“Quien tenga un concepto tradicional de la política podrá sentirse pesimista ante este cuadro de verdades. Para los que tengan, en cambio, fe ciega en las masas, para los que crean en la fuerza irreductible de las grandes ideas, no será motivo de aflojamiento y desaliento la indecisión de los lideres, porque esos vacíos son ocupados bien pronto por los hombres enteros que salen de sus filas” Fidel Castro 16 de agosto de 1952. Email: bolchevismosevilla@yahoo.es En facebook:Moscu Sevillano
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viernes, febrero 13, 2026
Unidas por Extremadura analizan los datos de las elecciones aragonesas
Opinión | Aragón: la lección ya está aprendida, ¿empezamos a trabajar?
sobre cómo la izquierda insiste en sorprenderse de aquello que se niega a corregir.
Por Javier F. Ferrero
Aragón no ha emitido un mensaje ambiguo. Ha pronunciado una frase completa, con sujeto, verbo y consecuencias en lugar de predicado. El problema no es que no se entienda. El problema es que no se quiere asumir.
El PP gana con 26 escaños, pese a perder apoyos. Vox dobla su fuerza hasta 14 y se convierte en el eje real del poder. El PSOE cae a su mínimo histórico con 18. Podemos desaparece, IU-Sumar sobrevive, Teruel Existe se debilita y CHA crece. No hay misterio. Hay estructura. Y hay una lección que ya no es nueva, solo reiterada.
La política contemporánea no castiga la incoherencia moral, castiga la falta de eficacia material. El progresismo patrio lleva demasiado tiempo confundiendo la primera con la segunda. Cree que basta con tener razón para ganar. Cree que basta con advertir del peligro para evitarlo. Cree que señalar al monstruo lo debilita. Pero el monstruo no vive del miedo que genera, sino del vacío que ocupa.
Vox no avanza porque convenza, sino porque resuelve una ecuación básica del poder: ofrece certezas simples en un escenario de renuncias complejas. No importa que sean falsas. Importa que sean claras. Frente a eso, la izquierda comparece con matices, excusas y pedagogía tardía. Y la pedagogía, cuando llega después de la decepción, suena a justificación.
El PSOE encarna mejor que nadie esta contradicción. Ha interiorizado la idea de que gobernar consiste en no tocar demasiado. Vivienda sin confrontar al mercado. Fiscalidad sin incomodar a los grandes patrimonios. Ley mordaza sin derogar. OTAN como dogma. Gasto militar en aumento mientras los servicios públicos siguen en tensión. Derechos humanos defendidos solo cuando no interfieren con intereses estratégicos.
Ese conjunto no es neutral. Es una posición política, aunque se disfrace de responsabilidad.
El resultado no es solo desafección. Es algo más grave: desmovilización ética. Cuando amplios sectores sociales perciben que vote quien vote hay líneas que no se cruzan, la política deja de ser una herramienta de transformación y pasa a ser un ritual vacío. Y los rituales vacíos no generan lealtad, solo abandono.
A la izquierda del PSOE, el problema adopta otra forma, pero comparte fondo. La fragmentación se ha naturalizado como si fuera pluralismo. No lo es. Es incapacidad para construir poder compartido. Cada proyecto protege su identidad como si fuera un patrimonio en peligro, mientras el terreno común se erosiona. El resultado no es diversidad, es irrelevancia acumulada.
CHA demuestra que otra lógica es posible, pero también señala el límite. Crecer desde el arraigo y la coherencia funciona, pero no basta si no existe un horizonte común. La suma no se produce por afinidad ideológica, sino por voluntad de construcción. Y esa voluntad brilla por su ausencia en el conjunto de la izquierda estatal.
Aquí aparece la dimensión más incómoda del momento político: la izquierda ha olvidado que el poder no es un subproducto del discurso, sino su condición de posibilidad. Sin poder no hay políticas públicas. Sin políticas públicas no hay mejora material. Sin mejora material no hay relato que resista.
Y sin relato, el miedo gana por incomparecencia del adversario.
Aragón no es una excepción territorial. Es un síntoma sistémico. Ocurre cuando se gobierna sin disputar. Cuando se administra sin transformar. Cuando se confunde moderación con prudencia y prudencia con renuncia. La derecha puede perder votos y aun así ganar poder porque sabe para qué quiere gobernar. La izquierda, demasiadas veces, parece gobernar para no perder.
La pregunta, por tanto, no es si la lección está clara. Lo está desde hace tiempo. La pregunta es otra, más incómoda y menos retórica: ¿hay voluntad real de cambiar el marco o solo de gestionarlo un poco mejor?
