado que es capaz de chocarlos. No van a quedarse de brazos cruzados. El problema, que también involucra a los ganadores de este domingo, es cómo hallarán esa salida.


La gran duda respecto de lo que ocurriera en la provincia de Buenos Aires era si se aceleraría o amortiguaría, relativa y temporalmente, el desenlace de lo irreversible. Y lo irreversible es que el modelo económico del Gobierno está agotado.


Fue hace apenas unas semanas cuando afirmamos, aquí mismo, que ya no se trataba del qué, sino del cuándo.


Estalladas casi todas las variables de los indicadores de la economía, con sus autoridades exclusivamente dedicadas a medidas de control de daños, no hubo un solo día en que las Fuerzas del Suelo dejaran de dispararse a los pies.


Ni riesgo kuka ni ocho cuartos. No hubo manera de siquiera disimular que así como se fumaron los dólares del blanqueo, y del nuevo préstamo del FMI, empezaron a quemar los pocos que les quedan para intervenir en el mercado.


A la altura de “el que apuesta al dólar pierde” de Lorenzo Sigaut, ministro de la dictadura sucesor del derrumbe de José Martínez de Hoz, ya está en la historia más bizarra de los símbolos del fracaso el coro que Jamoncito, Caputo Toto y la plana mayor del equipo económico le hicieron a Alejandro Fantino. O al revés. En un acting inolvidable, cumbre de la vergüenza ajena, el vocero-animador fue invitado a preguntar si el dólar está intervenido. Y los bufones prorrumpieron en el griterío de “flota, flota”. Quien dio pie fue el tal Tronco, un analfabestia que LLA lleva de candidato en la lista encabezada por el delivery José Luis Espert.


Esa escena de estudiantina fumada fue, en forma paradójica, el adelanto de una caída abismal en dos aspectos concurrentes.


Por un lado, desde aquel día de comienzos de agosto, el Gobierno se precipitó encima. Todas sus disposiciones en materia financiera se limitaron a secar la plaza, como se denomina a la restricción de pesos para evitar su fuga al dólar. Fue justamente desde entonces que hasta los economistas más ortodoxos y afines al ideario mileísta pisaron el acelerador, junto con los bancos de primera línea, para advertir que las autoridades estaban como bola sin manija “resolviendo”, diariamente y a puro manotazo de ahogado, una macro escapada de timón casi por completo.


Por otra parte, fue la última intervención, tanto de Jamoncito como de sus huestes de la economía, en los canales de streaming oficiales. Todas las fuerzas de choque del Gobierno, incluyendo las que hasta ahora se jactaban -con razón- de comandar el conversatorio digital, comenzaron a llamarse a silencio. Y ocurrió en simultaneidad inmediatamente posterior a que La Hermanísima no les dejara ni el 3 por ciento en la integración de las listas electorales. Si de allí se colige que el monotributista Santiago Caputo fue quien filtró los audios de Diego Spagnuolo es una de las tres o cuatro hipótesis que siguen en pie, nada más.


Entre las otras, como sabemos, se apunta a una vendetta de Mauricio Macri, quien nunca dejará de figurar en cualquier conjetura donde quepa incluir a servicios de inteligencia. Esta vez es dudoso porque la familia Kovalivker, dueña de la droguería Suizo Argentina y residente en el barrio donde, en efecto, los únicos sin prontuario ni sospechas son los carpinchos, acercó fondos a la campaña presidencial de Milei precisamente gracias a Macri.


Empero, no deja de ser una hipótesis verosímil y tampoco lo es que la filtración provino de una guerra inter-corporativa de laboratorios y actores de la industria farmacéutica. Menos que menos es descartable un origen radicado en la cantidad y calidad espeluznantes de heridos y resentidos que construyó el Gobierno, a lo largo de toda su gestión. Algo de eso indicó el colega Mauro Federico, durante su exposición en Diputados y mientras la Comandante Pato elucubraba otro de sus delirios relativos a la presencia de agentes rusos y venezolanos. Esta vez se salvó de imputaciones la Resistencia Ancestral Mapuche.


¿Acaso alguno de estos divagues y revelaciones tienen relación estrecha con una economía que se derrumba?


No, en nuestra opinión. En todo caso, vinieron a coincidir el affaire de los audios y el agotamiento del modelo. O puede concederse que lo primero desnudó un entramado de corrupción gubernamental inherente a las características del segundo. ¿La ven, ahora?


No existe que este tipo de modelos, aplicado en economías de carácter neo-colonial, puedan sustentarse sin su corrupción estructural. Jamoncito es la cara impresentable -descubren algunos o muchos ahora- de una casta rapiñera que requiere del Estado sólo eficiente a efectos de sus intereses.


También en todo caso, el paradigma de chorear a gente con discapacidades fue demasiado fuerte como para ignorar que el Estado ausente es una catástrofe. ¿Obviedad? No. Milei, su motosierra, sus loros mediáticos, se construyeron con base en que los pobres no tenían un Estado que los protegiese. Que el peronismo les hablaba de derechos a los que no accedían, y que se pasó varios pueblos en la defensa de minorías que no representaban al conjunto mayoritario. Bueno: volvió el peronismo, o les demostró que no está muerto.


La alegría corre paralela a aquello de que el modelo económico se agotó. Después de lo sucedido, y antes o luego de las intermedias del mes que viene, seguirá estando ahí, acá, que la deuda es impagable, que el Gobierno ya casi no tiene resto y que la economía cotidiana de las mayorías hizo un esfuerzo a cambio de nada. De absolutamente nada que no sea un ajuste del que sólo sacan tajada las orcas de siempre, pero en forma más salvaje todavía.


Es ahí cuando, tarde o temprano, se jugará el partido que importa y que reiteramos por enésima vez. El partido de con cuál liderazgo y dirigentes se saldrá del atolladero. Este domingo, por lo menos, hay uno que demostró tener con qué.

martes, junio 24, 2025

El delito de gobernar para el pueblo


Cristina condenada por desafiar al poder real.

Por Daniel Jadue Jadue

La justicia argentina ha hablado, y lo ha hecho con el tono solemne y cínico de los tribunales coloniales: seis años de prisión para Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta, una vez vicepresidenta y actual titular del Partido Justicialista. La acusación —mal disfrazada de caso de corrupción— es apenas una máscara de la verdadera causa: haber desafiado al capital y al poder mediático durante más de una década.

Imagen: Leandro Teysseire

No es la primera vez, ni será la última. Lo que vemos hoy no es justicia: es una venganza de clase. Cristina no está siendo castigada por enriquecerse (cosa que no probaron), sino por tocar los intereses del capital concentrado: por ampliar derechos, por recuperar la soberanía de YPF, por enfrentar a Clarín, por poner a las Madres de Plaza de Mayo en la Casa Rosada y a los genocidas en la cárcel. Eso no se perdona.


