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lunes, agosto 31, 2026

¿Perestroika cubana? Las palabras que queman


Por Eduardo Miguel Álvarez Estévez | 21 de junio de 2026.

La comparación ya circula. En las redes, en las tertulias, en los análisis de los que nos observan desde afuera. Algunos la lanzan como un elogio torcido. Otros, como una acusación filosa. Y no son pocos los revolucionarios que, en voz baja, se preguntan: ¿no será esto una perestroika a la cubana?

Hagamos lo que pocos hacen. Miremos la pregunta de frente. Sin evasivas. Sin consignas. Con la madurez de quien sabe que el debate serio no debilita a la Revolución. La fortalece.

Lo que fue la perestroika

Recordemos de qué hablamos cuando decimos "perestroika". Mijaíl Gorbachov la lanzó en 1985 como una "reestructuración" del socialismo soviético. Su diagnóstico era correcto: la economía planificada se había estancado, la burocracia asfixiaba la iniciativa y el pueblo vivía peor cada año. Hasta ahí, todo razonable.

El problema no fue el diagnóstico. Fue el método y el desenlace. Gorbachov abrió la economía sin consolidar las instituciones que debían controlar esa apertura. Permitió la crítica sin fortalecer la dirección del Partido. Soltó las riendas del Estado sin tener claro hacia dónde iba el caballo. Y en menos de seis años, la Unión Soviética se desintegró. No la destruyó el imperio. La implosionó su propia dirigencia.

Lo que criticamos de la perestroika no fue la necesidad de reformar. Fue la ingenuidad de hacerlo sin control, sin partido, sin rumbo. Fue la apertura que se convirtió en entrega. La flexibilidad que se volvió capitulación.

Lo que es nuestra reforma

Ahora miremos lo nuestro. Las medidas anunciadas por Díaz-Canel tienen puntos de contacto inevitables con aquella experiencia: descentralización, autonomía empresarial, apertura al sector privado, inversión extranjera. Son herramientas similares. Pero la herramienta no define al carpintero.

La diferencia está en tres pilares que Gorbachov descuidó y que nosotros no podemos permitirnos descuidar:

Primero, el Partido. La perestroika debilitó al PCUS hasta hacerlo irrelevante. Nuestra reforma se hace con el Partido Comunista de Cuba como vanguardia indiscutible. Las medidas las anuncia el Primer Secretario del Comité Central. Las implementa la dirección de la Revolución. El poder político no se toca. No se descentraliza. No se negocia.

Segundo, la soberanía. Gorbachov buscó la integración con Occidente como tabla de salvación. Abrió las puertas al FMI, a la OTAN, al capital financiero sin cortapisas. Nosotros reformamos bajo asedio, pero sin entregar un ápice de soberanía. Las medidas buscan resistir, no integrarnos. Sobrevivir, no claudicar.

Tercero, la memoria. La perestroika renegó del legado soviético. Lo calificó de "estancamiento", de "errores del pasado", de "culto a la personalidad". Nosotros no renegamos de Fidel, de Raúl, del Che, de la historia. Reformamos para preservar la Revolución, no para enterrarla.

¿Es esto una perestroika?

Si por "perestroika" se entiende reformar para salvar el socialismo, entonces sí. Si por "perestroika" se entiende actualizar el modelo sin perder el alma, entonces también. Pero si por "perestroika" se entiende abrir sin control, sin Partido, sin rumbo y sin memoria, entonces no. Rotundamente no.

Nosotros no vamos a repetir la historia soviética porque tenemos lo que a Gorbachov le faltó: la conciencia de que el socialismo se reforma con la cabeza fría, con el control popular activado y con la dirección revolucionaria firme al timón.

Lo que aprendimos de aquel fracaso

La Unión Soviética cayó porque quiso reformarse sin defenderse. Porque abrió la economía mientras cerraba el debate ideológico. Porque permitió que la desconfianza se comiera la autoridad del Estado. Esas lecciones están grabadas en la dirección cubana. Las estudiamos. Las discutimos. Las llevamos tatuadas.

Por eso hablo de calendario. Por eso insisto en el control. Por eso repito que la Contraloría, la policía económica y el pueblo vigilante no son adornos. Son el escudo que impide que la reforma se convierta en saqueo.

Lo que yo sostengo

Llamemos a las cosas por su nombre. Esto no es una perestroika. Es una rectificación revolucionaria. Una actualización del modelo que no reniega de sus padres fundadores. Un ajuste de emergencia que se hace con las manos libres y la conciencia clara.

Si mañana alguien usa la palabra "perestroika" para desprestigiarnos, le diremos que no. Que nosotros aprendimos de aquel fracaso. Que nosotros no entregamos el Partido. Que nosotros no abrimos sin control. Y que nuestra reforma no es el ataúd del socialismo. Es su tabla de salvación.

La historia juzgará. Como siempre.

Patria o Muerte. Venceremos

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