Translate,translator,traducteur,Übersetzer, traduttore,tradutor,переводчик

viernes, septiembre 11, 2026

Eduardo Galeano recordando a su amigo Salvador Allende


 

Fiesta Avante 2026


 

Declaracion final de la XXIV reunión internacional de partidos comunistas y de los trabajadores

 La Habana, Cuba, 7 y 8 de agosto de 2026


“Defender y honrar el legado de la Revolución Cubana en el centenario del nacimiento de Fidel y consolidar la solidaridad con la Cuba socialista; fortalecer las acciones conjuntas y aunar fuerzas por la paz y contra la agresión imperialista.”

Los partidos comunistas y obreros se reunieron en La Habana, Cuba:

Reconocer la complejidad del contexto internacional actual y la amenaza que representan las políticas agresivas e intervencionistas de Estados Unidos y otras potencias imperialistas, en el marco del sistema imperialista y las relaciones de rivalidad/cooperación que lo impregnan, para la defensa de la soberanía, la independencia y la autodeterminación de nuestros pueblos, para eliminar la explotación del hombre por el hombre y acabar con las causas de las guerras imperialistas, la pobreza y la opresión de los pueblos; así como para garantizar la protección del medio ambiente.

Subrayar la importancia de la unidad, la solidaridad y la cooperación entre los partidos comunistas y obreros como vía fundamental para lograr una respuesta decisiva al aumento de la desigualdad y la explotación en los países capitalistas de todo el mundo, así como a la intensificación de las rivalidades y contradicciones dentro del propio sistema imperialista, y a la ofensiva beligerante liderada por Estados Unidos que está provocando nuevas agresiones y conflictos.

Subrayar la importancia de fortalecer los debates y las discusiones sobre temas que contribuyan a la articulación y la sinergia entre los partidos comunistas y obreros que conforman esta plataforma histórica, que se acerca a su 30 aniversario.

Reafirmamos la perdurable relevancia del pensamiento del líder histórico de la Revolución Cubana, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en el contexto de la conmemoración del centenario de su nacimiento. Sus ideas, contrarias a la explotación capitalista, profundamente antiimperialistas, humanistas, internacionalistas y basadas en la solidaridad, son esenciales para afrontar los colosales desafíos del escenario internacional actual, frenar el resurgimiento del fascismo y proteger a las futuras generaciones del flagelo del imperialismo y la guerra. Sus esfuerzos y acciones concretas en la lucha por el socialismo y para fortalecer la unidad y la acción conjunta entre los partidos comunistas y obreros, y todas las fuerzas anticolonialistas y antiimperialistas, revisten hoy una extraordinaria relevancia y constituyen el camino a seguir para un progreso continuo en una articulación dinámica y sólida, en conflicto con el gran capital y su poder. Su firme compromiso con la paz genuina para todos los pueblos, el derecho internacional y los propósitos y principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, gracias a la Unión Soviética y a los demás países socialistas, y que hoy se ven socavados, nos obliga a enarbolar las banderas de la lucha por un orden internacional verdaderamente justo, democrático y equitativo para nuestros pueblos, que el socialismo puede garantizar.

Reiteran su solidaridad con el Partido Comunista de Cuba y el valiente pueblo cubano, que resiste una agresión imperialista sin precedentes debido a los intentos del actual gobierno de Estados Unidos de derrocar la Revolución y revertir los logros de los últimos 67 años.

Condenamos el bloqueo económico, comercial, financiero y energético genocida e inhumano impuesto por el gobierno de Estados Unidos, cuyas terribles consecuencias perjudican gravemente la vida cotidiana de todos los cubanos e impiden el legítimo derecho del país al desarrollo. Este sistema de medidas coercitivas unilaterales se está volviendo cada vez más exhaustivo, intensificado por dos decretos ejecutivos que agravan su carácter ilegal y coercitivo.

Denunciamos la acusación arbitraria contra el general del Ejército Raúl Castro Ruz por parte del Departamento de Justicia, como parte de una estratagema para empañar su grandeza y su legitimidad indiscutible.

Exigimos la exclusión de Cuba de la lista estadounidense, espuria y unilateral, de supuestos estados patrocinadores del terrorismo, una designación que carece por completo de sentido si recordamos las más de 3.000 víctimas que ha sufrido el noble pueblo cubano a manos de este flagelo.

Subrayar el carácter irrevocable de la voluntad del pueblo cubano de construir y alcanzar el socialismo como el único sistema capaz de garantizar la plena libertad humana.

En este sentido, acuerdan las siguientes acciones.

  1. Seguir apoyando y solidarizándonos con el pueblo cubano, el Partido Comunista de Cuba y la Revolución frente a la actual agresión imperialista.

 

  1. Coordinar diferentes acciones e iniciativas para aumentar la denuncia del bloqueo económico, comercial, financiero y energético impuesto por el gobierno de Estados Unidos contra Cuba.

 

  1. Seguir avanzando hacia el fortalecimiento de la cooperación y la unidad entre los partidos comunistas y obreros en la lucha contra el imperialismo y el capitalismo, para la defensa y afirmación de la soberanía y los derechos, y para lograr la paz y el socialismo.

 

  1. Continuar fomentando la solidaridad con las luchas de los pueblos de todo el mundo que defienden su soberanía y sus derechos contra la agresión y la injerencia imperialistas, como la lucha del pueblo palestino y otros pueblos de Oriente Medio, América Latina y el Caribe, y África.

 

  1. Promover el movimiento de solidaridad con los pueblos contra la agresión imperialista, las luchas de la clase obrera y de los pueblos de todo el mundo, honrar la historia del movimiento comunista y de las luchas de clases y analizar las conclusiones de la trayectoria del IMCWP de cara al 30 aniversario de su fundación en 2028.

 

El socialismo es la única salida humana y realista frente a la barbarie capitalista


 

🇨🇺👎 Diez formas de desFidelizar a Cuba


🗣️ Intervención de Luis Aybar, integrante del Colectivo Editorial Punto y Aparte, en el Coloquio Internacional “Fidel: legado y futuro”, el 11 de agosto de 2026.








Venía pensando en cómo enfocar la intervención y me di cuenta de que en eventos como este solemos hablar mucho de sus aportes o de cuán presente está su legado, y poco de cuánto nos falta de Fidel hoy. Por eso decidí focalizar los aspectos problemáticos y contradictorios de la realidad cubana. Se llama “Diez formas de desFidelizar a Cuba”. Comencé a escribirlo esta mañana y sólo llegué hasta el punto nueve, pero lo importante es abordar una serie de prácticas sociales e institucionales que pueden influir en que Fidel deje de ser un factor revolucionario en nuestro país.

1️⃣ Reducir a Fidel a una emoción, volviendo prescindibles y desconocidos su pensamiento y su praxis. El recordatorio y la celebración nos llenan de lindas sensaciones, pero limitarnos a eso significaría que dejemos de aprender de él y de guiar nuestros pasos.

2️⃣ Adjudicarle exclusivamente a Fidel las creaciones del pueblo de Cuba. Cuando hablamos como si todo lo hubiera hecho él, olvidamos que Fidel es la síntesis de un proceso social, el símbolo de una capacidad colectiva, y desconocemos lo más importante: que esa fuerza sigue latente en el pueblo de Cuba, es decir, en nosotros mismos.