Como explicó Lenin, el Estado burgués es "una máquina de opresión de una clase por otra". Y en América Latina esa máquina ha perfeccionado una nueva forma de dominación: el lawfare, o guerra judicial, donde el código penal reemplaza a los tanques, y los fiscales operan como tropas de ocupación ideológica. En esta guerra sucia, los enemigos del pueblo son juzgados por la misma justicia que amnistía a genocidas y empresarios evasores.


La condena a Cristina busca cancelar políticamente al kirchnerismo. La quieren proscripta, invisible, borrada del juego electoral, como hicieron con Lula en 2018, abriéndole la puerta a Bolsonaro. La receta es la misma: crear un clima mediático de linchamiento, judicializar decisiones políticas, manipular al Poder Judicial como un brazo armado del neoliberalismo.


Pero el pueblo no es tonto. Sabe que los verdaderos ladrones están en la mesa chica de la patria financiera, en los despachos de la Corte Suprema, en las redacciones de los diarios que hoy celebran esta farsa. El pueblo recuerda que fue con Cristina que volvió la paritaria, el salario digno, la industria nacional, la Asignación Universal por Hijo, la jubilación para amas de casa, la dignidad paralos últimos.


 

Esta condena no es el final: es el comienzo de una nueva ofensiva popular. Cristina ha dicho que no será candidata, pero su proscripción no detendrá a los millones que han hecho del kirchnerismo una identidad política, una trinchera contra el neoliberalismo y el neocolonialismo.


La lección es clara: no basta con llegar al gobierno si no se disputa el poder real. Mientras la oligarquía controle los medios, la justicia, el aparato económico, la represión y la cultura, cualquier avance popular será perseguido como delito. La única solución de fondo es una transformación estructural del Estado: una reforma judicial radical, una democratización del poder económico, una Constitución nacida desde abajo.


Hoy Cristina es la cara visible del castigo. Pero cada trabajador despedido, cada madre sin subsidio, cada joven criminalizado en los barrios, también son víctimas de este sistema judicial que castiga a los de abajo y premia a los de arriba.


La historia no ha terminado. Y si algo nos enseña la lucha de clases es que cuando los pueblos despiertan, ni mil condenas los detienen.


* Dirigente del Partido Comunista de Chile.

domingo, noviembre 05, 2023

El peronismo se crece en Argentina y mete al "león" en el corral

 


esrt.spaceOctober 24, 2023

La victoria lograda por el peronismo este domingo, en la primera vuelta presidencial de Argentina, sí es épica. Y recalcamos "épica" porque con este resultado logró lo que parecía impensable hace pocos días, como era cortocircuitar la emergencia fulgurante del "acontecimiento Milei", quien ya cantaba, antes de tiempo, una epopeya que este domingo no terminó de cuajar.

Después del resultado de las primarias, el 13 de agosto, Javier Milei venía desbocado. Pero el domingo el peronismo lo paró en seco. No solo porque le sacó casi siete puntos de ventaja, sino, sobretodo, porque le arruinó la imagen de líder único encumbrado.

El peronismo una vez más tuvo la capacidad de reformarse, de romper sus moldes y ganar.

La capacidad del peronismo para transformarse ha sido el asidero que le permite ejercer el dominio de la política argentina durante los últimos ochenta años, teniendo a todos los poderes fácticos en contra: medios, tribunales, poder económico, Iglesia.

El peronismo es, a veces, más de izquierda o radical; otras, más centrista o moderado; también puede convertirse en fórmula derechista, unas veces más liberal, otras veces más caudillista, pero siempre ha mantenido el carácter popular y eso le ha dado un nuevo triunfo, improbable hace pocos días cuando pronosticaban su extinción.

La capacidad del peronismo para transformarse ha sido el asidero que le permite ejercer el dominio de la política argentina durante los últimos ochenta años.

Nuevo escenario político

Con este resultado, Argentina ha dibujado un nuevo escenario político, que ya no es "poskirchnerista" —porque el kichnerismo puso a Axel Kicillof, con su victoria aplastante en la determinante provincia de Buenos Aires, en "posición anotadora", según el argot beisbolístico—, sino que más bien recrea una nueva atmósfera en la que el peronismo puede avanzar sobre nuevos predios, nichos fronterizos y otros públicos que hasta hace poco parecían distantes, como la derecha moderada, sectores del radicalismo, y probablemente, los votantes del candidato Juan Schiaretti —quien logró un sorpresivo 7 % y al que el candidato Sergio Massa ya le ha tendido la mano en medio de la suposición de que, como dijo, "la grieta se murió y empieza una nueva etapa"—.

Tanto avanza el peronismo que los votos del derechista moderado, Horacio Larreta, férreo opositor de Cristina Fernández de Kirchner, no se sumaron a los de Patricia Bullrich, y ahora para el balotaje se contemplan como "voto duro" de Massa.

De aquel esplendor de la melena de Milei solo queda su figura en el espejo roto, con apoyo fragmentado y discordante.

Hablamos de un frente, una amplia articulación de los sectores democráticos argentinos, en contra de la posibilidad de que gane ese derechismo radical y alocado que, por sobre todas las cosas, es mucho más populista que un templado Massa, quien ha sabido interpretar el papel de eje articulador y hoy es un jugador que lleva el balón y tiene la cancha abierta.

Así las cosas, de aquel esplendor de la melena de Milei solo queda su figura en el espejo roto, con apoyo fragmentado y discordante.

Los problemas de Milei

A Milei ya se le ven las costuras de su "carrera artística". Cuando todavía no había "tocado el cielo" de la fama, ya comienza a irse gente del concierto.

La noche del domingo, al saberse los resultados, en un discurso inusualmente parco, tuvo que, a regañadientes, ofrecer la mano a algunos de sus enemigos. La "casta" derechista, representada por una "montonera tira bomba" —como llamó a Patricia Bulrrich, quien sacó un 23%—, es ahora imprescindible para vencer.

Milei no tiene más opciones. Tendrá que llenarse de "castas", una más pesada que la otra, para poder ganar los votos moderados que requiere. Así, va a quedar en riesgos serios de perder al "peronismo extraviado" que estaba coqueteándole en los sectores populares. El "león" ya no podrá rugir tan fuerte, y en pocas semanas podría ser consumido por la "casta conservadora" que lo irá arropando las próximas semanas.

Milei requiere una estrategia política racional que acabe con las riendas sueltas a sus epifanías.

Independientemente del resultado del balotaje del 19 de noviembre, ya Milei tiene el futuro hipotecado. Si logra ser presidente le esperan dos años atados de mano, hasta que el medio término vuelva a ser implacable, como lo ha sido contra todas las gestiones presidenciales. Resumiendo, después de este 22 de octubre, a lo que más podría llegar Milei es a convertirse en el "nuevo Macri", que gana de manera fulgurante (ya ni tanto), pero se quiebra apenas empezado el camino.

