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sábado, junio 27, 2026

El mito del absentismo en España: los datos desmontan el discurso tramposo de la patronal





La narrativa de la patronal es tramposa porque invierte la causalidad: el problema es el modo de producción capitalista.

Por Ricardo Guerrero | 26/06/2026

La patronal española (CEOE, CEPYME y sus altavoces mediáticos) llevan años machacando con el “problema del absentismo laboral”. Lo presentan como una lacra nacional causada por trabajadores vagos y aprovechados que se cogen bajas por cualquier cosa. Exigen más controles, endurecer las condiciones para las bajas y, de paso, recortar derechos. Es un discurso repetido hasta la saciedad. Pero se viene abajo con los datos en la mano.

Según datos comparativos basados en Eurostat, los trabajadores españoles faltan al trabajo por enfermedad una media de 16 días al año. En Alemania, la cifra es de 15,1 días (datos de 2023), y en los últimos años ha subido aún más, alcanzando cifras récord que han llevado a hablar del “enfermo de Europa”. En algunos informes recientes se sitúa por encima de los 19 días anuales.

No es que en España haya menos bajas en todos los indicadores, pero tampoco hay una brecha abismal que justifique el alarmismo selectivo de la patronal española. El absentismo ha subido en toda Europa tras la pandemia por factores comunes: envejecimiento de la plantilla, problemas de salud mental, estrés crónico y secuelas del COVID. Alemania y Francia suelen aparecer en los primeros puestos de muchos rankings europeos, ya sea por porcentaje de trabajadores ausentes o por días perdidos. España está en la parte alta, pero no es una anomalía como se quiere vender.

Los informes de Adecco o Randstad hablan de tasas en torno al 7 % de horas perdidas en España en 2025. Pero cuando se mira el conjunto europeo, el problema es estructural y compartido. Centrarse solo en España es, como mínimo, sesgado.

Miran las bajas, ignoran la explotación
Aquí está el truco de la patronal. Se centran obsesivamente en las bajas médicas (incapacidad temporal) y en su coste para la Seguridad Social y las empresas. Pero se niegan a mirar las condiciones que generan esas bajas y, sobre todo, se niegan a hablar de las miles de horas extra no pagadas que realizan los trabajadores españoles cada semana.

Cada semana se realizan 2,5 millones de horas extras no pagadas. Afectan a 441.000 trabajadores (casi medio millón de personas). Esto supone un ahorro para los empresarios de más de 3.200 millones de euros al año en salarios y cotizaciones que nunca se abonan. Es decir: mientras la patronal llora por el “coste del absentismo”, se está ahorrando miles de millones gracias al trabajo no remunerado de sus empleados. Horas extras que no se pagan ni se compensan con descanso. Trabajo gratis que, además, genera agotamiento, estrés y, sí, más bajas por enfermedad.

¿De qué condiciones laborales estamos hablando? De sectores con plantillas insuficientes, ritmos abusivos, presión constante, contratos precarios (aunque mejorados en los últimos años), salarios que no dan para vivir dignamente y una cultura empresarial que muchas veces prioriza el beneficio inmediato sobre la salud de quien genera ese beneficio. El estrés, los problemas musculoesqueléticos por sobreesfuerzo, la ansiedad… no caen del cielo. Son consecuencia directa de un modo de producción capitalista que explota al máximo la fuerza de trabajo para extraer mayor plusvalía.

El trabajador no es un vago: está explotado
La narrativa de la patronal es tramposa porque invierte la causalidad. Presenta al trabajador como el problema cuando en realidad muchas bajas son la consecuencia de un sistema explotador.

Los empresarios que se quejan del absentismo son los mismos que se benefician de millones de horas extras impagadas. Mantienen plantillas justas o por debajo de lo necesario para ahorrar costes, presionan con objetivos irreales, y en muchos casos, externalizan riesgos y responsabilidades.

Llamar vagos a quienes se enferman por trabajar demasiado (o por no poder permitirse parar) es una forma barata de eludir responsabilidades. Es victimismo empresarial disfrazado de explotación.

Los datos europeos demuestran que el absentismo no es un problema español ni una cuestión de “cultura del trabajo”. Es un síntoma de cómo se organiza el trabajo en el capitalismo: más horas, más presión, menos protección real de la salud.

El problema es estructural. El problema es sistémico. El discurso sobre absentismo de la patronal no es más que una cortina de humo. El trabajador español no es un vago. Está explotado por la clase parasitaria que quiere más plusvalía. Los datos lo demuestran. Y la clase trabajadora no se traga este relato de quienes se enriquecen a costa del esfuerzo ajeno.

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