3️⃣ Tratar a Fidel —y al proceso revolucionario que lideró— como algo tan extraordinario y excepcional que se convierte en un fenómeno imposible de re-crear, como una cúspide a la que nunca volveremos a llegar, como un legado intraducible para el actual contexto. Así, Fidel se vuelve pasado. 

Esto se encuentra relacionado con la tendencia a considerarlo como algo sobrenatural y omnipotente, destinado a alimentar la emoción y la nostalgia. En el fondo, vaciamos a Fidel de pueblo, y al pueblo de su autoestima y de su fuerza.

4️⃣ Paradójicamente, hay un discurso que afirma todo el tiempo que Fidel es presente, que Fidel está en todos los actos del gobierno y que vive en su pueblo. Es una forma de legitimación del poder establecido con la que se debe tener mucho cuidado. 

No se le puede poner el manto de Fidel a prácticas y visiones que en realidad lo niegan. Hay que combatir el uso oportunista de Fidel, lo que implica combatir esas prácticas y visiones, cuyo ropaje fidelista nace de la enorme hegemonía alcanzada por la Revolución en el imaginario colectivo. Por eso, no podemos perder de vista que ninguna forma de transición capitalista, ni ninguna práctica corrupta o burocrática, dejará de usar a Fidel como forma de legitimación en las actuales coordenadas políticas de Cuba.

5️⃣ El purismo, sin embargo, tampoco es fidelista. Vale recordar aquella fórmula del concepto de Revolución, que junta en una misma oración el realismo y la audacia. Fidel fue un maestro de los repliegues tácticos, a los que subyacía un reconocimiento de las condiciones objetivas, sin someterse a ellas. Su gesto revolucionario fue admitirlos como tales, es decir, como repliegues, retrocesos, derrotas coyunturales. 

Desde ese punto de vista, sería un error presentar la ampliación de los factores antagónicos como avances y elementos propios del socialismo. Frente a este tipo de discurso, Fidel siempre será incómodo, porque encarna la lucha secular contra el capitalismo, el imperialismo y toda forma de dominación. 

Un Fidel maleable y terapéutico es el síntoma de un vaciamiento ideológico. Considero que el discurso armónico y triunfalista sólo tendrá el efecto de incrementar el impacto ideológico de las actuales políticas de liberalización. Un resultado diferente sería posible si el discurso oficial asumiera la contradicción, y si logramos vencer a los enfoques economicistas en la disputa sobre el socialismo.

6️⃣ La crisis actual es el fruto de las agudas restricciones geopolíticas con las que siempre ha tenido que lidiar el proceso revolucionario cubano. Frente a ellas, Fidel optaba por contrarrestar nuestra pequeñez con el crecimiento de nuestro liderazgo y la articulación eficaz con gobierno y pueblos. Así, Fidel producía avances y resistencias en las batallas hegemónicas a nivel global. 

En contraste, durante las últimas dos décadas la proyección internacional de la Revolución se ha subordinado a la política exterior del Estado cubano, centrada en la adaptación y la sobrevivencia. El resultado es contradictorio. Cuba ha quedado, en realidad, más vulnerable, al disminuir su activo papel en la modificación de la correlación de fuerzas a escala internacional.

7️⃣ Es probable que la igualdad haya sido el principio más defendido en la práctica por Fidel, por motivos ideológicos —todos tenemos derecho a una vida digna— y por necesidades políticas —la desigualdad fractura la unidad—. Luego vino la lucha contra el igualitarismo, para lo cual se echó mano al término equidad. En realidad, la combinación de igualdad y justicia, con significativas realizaciones durante la Revolución, era suficiente para atender y explicar los problemas del igualitarismo. 

Lo que nos interesa resaltar es que la igualdad se volvió casi una mala palabra por varios años, hasta que el pueblo la ha vuelto a rescatar en medio de esta profunda crisis. La lucha contra el igualitarismo refleja disputas sobre qué políticas universales debemos mantener, cómo debe ser la remuneración del trabajo en un contexto de baja productividad, qué grado de concentración de propiedad y de riqueza es inevitable, etc. 

No podemos afirmar que esos asuntos estaban resueltos cuando Fidel dirigía el país, pero hoy más que nunca necesitamos de su defensa estratégica de la igualdad y, sobre todo, de sus realizaciones prácticas. 

La desigualdad produce y naturaliza la desigualdad, la exclusión y la pobreza. El crecimiento paralelo de los carros lujosos y de los mendigos en La Habana son dos caras de una misma moneda. Fidel muere mientras normalizamos esa realidad y mientras escuchamos sin asombro que los nuevos capitalistas van a producir más para repartir mejor. Es fundamental entender que el proyecto de una vida digna para todos dependerá de nuestra capacidad para organizar con igualdad y justicia el proceso mismo de creación de riqueza.

8️⃣ Cuando Fidel veía que faltaban fuerzas para lograr una determinada transformación, apelaba a la fuerza del pueblo. Por eso nuestro Estado siempre fue un Estado-movimiento social. 

El agotamiento provocado por la intensidad movilizativa de la Batalla de Ideas dotó de respaldo social a la relativa desmovilización y al predominio de la racionalidad administrativa que tuvieron lugar durante el gobierno de Raúl Castro. En ese período se profundizó la rutinización y burocratización de las organizaciones de masas. 

Puede afirmarse que hoy se ha recuperado el impulso al protagonismo popular. La pregunta es por qué no se logra la misma masividad que antes. Me inclino a pensar que, entre otros factores, la respuesta está relacionada con el objeto de la movilización y con su efectividad. 

La movilización de tipo antiimperialista tiene límites: en el corto plazo, es poco lo que puede hacer el pueblo de Cuba para modificar el bloqueo. De otra parte, la movilización en respaldo al gobierno es solo eso, una movilización de respaldo. En cambio, la movilización para combatir las tendencias negativas de nuestro Estado abriría nuevas posibilidades, porque existen muchos fenómenos que está en nuestras manos transformar. 

Desde mi experiencia como delegado, puedo decir que el pueblo se moviliza cuando están en juego sus problemas y necesidades sentidas. Sin embargo, es necesario crear las armas para que su participación sea eficaz, para que pueda vencer a los privilegios, las corruptelas y las manquedades. Ese es el acto inaugural de la Revolución y el gesto preferido de Fidel: la transformación del estado de cosas mediante la fuerza popular, en un sentido justiciero. A partir de ahí, cobró sentido todo lo demás.

Estoy seguro de que, si asumimos a plenitud los males internos y dotamos al pueblo de un verdadero poder, la movilización antiimperialista y en respaldo a la Revolución se verán revitalizadas.

9️⃣ Hoy predominan expresiones de marcado fatalismo. “Ya estamos llegando a la opción cero”, anuncia una vecina en la calle. “Algo hay que hacer”, se razona cuando se están cruzando ciertas líneas rojas. “Fidel montó sobre Fidel un día”, dice, en cambio, el poeta, y yo lo interpreto como que no podemos rendirnos ante las circunstancias y que esa actitud empieza por uno mismo. 