La disculpa que Milei debe a Patricia Bullrich va a decir mucho de si se la seguirá jugando con "el salvajismo" para sobrevivir como ícono, o si, por el contrario, ya entró en los linderos del corral y se convertirá en un político tradicional más. Ahora, requiere una estrategia política racional que acabe con las riendas sueltas a sus epifanías. Ya no será tanto como un caudillo, si acaso un nuevo presidente con fecha de caducidad.

Los cambios obligados

El divo entra a rehabilitación antes de ser ídolo, así que veremos un Milei más "sensato", más político. Cada nuevo aliado, cada matiz que procure, cada corrección, va a obturar su brillo de 'superstar'. Ya no será una estrella, sino un actor político más, en procura de electores imprescindibles aunque no deseados.

En todo caso, va a tener que coser retazos de una colcha que ayer mostró todos sus costuras. A partir del resultado nadie sabe cómo votará la "derecha moderada", el macrismo "más popular", el radicalismo. El "larretismo", dirigiendo su posición hacia el "antimileisismo", demostró que Massa sí sirve como eje articulador, y que ahora este no parará de horadar las partículas moderadas que hasta ahora el conservadurismo había logrado capturar, con el discurso "antikirchnerista".

La centralidad "antikirchnerista" que requiere el discurso de Milei ha perdido su capacidad de referenciar, en tanto ese es un terreno que ya Massa tiene años trabajando, en su diáfano alejamiento de Cristina. El techo de Milei no es de paja, se va a ir cementando en la medida que recordemos el 'performance' alocado y extremista como se dio a conocer, ese que va a tener que saber medir muy bien durante la campaña del balotaje.

Ayer, el peronismo se convirtió en un referente para todos los movimientos políticos nacionales y populares que existen en América Latina, por su capacidad de sobrevivir a las peores circunstancias, abriendo el diálogo con las nuevas realidades y no cerrándose a los cambios políticos, impetuosos hoy en día.

‏Source esrt.space

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viernes, septiembre 01, 2023

Apuntes sobre las PASO Argentina 2023

 Alfredo Serrano Mancilla

Quién ganó y quién perdió en unas internas que muestran alta fragmentación partidaria, votos que deben analizarse con lupa, y el complejo tramo por andar hasta octubre y noviembre.



Ganó el FMI. No estuvo en la boleta, pero participó.

2. Ganó el Poder Judicial. Tampoco estuvo en la boleta, pero participó no permitiendo que Cristina estuviera en la boleta.

3. Perdió el Centro. No hay que confundir la biconceptualidad (Lakoff) con la moderación. La ciudadanía puede ser conservadora en algunos asuntos (seguridad) y progresistas en otros (más sanidad pública y menos eléctricas privadas). Pero no existe el punto medio. Es pura ficción.

4. Perdió la idea de hacer política creyendo que todo puede ‘arreglarse’ con alianzas por arriba. El votante está poco atento a este tipo de acuerdos y pactos. La crisis de representatividad se acelera.

5. No todo resultado electoral se explica por una campaña electoral. Los eslóganes y los spots suman pocos votos cuando la Política y la Economía reinan a sus anchas.

6. Ganó Milei. Pero no debemos pasar de subestimarlo a sobreestimarlo. Lo importante es lograr caracterizarlo y entenderlo. El voto le llega por diferentes vertientes: la bronca, lo ideológico y lo mesiánico. Está sólido, sí, pero valoremos todo en su justa medida: tiene apoyo del 20 % del padrón electoral (30 % sobre voto válido). Ni más ni menos.

7. Unión por la Patria perdió mucho voto entre PASO y PASO Presidencial 2019-2023 (5,5 millones). Debe ir a buscarlos en el barrio, convenciendo a todos aquellos desencantados que no fueron a votar (que son muchos). La vía es mejorar salarios y condiciones económicas cotidianas. Y, por supuesto, empatizar con los que la pasan mal, construir épica y ser más frontal en la disputa de ideas. Sin subterfugios. Sin eufemismos. Sin miedos.

8. Las peores elecciones de este espacio político siempre tiene lugar sin Cristina Fernández de Kirchner en la boleta. El 2015, sin ella, 36,6 % (en las PASO). En esta ocasión, fue aún peor (27,2 %).

9. Caída notable de Juntos por el Cambio (1,5 millones entre PASO y PASO Presidencia 2019-2023). Totalmente superado por el efecto Milei. Se partieron en dos y no ganó ni el uno ni el otro (aunque Larreta fue el que quedó peor parado). Además, poseen otro problema: no tienen por dónde crecer de cara a la primera vuelta.  

10. Ganó Axel Kicillof. Gestionar bien y defender convicciones siempre son un buen tándem para lograr un gran apoyo electoral. Evitar el exceso de rosca, también. Supo construir en medio de las dificultades. Representa el ‘sí se puede K’.

11. Gran elección de Juan Grabois (1,4 millones de votos). Representa otra forma de hacer política. Con más rebeldía y menos marketing. Con un corpus ideológico muy nítido.

12. La forma de votar localmente (por ejemplo, por Gobernadores) poco tiene que ver cuando se vota a Presidente de la Nación. Lo de tener ‘estructura territorial’ está sobrevalorado. Véase Milei: el más votado en 16 provincias.

13. Alta fragmentación partidaria. Se dieron los tercios. Aunque también podríamos afirmar que fue una elección de quintos. A los tres bloques habría que sumarle los que no fueron a votar, y los que votaron por otras opciones (llegaron a sumar más de 3,5 millones).

14. El partido no se ha terminado. Estas PASO no fungen como primera vuelta. Aún queda octubre, y luego noviembre. Todo está parejo. Hay que jugar y saber jugar. Sólo pierde quien tira la toalla antes de tiempo.

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¿Puede frenar Massa la revolucion MileiI?.


EL PERONISMO DE CARA A OCTUBRE

El batacazo de La Libertad Avanza tiene connotaciones revolucionarias para el sistema de partidos, la política territorial y el clima de ideas de la democracia. Sin decir ni una palabra sobre federalismo o porteñismo Javier Milei arrasó en 16 de las 24 provincias y se vuelve el nuevo centro de la política argentina. Puso en jaque a las dos fuerzas mainstream del país: desplaza a Juntos por el Cambio de su rol de antagonista y provoca un nuevo piso histórico del voto peronista. Sin embargo, escribe Julio Burdman, los resultados de las elecciones pueden ser una oportunidad para Unión por la Patria.

Fotos: Matías Baglietto

Las primarias presidenciales del 13 de agosto confirmaron el escenario de tres tercios vaticinado por Cristina Kirchner meses atrás, pero tuvo todos los ingredientes de un batacazo electoral: Javier Milei superó las expectativas, incluso las suyas. El triunfo de La Libertad Avanza tiene connotaciones revolucionarias para el sistema de partidos, la política territorial y el clima de ideas de la democracia argentina. ¿Giro a la derecha, transformación de los ejes de la discusión pública nacional o señal de hartazgo? El resultado fue un shock para Juntos por el Cambio, la coalición opositora que se percibía como ganadora segura de las elecciones de este año y que ahora se ve desplazada en su rol de antagonista por una fuerza nueva que no solo se opone al gobierno, sino también a la política argentina en su conjunto. Para Unión por la Patria, la elección fue una confirmación de sus principales temores: el peronismo quedó muy por debajo de su media histórica y en un virtual tercer lugar. Esto, por más que fuera previsible dado el malestar general con el gobierno y la economía, no deja de ser estremecedor: se penetró un nuevo piso histórico del “voto peronista”.