Porque si la respuesta es la segunda, Aragón no será una advertencia. Será solo otro capítulo más de una historia que ya conocemos demasiado bien.
viernes, enero 09, 2026
🧩 Aragón ante el espejo de Extremadura: la unidad que todos dicen querer
La izquierda alternativa mira al 8F entre el ejemplo que funciona y los vetos que bloquean
El 21 de diciembre de 2025 dejó una lección incómoda para la izquierda alternativa. Unidas por Extremadura logró 7 escaños y un 10,25% del voto, el mejor resultado de su historia, en una comunidad con 46 años de autonomía y con una participación mínima histórica del 62,7%. 54.189 personas apostaron por una candidatura unitaria que supo poner programa, territorio y generosidad por delante de las siglas.
Ese resultado ha activado un efecto espejo en otras comunidades. También en Aragón, donde las elecciones autonómicas se celebrarán el 8 de febrero de 2026 tras el adelanto decretado por Jorge Azcón. IU, Podemos y sectores de Sumar coinciden en el diagnóstico: sin unidad, no hay alternativa real al PP ni freno a la extrema derecha. El problema no es el discurso, sino su traducción práctica.
La aritmética aragonesa es clara. IU y Podemos conservan un diputado cada una (junto a Alianza Verde). Movimiento Sumar no tiene representación autonómica, aunque sí presencia política. Y la Chunta Aragonesista, con 3 escaños, es la principal fuerza del espacio a la izquierda del PSOE. Nadie sobra. Nadie manda. Pero no todo está alineado.
La Chunta ha puesto el dedo en la llaga. Defiende una candidatura amplia, sí, pero denuncia “vetos cruzados” y advierte de que Sumar y Podemos deben resolver antes sus diferencias a nivel estatal. Mientras eso no ocurra, no hay unidad real, solo relatos apresurados. La experiencia extremeña demuestra que la suma funciona cuando hay respeto mutuo, cohesión programática y proyecto de país, no cuando se intenta imponer una marca sobre las demás.
Aragón no es un laboratorio electoral. Tiene memoria política, arraigo municipalista y un electorado que castiga las guerras internas. El 8F está demasiado cerca como para repetir errores. La unidad no se proclama. Se construye. Y quien la bloquee tendrá que explicar por qué prefirió el veto a la posibilidad de ganar.
lunes, diciembre 22, 2025
🔴 Extremadura rompe el relato: la unidad sí funciona
Cuando la izquierda deja de pelearse, empieza a crecer
Extremadura ha desmontado uno de los grandes autoengaños de la izquierda estatal. La unidad no resta, suma. Y lo ha hecho con cifras que no admiten relativismos.
La candidatura de Unidas por Extremadura ha logrado 7 escaños y más de 53.000 votos en las elecciones autonómicas de 2025, casi el doble que en 2023 y mejor resultado histórico de toda la izquierda a la izquierda del PSOE desde la Transición. Ni siquiera Podemos en solitario, en su mejor momento en 2015, alcanzó esa representación.
No es un rebote ni un golpe de suerte. Es el resultado de una confluencia real entre Podemos, Izquierda Unida y Alianza Verde, construida durante años, con trabajo territorial, estructura compartida y sin romperse cada ciclo electoral. No es una coalición electoral, es un espacio político. Y esa diferencia es clave.
Mientras el PSOE firma su peor resultado histórico en Extremadura (18 escaños, 10 menos) y una parte importante del voto progresista se va a la abstención, Unidas por Extremadura logra atraer a una parte del electorado desencantado. No todo, pero sí lo suficiente para romper la tendencia descendente que arrastra la izquierda estatal desde hace años.
La candidata, Irene de Miguel, lo resumió con claridad tras el recuento: “Somos una luz de esperanza para la izquierda transformadora”. No como consigna, sino como constatación política. Donde hay proyecto, coherencia y unidad sostenida, la gente responde.
El contraste con otros territorios es evidente. Galiza sin representación, Euskadi pasando de seis escaños a uno por la división, Catalunya firmando mínimos históricos. Extremadura demuestra que la fragmentación no es inevitable, es una elección.
El mensaje incomoda porque es sencillo. Sin unidad no hay remontada, solo resistencia a la baja. Mientras el PP gobierna con una Vox en ascenso y el PSOE se hunde, la izquierda alternativa solo tiene una vía para ser útil. Dejar de mirarse el ombligo y construir algo reconocible.
Extremadura no ha descubierto nada nuevo. Ha recordado algo básico. Cuando la izquierda se toma en serio a la gente, la gente se lo devuelve en las urnas.