En realidad, ya el pueblo de Cuba creó su respuesta para las situaciones límite. Nuestra disposición a morir es nuestra principal arma. Yo les pido, camaradas de otros lares, que no dejen a Cuba sola en su actitud de Patria o Muerte. Para ello existen dos tipos de solidaridad, una directa, mediante el apoyo material, mediático y político, y otra indirecta, que es hacer las revoluciones e impulsar los procesos progresistas en sus países. Combinarlas sería, sin dudas, la forma fidelista de ayudar a Cuba.

Posdata: A la hora de transcribir estas líneas para su publicación, quise incluir el décimo punto, pero luego pensé: lo mejor es que la décima forma de desFidelizar a Cuba no dejemos que se escriba nunca. 


#100AñosConFidel #Cuba #FidelCastro


🔄 Si compartes este post, nos ayudarás a llegar a más personas.

Cuba en la encrucijada del «Nuevo Orden Trumpi/fascista»

 

Por Enrique Ubieta Gómez / Resumen Latinoamericano, 28 de julio de 2026.

EL DIÁLOGO COMO UNA OPERACIÓN MEDIÁTICA

La primera premisa de estas reflexiones es categórica: el gobierno de Trump jamás ha querido dialogar con Cuba. Su propuesta de diálogo, asumida en principio por Cuba, es una finta para desamarrar el nudo gordiano de la resistencia popular y del prestigio internacional que hemos ganado en décadas de consecuencia, una fina operación política y mediática para deslegitimar la Revolución, hacia afuera y hacia adentro. Para el actual gobierno de los Estados Unidos, la única solución posible es la destrucción, la sumisión total de la isla rebelde. Enemigos y amigos (que se atienen al manual de la vieja diplomacia) piden que cese la amenaza militar sobre la isla y que el conflicto se solucione por la vía pacífica, lo que significa negociar una salida. Pero los caminos están obstruidos en tanto la salida es inaceptable. Y una parte importante de la Humanidad (los pueblos, y yo diría que muchos gobiernos afectados por la política caótica de Washington), aspira en secreto a que Cuba resista.


En la historia de los pueblos, como en la de los individuos, hay un punto de no retorno. Si un pueblo desafía los mayores poderes hasta el punto de que su propia existencia peligra (“los que van a morir te saludan”, retaba Fidel a Bush hijo, que amenazaba al país), no puede retroceder. Además del caso venezolano, me viene a la mente la traición de Syriza al pueblo griego, que después de consultarlo y recibir su respaldo para el repudio de la deuda, optó por ceder ante la presión europea. En ambos casos (Venezuela y Grecia) sus autoridades adujeron que lo hacían para impedir una masacre o una hambruna.


¿Cuáles han sido las matrices de opinión que el imperialismo ha construido para su actual campaña mediática? Hablo de una estrategia para dividir y desacreditar a la Revolución, y para deslegitimar al presidente Díaz Canel, basada en mentiras, medias verdades y hechos manipulados. Todas están enlazadas: la presentación de Cuba como Estado fallido, necesitado de apoyos externos para sobrevivir, como el de la Unión Soviética o Venezuela, y a la presentación de la actual crisis extrema como consecuencia no de las sanciones, sino de la incapacidad del gobierno para gestionar el país y el desvío de los recursos disponibles hacia la satisfacción de una elite gubernamental; la presunción de que el verdadero poder está en la “familia Castro” y su círculo, y de que Díaz Canel es solo un administrador sin capacidad de decisión. En este propósito ha jugado un papel simbólico Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl y jefe de su escolta. ¿Insistieron los emisarios del imperio en que fuese uno de los interlocutores?


Como nosotros —siguiendo el comportamiento diplomático tradicional para encuentros sensibles— guardamos silencio, ellos inmediatamente filtraron y sobredimensionaron su presencia y anunciaron la realización de “negociaciones” (entrecomillo la palabra, porque negociar la paz al estilo de Trump, supone grandes concesiones que nunca haremos): “en unas semanas tomaré Cuba amistosamente”, dijo el emperador. Esa frase era suficiente para romper cualquier contacto. No ha sido la única. Cuba sin embargo apuesta a que las supuestas o reales conversaciones ofrezcan a quienes se oponen al trumpismo un argumento más para luchar por la desmovilización militar.
No obstante, pensar que las declaraciones de Trump son actos de reafirmación personal, y que existe un segmento de su gobierno, incluso del sector militar, más serio y pragmático, capaz de detenerlo, es ilusorio. El binomio Trump – Rubio controla la política hacia Cuba. Nuestras conversaciones anteriores con gobiernos estadounidenses, hasta llegar a Obama, se produjeron en contextos diferentes. Entiéndase: Fidel siempre dijo —y un video que trasmitía una y otra vez la televisión, lo recordaba— que Cuba jamás negociaría con una pistola en la sien. “No nos gusta que nos amenacen”, decía.


El Poder en Washington hoy es fascista; lo que entiende por conveniente trasciende el concepto de relaciones moderadamente hegemónicas, necesita colonias. Su modelo presidencial para América Latina tiene ya varios rostros: Milei, Kast, Noboa, Fujimori, Bolsonaro, pero ninguno de esos lacayos sería adecuado para Cuba. Tampoco una Delcy Rodríguez, opción imposible en el entramado político cubano. La traición del actual gobierno de Venezuela para con su pueblo es una herida abierta en América Latina, especialmente dolorosa para Cuba. En nuestro país, según la Ley Helms-Burton, sería necesario un gobernador al estilo de Puerto Rico y una masacre previa de revolucionarios que lo permita.


De manera reactiva reconocimos públicamente que habíamos aceptado el ofrecimiento de diálogo, lo que ha sido una actitud de principio en la historia de la Revolución. En varias de sus intervenciones, Díaz Canel ha ratificado esa disposición. Dos maniobras del imperialismo, enlazadas en su aparente antítesis se sucedieron, para fortalecer el mensaje deslegitimador: Raúl Castro, el héroe y líder cubano, supuestamente al frente de la “negociación” (según los medios enemigos), es enjuiciado en ausencia por el “asesinato” de los pilotos del grupo terrorista Hermanos al Rescate; de la otra, una manipulada entrevista/perfil de Raúl Guillermo, que se regala con extrema ingenuidad política y muestra sus debilidades reales. Como era de esperar, esta última generó repulsa y la legítima protesta de los revolucionarios; pero también propició que los contrarrevolucionarios y los reformistas/autonomistas del siglo XXI aprovecharan ese performance para señalar la existencia de individuos que traicionan los ideales socialistas.
No se trata de marginar a los descendientes del liderazgo histórico, que deben ser ciudadanos con iguales condiciones de vida y de participación política y social; de hecho hay algunos que destacan por su aporte y modestia. Supongo que es un drama terrible, por el que transitó el hijo de Martí. Pero esas personas tienen una responsabilidad histórica en una sociedad que enarbola el paradigma de la justicia social. La idea que intentan sembrar de que en la Revolución cubana gobierna Raúl “y sus hombres”, poseedores del control económico y militar, es contraproducente. Ello conduce a la idea de que existen intereses diferentes y que incluso, alguno de esos hombres, o todos de conjunto, podrían usar a su favor o forzar según su parecer la toma de decisiones en nombre de un héroe legendario que, no hay que olvidarlo, tiene 95 años.