Con todas las incertidumbres que nos separan de octubre ante una aritmética tan dividida, para Massa el resultado también es una oportunidad: puede polarizar la elección en un eventual balotaje contra Milei, mientras que sus posibilidades son más exiguas contra Bullrich, ya que se presume que en tal escenario JxC capturaría la mayoría de los votos libertarios, algo que no es seguro que funcione igual a la inversa.

La Revolución Milei (I): las ideas

Javier Milei produjo una revolución electoral en Argentina. Nunca había ocurrido nada igual. El recién nacido mileísmo, un movimiento político popular que propone una revisión de los principales conceptos del ciclo democrático iniciado hace 40 años, y que compitió por primera vez a nivel nacional, fue el frente más votado de las PASO presidenciales. Ganó una fuerza revisionista que propone cambiar drásticamente casi todo lo relativo al rol del estado en la economía, y que extiende su ánimo revisor al modelo político radical-peronista, a la interpretación de la historia consensuada en 1983, al alcance de los servicios públicos que brinda el estado —y no solo a su administración— y el progresismo cultural dominante en la última década. Esta combinación de protesta económica, política, social y cultural es algo tan nuevo y profundo que necesariamente llegó para quedarse. Suba o baje en las próximas elecciones, sea él u otro quien la conduzca, Milei ya cambió todos los ejes de la discusión política en la Argentina.

La profundidad de la novedad se explica por forma y por contenido. En materia de forma, La Libertad Avanza no es una fuerza surgida de otra, como el Frente Renovador de Sergio Massa o la Coalición Cívica de Elisa Carrió. Estos casos, y tantos otros similares, introducen cambios parciales en un sistema partidario: un sector de dirigentes y votantes se decepciona de su partido, se va del mismo y funda uno nuevo con el objetivo de reemplazarlo, en general para representar más fielmente sus objetivos. Pero estas fuerzas surgidas de otras siempre tienen abierta la posibilidad de volver a la casa de mamá. Milei, en cambio, es alguien nuevo que creó algo nuevo, con gente totalmente nueva, que no tenía hogar, y que rompe con todo lo preexistente. Y, para colmo, formó un electorado nuevo sacando votos de todas partes. Le saca a Juntos por el Cambio, al justicialismo en todas sus expresiones e incluso a la izquierda marxista. El movimiento mileísta, al ritmo de sus consignas anticasta, ya no tiene a dónde regresar. Es una criatura con vida propia que ya camina sola.

El liderazgo de Milei es profundamente normativo e ideológico, se opone de manera radical a los discursos dominantes y lo expresa claramente en toda ocasión. Milei no se hace famoso con consignas banales de cambio, buena gestión u honestidad: llega con un bagaje de ideas filosóficas, doctrinas y quiebres. Viene a plantear nuevas divisiones en la escena política. Mucho más nítidas, de hecho, que la “grieta” de baja distancia ideológica de los últimos 15 años. Hay quienes minimizan eso y se agarran de la creencia de que Milei es sólo frustración, bronca, pelo revuelto y novedad pasajera. ¿Cómo se explica, entonces, que toda la política argentina esté discutiendo alrededor de las propuestas de Milei?

El proyecto inicial del Milei, cuando éste emerge como comentarista en diferentes programas de televisión, era parecido al de Domingo Cavallo, Ricardo López Murphy o Roberto Lavagna. Economistas devenidos en políticos cuyos proyectos de poder consistían en realizar una crítica profunda a la política económica argentina, pero dentro del marco establecido por nuestra democracia bipartidista, actuando dentro de los partidos tradicionales y con políticos más o menos convencionales a su alrededor. Para estos economistas tecnocráticos, la política era una variable ruidosa que debía ser controlada o minimizada para que no interfiera en su gestión técnica y la inserción en estos partidos era un modo de ejercer su rol. Milei, a diferencia de ellos, decidió ir por la suya y entendió que necesitaba una narrativa política propia para transformar la economía. En su búsqueda mezcló libertarianismo, economía austríaca, sentimiento antipolítica y neoconservadurismo cultural, y creó un producto nuevo, al menos para la Argentina. Así fue como, en lugar de ser otro tecnócrata, Milei se convirtió en un economista político y moral. Sus propuestas, más que técnicamente correctas, son “moralmente superiores”.

Una fuerza nueva, basada en un liderazgo carismático, que viene a revisarlo todo y propone nuevos debates ideológicos, que desplaza de su eje a la grieta K-antiK y se enfrentó al sistema de medios, ahora es el centro de la política argentina. Sí, Milei es central porque su movimiento político tiene las condiciones para seguir creciendo en votos de acá hasta el mes de octubre, cuando se realicen las elecciones generales. Milei es la novedad, cuenta con el privilegio del efecto ganador, y se diferencia de los otros dos candidatos principales, Sergio Massa y Patricia Bullrich, que ya tienen consolidado sus votos por espacio. Massa y Bullrich ahora tienen el desafío de sumar a los votos de sus respectivos perdedores internos, Grabois y Larreta, mientras que Milei tiene dos meses para seguir convenciendo a votantes en blanco, abstencionistas y desencantados de que él es la vía que los representa.

La Revolución Milei (II): el territorio

La otra cara de la Revolución Milei es territorial. En la Capital —distrito por el que es diputado— y en la provincia de Buenos Aires estuvo bastante por debajo de su resultado nacional. Y arrasó en 16 de las 24 provincias. Sus mejores resultados los obtuvo en Salta, San Luis, Mendoza, Jujuy, Neuquén, Chubut, Río Negro y Córdoba. Asimismo, la Libertad Avanza fue la gran ganadora en los resultados desagregados por departamento. En ese mapa, el color violeta del mileísmo es aplastante; casi recuerda al mapa preferido de Trump, que se imponía en la gran mayoría de los condados, pero fue derrotado por Biden gracias al dominio demócrata en las grandes ciudades, aún cuando estas representan solo un pequeño puñado de puntos azules en la cartografía electoral estadounidense.

¿Cuál es, entonces, la primera lectura geográfico-política del triunfo de Milei en la Argentina periférica? En tiempos de la “grieta” kirchnerismo-macrismo, se hacía una lectura socioeconómica del mapa. Territorios pobres y territorios ricos. Se parecía mucho a una camiseta de Boca Juniors, con el extinto Frente para la Victoria tiñendo de azul el norte y sur del país, además de los populosos municipios del conurbano bonaerense, mientras que las fórmulas encabezadas por Macri ganaban en esa franja central que incluía al interior bonaerense, la Capital, Entre Ríos, Córdoba, Santa Fe y Mendoza. la de Milei, en cambio, parece decir otra cosa: arrasa en las geografías más localistas, allí donde a nivel provincial dominan los partidos de distrito. Milei fue una rebelión del interior contra el estado nacional.