La persistencia del imperialismo en cercar con sanciones al conglomerado GAESA, una estructura económica exitosa creada dentro de las Fuerzas Armadas para romper el bloqueo estadounidense, que hereda su disciplina y su discreción, además de golpear a un sector vital de la economía cubana, es asociada a la matriz que sitúa a las FAR (y a su líder histórico) como el verdadero poder. Es cierto que Díaz Canel ha insistido, sin complejos, que en su gobierno se toman decisiones conjuntas y que no existen diferencias de criterio con Raúl. Pero su legitimidad, ganada a pie de pueblo, y de los sucesivos gobiernos que vendrían en el país, no puede depender del respaldo de ninguna figura histórica.

LAS MEDIDAS ECONÓMICAS Y SU IMPACTO IDEOLÓGICO


Quisiera detenerme en las 176 medidas recientemente adoptadas por el Partido y el gobierno cubanos. Mi análisis, lo reconozco, es ideológico, no económico. Aunque ambos planos están interrelacionados, miro la economía desde la atalaya ideológica y no al revés. Muchas de esas medidas habían sido ya discutidas y aprobadas en principio. Otras avanzaron más (algunos reformistas locales han declarado que las medidas fueron más lejos de lo que ellos habían propuesto) e introducen mecanismos económicos típicamente capitalistas. No pretendo discutir si existía o no otro camino; reconozco que las vías de financiamiento para la vida en Cuba se han obstruido al punto de provocar una parálisis general. Solo pretendo, como ya dije, valorar sus implicaciones ideológicas.


El proceso hacia la aceptación de mecanismos propios de una economía de mercado viene abriéndose paso, de manera integral, desde la aprobación de los Lineamientos (2011). Reitero: de manera integral, aunque puedan reconocerse antecedentes. Para la aceptación de ese camino convergen tres elementos infalibles: desesperación e impotencia de la población ante los efectos del bloqueo recrudecido, bombardeo mediático contrarrevolucionario y reformista/autonomista, y origen de la propuesta en el propio liderazgo de la Revolución.


No es un dato menor el hecho de que la primera versión de la nueva Constitución (2019) prescindiera de la palabra comunismo. A pesar de que las investigaciones sociológicas ya evidenciaban un deterioro importante del consenso popular en torno al socialismo, el pueblo reclamó ese horizonte, y la palabra fue reincorporada. No importa lo lejano que pueda parecer (y estar) el horizonte comunista y lo difuso de su planteamiento, si dejamos de considerarlo, la navegación pierde sentido, el río se transforma en lago, y el capitalismo parece “perfectible”, pero no superable.
Si consideramos que el crecimiento económico fue percibido como el principal trabajo ideológico, y se abandonaron las movilizaciones y las misiones del pueblo, los discursos pedagógicos y que, por otra parte, los cambios que desde entonces vienen introduciéndose arrastran su propia estela ideológica, la situación creada, que ahora se aduce como referente de partida (cuando en realidad es referente de llegada), es la de un retroceso en el consenso alcanzado y mantenido durante décadas en torno al socialismo. Añado que la guerra ideológica pasó de ser una batalla “persona a persona” (la Batalla de Ideas y el internacionalismo médico revitalizado de Fidel, sus últimos esfuerzos por recuperar las esencias del socialismo), a ser una guerra de redes sociales, donde la supuesta victoria radicaba en la cantidad de seguidores y de retuits.


El sobredimensionamiento de la capacidad de las redes para hacer política revolucionaria (y la subestimación en la práctica, a pesar de las continuas declaraciones al respecto, de su capacidad para hacer política contrarrevolucionaria) produjo un deterioro en las posibilidades de incidencia ideológica entre los jóvenes. Las redes están diseñadas, como las corrientes marinas, para alejar a los nadadores de la costa. Por último, de la “universalización” de la enseñanza que proponía la Batalla de Ideas (Fidel hablaba de convertir a Cuba en el país más culto del mundo) se pasó a una reducción de los currículos académicos (2013 – 2018), de acuerdo con los modelos “modernos” y se suprimieron asignaturas vitales (historia, filosofía y economía política marxistas) en carreras que aparentemente no las necesitaban. Aunque insisto, la escuela de una Revolución más que en los libros o en las redes (ambos son complementos necesarios), está en la calle, en la participación del pueblo, en la pedagogía del hacer, en la práctica revolucionaria.
El movimiento revolucionario cubano, latinoamericano y mundial ha aspirado siempre a la nacionalización de las grandes empresas extranjeras y a la eliminación de los latifundios, sean productivos o no. Eso es parte también de la historia de la Revolución cubana. La pregunta más importante que debemos responder en estas condiciones, para recuperar la dignidad de aquel consenso es simple: ¿por qué no se asumieron estas medidas antes? Los reformistas (término que en la historia de Cuba se asocia a una proyección no revolucionaria, y no a la adopción de reformas) dicen que este paquete debió implementarse hace 30 años y argumentan que no se hizo por culpa del dogmatismo y del esquematismo de algunos dirigentes y funcionarios.


¿Era dogmático Fidel? Es cierto que en determinados momentos aceptó cambios que eran inevitables, pero lo hizo no sin resistencia y bajo el presupuesto de que significaban un retroceso. Si entendemos bien sus palabras, en las condiciones del Período Especial debíamos consagrarnos a la conservación de las conquistas del socialismo. Ello no significaba la renuncia a proseguir su construcción en cuanto fuese posible. La adversidad nunca lo detuvo.
Sin embargo, el concepto de “conquistas de la Revolución” ha empezado a flexibilizarse y la privatización empieza a cortejar incluso a sectores como la salud y la educación. La disculpa más socorrida para cada medida, es que lo que se acepta ya existía de manera ilegal y solo se trata de legalizarlo. Pero los revolucionarios no administramos consensos y realidades previamente conformadas; derribamos lo establecido en la práctica y en las mentes para construir nuestros propios consensos y realidades.


La comprensión de lo que entendemos por socialismo es vital para el sostenimiento de la soberanía nacional. Hablar de sentimientos patrióticos en abstracto es una estrategia burguesa: las palmas, el mar, el barrio, los amigos, la familia, el juego de dominó, incluso la música, no son la Patria, no la Patria libre, justa, internacionalista, martiana y fidelista. La Patria abstracta que ya se manifiesta sin contrapeso en las redes sociales y en un segmento del discurso oficial, funde las dos posibilidades del destino nacional: Miami y La Habana, la colonia y la independencia (y sabemos que ambas no pueden coexistir), a favor de la primera, que es donde está el dinero.


Por otra parte, ¿qué es una conquista de la Revolución? Por ejemplo, la nacionalización de la Empresa Eléctrica yanqui, ¿fue una conquista revolucionaria? No me digan que la estatal no funciona, porque la privada de Puerto Rico, sin bloqueo, tampoco. La Reforma Agraria, ¿fue una conquista de la Revolución? En un sentido más profundo y complejo: ¿podremos sostener la mayor de las conquistas de la Revolución: el orgullo nacional, por ser el primer país libre de América, el de la victoria sobre el imperialismo en Girón, el del internacionalismo y la derrota del Apartheid en África, el de nuestros imbatibles campeones ajenos al mercado como Stevenson, Juantorena, Ana Fidelia, Mijain, las morenas del Caribe, los equipos de pelota capaces de triunfar sobre cualquier rival, profesional o amateur, las vacunas hechas en casa, más eficientes que las de grandes trasnacionales? ¿Por qué se condena como peligrosos seudomarxistas y ultraizquierdistas, a quienes expresan criterios que se oponen o que cuestionan algunas de las medidas adoptadas? Necesitamos un debate real, y si las opiniones de los revolucionarios que piensan de otra manera son consideradas “incomprensiones”, el debate se reduce a “que comprendan”.


De alguna manera, en lo económico, estamos más cerca de una concepción socialdemócrata (redistribución solidaria de la riqueza mediante impuestos y políticas sociales, en un llamado Estado de Bienestar, solo posible en países con un alto desarrollo económico) del socialismo. Con la diferencia de que pretendemos conservar el actual sistema político (partido único y dirigente de la sociedad y Poder Popular, que puede y debe profundizarse si queremos que ejerza el papel que el socialismo demanda), con la esperanza de que garantice la direccionalidad de las inversiones y de las ganancias en beneficio e interés social, según el modelo chino y vietnamita, dos países con enormes riquezas naturales, muy lejos geográficamente de los Estados Unidos, que crecieron sin bloqueo y con una emigración amistosa. La cultura del ser opuesta a la del tener, no era ciertamente una conquista, era un horizonte que por el momento se desvanece.


En esos países de cultura milenaria, los sentimientos patrióticos no dependen como en Cuba de concepciones socialistas. La nación cubana surge de una Revolución que empieza a germinar a fines del siglo XVIII e inicios del siglo XIX en un segmento privilegiado de su población y estalla en 1868, para alcanzar con los años a todos los estratos sociales en sucesivos combates antiesclavistas, anticolonialistas y antimperialistas, aferrada a un concepto cada vez más amplio y radical de justicia social. No es una nación (o si se prefiere, ajustando el concepto marxista de nación al Estado burgués, una protonación) que fue colonizada por una potencia extranjera, como las asiáticas, es una nación que el colonialismo engendró. Es Calíban, hijo de Próspero, hecho de las más diversas influencias y al mismo tiempo negador de estas. Una nación parricida. O es anticolonial y antimperialista, es decir, anticapitalista, o no es.
El debate podría extenderse incluso hasta un presupuesto extremo: ¿realmente existió el socialismo en Cuba? Tuvimos una economía estatizada, alegan algunos, pero no un verdadero control popular en cada fábrica, empresa, en cada comunidad. Nuestro concepto de socialismo estuvo lastrado por la práctica histórica y el cerco imperialista, y a pesar de ello, gracias al genio de Fidel, fue más democrático y participativo que otras experiencias. No solo ejercimos la solidaridad hacia el interior del país, también la practicamos hacia el mundo.
Es verdad que no haló parejo a sus ciudadanos: las diferencias sociales, eliminadas de las normas jurídicas y de la posesión de bienes, mantuvieron su presencia en la cultura y la economía del subdesarrollo, en las costumbres y en los diversos orígenes e identidades. Algunas zonas alejadas de los centros metropolitanos no alcanzaron los beneficios esperados. Pero el pueblo se sintió protagonista de la historia, consolidó su sentido de nación y vislumbró un horizonte común. ¿Seremos capaces de sostener y elevar el protagonismo del pueblo y del Partido, en la nueva estructura socio-clasista, en la que ya existe y en la que se avecina?

CONTEXTO INTERNACIONAL RESUMIDO


No puede entenderse la crisis económica y social por la que atraviesa Cuba si no se ubica en su contexto internacional. A partir del abrupto derrumbe o “desmerengamiento” del llamado sistema socialista, las fuerzas de izquierda han navegado a la deriva. No me refiero a quienes abjuraron de sus creencias y sintieron vergüenza de haber luchado alguna vez por los desposeídos, como si al caer la Unión Soviéticas y hacerse públicas sus manquedades (nadie habló más de sus éxitos), hubiesen desaparecido la pobreza y la explotación de unos hombres sobre otros y de unos pueblos sobre otros. Cuba fue la excepción en el hemisferio occidental. “No es que seamos el único país progresista, democrático y revolucionario —afirmaba Fidel en 1992—, es que somos el único país convertido en un islote de Revolución en un mundo prácticamente unipolar, a pocas millas del imperialismo hegemónico, y rodeado de capitalismo por todas partes; en un islote de Revolución entre el Atlántico y el Pacífico”.
Hablo de quienes han persistido en un ideal de justicia social. El unipolarismo de los años noventa llevó a Fidel a la convicción de que no era ya posible la lucha armada como vía para la toma del poder. El internacionalismo médico (reducido en años posteriores el simbolismo semántico de la palabra al de “colaboración”, más ajustado al lenguaje de las Naciones Unidas) revitalizado por Fidel en Centroamérica y Haití poco antes del triunfo electoral de Chávez, como una manera de construir ideología socialista también hacia lo interno, sin palabras, con hechos, fue parte de la nueva estrategia. “Ejército de batas blancas”, lo llamó. La irrupción de Chávez en Venezuela por la vía electoral abrió un nuevo camino y una nueva esperanza.


La democracia burguesa finamente tejida para sostener a la burguesía inicialmente revolucionaria en el poder e impedir la llegada a este de los grupos antisistema (de los reaccionarios y de los nuevos revolucionarios), mostraba un gran desgaste y muchos descocidos, y la voluntad popular empezaba a cobrar en las urnas los años de neoliberalismo. Aquella democracia se hizo inservible para la clase que le había dado origen. Poco a poco fue surgiendo un frente continental (Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina, Brasil, El Salvador, Uruguay, Paraguay, Honduras, más algunas islas del Caribe) progresista, que se caracterizaba sobre todo por su oposición mayor o menor al imperialismo estadounidense y su latinoamericanismo.


Por un momento todo parecía posible: la casi muerte de la OEA y el nacimiento de la CELAC, sin la presencia de los Estados Unidos y Canadá. Siempre he sostenido la idea de que cada eslabón que se rompe o se agrieta en la cadena que nos mantiene supeditados al imperialismo, aún cuando el golpe provenga de una burguesía nacionalista (que no dejará de ser explotadora hacia lo interno), es un paso para la ruptura del orden internacional que sostiene al capitalismo en su fase actual.


Cuba, desde luego, había hecho una Revolución mucho más profunda, pero la nueva fórmula fue adoptada de inmediato, no solo por las izquierdas latinoamericanas, sino por las europeas. Se produjo entonces una situación contradictoria: el imperialismo (que no es solo estadounidense) y sus súbditos empezaron a desentenderse de la democracia burguesa que ya no era funcional, mientras acusaba a los estados progresistas de haber roto con ella, porque si esta no sacaba del gobierno a la izquierda intrusa en los cuatro o cinco años siguientes, como se presuponía, evidentemente no funcionaba.


En sentido inverso, la izquierda empezó entonces a defender el funcionamiento de la democracia burguesa (sin mencionar el apellido, como si fuera la única posible), y su propuesta en esos años no sobrepasó sus marcos estrechos. Cada cierto tiempo se sometía a elecciones burguesas, donde el dinero burgués/imperialista corría como es natural a favor de la oposición entreguista. A pesar de ello, esas izquierdas ganaron sucesivas elecciones (nunca reconocidas por el imperialismo, como era natural), pero se desgastaban cada vez más en el círculo vicioso de una guerra económica y mediática. La Revolución venezolana fue la más radical en sus transformaciones, con el doble efecto de las misiones sociales y la organización de comunas populares. La alianza de Chávez y Fidel elevó la apuesta internacionalista a planos superiores, con la Operación Milagro, y la conformación del ALBA – TCP.