Falló severamente la lectura de Milei como un candidato porteño sin arraigo en las provincias. Efectivamente, allí donde Milei apadrinó a un contendiente local, este fracasó. Pero lo que estaba sucediendo no era que Milei no existía en las provincias, sino que terminó siendo el candidato de los electorados que votan gobernadores provincialistas.

Lo raro es que Milei nunca hizo gestualidades localistas. No dijo tajaí, ni recorrió el país tomando mate, ni revoleó ponchos a lo Soledad Pastorutti. De hecho, sus giras por el interior fueron apariciones fugaces en las capitales provinciales, con selfies y caravanas por la peatonal. Es más: el porteño Milei no dijo ni una palabra sobre federalismo, centralismo o porteñismo en toda la campaña, y sin embargo arrasó en los pueblos chicos de la patria. Tal vez representó al interior más profundo de una forma distinta y superadora: fue el único candidato presidencial relevante que habló de eliminar la coparticipación federal y prometió castigar fuertemente al estado nacional por sus excesos fiscales. El mapa violeta abre una nueva agenda de investigación acerca de qué tipo de federalismo piden los argentinos.

La Contrarrevolución Massa

Desde el búnker de Juntos por el Cambio y luego en sus redes sociales, Macri hizo algo insólito: celebró el desempeño de Javier Milei, con el argumento de que ambos son ”el cambio” (es decir, el antikirchnerismo). Coincide con los kirchneristas, quienes ven lo mismo pero al revés: una división de la sociedad donde Unión por la Patria es un lado, y "la derecha" (es decir, el macrismo y Milei) el otro.

El 30% obtenido por Milei demuestra que esa lectura quedó anacrónica. Para juntar siete millones, el líder libertario necesariamente les sacó votos a ambas coaliciones. Y además, desplazó al cambiemismo de su lugar. La idea de acercarse a Milei, que Macri repitió, tiene sentido en la medida que JxC vaya adelante, ya que aspira a sumar al votante mileísta en un eventual balotaje. Con Milei liderando, lo que debe hacer Bullrich es diferenciarse del libertario. Mucho, y en forma urgente.

Salvo que esté hecho adrede, y con la intención indisimulada de perder y hacer ganar la elección a Milei, todo esto sugiere que hay una confusión discursiva en JxC. La fuerza fundada por Macri, Carrió y la UCR aparece poco apta para polarizar contra La Libertad Avanza, y le da a Massa una oportunidad de crecer sobre la base de la confrontación a Milei.

El escenario de balotaje Milei-Massa le da más sentido a la selección de éste último como candidato del oficialismo. La clave de Massa ya no sería sólo fidelizar a los votantes de Grabois, sino hacer lo mismo con los de Schiaretti y algunos larretistas que vean al ministro de Economía como la garantía de un antimileísmo de preservación. En este caso, Bullrich sufriría un juego de pinzas entre Milei y Massa, y quedaría tercera frente a un crecimiento de los polarizadores. Algo es indudable: Massa y Unión por la Patria, a diferencia de Bullrich y el resto de JxC, ya están preparados discursivamente para antagonizar con el fenómeno libertario.

La fábula de la presentadora y el león



El relato de la antipolítica entra a la política como un caballo de Troya desde una opinión pública colapsada de hastío, frustrada, y carente de un espíritu aglutinador


Emiliano Gullo 12/05/2022


La presentadora de televisión Viviana Canosa junto al economista y político Javier Milei. 

A24

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Prime time del canal América 24. La presentadora. Cabello amarillo; lacio, marcialmente liso. La nariz respingada. La boca sobria. Los dientes blanco perla. El maquillado de bronceado constante. Es la cuarta vez que lo trae a su programa en el último año. 

El candidato. Economista, 51 años. La cara limpia, afeitada al ras. Más: nunca afeitada, púber. El cabello revuelto y detenido en el aire; un cabello en moto. Los ojos azules –pequeños y cristalinos, acuosos– abiertos con fuerza, sostenidos. Podría ser una estatua viviente o el play de un sticker. O un escualo. 

Faltan dos años para las elecciones presidenciales en Argentina. El candidato sabe que es un tiempo suficiente para que suceda cualquier cosa. La más disparatada. Incluso que él sea presidente. La presentadora también. Suena Panic show, de La Renga, el grupo argentino de rock tradicional más convocante y masivo, con letras que evocan a la simpleza barrial y llaman a la desobediencia y la rebelión. El candidato la adoptó como himno. Sobre los escenarios, en un estudio de televisión. Siempre se escucha:

¡Hola a todos! Yo soy el león,

rugió la bestia en medio de la avenida,

todos corrieron, sin entender,

panic show a plena luz del día.

Por favor no huyan de mí,

yo soy el rey de un mundo perdido,

soy el rey y te destrozaré,

todos los cómplices son de mi apetito.

La presentadora y el candidato cantan arriba de la música. Se dan la mano; se sostienen de las manos y se mueven como si estuvieran saltando, pero sentados. Se sueltan. La presentadora sonríe. Lo introduce. 

– ¿Cuando a vos te dicen que hacés antipolítica, además de querer ningunearte, hay otro objetivo detrás de eso?

– La verdadera antipolítica son los chorros de la casta. Es decir, esos que están tan nerviosos con lo que está pasando con las ideas de la libertad y están todo el día agrediéndome. 

—---------

Donde haya un micrófono, Javier Milei repite sus consignas como una perforadora de cemento. Una estrategia de demolición mediática basada en una ecuación simple y eficaz: exaltar demandas legítimas e irresueltas con métodos y propuestas que van exactamente en contra de esas demandas. Libertad, Libertad, Libertad, se llama el libro que Milei y su entonces socio y amigo Diego Giacomini publicaron en 2019, donde sostienen, otra vez, la necesidad de eliminar al Estado para la libertad total. Del individuo. Pero para entrar en el sistema político y así, desde adentro, eliminar al Estado –dice en la introducción– será necesario esperar diez o veinte años. La casta –estamento social inamovible, inexpugnable y rellena de beneficios– aparece más de 20 veces a lo largo del libro. El problema, para Milei y Giacomini, es que la política ha cooptado todo. El leviatán se ha reproducido para establecer un sistema de castas, corruptas, parasitarias; creadora de todas las miserias, calamidades y, sobre todas las cosas, creadora de impuestos.

Se lee en un pasaje de Libertad, Libertad, Libertad: “Una vez separada de la Iglesia, la casta política se alió con los intelectuales laicos, específicamente con la nueva casta de profesores, doctores, historiadores, maestros, economistas tecnócratas, trabajadores sociales, sociólogos, ingenieros”. La casta está en todos lados y su legitimidad comienza desde muy temprana edad. “La educación pública es quien nos enseña que está bien que el Estado y sus políticos nos impongan impuestos y gasten nuestro dinero en lo que ellos consideran que hay que gastarlo”. Así las cosas, la educación pública atenta contra la libertad, libertad, libertad. 

La lucha de Milei y sus seguidores contra el Estado es la misma que tienen contra el colectivismo; o sea contra cualquier idea de solidaridad. La libertad aparece así más cercana a la que tienen los participantes de El juego del calamar que a la genuina posibilidad de elegir. Pero ¿quién puede estar en contra de la libertad? No hay palabra que retumbe tan positivamente como libertad. No hay civilización ni cultura que se alce contra la libertad. No hay sindicato, ni organización, ni partido político que sostenga una lucha en contra de la libertad. Libertad, libertad, libertad. 

La lucha de Milei contra el Estado es la misma que tiene contra el colectivismo; o sea contra cualquier idea de solidaridad


Claro que no es una ocurrencia de Milei y su partido Avanza Libertad. Desde el liberalismo o desde el conservadurismo, la derecha siempre fue más rápida y menos escrupulosa para apropiarse, entre otras cosas, de dos conceptos básicos de la humanidad occidental: violencia y libertad. Estados Unidos invadiendo cualquier país en cualquier parte del mundo en cualquier momento de la historia. Bombas y fuego para la libertad. 

Milei sube al escenario de una de las presentaciones de Libertad, Libertad, Libertad en la provincia de Tucumán.

– Viva la libertad, viva la libertad carajo, viva la libertad; grita con rabia, como esos delanteros que anotan después de meses de sequía.

Enseguida se presenta, habla de su identidad con ironía.

– Mi error es ser liberal en un país de zurdos. –Agrieta, raspa la voz. Ruge. La sala está llena. Muchos tienen menos de 30 años. Al final de la jornada lo abrazarán como a un héroe, un salvador, un profeta. 

Antes, cuando su discurso atraviese el pasaje de los impuestos:

– ¡Hijos de puta, hijos de puta, por qué no se van a la concha de su madre!

Noviembre de 2021. Dos años después de esa presentación. Otro escenario. Esta vez, no es una sala llena ni un auditorio colmado. Avanza Libertad alquiló el estadio Luna Park como búnker de unas elecciones legislativas que están por dar los mejores resultados para los liberales. Obtienen el 17 por ciento. Milei será diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires. Como en un recital o una obra de teatro. Como en un show, todos sus seguidores pagaron el ticket para ingresar y ahora esperan su rugido mientras gritan contra el Estado, contra los controles, contra la política. Por libertad, libertad, libertad. 

– ¡Dije que no venía acá para guiar corderos, sino para despertar leones, y los leones están despertando!

El rostro de Milei se enrojece, se hincha; la voz se le corta. 

En la euforia de la victoria, una escaramuza entre el público. Parece que alguien está intentando sumarse al festejo con Milei y sus socios. Gritos. Un hombre vestido de saco y corbata se cruza en el escenario, corre su saco y pone la mano sobre su pistola, todavía enganchada en el cinturón. Mientras apoya su mano derecha en su arma envainada, con la otra –también– apunta al público. Un socio del candidato interviene. Para retar al público. El hombre armado es uno de los empleados de seguridad de Avanza Libertad. Los leones se aquietan.

Meses después, el candidato faltará a su primera actividad como diputado: el debate por el presupuesto nacional. El candidato quiere ser presidente. Quiere entrar al Estado para destruirlo desde adentro. Ser jefe del Banco Central para cerrarlo. Terminar con la educación pública. No usa eufemismos ni frases rebuscadas. Lo dice claro, fuerte. Lo ruge. Su vehemencia encuentra empatía en una sociedad desencantada con los políticos por una razón, entre otras: sus vidas no mejoran. En las villas miserias, donde muchos sobreviven gracias a la mínima presencia del Estado, Milei sacó un promedio de 17 puntos. Desde 2003 hasta, al menos, 2011 –durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner–, los índices socioeconómicos mejoraron como nunca desde la vuelta de la democracia en 1983. Pero ¿quién come de los recuerdos?

Hoy, frustrada la utopía colectiva, el triunfo mundial del liberalismo tracciona un nuevo horizonte: la utopía del individuo total


El relato de la antipolítica entra a la política como un caballo de troya desde una opinión pública colapsada de hastío, frustrada, y carente de un espíritu aglutinador. En diciembre pasado se cumplieron 20 años del Argentinazo, el estallido social que terminó con el gobierno de Antonio de la Rúa y con la continuidad de las políticas neoliberales, impulsadas por la dictadura militar con el golpe de 1976. Comenzaron las asambleas populares; la autonomía; la comuna de París. La burguesía restableció el estatus pero con varios límites: un Estado presente, repartición de la torta de ingresos, ampliación de derechos civiles, y más. Hoy, frustrada la utopía colectiva, el triunfo mundial del liberalismo tracciona un nuevo horizonte: la utopía del individuo total. 

Milei, el profeta del individuo, enciende la envidia en la derecha tradicional, el pánico en el progresismo y la curiosidad –y también el pánico– de la intelligentzia argentina. Primero como show economista en programas de televisión, después como caricatura de candidato –siempre como consultor técnico de grandes empresas–, Milei despega desde su plataforma mediática como la figura política que más incomoda al status quo. Algo así se pregunta Pablo Stefanoni en el título de su último libro ¿La rebeldía se volvió de derecha?

La etimología de rebeldía –volver a la guerra– podría dar una respuesta lineal, simple y afirmativa a la pregunta de Stefanoni. Quizá la pregunta no sea tanto sobre la identidad ideológica de los nuevos rebeldes sino el horizonte sobre el que avanzan. Es decir, ¿qué es lo que está en peligro?

Una encuesta realizada a principios de mayo entre 2.490 personas ubicó a Milei como presidente si las elecciones primarias se hiciesen ahora, por encima de todos los competidores con un 20,7 por ciento, un punto más que la actual vicepresidenta Cristina Fernández. 

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Otra noche de luces. Hoy no hay gritos, no hay cantos, no hay rock. El león está sereno. La presentadora lo zuza. Nada. Una explicación monetarista de la inflación. Datos anualizados. Porcentajes. Números. Proyecciones. Anulación de controles. Commodities. Brecha cambiaria. Más nada. Lo interrumpe y pide al director. 

– Mostrame las imágenes del desabastecimiento.

Las imágenes: dos botellas de aceite de girasol en una góndola. Un cartel dice “máximo dos unidades”. 

– ¿Cuándo explota esto Javier? Hoy escuché que falta arroz. 

Le responde con un libro sobre la inflación. Otra vez. Porcentajes. Déficit. Demanda. Dinero. 

– ¿Hay que dolarizar?

– Más que eso. Hay que eliminar el Banco Central. 

Ruge la presentadora. 