Desentendido de las normas que exigía, el imperialismo organizó asesinatos, fraudes, golpes judiciales, mediáticos y militares, guerras económicas, demonización de estados y de figuras claves del progresismo y cuando fue posible, su encausamiento jurídico. En Cuba estábamos pendientes de cada triunfo o derrota electoral burguesa de los candidatos progresistas, y el Noticiero Nacional de televisión declaraba jubiloso que se había producido una “victoria de la democracia” cuando era reelegido uno de ellos, como si en realidad aquella fuese la democracia. Los partidos revolucionarios, inmersos en la carrera electoral, dejaron de buscar otro tipo de democracia verdaderamente popular y desestimaron, al menos en la práctica, la posibilidad de derrotar y superar al sistema capitalista. En muchos casos, las políticas progresistas de esos gobiernos fueron asistencialistas; otros aplicaron casi las mismas medidas neoliberales que habían combatido.


Mientras el imperialismo inyectaba en la conciencia social la idea de que un buen gobierno dependía únicamente de “una buena persona”, e igualaba a todos los políticos, los de izquierda y los de derecha, definiéndolos como corruptos o no corruptos, los candidatos de la “nueva” izquierda usaban los mismos mecanismos de presentación electoral que la vieja derecha, y sus propuestas no se alejaban mucho de las de sus adversarios. Algunos, temerosos y obedientes, respetaban los límites de lo “políticamente correcto”, y trataban de distanciarse de sus homólogos más audaces o vilipendiados, como Chávez o Fidel, a pesar de lo cual los acusaban de ser chavistas o fidelistas; a nosotros, sin embargo, nos acusaban de no ser como ellos.


El capitalismo vació de su contenido revolucionario y resignificó el discurso de la izquierda, de sus consignas y sus banderas. Y el pueblo dejó de creer en los políticos, en la política y en los partidos de cualquier color. Se dice que el auge de los sentimientos fascistas y la apatía ante las elecciones reflejan el descreimiento de la gente en la democracia. Es cierto, pero solo si la adjetivamos como burguesa. Los pueblos han dejado de creer, con razón, en aquella democracia. Es necesario que sepa que existe otra democracia, la popular, y que hay que luchar por ella.
Entretanto, ocurrió una pandemia que afectó a los países ricos y a los pobres, y que evidenció el fracaso del capitalismo, incluso en los estados de mayor desarrollo económico. El sistema se tambaleó, y los grandes magnates, desnudos, se sintieron horrorizados ante la exposición pública y las posibles consecuencias. Cuba envió brigadas médicas a más de 40 países, algunos de Europa, como Italia y Andorra y creó tres candidatos vacunales muy efectivos que las grandes trasnacionales farmacéuticas bloquearon. Sin embargo, nada pasó, quiero decir, nada hizo la izquierda; inmersa en los mecanismos democráticos de la burguesía, ya había interiorizado la imposibilidad de derrotarlo. Por un instante, parecía posible que de aquel desastre emergiera un mundo nuevo, más justo. Ante la parálisis de la izquierda revolucionaria, la derecha regresó ajustando sus mecanismos de control, restringiendo aún más los derechos de los trabajadores.


La guerra económica entre las grandes potencias se intensificaba. China emergía como un poderoso centro alternativo capaz de disputar la hegemonía global a los Estados Unidos. Incluso durante la pandemia fue la única economía que creció de manera constante. En 2010 se constituyó formalmente una asociación económico–comercial alternativa al G-7, integrada por economías emergentes de enorme potencial: los BRICS (las iniciales de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, más otro grupo de países que se han sumado con posterioridad). Esta asociación empezó a utilizar las monedas nacionales de sus respectivos países en sus transacciones comerciales, prescindiendo del dólar estadounidense. La hegemonía del imperialismo occidental estaba seriamente amenazada.


La pandemia de Covid-19 surgida en 2020 se extendió hasta el 2023. Ya en sus últimos meses, el imperialismo, liderado por los Estados Unidos, iniciaba la contraofensiva. El fuego de la guerra se extendía rápidamente: en Ucrania, con el propósito no conseguido de debilitar a Rusia (2022) alentado y auspiciado por la OTAN; en Gaza (2023), donde el gobierno sionista de Israel perpetra impunemente un genocidio contra su población civil, con el apoyo europeo y estadounidense, que ya ha cobrado la vida de más de 73 000 seres humanos, con incursiones en Líbano y Siria; y más recientemente en Irán (2026) por fuerzas conjuntas de Israel y Estados Unidos.


Pero el regreso del convicto Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos en 2025 marcaría un punto de inflexión en las relaciones políticas internacionales. Si la democracia burguesa ha estado desde hace décadas enferma de muerte, la llegada de Trump ha dado el golpe final al viejo orden internacional establecido por las potencias triunfantes de la II Guerra Mundial. El imperialismo ha comprendido que solo puede sostener su hegemonía mediante la fuerza bruta, el chantaje y la extorsión, métodos nada nuevos, pero que hoy se aplican sin disfraces o convenientes excusas. Los Estados Unidos han declarado que en lo adelante no se someterán a las normas de convivencia de las Naciones Unidas y que harán valer a cómo de lugar sus intereses imperiales. El primer ministro de Canadá Mark J. Carney, fue brutalmente honesto y cínico al describir la situación creada:


«Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamamos el orden internacional basado en normas. (…) Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con rigor variable según la identidad del acusado o de la víctima. Esta ficción era útil, y la hegemonía estadounidense, en particular, ayudó a proveer bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para resolver disputas». Y sentenciaba:
«los fuertes hacen lo que pueden, y los débiles sufren lo que deben. Este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable: la lógica natural de las relaciones internacionales reimponiéndose».


Pareciera que el Nuevo Orden más justo que pedíamos los países del Sur ha sido definitivamente sustituido por la ausencia de todo orden. Los países arriban a la fase vergonzante de “portarse bien”. Los pueblos reclaman cambios profundos pero no tienen un horizonte al que asirse y no confían en los políticos y en los partidos que solo piensan en sobrevivir. El fascismo en cambio propone cambios “profundos” en el peor de los sentidos, y atrae a un segmento desesperado de la población.


Pero el propio Carney advierte: “ante esa lógica, existe una fuerte tendencia de los países a adaptarse para encajar. A acomodarse. A evitar problemas. A esperar que el acatamiento compre seguridad. No lo hará”. Si Europa está postrada, ¿qué podríamos decir de los países latinoamericanos donde el fraude anunciado y la presión económica han impuesto a gobernantes títeres? Por otra parte, los BRICS, que necesitan como aliado al movimiento antimperialista, no por convicción ideológica, sino porque es una importante herramienta de presión, no se han mostrado unidos. La ausencia de una ideología común o de una actitud que no se limite al beneficio inmediato de cada miembro por separado, ha producido costosas inconsecuencias en su seno y pueden frustrar su capacidad para imponer un orden multilateral. Cuba es más que nunca una isla (un islote decía Fidel en 1992). Ha recibido apoyos importantes de China y Vietnam, así como de Rusia, pero tendrá que valerse por sí misma.