– ¡Empecemos a organizarnos! ¡Se vuela todo por el aire! ¡Estamos a un paso de la hiperinflación! ¡No hacen un carajo!

El candidato pide disculpas en nombre de otros economistas. Pide, también, tiempo para explicar. Explicar. Sin rugidos, no hay show

– Te lanzas en la carrera para presidente. Estás más serio. ¿Es por eso? ¿Estoy hablando con el futuro presidente de los argentinos?

Ahora sí, las manos se juntan. No hay música ni saltos pero la presentadora y el candidato se vuelven a sostener de la mano. Primer plano sobre él. Levanta las cejas para expandir los pequeños ojos celestes. Va a decir algo importante. Anuncia que ya está armando el gabinete de ministros. Todavía quedan lugares. No quiere contar más sobre su futuro gobierno. Se detiene ahí. Se fija. Como su cabello. La estatua viviente ya se movió hacia una nueva posición y ahí se quedará. Congelado, hasta que alguien arroje la siguiente moneda. 







 


martes, agosto 13, 2019

Lecciones de las primarias argentinas.

America
[ #Argentina ]

Una vez más el trotskismo queda en evidencia como corriente teórica anti-leninista, con claros rasgos antiobreros y antipopulares.

Es importante extraer de los partidarios revolucionaristas, es decir, los obreristas y fraseólogos de la revolución permanente las lecciones correspondientes:

- Se deben interpretar correctamente las aspiraciones de la clase trabajadora y los sectores populares hasta en sus mínimos detalles.

- Se debe evitar a toda costa el discurso de plantearse a sí mismos como la única salida "de los trabajadores", cuando estos últimos plantean con inmediatez la mejora en sus condiciones de vida y se inclinarán principalmente hacia aquellos que los propios sectores populares crean que puedan materializar dicha aspiración lo más pronto posible.

- No olvidar nociones básicas de estratégia.
De la misma forma que no existe ideología al margen de las masas ni por encima de ellas, tampoco existe una "tercera opción" entre un candidato que profundizaría mucho mas la influencia imperialista en Argentina y en América Latina, a un candidato de la burguesía que posibilitaría mejores condiciones de vida a los sectores populares.

Que además de ser respaldado por las mayorías populares, también su armado electoral se compone en parte por diversos sectores progresistas, populares y revolucionarios con sus candidatos en diferentes provincias y localidades según sus condiciones.

El rol de los revolucionarios es continuar construyendo referencia en las masas, construyendo sus herramientas de dirección de masas y esforzandose en la construcción del ideal comunista entre las masas y continuar la disputa entre sectores de la burguesía.

Para los comunistas la derrota del macrismo en estas PASO es una derrota del imperialismo que entendemos como una pequeña escalera táctica a una escalera estratégica.

En definitiva, un pequeño avance a la construcción del camino argentino al socialismo para la Liberación Nacional y Social.

"El peligro de la táctica de los comunistas de "izquierda" consistía en que amenazaban con transformar al Partido, de jefe de la revolución proletaria, en un puñado de conspiradores vacuos y sin base.

Con la vanguardia sola -dice Lenin- es imposible triunfar. Lanzar sola a la vanguardia a la batalla decisiva, cuando toda la clase, cuando las grandes masas no han adoptado aún una posición de apoyo directo a esta vanguardia o, al menos, de neutralidad benévola con respecto a ella sería no sólo una estupidez, sino, además un crimen. Y para que realmente toda la clase, para que realmente las grandes masas de los trabajadores y de los oprimidos por el capital lleguen a ocupar esa posición, la propaganda y la agitación, solas son insuficientes. Para ello se precisa la propia experiencia política de las masas."

(Cita de Lenin, por Stalin en Fundamentos del Leninismo)

miércoles, octubre 25, 2017

Elecciones y lecciones en la Argentina, informe poselectoral


Por: Javier Calderón / Investigador de Celag
| Foto: EFE
Publicado 23 octubre 2017

Pasadas las elecciones legislativas en Argentina, donde se decidió la mitad de bancas de la cámara de diputados (127 bancas de 257) y un tercio de las bancas del Senado (24 senadores de 72), es pertinente realizar un balance del comportamiento electoral y los resultados, acompañado de un primer análisis de las lecciones derivadas de un proceso electoral muy polarizado y contextualizado en un ambiente social irregular, condicionado por la desaparición y muerte de Santiago Maldonado, la ofensiva del poder judicial sobre algunos referentes de la oposición y la “sinceridad económica” del gobierno al prometer un cambio regenerador por las duras contrarreformas al sistema de derechos sociales en salud, educación y trabajo anunciadas en el marco de la campaña, que recordaban el mensaje Churchiliano anunciando a los británicos: “sangre, sudor y lagrimas”.

Para algunos el triunfo del oficialismo en la mayoría de distritos electorales es catastrófico, aunque en la historia democrática posdictadura –exceptuando el 2001, por la caótica situación vivida en la economía nacional que estallaría un par de meses después de las elecciones[1]– ninguna fuerza oficialista ha perdido las elecciones de medio término.  El oficialismo ganó ser la primera minoría con su propio sello amarillo de Cambiemos, compuesta por una alianza entre la Coalición Cívica Radical, ECO, la Unión Cívica Radical y el PRO, con matices ideológicos. Lo nuevo es que el sello Cambiemos arropa a todas estas formaciones políticas creando una sensación de mayoría absoluta. La verdad es que, aunque represente el 41,9 % del electorado a nivel nacional para diputados y 41% para Senado, no llega a ser una mayoría aplastante.

Unidad Ciudadana se convierte en la oposición con el 30,7% de los votos a nivel nacional para diputados y 36% para Senado, en medio de un escenario disperso de las fuerzas opositoras, con problemas para encontrar puntos de conexión en una disputa unificada al modelo económico-social restrictivo que propone Cambiemos. No se ve fácil sumar en un espacio articulado al movimiento nucleado alrededor del peronista Sergio Massa (tercera fuerza nacional con el 6% de los votos)  el Frente de Izquierda y los Trabajadores (5,9 % de los votos), los movimientos distritales y locales (un 6,2% en la suma nacional) y a otras fuerzas locales como Unidos por Córdoba (5,6%). Es una dispersión ideológica difícil de agrupar por la disparidad de opiniones y proyectos políticos, pero que, a la vez, se convierte en el principal eje de análisis y crítica a futuro en la búsqueda de una alternativa política para el 2019 de quienes pretenden frenar el ajuste económico.

I. Las elecciones

La Alianza Cambiemos (UCR-ECO-PRO-CC) pasó de 89 a 108 bancas en la cámara de diputados convirtiéndose en primera minoría, sumando 62 de las 127 bancas en disputa. En el Senado pasó de 16 a 25 bancas, ganando 12 de las 24 curules en disputa, un resultado que lo mantiene como segunda minoría después del bloque Frente para la Victoria-Unidad Ciudadana. En términos generales Cambiemos avanzó mucho en algunos distritos electorales, antes dominados por el Partido Justicialista y el Frente para la Victoria, como La Rioja, Entre Ríos, Santa Cruz, Buenos Aires, y desplazó a proyectos locales muy fuertes como Unión por Córdoba y el Frente Progresista en Santa Fe, donde dichos movimientos ostentan las gobernaciones.

El armado nacional de Cambiemos está basado en el acumulado de la Unión Cívica Radical y proyectos de derecha duros como el de la Coalición Cívica de Elisa Carrió en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, aunque es posible dejar en duda que el liderazgo del PRO (Macri y Vidal) logre diluir esas fuerzas en Cambiemos, dejando ese proyecto como una alianza electoral y no convertido en el partido del régimen neoliberal (hegemónico).

Senadores

Se pusieron en disputa 24 curules de 72, correspondientes a 3 senadores de 8 provincias: Buenos Aires, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, San Luis, San Juan, y Santa Cruz. El sistema de designación de las curules es simple, 2 para la primera votación y 1 para la segunda votación de cada provincia. Cambiemos ganó en Buenos Aires, la Rioja, Jujuy y Santa Cruz (8 bancas), y fue segundo en las otras cuatro provincias (4 bancas), así sumó 12 curules. Unidad Ciudadana y sus aliados provinciales, cosecharon 7 curules, ganando en San Juan y Formosa (4), y siendo segundo en Buenos Aires, Santa Cruz, Jujuy (3)[2].

Cambiemos acumuló 4.802.632, el 41,0% de los votos en disputa en las 8 provincias, mientras Unidad Ciudadana llegó a 4.281.727, es decir el 36,6% del total, seguido por 1país-GEN liderado por Massa con 1.141.247, el 9,7% y otras fuerzas FIT, Unión por Córdoba, Partido Justicialista que suman el 12,7%[3].

La composición del Senado será: 32 curules para el Bloque Justicialista – FPV liderado por Cristina Fernández y Miguel Ángel Pichetto; 25 curules  para Cambiemos, 5 para los PJ Provinciales, y 10 para otras fuerzas[4]. Es de resaltar que Massa queda tanto fuera de la Cámara de Diputados – al vencer su mandato- como del Senado, donde no contará además con copartidarios.




Cámara de Diputados

En la cámara de diputados se pusieron en disputa 127 curules de 257, elegidos en los 24 distritos electorales. Cambiemos ganó 62 bancas, Frente para la Victoria y aliados 39 bancas, 1País-GEN 8 bancas y 18 bancas distribuidas en las demás fuerzas políticas como el Frente de Izquierda y los movimientos locales-provinciales. Cambiemos gana 19 curules más de las que tenía hasta el momento, Frente para la Victoria y aliados pierden 5 curules y el Massismo pierde 10 de 19 que ponía en disputa, siendo la formación política que más perdió en éstas elecciones.

En Cámara de diputados Cambiemos pasa de 89 a 108 curules, Unidad Ciudadana-Frente para la Victoria pasa 72 a 67, el Frente Renovador y aliados pasa de 37 a 27, el Bloque Justicialista pasa de 17 a 25 curules, el Frente de Izquierda mantiene sus 4 bancas y Otros disminuyen de 24 a 16 curules.

En cifras nacionales, Cambiemos y aliados llegaron a 10.203.936, de votantes, que representan el 41,9%, Unidad Ciudadana y aliados sumaron 7.471.919 de votantes, el 30,7%, movimientos provinciales-locales 1.502.021 de votantes, el 6,2%, 1País-GEN 1.463.303, el 6,0%, y el 15,2% restante dividido en el FIT, PJ-Buenos Aires y otras fuerzas[5].




II. Las lecciones

Estas elecciones, como se ha dicho, dejan algunas lecciones no sólo para las formaciones políticas argentinas, sino para las de todo el continente. Las fuerzas de derechas han instalado un discurso basado en ilusiones y expectativas de ascenso social apelando al sentido común de la desigualdad y la competencia contra el otro, relegando a un segundo plano el sentido popular de la distribución del ingreso y los derechos. El mensaje de autosuficiencia y de “voluntad”  individual, ligado a la “meritocracia y la actitud emprendedora”, se sobreponen a la idea de un Estado que distribuye la riqueza y que busca fortalecer las capacidades industriales nacionales como motor del trabajo y la economía.

También se muestra una capacidad de la derecha para canalizar el hastío de la política tradicional y la corrupción, sabiendo despegarse de su histórica responsabilidad como parte de esa corrupción estatal siendo los contratistas de la obra pública, de la fuga de capitales y de las pésimas medidas económicas que dieron lugar a los peores momentos de la economía nacional.  Cambiemos logró mostrarse como lo nuevo, aunque sea el nervio de lo viejo.

La derecha, apoyada con el poder judicial y los medios de comunicación, logró judicializar al progresismo como un proyecto ligado a la corrupción, y en el caso de la Argentina, Unidad Ciudadana y la propia Cristina Fernández, no lograron generar una respuesta  satisfactoria para la sociedad en general, que a partir de la matriz mediática y de algunos casos bochornosos, han perdido la confianza en esa alternativa. En ese sentido, el mensaje de “vamos a volver” sostenido por la Unidad Ciudadana, en vez de favorecer una opción ganadora, naufragó en la desconfianza sembrada por el marketing político de Cambiemos.

Es preciso motivar la competencia de liderazgos en el campo popular, sosteniendo proyecciones de nuevos cuadros y dialogando con todos quienes tienen aspiraciones electorales. Queda la sensación de que una candidatura de unidad entre Cristina Fernández y Randazzo, en provincia de Buenos Aires, hubiera sido ganadora, aunque Unidad Ciudadana queda en mejores condiciones que el Partido Justicialista, debe asumir todas las autocríticas que muchos de sus votantes están haciendo, en camino de deconstruir la propuesta alternativa a Cambiemos, para dar vuelta en el 2019 al proyecto neoliberal que se atornilla con el triunfo del oficialismo en estas legislativas.

Es importante referenciar que las elecciones de Congreso son un termómetro de la situación política nacional, aunque el resultado no sea concluyente sobre el futuro político. Al oficialismo le queda mucho por concretar en cuanto a  las medidas económicas y sociales de su proyecto, lo cual deja abierto un escenario de descrédito por el impacto negativo que van a tener en las familias argentinas. A la oposición, por otro lado, le queda pensar en ganar la confianza de un proyecto de futuro, que aunque tenga referencias de gestión en el pasado, se desligue de las prácticas tradicionales con las cuales se le emparenta.



[1] https://www.pagina12.com.ar/70850-elecciones-sin-ecografia

[2] http://resultados.gob.ar/escrutinio/dat99/DDN99999P.htm

[3] http://resultados.gob.ar/escrutinio/dat99/DDN99999P.htm

[4] http://www.telam.com.ar/notas/201710/215262-cambiemos-gana-nueva-bancas-senado.html

[5] https://www.pagina12.com.ar/70985-elecciones-legislativas-2017-cobertura-interactiva