El 3 de enero de 2026 la resistencia de América Latina se fracturó en Caracas. Treinta y dos cubanos ofrendaron sus vidas por la Revolución bolivariana y latinoamericana, pero sobre todo por Cuba. No traicionaremos a esos heroicos combatientes. El imperialismo avanza cada vez más y el mundo parece retroceder, bajar la cabeza, guardar silencio. Construye una Falange internacional fascista, para supuestamente combatir el terrorismo de izquierda. Ha situado a Cuba como la capital del comunismo mundial, que ellos califican de terrorista. No habrá mucho tiempo ni pretendientes para las reformas. Si bien la lucha armada no era ya el camino, como advirtiera Fidel, es posible que el imperialismo nos obligue a retomarla. La historia de Cuba nos reclama, nos exige. En el centenario de Fidel, su consigna resuena más alto que nunca: ¡Socialismo o Muerte! Porque no siempre la muerte es una derrota, a veces es la única manera de vencer.

26 de julio de 2026

Condiciones de vida de los trabajadores vietnamitas

 El obrero industrial promedio en Vietnam gana entre 230 € y 395 € al mes (de 6 a 10 millones de VND), lo que apenas cubre los costes básicos de vida urbana. [1]

Aunque el salario mínimo legal para la Región I (Hanoi y Ciudad Ho Chi Minh) se sitúa en los 5,31 millones de VND (unos 210 €) al mes, los ingresos reales dependen de las horas extras obligatorias para poder llegar a fin de mes. [1, 2]

Balance mensual: Salario vs. Coste de vida
Para entender cómo distribuye sus ingresos un obrero en las periferias industriales (como Binh Duong o Dong Nai), este es el desglose aproximado de una economía individual de subsistencia:
Concepto de GastoCoste Estimado MensualPorcentaje del Salario Mínimo
Alquiler (Nhà trọ)50 € - 100 € (1.3 a 2.6M VND)25% - 45%
Alimentación básica70 € - 100 € (1.8 a 2.6M VND)35% - 45%
Facturas (Luz, agua, gas)15 € - 30 € (400k a 800k VND)7% - 14%
Transporte (Gasolina moto)15 € - 20 € (400k a 500k VND)7% - 9%
Margen de ahorro / imprevistosCasi nulo (o dependiente de horas extra)< 5%
Factores clave de la brecha económica
  • La trampa de las horas extras: Debido a que el salario base apenas cubre el alojamiento y la comida, las jornadas reales de los obreros se extienden habitualmente hasta las 10 o 12 horas diarias para complementar sus ingresos a través de bonos de productividad.
  • Inflación de los servicios básicos: Los caseros de los barrios obreros suelen revender la electricidad y el agua con recargos comerciales sobre la tarifa regulada estatal, encareciendo el coste de vida real.
  • Remesas familiares: Gran parte de la clase obrera urbana es migrante de provincias rurales del centro o norte de Vietnam. Sus ingresos no solo cubren su vida en la ciudad, sino que se estiran para enviar dinero a sus familias.
  • Medidas del Gobierno: El Consejo Nacional de Salarios ha aprobado incrementos progresivos en el salario mínimo regional para mitigar el impacto del coste de vida en los centros de producción textil, tecnológica y de calzado. [1, 2]
  • Vietnam, el sistema de seguridad social y sanidad para los obreros industriales está totalmente centralizado por el Estado a través del Seguro Social de Vietnam (VSS). Es un modelo de adscripción obligatoria para cualquier trabajador con un contrato laboral superior a un mes. El sistema protege al obrero mediante tres pilares: seguridad social, seguro de desempleo y seguro médico público.1. 
  • ¿Cómo se financia? (Cotizaciones)El sistema se financia de manera conjunta entre la empresa y el trabajador mediante deducciones directas sobre el salario base bruto. El coste total equivale al 32% del salario del obrero, distribuyéndose así:Aportación de la empresa (21,5%): 
  • El empleador asume el pago del 14% para jubilación, el 3% para bajas por enfermedad y maternidad, el 0,5% para accidentes laborales, el 3% para el seguro médico y el 1% para el desempleo.Aportación del obrero (10,5%): Al trabajador se le retiene automáticamente un 8% para su jubilación, un 1,5% para la asistencia sanitaria y un 1% para el fondo de desempleo.2.
  • Coberturas de la Seguridad Social (BHXH)La rama de previsión social cubre las contingencias económicas comunes del trabajador de fábrica:Baja por enfermedad común: El seguro cubre el 75% del salario base durante los días que el obrero esté de baja médica certificada.Maternidad: Es una de las leyes más protectoras de la región. Ofrece 6 meses de baja pagada al 100% del salario medio para las mujeres obreras, además de un subsidio global por el nacimiento del bebé.Accidentes laborales: Si un obrero se lesiona en la línea de producción o sufre una enfermedad laboral, el fondo cubre los costes de tratamiento y otorga pensiones de incapacidad según el grado de invalidez.
  • Desempleo: Al perder el trabajo, y habiendo cotizado un mínimo de tiempo, el obrero recibe una prestación mensual equivalente al 60% del salario promedio de sus últimos seis meses laborales.3. El Sistema de Sanidad Pública (BHYT)La tarjeta de seguro médico público permite a los obreros acceder a la red de hospitales estatales. Sin embargo, su funcionamiento en el día a día presenta grandes contrastes:Red obligatoria de hospitales: Cada obrero debe registrarse en un hospital público específico (normalmente cercano a su fábrica o lugar de residencia). Si acude a ese centro asignado o es derivado correctamente, el seguro cubre entre el 80% y el 100% de los costes médicos y de medicamentos esenciales.
  • El problema de la saturación: Los hospitales públicos de las zonas industriales (como Binh Duong o las afueras de Saigón) sufren un grave hacinamiento. Los tiempos de espera son muy largos, lo que obliga a muchos obreros a acudir a clínicas privadas los fines de semana, pagando de su propio bolsillo para no perder un día de salario en la fábrica.Medicamentos fuera de lista: Aunque la cobertura básica cubre los tratamientos comunes, si el obrero requiere medicamentos avanzados o importados, estos suelen quedar fuera del catálogo estatal, requiriendo copagos elevados.
  • El gobierno de Vietnam combate la evasión del pago de seguros mediante un marco regulatorio estricto liderado por el Ministerio de Trabajo, Invalides y Asuntos Sociales (MOLISA) y el Seguro Social de Vietnam (VSS).Las normativas vigentes, reforzadas por regulaciones recientes como el Decreto 283/2026/ND-CP, aplican fuertes multas administrativas e incluso penas de cárcel para frenar el fraude laboral.
  • Tipos de inspecciones estatalesInspecciones planificadas: Se programan de forma anual tras cruzar datos masivos. El VSS detecta discrepancias entre las plantillas reales reportadas a Hacienda y los empleados inscritos en el seguro social. 
  • Las empresas de sectores de riesgo (como el textil o electrónico) o con historial de retrasos reciben alertas con al menos tres días de antelación para preparar sus nóminas.Inspecciones sorpresa (Ad hoc): Se activan de inmediato si existen denuncias directas de los trabajadores, del sindicato de la fábrica, o si la empresa acumula impagos de seguros por más de tres meses seguidos.
  • Cruces de datos digitales: Los gobiernos provinciales emplean bases de datos unificadas. Si un obrero está dado de alta en la nómina interna pero la empresa no ingresa su 21,5% correspondiente de cotización, salta una alerta automatizada en el sistema del seguro social.
  • Trampas más comunes detectadas en las fábricasFalsa clasificación laboral: Registrar a los obreros a tiempo completo como "contratistas independientes" o autónomos para evitar pagar el paquete de seguros
  • .Declaración de salario mínimo inferior: Reportar al Estado que el obrero gana exactamente el salario mínimo legal para pagar menos tasas de seguro, mientras que el resto del sueldo real se entrega bajo conceptos de "bonos" o subsidios no computables.Retención ilegal: Descontar el 10,5% del salario mensual directamente al trabajador (como dicta la ley) pero no transferir ese dinero ni el porcentaje empresarial a las arcas del seguro social público.Sanciones y consecuencias para los infractoresMultas financieras directas: 
  • El Decreto 283/2026/ND-CP sanciona los retrasos e impagos de seguros con multas de entre el 12% y el 15% del monto total adeudado, fijando topes administrativos de hasta 75 millones de VND por infracción.Intereses de demora acumulativos: Las fábricas que pagan tarde deben abonar de forma obligatoria los intereses acumulados dictados por el VSS sobre la deuda total.
  • Responsabilidad penal: El Artículo 216 del Código Penal de Vietnam castiga la evasión intencionada y masiva de seguros con penas de hasta 7 años de prisión para los directores de la empresa o responsables financieros.Bloqueo operativo corporativo: Las empresas textiles o tecnológicas infractoras sufren la congelación de los permisos de trabajo de su personal extranjero, la denegación de visados corporativos y el veto para licitaciones públicas.
  • El mercado informal en Vietnam es gigantesco y representa un pilar de subsistencia crucial para los obreros, actuando como una red de seguridad económica y una alternativa de consumo barata fuera del control estatal.
  • 1. ¿Cómo interactúa el obrero con la economía informal?Vía de consumo (Gasto): Los obreros compran casi toda su alimentación en los mercados de acera o mercados espontáneos (chợ cóc) que se montan por la mañana y la tarde a las puertas de las zonas industriales. Allí, los productos agrícolas y la carne son hasta un 30% más baratos que en los supermercados formales.Vía de ingresos (Pluriempleo): 
  • Muchos obreros, al terminar sus turnos de 8 o 10 horas en las fábricas, recurren al mercado informal para complementar sus bajos salarios. Conducen motos de reparto tecnológicas o informales (xe ôm), abren puestos callejeros de comida rápida o venden ropa barata en las aceras por las noches
  • .2. Tipos de negocios informales vinculados a las fábricas
  • Los Chợ Cóc (Mercados temporales): Mercados sin licencia que operan en las calles colindantes a los parques industriales. Aparecen mágicamente a las 6:00 AM y a las 5:00 PM, coincidiendo exactamente con los cambios de turno de los trabajadores.Puestos de comida callejera (Quán ăn vỉa hè): Proveedores de desayunos y cenas ultraeconómicas (como el café vietnamita, el pan bánh mì o boles de fideos). Un obrero puede comer aquí por menos de 1 € o 1.50 €.Tiendas de abarrotes de barrio (Tạp hóa): 
  • Pequeñas tiendas familiares ubicadas en los bajos de las pensiones obreras. No emiten facturas oficiales y, con frecuencia, venden productos a crédito a los obreros de confianza hasta el día de cobro de la fábrica.
  • 3. Falta de protección: El "Seguro Social Informal"A diferencia de los obreros contratados en las fábricas (que disfrutan del sistema de cobertura explicado anteriormente), los trabajadores que dependen exclusivamente del sector informal (vendedores callejeros, conductores, recolectores) carecen de red de seguridad:Cotizaciones voluntarias inexistentes: 
  • Aunque el gobierno ofrece un plan de "Seguro Social Voluntario", menos del 10% de los trabajadores informales se adscribe a él debido a la inestabilidad de sus ingresos diarios.
  • Sin bajas ni vacaciones: Si un vendedor callejero se enferma o sufre un accidente, sus ingresos caen a cero de forma inmediata, dependiendo únicamente del apoyo económico de redes familiares.
  • gobierno de Vietnam intenta regular y reubicar los mercados callejeros (chợ cóc) mediante una estrategia que busca equilibrar el orden urbano, la seguridad alimentaria y el sustento de la clase obrera,
  •  implementando planes progresivos de reubicación y formalización en las provincias industriales (como Binh Duong, Dong Nai y las afueras de Saigón).Esta transición se ejecuta a través de cuatro mecanismos principales:
  • 1. Reubicación en mercados tradicionales y centros comerciales Obreros:las medida principal no es la prohibición absoluta, sino el traslado. Las autoridades locales construyen infraestructuras techadas o designan áreas específicas de comercio regulado cerca de las zonas industriales.A los vendedores ambulantes se les ofrecen tarifas de alquiler de puestos muy bajas o subsidiadas durante los primeros meses para incentivarlos a dejar la vía pública.El objetivo es despejar las aceras y calles colindantes a las fábricas para evitar los embotellamientos masivos que ocurren durante los cambios de turno de los obreros.
  • 2. Campañas de "limpieza de aceras" e infracciones de Tráfico la policía local y los equipos de orden urbano realizan inspecciones diarias, especialmente en las horas punta (6:00 AM y 5:00 PM).Se imponen multas tanto a los vendedores que ocupan la calzada como a los propios obreros que se detienen en la moto a comprar sin bajarse, bloqueando el tráfico.En casos de reincidencia, las autoridades confiscan temporalmente los carritos de comida, las básculas y la mercancía.
  • 3. Endurecimiento de los controles de seguridad Alimentaria:Dado que los mercados espontáneos carecen de refrigeración y controles sanitarios, el gobierno utiliza la salud pública como argumento de regulación.Se realizan inspecciones sorpresa para verificar el origen de las carnes y verduras. Los productos que no cuentan con facturas o certificados de origen de cooperativas agrícolas autorizadas son destruidos.Las normativas exigen que cualquier puesto de comida formalizado cuente con acceso a agua corriente limpia, algo imposible de cumplir para un vendedor ambulante de acera.
  • 4. Digitalización y el auge de los "mini-supers":Como alternativa a los mercados callejeros, el gobierno fomenta activamente la expansión de cadenas de tiendas de conveniencia y mini-supermercados económicos regulados (como WinMart+ o Bach Hoa Xanh) dentro de los barrios obreros.Se promueve el uso de pagos digitales con códigos QR e incentivos fiscales para estas tiendas, buscando que los obreros adopten canales de consumo formales que garanticen la trazabilidad de los alimentos y el pago de impuestos indirectos.
  • El gran desafío del gobierno sigue siendo la resistencia económica: para un obrero que cuenta con pocos minutos entre turnos y un presupuesto ajustado, la conveniencia de comprar comida barata directamente desde su moto sigue superando los esfuerzos de formalización del Estado.